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Cómo hacer el perro, de Maxwell Guaufington

Puede que los perros no tengan ese aire de elegante indiferencia a la hora de desobedecer a sus dueños, pero Maxwell Guaugington, el perro autor de este manual, tiene muy claro quién es el alfa de la manada en su casa: él. Maxwell nos explica en primera persona tácticas para conseguir más comida (los ojitos de cachorro no fallan nunca), dormir sobre los humanos o sacarlos del sofá para que le lleven de paseo, cómo evitar el temido veterinario o cómo vestir la última moda perruna con dignidad. Un libro divertido y simpatiquísimo sobre cómo mantener bien alta esa autoestima canina y seguir siendo el rey de la casa.

Roca Editorial
ISBN: 9788416700608
Colección: No ficción
Páginas: 160
Fecha de publicación: 5-07-2018

Me encantó Cómo ser un gatete, de Kitty Pusskin, así que ya os imagináis lo feliz que lancé a por las páginas de Cómo hacer el perro. Me encantan estos títulos de Roca Editorial, solo me falta uno de conejitos para completar catálogo (igual le pido a Pooh que me escriba uno al estilo de Kitty y Maxwell).

Cómo hacer el perro es un compendio de instrucciones y reflexiones sobre la vida perruna con sus familias humanas. Divertido y desenfadado, se lee con una amplia sonrisa en los labios y las fotografías e ilustraciones son el complemento perfecto a esta bitácora de vida tan graciosa. La única pega es que te dura un suspiro en las manos, aunque siempre puedes volverlo a releer porque tiene tantas anécdotas y ejemplos divertidos que apetece. Me gustó especialmente 10 cosas que los perros deben saber de los gatos, cómo viajar en coche y la lista de los mandamientos navideños. Aunque también tiene capítulos desternillantes como los dedicados a los punteros láser, los frisbee o el de fornicar con una pierna. Y conmovedores sobre cómo saber cuándo tu persona está necesitada de cariño. En fin, un libro cuqui sobre el rey de la casa (o «ese otro que vive aquí», en vocabulario gatuno).

Lector, una lectura que se agradece mucho para desconectar. Perfecta para mantener alejada de los impulsos mordisqueadores de tu perrete.

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La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain

Una mañana temprano, cuando baja a desayunar antes de abrir la puerta de su librería, Laurent Letellier se encuentra un bolso malva de mujer con todos los efectos personales de su propietaria en el interior. Su primer impulso es llevarlo a una comisaría, pero las circunstancias hacen que el objeto encontrado termine en el apartamento de Laurent. Con una copa de vino en las manos, un divorcio a sus espaldas y una hija ingobernable en el horizonte, el librero decide ceder a la tentación de abrir el bolso y curiosear su contenido: tres piedrecitas, un espejo, un libro firmado de Modiano, una receta, una pinza, aquella moleskine roja… Demasiado tarde se da cuenta de que todos esos objetos únicos son una invitación, como una puerta entreabierta, a conocer a su propietaria. Y prendado de la voz de la mujer de la libreta roja, Laurent encuentra un camino extraordinario y único hacia la desconocida.

«Cabello castaño hasta los hombros, tez pálida, ojos muy claros, grises quizás, una sonrisa muy bonita, no demasiado alta y con un lunar a la derecha del labio superior.«

No conocía a Antoine Laurain cuando Jane Jubilada me dijo «tienes que leer esta historia tan cuqui«. Como me encantan las recomendaciones feelgood de esta gran lectora, me regalé La mujer de la libreta roja por Sant Jordi y ahora ando enamorada de lo bonito que cuenta el señor Laurain.

No esperéis un argumento grandioso y complicado, giros dramáticos, grandes aventuras o heroicidades porque esta es una novela de gestos pequeñitos y hermosos, de personajes para enamorarse despacio, de sonrisas cómplices y mucho feelgood en cada página. Fijaos si me ha encantado, que ahora hasta veo con otros ojos a Patrick Modiano, quizás menos triste y más melancólico (pero de esas melancolías bonitas, románticas, de las de pasear bajo la lluvia), con un poquito más de esperanza y simpatía por los que se enamoran.

Me ha encantado La mujer de la libreta roja, de principio a fin, no le cambiaría ni una coma (aunque le tacharía una docena de «de hecho», pero eso ya son manías lectoras. No me critiques, que tú también tienes unas cuantas). Me gusta por Laurent y Laure, por los gatos Belphégor y Putin, por la librería, por el oficio de dorador, por el juego de enamorarse a ciegas, por las pistas, por todo. La prosa de Laurain es delicada y luminosa, sorprende por su naturalidad tan íntima y cómplice. Además, su personalísimo estilo me ha aportado una nota de originalidad y frescura cuando más lo necesitaba. El problema es que ahora anhelo que alguna editorial charming traduzca al español Le chapeau de Mitterrand.

Lector, no solo de feelgood british vive esta lectora.

También te gustará: Juntos, nada más; La delicadeza; Contra el viento del norte; El resto de sus vidas

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Un amor, de Alejandro Palomas

Mamá había dicho que ella misma compraría las flores pero los problemas de salud que ha sufrido últimamente Amalia han acentuado su ya de por sí despiste crónico e inseguridad. Se casa una de sus hijas, una boda anhelada que coincide con su cumpleaños y con una circunstancia inesperada que su familia ha decidido mantener en secreto. No importa lo mucho que la vida se empeñe en ponérselo difícil, Amalia va a ir a la boda y va a llevar flores; aunque llegue tarde a la primera y consiga las segundas de manera poco ortodoxa. A su alrededor, sus hijos y la tía Inés tejerán con más o menos paciencia la red de cariño que contendrá el próximo tropiezo de la querida y entrañable Amalia.

«—No te esfuerces tanto por vivir, Fer —La oí decir. Luego, tras un pequeño silencio que llegó envuelto en su respiración difícil, murmuró algo que sí alcanzó a ser una sonrisa—: Con flotar basta.«

Ya sabéis que me encantó Una madre. Fue mi primer contacto con Amalia, Silvia, Emma y Fer y me quedé totalmente prendada de esta familia. Cuando Alejandro Palomas ganó el Premio Nadal de este año con Un amor, y supe que retomaba a los personajes, sabía que me gustaría. Aunque no esperaba encandilarme tanto con Fer, esa voz narradora brillante y maravillosa que convierte en extraordinaria una historia de amor que en otras manos habría sido casi cotidiana.

Un amor es justo lo que promete su título. Amores grandes, pequeños, filiales, fraternos; amores que no dejan aire y otros tan libres que vuelan; amor por el chocolate, por las mentiras, por las mascotas feítas y malhumoradas; amor que falta, que se busca, que sobra y se derrama. Pero sobre todo es la prosa de Alejandro Palomas, ese narrar en presente con emoción a flor de piel, tan personalísimo y tan conmovedor. Me encanta. Pocas novelas son capaces de emocionar durante tantas páginas y casi ninguna te hace sentir ganas de pertenecer a esta familia tan disfuncional y tan… tan así, tan suya, tan poquita cosa y con tanta tristeza contenida y tan enormes estos personajes. Porque Un amor es Amalia y Fer y Silvia y Emma, pero sobre todo es Alejandro Palomas.

Lector, una narración que conmueve y te llena de ternura.

Esta novela llegó a mis manos gracias al sorteo de El búho entre libros. Muchísimas gracias, la he disfrutado tanto…

También te gustará: Una madre; El secreto de los Hoffman

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Sigo siendo yo, de Jojo Moyes

Vive con osadía, Louisa Clark, le había dicho Will Traynor. Y allí estaba, en Nueva York, totalmente sola, dispuesta a decir que sí a nuevas experiencias pese a sentirse tan lejos de casa y de sus seres queridos. Dispuesta a vivir con osadía. Lou ha conseguido trabajo como asistente de Agnes, la joven y bella segunda esposa del multimillonario señor Gopnik. Pero las primeras semanas en su nuevo hogar resultan agotadoras: Nueva York la intimida, a Nathan no se le ve el pelo, el ama de llaves la odia, el perro de la señora De Witt intenta morderla siempre que se la encuentra en el edificio y estar lejos de Sam es casi doloroso. Todo parece abocado al desastre hasta que un día se da cuenta de que se ha enamorado de su nueva ciudad, de que tiene nuevos amigos y de que quizás Will Traynor no se había equivocado con ella cuando le aseguró que era capaz de volar sola. El problema, Lou, es que quizás te hayas perdido por el camino… o puede que haya llegado el momento de dejar de amoldarte a lo que desean los demás para tener el valor de conseguir lo que tú deseas.

«Miré el reloj del vestíbulo cuando volví y me sorprendió descubrir que aún eran las seis y media. La tarde parecía haber durado varias décadas. Me quité los zapatos, sintiendo el alivio total que solo una mujer conoce cuando por fin se les permite a los doloridos dedos de los pies hundirse en una profunda y gruesa moqueta, y caminé descalza hasta el apartamento de Margot con ellos colgando en la mano. Me sentía agotada y enfadada de una forma que no podía expresar, como si me hubieran pedido que jugara a un juego cuyas reglas no entendía.«

No recuerdo qué gran escritor dijo que aquel texto que parecía sencillo, claro y brillante al lector tenía detrás muchas horas de trabajo y esfuerzo. Ese es el caso de Jojo Moyes cuyas historias fluyen con tanta naturalidad y encanto que si no andas atenta podrías pensar que su narración es sencilla. Y un cuerno. Su narración es extraordinaria y hay que haber tomado mucha leche con cola-cao y galletas para conseguir semejante habilidad narrativa. Moyes, en dos frases, te planta un personaje tan vívido que te parece conocerlo de toda la vida. Y en tres frases, te ha explicado su vida entera y la complicada situación emocional en la que se halla. Los libros de Jojo Moyes son un curso de narrativa en sí mismos, pero es que además son historias y personajes que emocionan, que te hacen llorar de pura emoción. Quizás no sea alta literatura, ni disponga de unos recursos o prosa elegantes y sofisticados, pero si eres escritor tienes mucho que aprender de esta autora.

Me gustó Yo antes de ti, pero tardé tanto en leerlo que para cuando lo hice estaba demasiado condicionada por las decenas de entusiastas reseñas que había visto sobre la novela. No me defraudó, pero me hubiese gustado que mi primer contacto con la autora hubiese sido sin tanto marketing. Creo que por eso he disfrutado mucho más de lecturas posteriores de Moyes, como París para uno o como este Sigo siendo yo. Ojo, la mejor historia de todas es la primera, Yo antes de ti, pero creo que el personaje de Lou es tan auténtico que se merecía otras dos novelas (Después de ti y Sigo siendo yo). A mí no me cansa, es más, me ha gustado encontrarle nuevos matices. Su evolución emocional, sus dudas, sus medias de abeja, sus miedos están tan bien matizados que enamora.

Jojo Moyes no solo tiene sentido del humor y del ritmo, sentido de la oportunidad y capacidad para emocionar al lector en cada capítulo sino que además, en Sigo siendo yo, consigue algo muy difícil: jugar con los clichés sin caer en ellos, decirle al lector que nada es lo que parece a simple vista, presentar a unos personajes auténticos, con sus luces y sus sombras, sin arquetipos, sin malos ni buenos absolutos. En fin, ¿he dicho ya que Moyes me encanta, que leer sus novelas equivale a una masterclass de narrativa?

Lector, ponte cómodo y disfruta, pero no te olvides de hidratarte bien y de tener pañuelos a mano porque los vas a necesitar.

También te gustará: París para uno y otras historias; ¿Hay alguien ahí fuera?

Esta reseña forma parte de la Lectura Conjunta organizada por Laky, del blog Libros que hay que leer

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El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo, de David M. Barnett

Una extraña casualidad hace realidad el mayor deseo de Thomas Major: vivir en paz lejos de todos los humanos del mundo. Thomas es un químico gruñón cansado de que su vida sea un desastre, harto del ruido que le rodea, infeliz siempre que interactúa con alguna persona. Cuando se le presenta la oportunidad de ser el primer hombre con billete solo de ida a Marte, cree que sus plegarias de vivir lejos de cualquier ser humano han sido por fin atendidas. Relativamente feliz en la cápsula Ares I, camino del planeta rojo, conoce a los Ormerod, una familia disfuncional que pasa por graves apuros. Gladys, la abuela, está perdiendo la lucidez; James, el peque de la casa, brillante científico, sufre acoso escolar; Darren, el padre, está en la cárcel; en ausencia de la madre, Ellie, la hija adolescente, lleva todo el peso de la familia sus espaldas. Ellie detesta las casualidades y a las familias felices, por eso Thomas le cae bien, pero todavía no comprende de qué manera puede ayudarles un astronauta a cambiar la mierda de vida que les ha tocado en suerte.

«—¿Quieres saber lo mejor de estar en el espacio? Es no estar en la Tierra. Probablemente tenía tu edad cuando me di cuenta de algo, y es que el mundo es una mierda, igual que todas las personas que hay en él. He estado toda mi vida observando cómo mis ambiciones se marchitaban y morían. Así que cuando llegó la oportunidad de dejarlo todo, y me refiero literal y jodidamente a todo, la agarré con las dos manos. Tengo lo único que siempre he querido. Nada de gente. Estoy solo. Total y absolutamente.«

Conocí este libro cuando la escritora Mayte Esteban me dijo «he encontrado una novela que me ha hecho pensar en tu señor Livingstone por la portada, el título y la sinopsis«. Como sé que Mayte conoce bien mis gustos literarios, corrí a la librería, leí la sinopsis, hojeé el libro y me lo llevé a casa. Me ha encantado.

David M. Barnett imagina una historia en la que la realidad más dura que nos toca vivir en nuestros días se entrelaza con la esperanza de un futuro distinto: la familia Ormerod y el pasado de Thomas frente a la promesa de iniciar un nuevo mundo lleno de posibilidades en Marte. Barnett narra, con agilidad y mucho sentido del humor, una comedia en la que la ficción más loca encaja perfectamente con la dura verdad de la sociedad en la que vivimos. La clave está en unos personajes bien construidos, con un pasado emocional coherente, que han hecho de ellos lo que son. Y, a lo largo de toda la novela, la presencia constante del hermoso arte de convivir con la casualidad, el azar, la coincidencia.

Creo que la clave de El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo radica en la ternura de sus personajes, en el punto de excentricidad de la trama, en su sentido del humor pese a la dureza de la realidad y a lo enormemente conmovedora que es la historia. Pese a que la novela de Barnett no cumple todos los requisitos formales para que una obra se considere feelgood (hay muertes y la atmosfera/escenarios no son precisamente agradables para el lector), sí que resulta afín al género en el sentido de que, pese al dramático punto de partida, se llega a un final feliz por un camino salpicado de sentido del humor (a menudo, negro). No hay que esperar, sin embargo, una novela feelgood en el sentido estricto del término sino una historia profundamente conmovedora, tragicómica como la vida misma, con unos personajes rebosantes de carisma, de fragilidad, de emoción. La gracia es que nada parece forzado o impostado, todo fluye con naturalidad, humor e inevitable sensación de desastre (la maldita ley de Murphy) para el entretenimiento y emoción del lector más desprevenido.

Ah, eso sí, detesto profundamente el título en español. Prefiero muchísimo más el original, Calling Major Tom, que hace referencia a la canción Space Oddity de David Bowie, muy presente en toda la novela debido al nombre y a las circunstancias del protagonista.

Lector, una tragicomedia fantástica que te conmoverá como hacía tiempo que no te sucedía con un libro de nuestro siglo.

Si te apetece, pásate por El espejo de la entrada para ver qué le ha parecido a Mayte esta pequeña gran historia.

También te gustará: El tipo más raro del mundo; El mayor Pettigrew se enamora; Mr. Rosenblum sueña en inglés

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