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Un caso de ratones y asesinato, de Sally Smith

Tres meses después de la muerte de la reina Victoria, todo parece trascurrir igual en el Temple, la ciudadela londinense donde jueces y abogados desempeñan sus labores legales. Una mañana de primavera, Gabriel Ward, abogado y consejero del rey, sale de sus habitaciones y se dirige a su despacho, en el Inner Temple, para trabajar en su próximo caso: la misteriosa autoría de un libro infantil superventas titulado Millie, la ratona de la iglesia del Temple. Pero algo le impide abrir la puerta. Un algo que resulta ser el cadáver, descalzo y apuñalado con uno de los cuchillos de trinchar de las cocinas del Inner Temple, de Norman Dunning, el Lord presidente del Tribunal Supremo. Como Scotland Yard no tiene jurisdicción en el Temple, sir William Waring, Lord Tesorero, le encarga a Gabriel Ward la investigación del caso. Gabriel, que solo aspira a llevar una vida ordenada, dedicado en cuerpo y alma a la abogacía y la literatura, acepta bajo coacción. Hasta que su curiosidad y su inteligencia innata le hacen comprender que, al fin y al cabo, cada pista es una pieza del puzle y que resolver un asesinato se parece mucho a completar un apasionante rompecabezas.

«El Temple, tanto el Inner como el Middle, pertenecía a los caballeros templarios en el siglo XII y, a partir de ahí, lo heredaron los abogados. Se encuentra dentro de los límites de la City de Londres, pero es un enclave independiente, casi igual que el Vaticano en Roma. Es una de las antiguas libertades territoriales: por ley, queda libre de la jurisdicción de la Alcaldía y la Corporación de la City de Londres. Está exento de todas las jurisdicciones civiles y eclesiásticas, y lo gobiernan sus propios parlamentos. Es nuestro pequeño mundo independiente. Exuda mucho romance, ¿verdad que sí?«


Ático de los libros
Traducción de Sonia Tanco
336 páginas
Fecha de publicación: 16 de febrero de 2026
ISBN: 979-13-87592-53-0

Sally Smith es abogada y consejera del rey, como el encantador aunque peculiar protagonista de Un caso de ratones y asesinato, un cozy mystery que, al igual que Millie, la ratona de la iglesia del Temple, me ha robado el corazón. Se trata de un caso de asesinato ambientado en el Temple, un lugar de jurisdicción complicada en donde los jueces, abogados y pasantes londinenses todavía trabajan en la actualidad. Sally Smith, que conoce bien el lugar, cuenta que decidió ambientar su novela en 1901, apenas tres meses después de la muerte de la reina Victoria, porque en el Temple es sencillo trasladarse al pasado; apenas ha cambiado, como las emociones humanas. Y es que una de las razones por las que esta historia de misterio destaca entre otras del género es por la sensibilidad de sus personajes, por su humanidad, por la delicadeza con la que Sally Smith ha sabido insuflarles vida en un contexto a priori tan árido como el mundo de las leyes.

Sally Smith tiene un estilo fluido, elegante, de frases cortas y descripciones breves. Su narración brilla en los diálogos, pero también en la facilidad con la que muestra el pensamiento y las emociones de sus personajes. Destaca el encanto y la bondad de su protagonista, Gabriel Ward, un inteligente abogado, curioso, probablemente con un trastorno del espectro autista y un corazón tan gentil y generoso que resulta casi más admirable que su habilidad en los juzgados. Un caso de ratones y asesinatos plantea un misterio de corte clásico, un Whodunit en el que todos los sospechosos tienen motivo y oportunidad, muy bien entrelazado con otros misterios secundarios igual de intrigantes —como descubrir quién es la verdadera autora de una novela infantil que ha vendido más ejemplares que El libro de la selva, de Rudyard Kipling—, todo recogido entre los históricos muros del Temple, un escenario de lo más evocador y romanticista. El encanto del protagonista, la habilidad de la autora para construir un elenco de personajes excéntricos y tremendamente humanos, un asesinato y un misterio muy bien planteados, investigados y resueltos, la ambientación en los últimos años de la época victoriana en un lugar tan especial como el Temple, y la habilidad narrativa de Sally Smith son los motivos que más me han hecho disfrutar de Un caso de ratones y asesinato y que, en mi opinión, destacan este cozy mystery.

Lectora, para tomar una taza de té en el corazón templario de Londres con el abogado se Su Majestad más maravilloso de todo Reino Unido.

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La posada Jamaica, de Daphne du Maurier

Tras quedarse huérfana, la joven Mary Yellan vende su granja en Helford, al sur de Cornualles, y cumple la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte: mudarse a vivir con la tía Patience, la única familiar que le queda con vida. Pero Patience se ha casado y, junto a su marido Joss Merlyn, regenta la posada Jamaica, un establecimiento a pie del camino entre Bodmin y Launceston, en el corazón de los desolados páramos del norte de Cornualles. Mary llega a la lóbrega posada en medio de una tormenta para encontrarse que su tía Patience no es más que una sombra, una mujer consumida por la angustia, el miedo y la desesperación, totalmente supeditada y aterrada por su marido, un hombre violento e inmoral que guarda un oscuro y temible secreto. Mary cree que su tío Merlyn es el cabecilla de una banda de criminales miserables que viven del contrabando, lo que ha echado a perder la reputación de su negocio. Hasta que una noche de borrachera, al borde del coma etílico, el dueño de la posada Jamaica le confiesa por qué lo acosan los muertos. La espantosa revelación cambiará la vida de Mary Yellan para siempre.

«Echó un vistazo a la posada, siniestra y gris a la luz de la tarde, con las ventanas cerradas; pensó en los horrores que había visto la casa, en los secretos que ahora impregnaban las paredes junto con recuerdos más antiguos, festivos y luminosos, de chimeneas encendidas y risas, antes de que su tío la envolviera en su sombra; le dio la espalda como quien se la da instintivamente a una casa de los muertos y salió a la calzada.»


Alba Editorial
Primera edición: marzo 2018
Segunda edición: septiembre 2021
400 páginas
Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
ISBN: 978-84-9065-392-0

Daphne du Maurier (1907 – 1989) fue una brillante escritora británica, nacida en el seno de una familia acomodada y culta que le proporcionó una sólida educación: su padre era agente teatral, su madre actriz, su abuelo guionista y dibujante, su tío periodista, y sus primos, los Llewelyn Davies, sirvieron de inspiración a J. M. Barrie para Peter y Wendy. Quizás sus obras más célebres, probablemente por su exitosa adaptación cinematográfica, fueron Rebeca o Los pájaros, pero en su bibliografía destacan títulos tan notables como El río del francés (1941), Mi prima Rachel (1951), El chivo expiatorio (1957) o No mires ahora (1971). Du Maurier publicó por primera vez La posada Jamaica en 1936, una novela oscura y gótica, de suspense psicológico, ambientada en Cornualles, donde la autora residió durante gran parte de su vida adulta y escenario recurrente de sus historias (como, por ejemplo, Mi prima Rachel o El río del francés, entre otras).

En una nota a la primera edición de La posada Jamaica, Daphne du Maurier contaba que el establecimiento del título todavía seguía en pie, pero que ella había preferido ambientar su historia a principios del siglo XIX para dotarla de un pasado terrorífico. Aunque se trata de una de las primeras novelas de su autora y la ambientación histórica no es su punto fuerte —las relaciones interpersonales y las reflexiones de la protagonista son demasiado modernas—, resulta fácil reconocer el estilo de Du Maurier, su habilidad narrativa para describir paisajes naturales y tejer una trama de suspense o su maestría para crear personajes complejos y contradictorios, ambiguos (como Joss Merlyn, por ejemplo, con unas manos delicadas y brutales al mismo tiempo). La posada Jamaica es una novela de ambientación gótica, alrededor de una trama principal oscura y terrible que, además de avanzar a buen ritmo, mantiene el suspense hasta los capítulos finales.

Narrada en tercera persona, pero siempre desde el punto de vista de Mary Yellan, una narradora a menudo poco fiable debido a su inocencia y juventud, aunque siempre inteligente, la historia gira alrededor de sus personajes. Mary reflexiona sobre la maldición de ser una mujer en 1820 (en realidad, también en 1936), de perder la independencia al enamorarse, de verse limitada por su género a la hora de salvar a su tía, de llevársela lejos y empezar de nuevo ellas dos solas; sobre la debilidad femenina. En más de una ocasión, se lamenta por no haber nacido hombre, y aunque reconoce el amor como un peligro a su independencia no puede evitar verse arrastrada por la emoción. Otro de los grandes personajes de esta novela es Joss Merlyn, un hombre bestial, inmoral, que solo parece tocado por la humanidad cuando el alcohol lo vence y sus horrores lo visitan. Todo lo que rodea a Merlyn está tocado por la violencia, una violencia que acabará por arrollar también a Mary.

La posada Jamaica es una novela que se disfruta por la prosa de Daphne du Maurier, por sus descripciones de los desolados páramos, de los agrestes acantilados de su querido Cornualles, de la atmósfera gótica y del suspense, del horror al descubrir el oscuro misterio, y de sus carismáticos personajes. Pero también me ha gustado por sus contrastes, por el juego de ambigüedades que la autora llevaría a la perfección en Mi prima Rachel y que aquí ya apunta maneras. Me ha parecido una novela valiente por las reflexiones de su protagonista y por las escenas explícitas de violencia, tanto física como psicológica —no olvidemos que la autora publicó por primera vez en 1936—, con una trama gótica original y unos personajes a la altura de las mejores novelas de la autora. Por ponerle algún pero, y siempre a título personal, no me han gustado tanto los dos últimos capítulos y el desenlace: aunque no deslucen, ni mucho menos, la genialidad de este clásico, lo vuelven mucho más sombrío.

Lectora, para conocer la pluma más gótica de Daphne du Maurier.

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Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

En 1801, el caballero Lockwood llega a Cumbres Borrascosas, la finca de uno de los potentados de la región occidental de Yorkshire, el señor Heathcliff, para ultimar las condiciones del alquiler de la Granja de los Tordos. Admirado por la belleza del agreste paisaje de páramos, bosques y cumbres nevadas, Lockwood queda intrigado por la hosquedad y el odio que parecen profesarse todos los habitantes de Cumbres Borrascosas. Una vez instalado en la Granja y aquejado de un fuerte resfriado, el recién llegado inquilino le pregunta a su ama de llaves, la señora Ellen Dean, por la trágica historia de Heathcliff y los demás habitantes de las Cumbres ¿por qué se odian tanto? Ellen, también protagonista de esa historia, se apiada del desconcierto del caballero y decide contarle con detalle el origen de tanta desolación. Todo empezó con la llegada del señor Earnshaw a casa tras un largo viaje desde Liverpool. Sus hijos, Hindley y la hermosa Catherine, esperaban impacientes en Cumbres Borrascosas, pero cuando su padre llegó no traía los regalos de costumbre sino a un pequeño niño salvaje, llamado Heathcliff, que había encontrado vagando por la ciudad y del que se había apiadado. Hindley, que lo ve como una amenaza a su condición de único heredero, decide odiarlo desde ese mismo instante, pero la impetuosa Catherine, casi de su misma edad, encuentra en Heathcliff a su más íntimo y querido compañero de juegos. Aunque Earnshaw le toma cariño al recién llegado y le da la misma educación que a sus hijos, Heathcliff no se adapta bien a la vida de Cumbres Borrascosas: ni criado ni señor, el pequeño crece orgulloso y fuerte con el único cariño de su adorada Catherine.

«Mi amor por Heathcliff se asemeja a las eternas rocas de las profundidades: una fuente de escaso placer visible, pero necesario. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Él está siempre, siempre, en mi mente. No como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser. Así que no hables de nuestra separación de nuevo. Es imposible.«


Valdemar Editorial
Traducción de Rafael Santervás
Colección Gótica nº55
Primera edición: noviembre de 2004
Segunda impresión: diciembre de 2014
Segunda edición: febrero de 2026
400 páginas
ISBN: 9788477029762

Emily Jane Brontë (Thornton, 1818 – Haworth, 1848) fue una escritora y poeta británica. Hija de un párroco, la quinta de seis hermanos, se educó y creció muy ligada a su familia y, todavía más, a los agrestes y solitarios páramos de la región occidental de Yorkshire. En 1847, Emily Brontë publicó Cumbres borrascosas bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell, muy poco después de que sus hermanas Charlotte y Anne Brontë publicasen Jane Eyre y Agnes Grey, respectivamente, con los seudónimos de Currer y Acton Bell. Gótica y romanticista, ambientada a principios del siglo XIX, Cumbres borrascosas es una de las obras más destacadas de la literatura victoriana, una historia sobre la rebelión del mal contra el bien, de los desposeídos, la historia de una terrible venganza, de una pasión atormentadora que traspasa la muerte y que resulta imposible de desarraigar de los brezales y páramos del Yorkshire de Emily Brontë.

Valdemar publicó por primera vez Cumbres borrascosas en noviembre de 2004, en su colección Valdemar Gótica, y una reimpresión diez años después. Últimamente, la editorial ha estado revisando los libros agotados de su catálogo en Gótica y, para mayor felicidad de sus lectores, está reimprimiendo algunos de sus títulos más emblemáticos. En febrero de 2026, Cumbres borrascosas vuelve a librerías de la mano de Valdemar, con nueva cubierta, para la segunda edición revisada de este clásico imprescindible de la literatura victoriana. Con traducción de Rafael Santervás, una corrección y edición impecables y con introducción de Antonio José Navarro, me parece la opción más acertada para redescubrir o leer por primera vez a Emily Brontë. Cumbres borrascosas es uno de mis clásicos preferidos de todos los tiempos, quizás mi novela favorita de la literatura victoriana. La he leído una media docena de veces a lo largo de mi vida lectora y en cada ocasión ha sido una experiencia distinta y a la vez inmutable como las eternas rocas de las profundidades. Distinta, porque los lectores cambiamos y porque nuestro estado de ánimo trastoca la percepción de nuestra lectura. Pero inmutable porque, no importa cuando la leas, Cumbres borrascosas siempre será un clásico oscuro, transitado por personajes malditos y rebeldes, conmovedor, indomable como su autora.

La acogida inicial de la novela no fue demasiado positiva, se consideró salvaje y extraña, y eso que todavía no se sabía que había sido escrita por una mujer. Cumbres borrascosas tenía mucho de disidente, pues Heathcliff, un marginado, se atrevía a rebelarse contra sus patrones, contra el maltrato y el embrutecimiento al que lo sometían desde la infancia, relegándolo a una condición de animal salvaje con el derecho que les otorgaba su posición social. En una sociedad victoriana en donde los estamentos sociales eran rígidos y rara vez se contemplaba el mestizaje matrimonial, que una novela presentase a un protagonista capaz de vengarse de sus amos, codiciar a la heredera y destruir su hacienda, era cuanto menos desconcertante. Charlotte Brontë, que siempre defendió la obra de su hermana, argumentaba que a los lectores que no conocían a Emily, ni las costumbres ni paisajes de la región occidental de Yorkshire, Cumbres borrascosas podría parecerles «cruda y rara». Charlotte se refería al discurso duro y brutal de la mayoría de los protagonistas (los criados maldicen e insultan a sus amos), al comportamiento diabólico (esto incluye reaccionar ante el maltrato y vejación del hacendado, no resignarse a su condición de parias) y excéntrico de algunos personajes y a las expresiones desatadas de dolor, desesperación, injusticia y muerte. En resumen, algo muy chocante en una novela protagonizada por dos familias de la gentry (la pequeña nobleza rural), a principios del siglo XIX.

En Cumbres borrascosas todo gira en torno de la venganza y la obsesión de Heathcliff, un personaje único por su dureza, su crueldad y su amor eterno por Catherine Earnshaw, y que se ha comparado con una versión victoriana del héroe maldito byroniano. Heathcliff y Cathy son dos mitades de la misma alma atormentada, imposibles de separar el uno del otro, incluso más allá de los umbrales de la muerte. Su pasión es obsesiva, legendaria en la historia de la literatura, siempre enmarcada en los paisajes únicos de niebla, viento y frío, de lluvias torrenciales, surcado de fantasmales gritos desgarradores, de terrible tormento del alma y tumbas abiertas al más puro estilo romántico de los cánones del movimiento del siglo XIX (un amor oscuro, opresivo, morboso y eterno propias de gótico literario y del romanticismo). Una historia de pasiones desatadas, de destrucción y aniquilación —del ser amado, de la propia, de su descendencia—, pero también de rebelión contra el orden establecido, la rebelión de un huérfano marginal contra los hacendados que lo condenan a cumplir un destino de clase sin darle una sola oportunidad.

Emily Brontë escribe con energía febril y realista, a borbotones, hasta el punto de que sus personajes cobran vida de una manera tan dolorosa y vibrante que se escapan al control de su pluma. Sus diálogos sinceros y directos, sus protagonistas salvajes, su historia de pasión, odio y venganza, de rebeldía contra el establishment, el paisaje solitario y romanticista de sus páramos y brezales, hacen de Cumbres borrascosas un clásico singular y valiente de la literatura gótica y victoriana. Ninguna eternidad extinguirá la voz de Emily Brontë.

Lectora, inolvidable.

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Mis abuelas y yo, de Diana Holman-Hunt

Diana es una niña inquieta, curiosa y un poco ingenua, que vive feliz y muy querida en la mansión campestre de sus abuelos maternos. Huérfana de madre, su educación queda sujeta a las excéntricas sugerencias de un padre ausente que envía cartas desde la India recomendando que la niña aprenda a jugar al tenis, a montar o que pase tiempo con su otra abuela, Nana, la viuda del artista prerrafaelita William Holman Hunt. Diana podría haber crecido feliz en la mansión de sus abuelos maternos, rodeada de cariño, corriendo por la playa, cultivando la amistad de un supuesto pirata, saltando el muro de las serpientes, creyendo en las hadas del páramo y esperando la llegada de su prima preferida. Pero fueron las terribles estancias en la lúgubre casa-museo londinense de Nana, regida por el hambre, la miseria y la suciedad, las que forjaron su carácter resolutivo y admirable.


Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia Ortí
rara avis (número de colección 63)
352 páginas
Fecha de publicación: octubre de 2023
ISBN: 978-84-1178-016-2

Diana Holman-Hunt (1913 – 1993) nació en Londres. Huérfana de madre a muy temprana edad, y con un padre funcionario destinado en la India y en Birmania, vivió y se educó durante toda su infancia y adolescencia a caballo entre la casa campestre de sus encantadores y refinados abuelos maternos y la casa londinense de su chaladísima abuela paterna. Mis abuelas y yo es una novelización de esas memorias de infancia y juventud, escritas en primera persona por la autora, con un gran sentido del humor, pero también con la determinación de quien ha aprendido a valerse por sí misma en las circunstancias más peculiares.

Con una prosa ágil y precisa, Diana Holman-Hunt muestra con colorido desparpajo su día a día en casa de sus respectivas abuelas, confiando a la mirada de sus lectores opinar o juzgar los hechos que narra. Además de su notable habilidad en el arte de mostrar con tanto encanto y empatía, en Mis abuelas y yo, destacan los magníficos diálogos, que caracterizan a cada uno de los personajes y constituyen la pieza clave de estas ingeniosas memorias juveniles. Con muy buen pulso narrativo y un ritmo que no decae en ningún momento, la autora contrasta las escenas idílicas en casa de sus abuelos maternos con las escalofriantes estancias en la casa londinense de Nana. La abuela paterna de Diana, viuda del artista prerrafaelita William Holman-Hunt, aparece como una vieja chiflada que vive de la gloria pasada de su marido, entre cucarachas y obras de arte, y no gasta ni un penique en las necesidades básicas de su nieta (sin cama en una casa de habitaciones vacías, sin apenas comida, sin agua, etc.). Aunque la autora se cuida de evitar juicios de valor a lo largo de todo el libro, lo cierto es que el retrato de Nana y de sus estancias en su casa, por muy teñido de cariño y de nostalgia que esté, resulta inmisericorde, incómodo para un lector que reconoce abuso y maltrato infantil, cuanto menos.  Tal vez por esta razón, el segundo esposo de Diana le recomendó que no publicase Mis abuelas y yo, por lo que autora retrasó su salida a librerías hasta después de la muerte de su marido.

Es difícil terminar estas maravillosas memorias de infancia y juventud sin sentirse amiga de Diana, sin desear darle un buen abrazo a la niña abandonada que fue. Su biografía adulta parece girar alrededor de los hombres de su vida: nieta del afamado pintor prerrafaelita, divorciada de su primer marido, esposa en segunda nupcias de un terrateniente, un hijo diplomático experto en Asia Central… Y, sin embargo, Mis abuelas y yo también es el retrato de una joven decidida e inteligente, que tuvo que adaptarse a las excéntricas condiciones de su educación, tanto sentimental como intelectual, que viajó por Europa y que se interesó en el legado cultural de su familia y de su infancia: en 1969 publicó My Grandfather, His Wives and Laves, una biografía sobre su abuelo, y en 1974, un libro sobre el pintor chileno Álvaro Guevara, Latin Among Lions. Aunque vivió gran parte de su adultez en un entorno rural, volvió a Londres al enviudar, firmó su obra literaria con el apellido compuesto de su famoso abuelo, y mantuvo una vida social tan ajetreada como la de Nana.

Lectora, unas memorias excéntricas y maravillosas. Imposible no terminar este libro sin querer darle un abrazo grande a Diana.

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Prohibido morir aquí, de Elizabeth Taylor

Durante sus muchos años de matrimonio, Laura Palfrey formó un equipo formidable con su esposo. Siempre se adaptó a las complejas circunstancias de su vida en las colonias británicas, pero al volver a Inglaterra, la anciana viuda comprende que tanto tiempo en el extranjero la ha dejado sin amistades. En parte para paliar esa soledad, pero también porque cree que Londres le ofrecerá suficientes distracciones, decide mudarse a vivir al Claremont, un hotel con tarifas reducidas para ancianos de pocos recursos que deseen hospedarse permanentemente o hasta que no sean capaces de valerse por sí mismos. Aturullada por un extraño orgullo, la señora Palfrey confiesa a sus nuevas amistades del Claremont que su nieto Desmond irá a visitarla pronto. Pero las semanas van pasando y la anciana no puede quitarse de encima una soledad casi paralizadora… hasta que conoce a Ludo, un joven escritor con el que traba la amistad que siempre hubiese deseado mantener con su verdadero nieto.

«A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes. Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos, las enfermedades de la niña y de mis padres que envejecían, de los problemas de dinero. Cada uno de nosotros alguna vez deseó huir de todo aquello. Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesita.«

Elizabeth Taylor (1912 – 1975) fue una escritora británica considerada como una de las mejores, e injustamente olvidadas, narradoras del siglo pasado. Comparada a menudo con Barbara Pym o Elizabeth Bowen, las historias y los personajes de Taylor se consideran demasiado arraigados en su tiempo como para encontrarles un paralelismo con Jane Austen, aunque a menudo se equipara su inteligencia narrativa con la de gran autora georgiana. Publicó su primera novela, At Mrs Lippincote, en 1945, de la mano del editor Peter Lewellyn Davies —el niño que inspiró a J. M. Barrie su Peter Pan y primo de la escritora Daphne du Maurier— quien supo ver su talento literario mucho antes que el resto de la crítica de su época. Prohibido morir aquí (la horrible traducción al castellano del título Mrs. Palfrey at the Claremont) es una obra de madurez; publicada en 1971, fue su penúltima novela (Blaming, 1976, se publicó póstumamente). Aunque fue candidata al Booker Prize y The Guardian consideró Mrs. Palfrey at the Claremont como una de las mejores novelas de todos los tiempos, Elizabeth Taylor no recibió en vida el reconocimiento de un premio literario de prestigio.

Esta es la primera novela que leo de Elizabeth Taylor y me he estrenado por todo lo alto. Le debo esta maravillosa lectura a la acertada recomendación de MH, de Las inquilinas de Netherfield, quien ha leído y reseñado gran parte de la bibliografía de esta autora tan de su agrado (Un alma cándida, Una vista del puerto, Angel, La señorita Dashwood). He disfrutado especialmente con el ritmo narrativo de la autora y con la admirable fluidez con la que cambia el punto de vista del narrador para ofrecernos un atisbo de los pensamientos de cada personaje; recurso que utiliza con precisión para mostrar, en lugar de describir, las contradicciones, los miedos y los deseos más íntimos de Laura Palfrey y del resto de caracteres con los que interactúa. La prosa de Elizabeth Taylor es precisa y luminosa, sus personajes complejos y conmovedores, pero su mar de fondo resulta, a menudo, desesperanzador y triste. La autora retrata con maestría a tres generaciones de clase media en el Londres de los años sesenta: viudas mayores que han vivido los últimos vestigios coloniales del imperio victoriano y que perdieron a sus maridos en la Segunda Guerra Mundial, sus hijos egoístas y vanos, que se desentienden de sus mayores pero, a la vez, también de su propia prole, y los nietos de las viudas, desengañados, perdidos, intentando sobrevivir de su intelecto. El personaje protagonista de la señora Palfrey, encantadora, valiente y cansada, aunque no entiende del todo por qué las cosas se han torcido tanto como para terminar sola, sabe bien qué le espera a partir del momento en el que entra a vivir en el hotel Claremont. Elizabeth Taylor consigue que queramos salir a pasear con ella cada vez que abrimos esta conmovedora e inteligente novela.

Lectora, me ha gustado incluso más que las novelas de Barbara Pym.

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