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Cinco semanas en globo, de Jules Verne

En enero de 1862, el doctor Samuel Fergusson compadece ante la Real Sociedad Geográfica de Londres para hacerla partícipe de la aventura para la que está recaudando fondos: se ha marcado el objetivo de atravesar el corazón de África, desde la costa este hasta la oeste, siguiendo los pasos de las expediciones de Barth, Burton y Speke. África es el gran continente desconocido, todavía queda mucho por cartografiar, pero la novedad que propone Fergursson deja a los ingleses pasmados pues piensa llevar a cabo su misión desde el aire, viajando en un globo aerostático. Acompañado por su leal criado Joe y por su amigo Kennedy, el científico aeronauta parte desde Mozambique a bordo del globo Victoria, convencido de que por el aire tendrá mejor visión del terreno inexplorado y se mantendrá a salvo de enfermedades, animales salvajes y tribus belicosas. Pero su extraordinario viaje va a resultar mucho más peligroso de lo que nunca llegó a imaginar.

«El deslumbrante narrador persuadía a su auditorio de que tras un viaje como aquel se harían muchos otros. No era más que el comienzo de una larga serie de empresas sobrehumanas.
—Como veis, amigos míos, una vez que se ha probado este género de locomoción, ya no se puede prescindir de él; por eso, en nuestra próxima expedición, en vez de ir de lado, iremos hacia delante, siempre subiendo.
—¡Entonces llegaréis a la Luna! —dijo un oyente maravillado.
—¡A la Luna! —respondió Joe—; no, palabra, eso es demasiado vulgar; todo el mundo va a la luna. Además, allí no hay aguay tendríamos que llevar provisiones enormes, e incluso atmósfera en frascos, si queremos respirar.«

Jules Gabriel Verne (Nantes, 1828 – Amiens, 1905) fue un escritor y ensayista francés, admirado por sus novelas de aventuras y ciencia ficción, tan bien documentadas, imaginadas y argumentadas, que a menudo se lo tacha de visionario. Verne es un hombre de su tiempo, de una segunda mitad del siglo XIX caracterizada por la rapidez en que la ciencia y la tecnología avanzaban y cambiaban. Curioso, analítico y de portentosa imaginación, siempre interesado en la naturaleza, la ciencia y la tecnología, sus aventuras literarias a menudo se acercaron muchísimo a las posibilidades futuras de los humanos: submarinos, cohetes espaciales, motores eléctricos, ascensores… En 1863, Verne publicó Cinco semanas en globo, la primera novela de su saga Viajes extraordinarios, e inmediatamente se convirtió en un éxito de ventas.

Somos muchas las lectoras a las que el nombre de Jules Verne nos recuerda a nuestros veranos de infancia, aquellos que se nos antojaban un largo paréntesis paradisíaco y en los que era fácil que nos encontraran, durante las horas de más calor, leyendo libros de aventuras y misterio. Cada verano, echo de menos leer a Verne, Blyton, Christie, Kipling, Salgari, Stevenson… Así que cuando MH de Las inquilinas de Netherfield me dijo que iba a leer Cinco semanas en globo, allá que me embarqué sin pensármelo dos veces. Esta primera novela de Verne es un respetuoso y rendido homenaje a los grandes exploradores del siglo XIX, que a menudo encontraron una muerte horrible en el continente africano, pero también una aventura emocionante y un viaje en globo tan bien documentado como si se tratase de un ensayo en lugar de una ficción. Es una novela muy de su época, con protagonistas ingleses (muy ingleses) de la segunda mitad del siglo XIX, entretenida, divertida y fascinante. Pese a sus fallos, es admirable, teniendo en cuenta de que se trata de una de las primeras novelas del autor. Y, como curiosidad, atención a las menciones que hace Verne sobre viajar a la Luna.

Lectora, para recordar las aventuras de nuestra infancia.

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Peaky Blinders. La verdadera historia, de Carl Chinn

Los peaky blinders saltaron a la actualidad cuando en septiembre de 2013, Stephen Knight estrenó la serie de televisión de la BBC con ese mismo título. La serie, protagonizada por Cillian Murphy, Sam Neill y Helen McCrory, entre otros, mostraba el ascenso al poder de una familia de gánsteres ingleses en Birmingham, justo después de la Primera Guerra Mundial. Pero los peaky blinders reales, que aterrorizaron las calles de Birmingham hacia 1890, ya habían desaparecido a principios del siglo XX (efectivamente, fueron un problema social victoriano o, a más alargar, eduardiano, en sus últimos coletazos). A diferencia de la ficción, estos gamberros de poca monta, llamados así porque lucían un bombín ladeado y un flequillo largo que les tapaba un ojo —y no porque llevasen gorras con cuchillas que usaban para cegar a sus contrincantes en las peleas—, no eran nada glamurosos, ni poderosos, solo matones de barrios bajos con un trabajo legal poco especializado. El historiador Carl Chinn, cuyo abuelo materno fue un peaky blinder, repasa la verdadera historia de esta evolución de los sloggers, unas bandas violentas que tuvieron su época más virulenta entre 1867 y 1880 debido a la aglomeración de población en los barrios más pobres de Birmingham, a la falta de medios sociales y equipamientos culturales y deportivos para los jóvenes marginales, y a una legislación conservadora que solo beneficiaba a las clases medias y altas.

«Su final llegó antes de la Primera Guerra Mundial gracias a la fuerte acción policial que capitaneó el jefe de policía de Birmingham, Charles Haughton Rafter (…). Además, gracias al apoyo de los numerosos habitantes de los barrios pobres que respetaban las leyes, a unas condenas más severas, a la creciente popularidad de las asociaciones de futbol y a la aparición del boxeo como deporte reglamentario, Rafter y sus hombres se libraron de los peaky blinders y convirtieron Birmingham en una ciudad más pacífica.«

Carl Chinn es doctor en Historia, miembro de la Orden del Imperio británico, profesor y conferenciante. Publicó Peaky blinders. La verdadera historia en 2019, tal vez impelido a señalar algunas de las incorrecciones históricas y falsos mitos que la serie televisiva de Knight había popularizado. Los abuelos paternos de Chinn eran corredores de apuestas en Sparkbrook y, por parte materna, trabajadores de una fábrica en el barrio de Aston y, en su juventud, peaky blinders. Chinn nunca ha ignorado sus orígenes humildes y sus investigaciones históricas, como la del ensayo que nos ocupa, dan voz a los ciudadanos más pobres del Birmingham del siglo XIX.

Este es un ensayo histórico que da voz a quienes a menudo se quedan fuera de los libros de Historia europea porque pertenecen a la mayoría invisible: las clases más desfavorecidas de las grandes ciudades industriales del siglo XIX. Chinn escoge como punto de partida la serie de la BBC para contrastar ficción con realidad y, a lo largo del libro, repasa las figuras históricas y reales de Bill Kimber, Alfie Solomon o Joe Sabini. El autor plantea la cuestión de los peaky blinders en el prólogo y va desarrollándola capítulo a capítulo, siempre apoyado por una sólida investigación documental y, lo que resulta más vívido, por el testimonio de familiares de los peaky y de los policías y vecinos que los sufrieron. El resultado es un libro de no ficción que muestra una realidad histórica difícil y violenta, sin romantizar a unos matones victorianos de poca monta, poniendo el foco en las dificultades socio-económicas de unas familias —a menudo migrantes— en una de las ciudades inglesas que mejor supieron convivir con la industrialización y la crisis de finales del siglo XIX y principios del XX.

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Vamos a morir todos, de Emily Austin

Gilda tiene veintiocho años, tiene novia y cada semana visita las urgencias del hospital preocupada por si está sufriendo un ataque de corazón. La han despedido de la librería en donde trabajaba, ha sufrido un accidente de coche y sospecha que su hermano es alcohólico y que sus padres están haciendo la vista gorda para no enfrentarse al problema. Consciente de que su tristeza empieza a ser abrumadora, busca apoyo en un grupo de terapia, pero por un malentendido termina trabajando para una iglesia católica, saliendo con un coach motivacional, buscando desesperadamente a un gato perdido y contestando los correos de una anciana fallecida mientras intenta averiguar quién la mató. Gilda quiere que los demás sean felices, quizás porque sospecha que para ella es imposible, pero sobre todo tiene miedo de no encontrarle ningún sentido a la vida.

«Por la noche, en invierno, siempre busco ventanas iluminadas con las cortinas abiertas. Me gusta ver las casas de la gente por dentro. Miro qué hay puesto en la tele. Miro los muebles. Incluso cuando tienen puesto un canal aburrido o cuando la casa está llena de muebles feos y viejos, siempre me dan muchas ganas de meterme ahí dentro.«

Emily Austin es una periodista y escritora canadiense, referente en la literatura queer contemporánea. Vamos a morir todos es su primera novela, un debut notable que le valió la nominación a varios premios de prestigio y le concedió la medalla del humor Stephen Leacock. Me ha parecido una novela muy original, sincera y llena de ternura, sobre la tristeza y la salud mental de las mujeres jóvenes. Me ha recordado a algunas de las novelas de Marian Keyes o Maria Semple en las que las autoras escriben sobre su propia experiencia con la depresión.

Vamos a morir todos es una historia que se empieza con una sonrisa en los labios y se termina con alguna que otra lagrimilla y un ay en el corazón. La pluma de Emily Austin es ligera y sincera, precisa, de frases cortas, que trasmite a la perfección pensamiento y emoción. La novela está narrada en primera persona por su protagonista, Gilda, una mujer joven presa de una profunda depresión. Al principio de la historia, la autora juega con el sentido del humor y la sinceridad de su personaje para presentarnos a Gilda, y todo sucede a tan buen ritmo y con tanta gracia que el lector cree estar en una comedia contemporánea… hasta que comprende qué le sucede a Gilda. A partir de ese punto de comprensión, el ritmo de la narración se precipita en la tragicomedia, conmoviendo al lector y manteniéndolo en vilo hasta un final lleno de esperanza. Me ha parecido un camino original y honesto para contarnos otra faceta de la depresión, tan realista que probablemente su autora lo haya conocido de primera mano. Pese a los tintes de comedia, la novela es respetuosa, sincera y muy recomendable para quienes se creen solos cuando se enfrentan a la extraña futilidad de nuestra existencia.

Lectora, una novela distinta, conmovedora y muy actual.

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La fiesta, de Margaret Kennedy

En el hostal rural Pendizack, en St. Sody, al norte de Cornualles, la familia Siddal intenta gestionar su negocio hotelero en tiempos de crisis. Ese verano, especialmente duro tras la Segunda Guerra Mundial, sus huéspedes son de lo más variopinto: una viuda avariciosa con sus tres hijas encantadoras, sir Henry con su glotona esposa y sus cuatro hijos espartanos, el insoportable reverendo Wraxton y su pobre y desquiciada hija, una escritora madura y su joven amante y un matrimonio mayor duramente marcado por la pérdida de su única hija. Los huéspedes se relacionaran con los tres jóvenes Siddal —dos estudiantes parásitos y un médico que se cree imprescindible—, sus disfuncionales padres, un chico para todo al que le encanta lo morboso, una criada a tiempo parcial que está recuperándose de la guerra y de un desengaño amoroso, y una mayordoma repugnante que no hace absolutamente nada más que envidiar a los otros. La tragicomedia sobrevuela a todos estos personajes en una cuenta atrás cada vez más perturbadora, pues un terrible accidente está a punto de segar algunas de esas vidas.

«A veces pensaba que quizás, simplemente, era una tristeza que ella misma llevaba a aquel lugar, donde tiempo atrás había sido una niña feliz, haciendo recados entre Pendizack y la casita de su padre sobre los acantilados. Porque la verdad era que había vuelto a casa con el corazón lleno de pena y el invierno había sido largo.«

Margaret Kennedy (Londres, 1896 – 1967) fue una dramaturga y escritora inglesa aclamada por el público y la crítica por su obra La ninfa constante (1924). Kennedy publicó por primera vez La fiesta en 1950, una novela etiquetada como misterio clásico, aunque resulta tan distinta del concepto que sorprende su clasificación. Esta es la primera vez que leo a la autora y aviso que La fiesta es mi mejor lectura de este año.

Dice la crítica literaria que La fiesta es un misterio clásico a la altura de las mejores novelas de Agatha Christie, Daphne du Maurier o P. D. James. Personalmente, entiendo la comparación con estas tres reinas de la literatura clásica (a mí también me las ha recordado en algunos planteamientos), pero lo cierto es que Margaret Kennedy brilla con un estilo propio muy personal y que La fiesta no es una novela de misterio convencional. Aunque parte de la premisa de que un acantilado se ha despeñado sobre un hotel y ha matado a siete de sus huéspedes —lo que ayuda a incrementar la tensión narrativa a medida que nos acercamos al final y queremos saber quiénes mueren—, se trata de una novela coral de personajes. Ambientada en septiembre de 1947, en un momento histórico en el que Inglaterra sufre las peores consecuencias socio-económicas de la Segunda Guerra Mundial (pobreza, escasez de recursos, cartillas de racionamiento, impuestos insoportables, Estados Unidos anuncia el fin de sus créditos blandos y el gobierno socialista londinense se ve del todo desbordado), todos sus personajes adultos han sido tocados por el terrible conflicto bélico, pero no todos son buenas personas con una sólida escala de valores. Kennedy maneja con maestría este punto de vista narrativo coral, que va cambiando de un personaje a otro con agilidad y ritmo, para mostrarnos (que no definirnos) cómo es cada uno de los protagonistas. De manera que, a media novela, los lectores ya tenemos nuestros favoritos (que deseamos que escapen indemnes del accidente mortal) y nuestros detestados.

La habilidad de Margaret Kennedy para construir personajes es admirable, se trata de una autora con un gran conocimiento de la naturaleza humana y de la psicología y su estilo narrativo, fluido, elegante, preciso, emocional, en La fiesta queda al servicio de todos estos caracteres tan realistas. Si bien la crítica literaria señala que la novela versa alrededor de la personificación de los siete pecados capitales, lo cierto es que también nos invita a reflexionar sobre cómo la Segunda Guerra Mundial trastocó Inglaterra y su estructura de clases sociales, sobre la catadura moral de las personas más allá de los valores religiosos, sobre los diferentes modelos de maternidad (atención a las cinco madres protagonistas) o sobre el papel de la mujer en Europa occidental tras la guerra. La fiesta es un clásico que impresiona por sus personajes, por el ritmo y la tensión narrativa, porque se queda contigo, y te invita a reflexionar, durante días después de haber cerrado el libro, y por la inteligencia y la sensibilidad de Margaret Kennedy.

Lectora, inolvidable.

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Los Radley, de Matt Haig

Helen y Peter Radley son un matrimonio con dos hijos adolescentes, Rowan y Clara, que se han mudado a un pueblecito en el norte de Inglaterra. Aparentemente, son una familia normal de clase media, bastante aburridos y con aficiones de lo más comunes. Pero detrás de las cortinas de su bonita casa, la intimidad de los Radley es de todo menos normal: Peter siente unos extraños deseos por el cuello de su vecina, Helen se esfuerza tanto por ser como los demás que se ha olvidado de ser feliz, Rowan tiene una alergia brutal a la luz solar y sufre acoso escolar, y a Clara le sienta fatal la dieta vegana y no logra entender por qué todos los animales huyen despavoridos de ella. Traicionar durante tanto tiempo su propia naturaleza depredadora para poder dormir por las noches sin mala conciencia está a punto de convertirse en una sentencia de muerte para los Radley.

«Sabe, por supuesto, que si anoche hubiese probado la sangre, mostraría una actitud tan relajada como la de su marido y su hija con respecto al tema. La copa estaría medio llena en lugar de medio vacía y creería que, con Will a su lado, podrían salir airosos de cualquier situación gracias al poder de persuasión de la sangre. Ningún agente de policía de Yorkshire del Norte creería que su hija era una asesina, y menos aún una verdadera criatura de la noche.«

Matt Haig es un periodista y escritor inglés, autor de libros de ficción y de no ficción para niños y adultos. Sus obras más conocidas son La biblioteca de la medianoche (2020) o El chico que salvó la Navidad (2015). Los Radley (2010) es una novela sobre una familia de vampiros que intenta salir adelante sin beber una sola gota de sangre porque, según su escala de valores, creen que moralmente está mal matar a otras personas. Esta es la primera vez que leo una novela de Matt Haig y me ha sorprendido gratamente.

Los Radley me ha parecido un thriller vampírico muy entretenido y original, con un buen planteamiento emocional, personajes muy bien construidos y una buena dosis de suspense. El estilo del autor, con esa narración en presente que suele facilitar la cercanía con el lector, no carece de cierto toque poético pese a prescindir de adornos. Me ha gustado especialmente la sinceridad de Matt Haig a la hora de abordar el mito vampírico, sin disimular que se trata de monstruos terroríficos que matan personas, y de plantear el dilema moral del matrimonio protagonista sin entrar en cuestiones religiosas (la escala moral de los Radley se construye sobre el respeto y la libertad, pilares de la civilización). Creo que es esa falta de hipocresía y que el autor no tenga miedo de que la sangre salpique desde estas páginas, lo que convierte esta novela en un thriller tan interesante y original. Y que, pese a tratarse de una historia de tintes oscuros, el final no resulte injusto ni desesperanzador.

Lectora, una novela de vampiros distinta que te mantendrá en vilo hasta el final.

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