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Mariposas de acero, de David Olier
Hace tiempo que el ingeniero neuronal Xin Po Huai siente que no es dueño de sus pensamientos. Cada vez que mira a su alrededor no ve más que una ciudad ordenada y limpia y centenares de neohumanos que van a trabajar sin comunicarse entre ellos. Todos han sido cultivados por el Entramado, una inteligencia artificial que les implanta una mariposa tecnológica capaz de controlar todos procesos mentales y mejorar rendimientos. Cuando a Xin le encargan la investigación de la muerte de uno de sus compañeros y descubre las anomalías en su mariposa todo salta por los aires en la ordenada vida del apocado ingeniero. Perseguido por el Entramado, Xin inicia una trepidante huida hacia la libertad en la que deberá decidir en quién puede confiar para desatar el yugo que todavía lo ata a la implacable inteligencia artificial.
«La triste realidad es que los pobres no contaminan, querido Xin. Y ahora, te recomiendo que ahorres el aliento. Nos queda mucho camino por recorrer y las paradas serán escasas.«

No soy lectora de ciencia ficción, pero esta es la primera novela de un amigo y me apetecía mucho echarle un ojo al universo que había creado. En un momento literario en el que la ciencia ficción china está tan de moda, David Olier ha ambientado Mariposas de acero en un distópico imperio asiático que se ha salvado del caos y la destrucción gracias al dominio de una inteligencia artificial. Pero, ah, amigos míos, la paz y el orden tienen un precio pues parece que humanidad y libre albedrío todavía no son compatibles con la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente.
Mariposas de acero es una novela para disfrutar, muy cinematográfica y entretenida, con unos personajes bien perfilados cuyo interés reside tanto en el carisma como en la elaborada historia que ha escrito el autor para cada uno de ellos. En este sentido, destaca la misteriosa Siumei, con un pasado que podría originar una novela entera, aunque mi preferido es Mikiko Sato, padre y abuelo de dragones. El peso de la trama recae en la aventura de Xin, un anti-héroe lleno de miedos, inseguridades y bastante histérico, porque aprender a controlar las emociones humanas requiere tiempo y habilidad. Y aunque me hubiese gustado encontrar más sentido del humor, sobre todo relacionado con este último aspecto del pusilánime protagonista, lo cierto es que la novela funciona muy bien y mantiene el suspense a lo largo de todos los capítulos. Quizás es porque no leo ciencia ficción, pero una de razones que más me han hecho disfrutar de esta lectura es que nunca era capaz de intuir qué pasaría en el siguiente capítulo. A los lectores nos gusta que nos sorprendan.
Además de las escenas de acción, del suspense y de los personajes, otro punto fuerte de la novela es la articulación del imperio del Entramado y su oposición, así como la destacable reflexión inicial sobre un sistema que, por mucha ciberinteligencia controladora que domine, sigue promocionando a los mediocres: si no te cuestionas nada y obedeces, asciendes, si haces preguntas inteligentes, te marginan (o te liquidan, cuidadito que David Olier no se anda con chiquitas). Ni siquiera en los mundos imaginados escapamos de nuestra maldita ordenación social.
Lector, si necesitas algo de acción y no te asusta el género, atrévete con una voz nueva y en versión original.
También te gustará: Tocar las estrellas; Spin; El año del diluvio; Las tres caras de la luna
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El rancho de la U alada, de B. M. Bower
El ganadero James G. Whitmore regenta plácidamente su rancho en el corazón de Montana hasta que recibe la noticia de que su hermana pequeña, Della, viene de camino para ejercer la medicina. El encargado de recogerla en la estación de ferrocarril es Chip Bennett, el vaquero más gruñón e indómito del rancho de la U Alada, que no duda en lanzarse cañada abajo a toda velocidad con la carreta para salvar a la «Doctorcita» de un caballo en estampida. Convencido de que ha puesto en su lugar a la señorita recién llegada del refinado Este, no tarda en darse cuenta de que cada vez que discute con ella el desasosiego se instala en su, hasta la fecha, impasible corazón.
«—Entonces, ¿Dunk ha vuelto? Si se ha hecho con su corazón, debe de haberlo buscado con un microscopio porque es pequeñísimo, casi tan pequeño como su alma. De hecho, nadie más sabía que tuviera uno. Debería sujetarlo a un anillo para no perderlo.
—Yo no llevo joyas falsas, gracias —replicó la señorita Whitmore, y Chip pensó que los hoyuelos no estaban tan mal después de todo.»

B. M. Bower es el seudónimo de Bertha Muzzy Sinclair (1871-1940), autora de westerns populares, a menudo adaptados a la gran pantalla, y de la saga de El rancho de la U Alada, una serie de novelas simpáticas y muy agradables ambientadas en el Salvaje Oeste. Esta edición de Hoja de Lata es la primera entrega de la serie, una historia encantadora y plácida que se disfruta en un par de tardes y deja una excelente sensación de haber pasado unas vacaciones en las hermosas montañas de Montana.
Este ha sido un verano atípico incluso en mis lecturas: no recordaba ningún otro año en el que hubiese leído tanto durante las vacaciones estivales. Sin embargo, suelo participar en más lecturas conjuntas de las que puedo abarcar, decir que sí a más compromisos editoriales de los que debería y embarcarme en mil aventuras literarias que, aunque apetecibles y estupendas, me roban horas de sueño. Estaba agobiada por todo esto y más, necesitaba un respiro, y entonces me acordé de El rancho de la U Alada, un título que tenía apuntado desde que leí la reseña de Las inquilinas de Netherfield, donde la recomendaban como una novela de sofá, té y mantita. Por supuesto, he prescindido de la manta y he cambiado el sofá por la terraza, pero ya me entendéis. Ha sido justo lo que necesitaba: una historia simpática, divertida, agradable, con unos personajes muy bien dibujados y caracterizados por una voz muy personal y unas acciones en consonancia. La ambientación en un rancho de Montana, aislado del mundanal ruido, a principios del siglo XX, marca la personalidad de un western con pinceladas románticas que se lee en un suspiro. El sentido del humor de B. M. Bower y el charm de su prosa hacen especial, distinta y muy feelgood esta lectura.
Lector, si necesitas un respiro en Montana.
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Hacia las estrellas, de Mary Robinette Kowal
En marzo de 1952, un enorme meteoro se estrella cerca de la costa este de Estados Unidos convirtiendo el estado de Washington en un enorme cráter calcinado. Elma York, doctorada en Física y en Matemáticas, y piloto de la Segunda Guerra Mundial, y su marido Nathaniel, ingeniero aeroespacial, consiguen sobrevivir al impacto y aterrizar de emergencia en una de las bases cercanas a Kansas. El impacto del meteoro, superior al de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki juntas, desencadena una serie maremotos, terremotos e incendios en ambos hemisferios, pero Elma no puede evitar ir más allá: la cantidad de polvo lanzado a la atmósfera por el impacto y su incidencia en el océano han desencadenado una serie de brutales cambios climáticos muy semejantes a los que provocaron la extinción de los dinosaurios milenios atrás. Con la amenaza de un planeta Tierra inhabitable a corto plazo, Elma y Nathaniel ingresan en un equipo internacional aeroespacial destinado a crear colonias humanas en el espacio. Pero en 1952 el ser humano todavía no ha pisado la luna, no existen los ordenadores analógicos y las mujeres no pueden ser astronautas.
«En los años cincuenta, un hombre con un título superior en Matemáticas era un ingeniero. Una mujer era solo una calculadora. La discrepancia salarial entre los dos puestos de trabajo era enorme, a pesar de que las mujeres eran quienes diseñaban los algoritmos que impulsaron gran parte de la industria aeroespacial. Del mismo modo, los trabajadores blancos cobraban más que los negros. Ojalá estas batallas históricas no se librasen todavía, pero ninguna de las dos estadísticas ha cambiado.«

Mary Robinette Kowal es una autora norteamericana de ciencia ficción y fantasía que ha sido galardonada con los premios Nébula, Locus y Hugo con su saga La astronauta. En Hacia las estrellas nos presenta una distopía tan cercana a la historia real de la carrera espacial de los años cincuenta y sesenta para llegar a la Luna que apenas tenemos la sensación de estar leyendo ciencia ficción. Kowal centra el peso de su novela en la denuncia del cambio climático y la segregación racial y de género. Su protagonista Elma York tiene dos doctorados, es piloto de combate, calcula de memoria ecuaciones y algoritmos orbitales que ella misma ha creado, pero nadie la llama doctora York ni la cree capaz de ir al espacio: Elma es la señora de Nathaniel York, una dama que queda bonita en las fotos de la prensa. Además, Elma es judía, apenas ha escapado al horror de la Segunda Guerra Mundial y le presentan la posibilidad de trabajar con Wernher von Braun, ¿por qué iba a sentirse incómoda?
Hacia las estrellas me ha parecido una lectura muy entretenida y emocionante, aunque reconozco que me ha gustado mucho más la novelización histórica de la época cuando se mantenía realista (la carrera aeroespacial, la tensión de la guerra fría, el entrenamiento de los astronautas, etc.) y lo bien que la autora sabe escenificar el machismo y el racismo salvajes que imperaban en la joven potencia mundial que había resultado vencedora de la guerra contra los nazis. La narración de Mary Robinette Kowal es fluida y sin florituras, muy directa, y sus diálogos resultan muy naturales. Refleja bien la discriminación de género y la racial y utiliza este conflicto social histórico como motor principal de una trama que mantiene el interés, el suspense y la emoción pese a que los personajes son un poco hieráticos. Quizás me ha quedado un poco floja la trama del impacto del meteoro y sus consecuencias planetarias, hasta que me he dado cuenta de que en breve la autora publicará una continuación de esta novela. De todas formas, para los alérgicos a las bilogías, aviso que Hacia las estrellas es autoconclusiva y puede leerse de manera independiente. Lo peor: las escenas de sexo con metáforas sobre el lanzamiento de cohetes espaciales.
Lector, ojalá llegue un día en que leamos esta novela y sea la discriminación de género y racial la que nos parezca la mayor fantasía.
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