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La mujer de blanco, de Wilkie Collins
Walter Hartright es un joven profesor de dibujo londinense que, por intermediación de un amigo, acaba de conseguir un buen empleo en Limmeridge House, la mansión de los Fairlie en Cumberland. La víspera de su partida, presa de un extraño desasosiego, sale a pasear de noche y se encuentra con una extraña mujer fantasmal toda vestida de blanco. Impresionado por la joven, decide ayudarla antes de darse cuenta de que acaba de escaparse de un manicomio. Ya en Limmeridge, Walter conoce a su nuevo patrón, un pusilánime con una excelente colección de obras de arte, y a las dos señoritas a las que debe impartir clases de dibujo: Marian Halcombe, una muchacha inteligente, sensata, resoluta y con una conversación brillante, y su hermanastra, la bella y delicada Laura Fairlie, que guarda un enorme e inquietante parecido con la misteriosa dama de blanco. Pese a que Hartright sabe que su relación con Laura es imposible, su corazón cae preso para siempre de un amor incondicional que habrá de arrastrarlo al oscuro y terrible destino que parece rondar a las dos hermanas.
«Desperté con los ojos llenos de lágrimas y el corazón acelerado, pues yo sí creo en los sueños (…) Crea también, señorita Fairlie… se lo ruego, por su bien, crea como creo yo. Pregunte por el pasado de ese hombre de la cicatriz en la mano antes de pronunciar las palabras que la conviertan en su desdichada esposa. No se lo digo por mí, sino por usted. Mi interés por su bienestar durará mientras viva. La hija de su madre ocupa un tierno lugar en mi corazón, pues su madre fue mi primera, mi mejor y mi única amiga.«

Wilkie Collins (Londres, 1824 – 1889) es uno de los grandes novelistas victorianos de todos los tiempos. Autor de sensation novels, terror, misterio, suspense y novelas y relatos policíacos, entre sus obras más celebradas destacan La piedra lunar, Sin nombre, Armadale o, la que muchos críticos señalan como su novela más redonda, La mujer de blanco. Collins publicó por primera vez La mujer de blanco por entregas, entre 1859 y 1860, en la revista All The Year Round, dirigida por su amigo Charles Dickens, que acababa de publicar con gran éxito (también por entregas, en dicha revista) Historia de dos ciudades. Poco después, antes de que terminase 1860, salió editada en un volumen y, en 1861 se reeditó revisada y corregida por su autor. En los prólogos de las dos ediciones, Wilkie Collins agradece a los lectores el inmenso éxito de La mujer de blanco, que él atribuye a que se trata de un relato que jamás se aparta de los personajes, pues «siempre he creído (…) que el objetivo principal de una obra de ficción es contar una historia«.
Sólidamente documentada y revisada, La mujer de blanco fue una de las primeras novelas en las que los personajes se convertían en narradores de la trama, de manera que el lector, como un jurado, sacaba sus propias conclusiones del testimonio de cada uno de ellos. El peso de la narración recae en el magnífico diario de Marian Halcombe y en el testimonio de Walter Hartright, pero en esta historia de suspense todos los personajes, incluso los más secundarios, aportan su granito de arena, a veces para encaminar las sospechas del lector en una u otra dirección, y otras veces para ponerle los pelos de punta con la voz de los villanos. Pero, tal y como decía Wilkie Collins en su prólogo, aunque esta sea una novela de personajes también es, por encima de todo, una historia de misterio, de suspense, un thriller psicológico en donde el lector se erige en detective junto a los protagonistas para descubrir qué oscuro secreto oculta sir Percival Glyde, quién es Anne Catherick o cómo demonios ha conseguido el conde Fosco salirse con la suya.
Con su estilo elegante y sutil, Wilkie Collins da voz a sus personajes para relatar una historia sobre la usurpación de identidad, sobre la codicia y la maldad, pero también sobre la indefensión legal y social de las mujeres de su época —independientemente de su clase social o de su situación económica—, sobre el maltrato conyugal, las mentes psicópatas y la idea —compartida por Charles Dickens, que escribió a menudo sobre el sistema de justicia más injusto del mundo— de que «la ley sigue estando al servicio de quien tiene la bolsa llena«. Los lectores de Collins reconocerán su habilidad para mantener la tensión desde el principio hasta el final, sus atmósferas inquietantes y terroríficas, la extraordinariamente bien construida psicología de sus personajes y su interés por los sueños y la confusión de identidades. Por todas estas razones y porque Marian Halcombe me ha parecido el mejor personaje femenino victoriano de todos los tiempos, La mujer de blanco se queda como mi lectura preferida de este año.
Lectora, la novela más excelente de Wilkie Collins.
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Los gondoleros silenciosos, de William Goldman
Hubo un tiempo en el que los mejores cantantes del mundo fueron los gondoleros de Venecia. S. Morgenstern todavía recuerda el magnífico regalo de Navidad de una mañana de diciembre cuando, siendo niño, escuchó cantar a los gondoleros sobre el Gran Canal. Esta es la historia de Luigi, el último descendiente de una larga dinastía de gondoleros de voces prodigiosas, cuya habilidad con la pértiga no tenía parangón… hasta que decidió cumplir un sueño imposible.
«… porque en mi sueño había oído de nuevo el sonido de aquellos gondoleros navideños. Y, mientras parpadeaba, me di cuenta de que ningún niño de hoy puede disfrutar del privilegio de escuchar aquellas prodigiosas voces.
Y eso era algo terrible.
De súbito se apoderó de mí una obsesión: ¿por qué los gondoleros habían dejado de cantar? ¿Cuál era el motivo de su silencio? ¿Por qué se había privado al mundo de esa maravilla?«

William Goldman (1931 – 2018) fue un novelista, dramaturgo y guionista estadounidense genial que adaptó a la gran pantalla éxitos como Todos los hombres del presidente, Misery, La princesa prometida, Dos hombres y un destino o Marathon man, entre otras. Bajo el seudónimo de S. Morgenstern escribió las novelas de La princesa prometida (1973) y Los gondoleros silenciosos (1983), una hermosa y divertida fábula sobre los sueños imposibles y el misterioso silencio de los mejores cantantes del mundo.
La mejor carta de presentación de William Goldman la constituye, sin duda, ser el autor de La princesa prometida. Así que si en esta reseña os confieso que Los gondoleros silenciosos es la novela más divertida, ingeniosa, bella y original que he leído este año, sé que me creeréis. En apenas ciento cincuenta páginas, Goldman nos cuenta una fábula sobre abrazar la singularidad para encontrar un camino propio en el marco de una Venecia surcada por gondoleros cantantes, los peores turistas, unos instructores terribles, curvas imposibles, los mesoneros más peculiares y el mismo Enrico Carusso. Con su característico humor y su encantador estilo, Goldman trenza historia y fantasía para envolver al lector en un mundo desaparecido del que solo queda el eco olvidado de sus excéntricos héroes. La edición de Ático de los libros es preciosa, el libro más cuidado que he leído de esta editorial; la traducción de Mercedes Herrera Perol, magnífica.
Lectora, diez años después de la publicación de La princesa prometida, Goldman vuelve a poner en manos de Morgenstern una fábula divertida, conmovedora y bella.
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La clínica de los no muertos, de Vivian Shaw
La doctora Greta Helsing cuida de las personas no humanas de la ciudad de Londres que necesitan asistencia médica sin importarle que, a menudo, sus pacientes sean considerados monstruos por la opinión general. Generosa, compasiva y valiente, Greta perdió a su padre hace algún tiempo, pero en absoluto se siente sola y sabe que siempre puede contar con sus amigos: un demonio guardián con problemas pulmonares, una bruja, una medio rusalka, un curador junior del Museo Británico y un vampiro aburrido de más de cuatrocientos años llamado Ruthven. Cuando en las calles de Londres empiezan a aparecer criaturas sobrenaturales asesinadas por una orden de monjes enloquecidos y alguien atenta contra Varney el Vampiro, Greta piensa llegar hasta el final del peligroso misterio… aunque le suponga ponerse en peligro mortal.
«No sois humanos, pero sois personas. Todos vosotros. Los gules, las momias, los sanguívoros, los metamórficos, las banshees, los espíritus, los hombres del saco, cualquiera que acuda a mí para que le ayude, cualquiera que confíe en mí para que se la dé. Todos sois personas y todos merecéis atención médica sin importar lo que hacéis o habéis hecho, y merecéis poder buscar y recibir esa atención sin poneros en peligro. Lo que hago es necesario, y aunque no es fácil en lo más mínimo, también es lo que quiero hacer más que nada en el mundo.«

Vivian Shaw nació en Kenia, aunque creció y se educó entre Inglaterra y Estados Unidos. Licenciada en Historia, empezó a escribir fan fiction bajo el seudónimo de Coldhope a la vez que publicaba ensayo en diversas revistas científicas. Sus novelas de fantasía oscura protagonizadas por la doctora Greta Helsing son sus publicaciones más recientes: Strange Practice (que ha sido traducida, a saber por qué, como La clínica de los no muertos), Dreadful Company y Crave Importance.
Y ahora viene lo complicado de esta reseña porque si bien es cierto que La clínica de los no muertos me han encantado, tanto por la historia, como por el suspense, el universo sobrenatural londinense con raíces literarias clásicas (qué bueno el planteamiento de Cielo versus Infierno) y sus geniales personajes (atención a Varney el vampiro, al demonio de la guardia, a la aparición estelar de Sam o a la misma doctora Helsing), lo malo es que no me atrevo a recomendarla por culpa de la traducción y la falta de corrección de esta edición. Es una pena que un inicio de saga tan prometedor y original tenga un debut en castellano tan poco cuidado. Sin duda, una autora y una saga fantástica que deleitan por su desbordante imaginación, su vuelta de tuerca a los clichés (con mucho sentido del humor) y su inquietante mundo tenebroso entre las sombras londinenses.
Lectora, para leerla en versión original.
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Con cariño, Rosie, de Nuala O’Faolain
Rosie Barry vuelve a Kilbride, el barrio de extrarradio dublinés en el que se crió hasta que consiguió cumplir su sueño de viajar por el mundo. Lleva tantos años trabajando y enamorándose en rincones tan dispersos del globo, que casi ha olvidado los lazos de comunidad de su pequeño barrio, el apoyo incondicional de los vecinos de siempre, las conversaciones vitales con las amigas que dejó atrás. Poco ha cambiado, excepto su tía Min, que parece haber perdido las ganas de levantarse de la cama a no ser que se trate de ir al pub. Perpleja por los cambios que le ha traído la cincuentena, Rosie decide escribir un libro de consejos sobre cómo afrontar la crisis de la mediana edad mientras lidia con la excéntrica de Min y su gata Bell. Pero cuando un amigo de la infancia, Markie, le propone viajar a Nueva York para considerar una propuesta editorial sobre su idea de consejos para la segunda mitad del camino, Min despierta de su letargo y le comunica que ha llegado el momento de invertir los papeles: ahora será ella quién viaje por el mundo y viva aventuras mientras Rosie descubre, por fin, qué es construir un verdadero hogar y refugio.
«—No hay nada alegre en esa parte de la vida en la que una persona aún piensa que es joven pero nadie más piensa lo mismo. Y en la madurez tienes que prepararte para la siguiente fase de tu vida, que va a ser muy dura, mucho. La gente a la que quieres morirá, por ejemplo. Y luego está tu propia muerte. Una de las cosas que quiero aprender es cómo caminar hacia la oscuridad…
—¡Rosie! —gritó Markie al teléfono—. ¡Rosie! ¡Venga ya! No vas a caminar hacia ninguna parte. ¡Si todavía vas a gatas!
—Bueno, vale —dije de mala gana—. Pero no quiero enterarme de que vas repartiendo por ahí camisetas con mis ideas.«

Nuala O’Faolain (1940 – 2008) fue una periodista y escritora dublinesa, destacada figura en la cultura y el feminismo irlandeses, que dio voz y visibilidad a las mujeres más silenciadas por la sociedad conservadora irlandesa del siglo pasado. Entre otros trabajos, destaca su columna en el diario The Irish Times, la producción televisiva o sus propias memorias, donde refleja en primera persona su pensamiento feminista, tocado por la sororidad y la libertad, en una Irlanda conservadora. Con cariño, Rosie es su novela póstuma y me gusta pensar que tiene tintes autobiográficos pues, mientras la leía, imaginaba a Rosie Barry como Nuala O’Faolain: viajera, inteligente, escapándose de un barrio de clase obrera tradicional y rompiendo los moldes tradicionales en los que intentan hacerla encajar su tía Min y sus amigas.
Qué novela tan luminosa y esperanzadora. Con cariño, Rosie se empieza con curiosidad y se sigue leyendo con gusto, pero cuando quieres darte cuenta ya has caído rendida a la ternura, a la memoria y a la amistad de unos personajes a los que resulta muy difícil decirles adiós. Nuala O’Faolain escribe con viveza, con brío, con amabilidad, cercanía y esperanza, como si mantuviese una conversación íntima con el lector. A través de su prosa precisa, evocadora, y su estilo tan personal, consigue una voz narradora tan cálida que una tiene la agradable sensación de estar sentada en la cocina de Min y Rosie, tomando un té y escuchando la excéntrica conversación de dos amigas. Con cariño, Rosie es una novela sobre la crisis de la mediana edad de una mujer en un momento en el que cumplir cincuenta años era volverse anciana e invisible; pero, también, es una novela sobre las raíces y la migración, sobre la tiranía de las convenciones sociales que encorsetan a las mujeres, sobre los lazos de amistad de las comunidades pequeñas (a menudo, más fuertes y verdaderos que los lazos de sangre) y sobre la necesidad de seguir viviendo intensamente a cualquier edad.
Leer Con cariño, Rosie es enamorarte de Min y comprender a Rosie, emocionarte con una fiesta de cumpleaños en una casa abandonada en una antigua base aérea, reconciliarte con los amores que no pudieron ser, echar de menos a tus padres, y anhelar que una perrita silvestre y una anciana que añora a sus nietos encuentren un lugar en donde sentirse a salvo. No voy a contar mucho más de esta novela maravillosa, solo recomendártela mucho y señalarte que la traducción de Esther Cruz Santaella es impecable y que la corrección y el mimo editorial con el que Hoja de Lata la ha puesto en nuestras manos es todo un regalo.
Lectora, unos personajes que se quedarán contigo para siempre.
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