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Hetty Gray. Hija de nadie, de Rosa Mulholland
El señor Kane, carretero del señor Enderby, de Wavertree Hall, encuentra un bebé en la playa tras una tormenta. Deduciendo que la criatura es la única superviviente de un naufragio, se la lleva a su esposa que, desolada por la muerte de sus dos hijos, inmediatamente se hace cargo de la pequeña. Como el bebé lleva una camisola bordada con las iniciales H. G., el matrimonio decide llamarla Hetty Gray. Hetty es una niña alocada y cabezahueca que prefiere vagar asilvestrada por el pueblo y los alrededores, con su perro preferido, antes que asistir a la escuela. Pero todo cambia cuando la caprichosa señora Rushton, hermana del señor Enderby, decide adoptarla. Bajo tan malas influencias, la pequeña Hetty no tarda en convertirse en una descarada, malcriada y odiosa muchacha. Sin embargo, un trágico giro de los acontecimientos castigará a la soberbia y orgullosa Hetty con una severa lección que no olvidará jamás.
«Pasaron dos años tormentosos y difíciles con períodos de calma intercalados. Algunos días, Hetty, de no haber sido por el buen consejo de la señora Kane, habría huido para escapar de sus problemas; y aun así también pasaba buenos ratos y había obtenido muchas pequeñas victorias sobre su temperamento y su orgullo.«

Rosa Mulholland, lady Gilbert (1841-1921) fue una novelista, dramaturga, poeta y editora irlandesa nacida en Belfast, en el seno de una familia burguesa. En su juventud, pensó en dedicarse al dibujo y la pintura, pero cuando sus escritos llamaron la atención de Charles Dickens, optó por la literatura. Dickens propició que Mulholland publicase sus relatos en la revista All The Year Round, y la alentó para que también publicase sus novelas por entregas. En su extensa bibliografía, destacan sus relatos góticos, novelas protagonizadas por mujeres decididas y fuertes (aunque siempre socialmente aceptables para la época y con final feliz), sensation novels y poemas, algunos de los cuales fueron publicados bajo el seudónimo de Ruth Murray. Hetty Gray. Hija de nadie, publicada en 1883, puede considerarse una novela coming on age destinada a público juvenil, aunque también adulto, con un trasfondo moral y pedagógico muy relevante.
Esta es la primera vez que leo a Rosa Mulholland y escogí Hetty Gray porque era una novela corta, ideal para conocer a la autora, y porque me la había recomendado mi amiga Rosa de Las inquilinas de Netherfield, que también disfrutó mucho con su antología de relatos góticos, Historias extrañas. Hetty Gray. Hija de nadie es una historia que te encandila poco a poco; casi sin darte cuenta pasas de encontrar insoportable a su protagonista a sufrir por su delicada situación y a admirar su fortaleza. Si bien no es una historia tan feliz y pizpireta como la de Ana la de Tejas Verdes, de Lucy Maud Montgomery, sí resulta amable y esperanzadora. El estilo de Rosa Mulholland, preciso y espléndido, junto con la construcción de personajes y su evolución psicológica son lo que más me ha gustado de esta novela corta. Amena, divertida y curiosa, Hetty Gray se disfruta porque rompe tópicos de la época y nos muestra una protagonista rebelde y decidida —aunque siempre dentro de los parámetros que la sociedad victoriana y la religión de la época esperan de una mujer—, capaz de valerse por sí misma y de rescatarse del mal rumbo por el que a menudo la lleva su carácter. Maravillosa la reflexión de la autora sobre la educación de las niñas y la impermeabilidad social, y entrañables el perrete Scamp y el final feliz de cuento que todos los lectores estábamos esperando.
Lectora, ojalá traduzcan más obras de Rosa Mulholland.
También te gustará: Ana la de Tejas Verdes; Una temporada para silbar; Me voy con vosotros para siempre; La evolución de Calpurnia Tate
Para aprender, si la suerte nos sonríe, de Becky Chambers
Hace muchas décadas que los gobiernos de la Tierra dejaron de invertir en la exploración espacial para fomentar su industria armamentista y propiciar guerras de fronteras y recursos. Por esta razón, a mediados del siglo XXII, ACA es la única agencia espacial y pertenece a todos los ciudadanos del planeta que con sus donaciones económicas, grandes o pequeñas, contribuyen a mantener las misiones de los astronautas. Como la de la nave espacial Merian, tripulada por la ingeniera Ariadne O’Neill y los científicos Elena Quesada-Cruz, Jack Vo y Chikondi Daka. Los cuatro forman parte de la misión Lawki 6 para explorar los mundos habitables que orbitan alrededor de la estrella enana roja Zhenyi: Aecor, Mirabilis, Opera y Votum. La tecnología y la ciencia de su tiempo les permite viajar en hibernación durante décadas y adaptar sus cuerpos a las diferentes condiciones gravitatorias y atmosféricas. Siempre han deseado ser astronautas y exploradores, les fascina investigar nuevos mundos. Pero por mucho que intenten no dejar huella en esos insólitos ecosistemas espaciales, resulta inevitable que esos sorprendentes mundos les dejen una huella imborrable a ellos.
«Es comprensible que los seres humanos dejaran de ocuparse del espacio en los años veinte del siglo XXI. ¿Cómo vas a pensar en las estrellas cuando los mares rebosan? ¿Cómo vas a dedicar un minuto de tu vida a los ecosistemas alienígenas cuando hace demasiado calor para habitar tus ciudades? ¿Cómo vas a comerciar con combustible, metales e ideas cuando las fronteras de los mapas no dejan de cambiar? ¿Cómo va a importarle a alguien la pregunta de si existen otros mundos cuando en el mundo en el que estás atrapado siguen sin contestarse las preguntas más vitales, las que tienen que ver con las necesidades más básicas de hogar, salud y seguridad?«

Becky Chambers es una escritora estadounidense que tiene el don de convertir la ciencia ficción en un género cozy, esperanzador, amable y maravilloso. Es la autora de la saga La peregrina —que Alianza Editorial, en su sello Runas, empezará a publicar en mayo de este año—, de las dos novelas cortas de Monje y robot, y de otros títulos como Para aprender, si la suerte nos sonríe. Ha sido ganadora en dos ocasiones del premio Hugo (2019 y 2022), del Premio Locus (2023) y nominada en certámenes tan destacados en la literatura de ciencia ficción como el Arthur C. Clarke. Becky Chambers tiene el interés y la curiosidad, pero no la formación científica, por lo que la autora confiesa que siempre acaba haciéndole un millón de preguntas y consultas a su madre, la astrobióloga Nicoline Chambers, y a su equipo de investigadores, lo que concede una asombrosa verosimilitud a todo el universo de la autora.
La primera vez que escuché hablar de Becky Chambers fue en la librería Gigamesh: Antonio Torrubia sabe que no soy lectora habitual de ciencia ficción (os vais a reír cuando veáis la próxima reseña que voy a publicar en el blog) y me sugirió que si me apetecía explorar el género me recomendaba leer El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, el primer volumen de La peregrina. Me aseguró que era «como los libros de tomar el té que tanto te gustan, solo que en naves espaciales. Una novela de tacitas en el espacio.» No sé a vosotros, pero una recomendación tan maravillosa me cautivó. Y aquí sigo, prendada de Becky Chambers y con muchas ganas de volver a leer El largo viaje a un pequeño planeta iracundo en cuanto Runas lo lleve a librerías en marzo.
El título de esta historia de ciencia ficción tan feelgood y esperanzadora viene al caso de un fragmento del mensaje que las Naciones Unidas grabaron en 1977 para el disco dorado de las Voyager: «(…) Salimos de nuestro sistema solar para viajar por el resto del universo en busca de paz y amistad; para enseñar, si se nos requiere; para aprender, si la suerte nos sonríe«. Y resume muy bien la misión de los cuatro astronautas protagonistas. Narrada en primera persona por la ingeniera Ariadne, una voz amable, profundamente arraigada en la bondad, la generosidad, la compasión y la esperanza en la capacidad humana para aprender, se trata de una historia de exploradores fascinante y acogedora. La prosa de Becky Chambers es precisa y brillante, y refleja con mucho encanto y sentido del humor el pensamiento de su protagonista. El final me ha parecido precioso, esperanzador, y con un mensaje que hace honor al título de la novela: si tienes suerte, te hará reflexionar sobre las preguntas (y las respuestas) importantes de la vida.
Lectora, Becky Chambers siempre te deja el corazón calentito y te devuelve (un ratito) la fe en la humanidad (que no es poco, en los tiempos que corren).
También te gustará: Oveja mansa; El mar de la tranquilidad; Dioses, monstruos y el Melocotones de la suerte; Lenguas maternas y otros relatos; El último asesinato en el fin del mundo
Extraños viajes, de Maud Cairnes
Polly Wilkinson se siente bastante satisfecha con su vida de ama casa, al cuidado de sus dos hijos y con un guapo marido oficinista un poco agobiado por el trabajo. Aunque algunos días, cuando la chica de servicio se rebela, su esposo no le hace demasiado caso y sus muchos quehaceres la agotan, se pregunta qué se sentiría al vivir con la despreocupación y la calma que aparenta la mujer de su edad que ve pasar acomodada en su lujoso coche con chófer propio. Al cabo de un tiempo, Polly siente un extraño mareo y de pronto aparece sentada en el salón de una impresionante mansión campestre, tomando el té junto al fuego en compañía de una agradable señora que resultará ser su suegra, Lady Forrester. Con un aplomo que jamás pensó que poseía, pero también dejándose llevar por la curiosidad y su recién descubierto sentido de la aventura, Polly descubre que es capaz de intercambiarse el cuerpo con Lady Elizabeth, una dama de la alta sociedad con dificultades matrimoniales y un montón de compromisos sociales abrumadores.
«—Me gustaría saber cuánta gente en el mundo aprovecharía la oportunidad de cambiarse por otra persona, sobre todo para evitar compromisos sociales aburridos. Estoy segura de que a cada una de nosotras, personalmente, le entusiasman los engorros de la otra. Por ejemplo, deduzco que le divierte el viejo Potty, mientras que a mí me encanta el señor Marshall. Tendríamos que cambiarnos a propósito algunas veces, por simple diversión, cuando haya algo que hacer.«

Maud Cairnes es el seudónimo con el que Maud Kathleen Cairnes Plantagenet Hastings (1893 – 1965) firmó y publicó dos novelas. Amante del arte, del ballet y de la música, Lady Kathleen, como era conocida, escribió y estrenó la obra de teatro It Is Expedient (1920) antes de publicar la que sería su primera novela: Extraños viajes (1935). Su divertida y encantadora historia sobre dos mujeres de distinta clase social y educación que intercambian sus cuerpos, tuvo una gran acogida por parte de los lectores y los críticos literarios de su época. Alba Editorial, en su sello rara avis, la publicó por primera vez en castellano a principios de 2025, con traducción de Daniel de la Rubia Ortí.
Qué sorpresa tan agradable ha sido descubrir a Maud Cairnes y sus Extraños viajes. Fresca, original, divertida, socarrona, esta comedia social se lee con la sonrisa en los labios y una simpatía creciente por todos sus personajes. Con una prosa precisa y alegre, un estilo desenfadado y ligero que sigue con rapidez el desarrollo de esta trama inusual, Maud Cairnes juega con el contraste entre las vidas de dos mujeres de extracción social y educación tan distintas que parece imposible que, en el fondo, se complementen. Me han encantado todos los personajes, tanto secundarios como protagonistas, cómo Polly y Elizabeth se las ingeniaban para comprender y mejorar sus respectivas vidas, y soltar la carcajada con cierta cena de Navidad en la campiña que… Tendrás que leerla para descubrirla.
Si mi gran descubrimiento literario del año pasado fue La fiesta, de Margaret Kennedy, este año lo es, sin duda, Extraños viajes, de Maud Cairnes. Ni los estilos de las autoras ni sus novelas se parecen lo más mínimo, pero las dos me han supuesto un regalo extraordinario: dos libros distintos, muy particulares, arriesgados, excéntricos y divertidos. Se quedan, para mí, como un soplo de aire fresco muy inspirador en mis estanterías.
Lectora, que un libro te sorprenda y te divierta así tras tantas décadas de magníficas lecturas es un regalo.
También te gustará: Pudin de Navidad; Cluny Brown; Fresas silvestres; Los millones de Brewster; Amberwell; Un par de manos; Por no mencionar al perro
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Una tarta de rododendros, de Margery Sharp
Es tradición de los Laventie, la familia más excéntrica y esnob de la campiña de Sussex, que cada uno de sus tres jóvenes retoños escoja un relleno inusual para su tarta de cumpleaños. El pastel de Elizabeth, la hermosa e inteligente hermana mayor, lleva heliotropos, el de Dick, el dotado artista, prímulas amarillas, y el de Ann, la hermana pequeña, está relleno de rododendros. Han sido educados en casa, bajo la intelectual y despreocupada atención de un padre que desprecia los convencionalismos sociales y se burla de fiestas de cumpleaños u otros eventos tradicionales, aislándose de sus vecinos a fuerza de espantarlos con su insoportable cháchara clasista, o escogiendo a sus amigos por cuestiones estéticas en lugar de morales. Desde pequeña, Ann sospecha que no encaja bien en su familia: no se parece a la bella e ingeniosa Elizabeth, ni tampoco al estrambótico y talentoso Dick. A ella, en el fondo, le apena que su tarta de cumpleaños contenga rododendros en lugar de chocolate y cerezas confitadas, y le encantaría intimar con amigos sencillos y agradables con los que poder ir a pasear o al cine sin la presión de estar todo el tiempo manteniendo una conversación brillante sobre arte, economía o política.
«Estaba revisando la fe estética en la que se había educado e intentando cuadrarla con sus propios sentimientos. Era difícil. Adoraba a Giotto y detestaba el Albert Hall, y eso estaba muy bien. Por otro lado, aborrecía a Epstein y le encantaban los atardeceres rosa pálido, y eso estaba mal. La figura de Peter Pan nunca se había tratado de forma específica, pero estaba segura de que el veredicto no lo favorecía. Era bonito y allí estaba ella, conteniéndose a duras penas para no acariciar a los conejos. Le gustaba y sabía que, si Dick o Elizabeth estuvieran a su lado, fingiría despreciarlo.«

Margery Sharp (1905-1991) fue una escritora y dramaturga inglesa, famosa por la serie infantil Los rescatadores y por comedias sociales como El árbol de la nuez moscada (1937), adaptada al cine con el título de Julia Misbehaves (1948), La piedra de la castidad (1940), o Cluny Brown (1944), que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Una tarta de rododendros (1930) fue su primera novela y trata sobre la búsqueda de la identidad propia de una joven amante de los places sencillos de la vida que ha crecido en el seno de la familia menos convencional y más rocambolesca de la Inglaterra de entreguerras.
Resulta complicado leer Una tarta de rododendros y no quedarse prendada para siempre de Margery Sharp. Divertida e ingeniosa, Sharp se sirve de la excentricidad de sus personajes para mofarse con cariño de la vacuidad del esnobismo intelectual, pero también para contraponer la singularidad y la búsqueda de una de sus protagonistas más entrañables. Anne Laventie, al igual que Cluny Brown o Julia Packett, es una persona extraordinaria que no encaja en su entorno y que, pese al poco margen de maniobra que las convenciones de género de su época dejaba a las mujeres, se cuestiona su educación familiar y la catadura moral de sus seres queridos, y decide que no va a quedarse con los brazos cruzados mientras ve cómo la felicidad se le escapa entre los dedos. Con su agudeza habitual y su sentido del humor, Sharp señala con valentía las hipocresías sociales (atención a la sutilidad con la que muestra a las muchachas solteras que tienen amantes, las relaciones prematrimoniales o la elección de una carrera profesional considerada masculina en 1930), a la vez que divierte a los lectores con las desventuras de los estrambóticos Laventie.
Lectora, el notable debut de una de las autoras más geniales del siglo pasado.
También te gustará: Cluny Brown; El árbol de la nuez moscada; La piedra de la castidad; Amberwell
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Hotel Splendide, de Ludwig Bemelmans
Corren las primeras décadas del siglo XX y en el lujoso hotel Splendide, de Nueva York, a los clientes indeseables se les sienta en la mesas peor situadas y atendidas por el camarero más nefasto del país, Mespoulets. Así empieza la carrera hotelera del joven Ludwig, a las órdenes de Mespoulets, como mozo de comedor; entre plato y plato, aprende francés y dibujo. Con el tiempo, lo promocionan a ayudante de camarero y, más tarde, a camarero, mientras se va forjando su propia fortuna al servicio de artistas, millonarios, agentes de bolsa de Wall Street (que dan algún que otro chivatazo), familias peculiares, tiranos maître d’hôtel, caceroleros que se pirran por un uniforme, o compañeros enfermos de nostalgia por su Ratisbona natal.
«La mejor fuente de información sobre los huéspedes del hotel Splendide no era su departamento de pagos ni la oficina del gerente, sino el comedor de los acompañantes. En dicha categoría entraban los chóferes, los ayudas de cámara, los mayordomos, las niñeras y los lacayos que no estaban contratados por el hotel, sino que viajaban con los huéspedes en calidad de su servicio personal. A ellos se les asignaba las habitaciones pequeñas que daban a los patios de luces y se les ofrecía un escueto menú del día en el comedor de los acompañantes. Dicha estancia suponía un zoco para el chismorreo, un lugar al que todos llegaban corriendo y en el que se demoraban durante una segunda y hasta una tercera taza de café, cambiando impresiones, intercambiando lamentos y quejas.«

Ludwig Bemelmans (1898 – 1962) fue un escritor, guionista e ilustrador austrohúngaro que emigró a Estados Unidos en 1914, donde se ganó la vida durante quince años en el sector hotelero antes de dedicarse a la ilustración y la literatura. Bemelmans fue guionista de la Metro Goldwyn Mayer, y sus ilustraciones y artículos aparecían con regularidad en el New Yorker o en el Town and Country, entre otras publicaciones, pero fueron sus libros infantiles ilustrados, protagonizados por la niña Madeline, los que lo consagraron definitivamente, haciéndolo merecedor de la Medalla Caldecott en 1954. En Hotel Splendide, Bemelmans realiza un retrato ingenioso y nostálgico de las interioridades de un hotel de lujo (el Splendide es el alter ego del Ritz de Nueva York) durante los años veinte y treinta del siglo pasado.
Ludwig Bemelmans publicó por primera vez Hotel Splendide en 1941, transcurrida casi una década desde que había dejado atrás su carrera hotelera. Tal vez por eso, el libro parece teñido de cierta pátina amable de nostalgia y narrado desde un punto de vista humorístico, incluso satírico, pero siempre con ese poso de añoranza que tienen las anécdotas más queridas. Hotel Splendide es un conjunto de postales, de instantáneas sobre la vida en un hotel neoyorkino de lujo antes de la Segunda Guerra Mundial, de retratos maravillosos de algunas de las personas singulares que pasaron por sus comedores, sus habitaciones, su plantilla de personal. Son unas memorias de juventud divertidas y excéntricas, en las que Bemelmans no mitifica un trabajo duro y a menudo desagradable, aunque sí intenta quedarse con lo excepcional de aquellos años y tomarse con mucho sentido del humor la locura del servicio y la atención al cliente. Destacan los capítulos en los que el tema de fondo muestra cómo la plantilla disfuncional del Splendide se convierte en familia adoptiva para unos trabajadores en su mayoría migrantes, como el propio autor, pero también el marco histórico-social de ese Nueva York en el que los corredores de Wall Street enriquecían a sus camareros favoritos con chivatazos lucrativos (algunos, poco antes de suicidarse por el crack del 29) y los millonarios adoraban a sus amantes sin reparar en excentricidades.
Lectora, unas memorias divertidas, nostálgicas y perfectas para conocer los entresijos de un hotel de alto standing en el Nueva York de principios del siglo pasado. Pero también para entender los sueños de oportunidades y prosperidad de quienes llegaban a la ciudad más deslumbrante del planeta y no siempre eran bienvenidos.
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