Una cena en Roma, de Andreas Viestad

Una noche de junio, Andreas Viestad entra en su restaurante favorito de Roma: La Carbonara. Mientras espera a que le sirvan la especialidad de la casa, reflexiona sobre lo que un silencioso camarero le va sirviendo: pan, vino, antipasti, aceite de oliva, pasta carbonara… hasta llegar al postre, un delicioso sorbete elaborado con limones amalfitanos. A través de los alimentos más sencillos, Viestad se remonta a la historia de Roma, aquella ciudad que hace dos mil años ya albergaba a un millón de habitantes y que, al importar casi todo lo que comía y bebía, desarrolló unas fabulosas redes comerciales. La comida va ligada a la civilización, pero también sirve para entenderla. Los alimentos que cocinamos a menudo servían para distinguir entre «ellos» y «nosotros», entre barbarie y civilización: por ejemplo, la frontera entre católicos y protestantes coincide casi exacta (excepto por Francia) con la que separa a quienes cocinan con mantequilla y a quienes lo hacen con aceite de oliva; los primeros agricultores prehistóricos sacrificaron la dieta variada y mucho más nutritiva de su vida de cazadores-recolectores por el placer de destilar bebidas alcohólicas.

«Heródoto (el mismo que describió de la forma más fantasiosa el origen de las especias) escribió que los persas tomaban todas las decisiones importantes borrachos. Una vez pasados los efectos del alcohol, reconsideraban la decisión. Si llegaban a la misma conclusión tanto sobrios como ebrios, se daba por válida. Era una especie de sistema parlamentario bicameral, en el que todas las leyes debían pasar por la cámara alta de la embriaguez y la baja de la sobriedad.«

Andreas Viestad es un periodista, restaurador y crítico gastronómico noruego que siente Roma casi como su segundo hogar desde que se casó con una arqueóloga. Autor de una extensa bibliografía de no ficción sobre el activismo culinario y cómo la historia se refleja en las recetas de cada cultura, publicó Una cena en Roma. La historia del mundo en un menú en 2022. Ediciones Siruela lo trajo a las librerías de nuestro país en 2024, con la estupenda traducción de Virginia Maza, y ya va por la tercera edición.

Una cena en Roma es un ensayo curioso, como asomarse a la historia de la civilización de la antigua Roma —y también un poquito a la cultura europea contemporánea— desde la perspectiva de un crítico gastronómico. El resultado es una narración amena, ligera, casi aromática, aderezada con anécdotas personales de su autor y con varias teorías culturales lanzadas desde el punto de vista de un comensal que no es historiador, pero que comprende todos los detalles que se sirven a la mesa. Viestad le dedica un capítulo a cada uno de los elementos primordiales de una cena en el restaurante La Carbonara y va tirando del hilo de cada uno de ellos para explicar cómo han cambiado a lo largo de los siglos pese a seguir tan presentes en nuestras cocinas. Destaca especialmente el relato del origen de la pasta, el uso del aceite de oliva, la importancia del pan en la antigua Roma, la mención a los limones, las teorías sobre el vino y su presencia en los círculos religiosos y de poder de las antiguas civilizaciones o las vueltas de los italianos alrededor de la auténtica receta de la carbonara.

Lectora, un ensayo delicioso perfecto para acompañar las noches de verano.

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Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento, de Django Wexler

La profecía dice que Davi está destinada a salvar el Reino de las hordas de Híbridos que lo asolarán en un futuro próximo. Davi se esfuerza por salvarlo: aprende magia, estudia estrategia militar, diplomacia, negociación, alianzas, lucha… Lo intenta de todas las maneras posibles, pero nunca funciona y siempre acaba muriendo a manos del Señor Oscuro de turno, alguien cruel y terrible que arrasa el Reino y no deja títere con cabeza a su paso. Davi lo sabe bien porque ha muerto 237 veces y en ninguna de todas esas vidas ha conseguido cumplir la profecía. Así que cuando renace en su 238 vida decide cambiar las cosas porque está muy harta de fracasar, de ser torturada y de morir una y otra vez; y porque si quieres que algo sea distinto deberías hacer algo diferente. Si no puedes con tu enemigo, conviértete en él. Así pues, Davi inicia su 238 vida en el Reino dispuesta a convertirse en el Señor Oscuro.

«Los orcos están visiblemente decaídos durante la marcha; murmuran entre ellos y se dispersan, a pesar de las advertencias de los sargentos. Tienen que animarse, decido, y ¿qué mejor manera de hacerlo que con una buena canción de marcha? Voy de compañía en compañía, dejando que cada una tome la iniciativa durante unos versos mientras les enseño las canciones de mi gente. Si soy sincera, lo hacen bastante bien con Stairway to Heaven, pero Achy Breaky Heart les supone un mayor esfuerzo, y no has vivido hasta que has escuchado a seiscientos orcos cantando a pleno pulmón If you wanna be my lover a paso ligero.«

Oz Editorial
Traducción: Gemma Benavent
408 páginas
Fecha de publicación: 8 de septiembre 2025
ISBN: 978-84-18431-09-8

Django Wexler es un escritor estadounidense de novelas de fantasía y ciencia ficción que dejó su trabajo como ingeniero informático para dedicarse a su gran pasión: la literatura. En la actualidad, ha publicado varias sagas fantásticas, entre las que destacan The Shadow Campaigns, ambientadas en Europa y África durante las guerras napoleónicas, o The Forbidden Library, dentro del género Young Adult. Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento es la primera novela de Wexler que se traduce a nuestro idioma (viene de la mano de Oz Editorial, con la estupenda traducción de Gemma Benavent) y forma parte de la bilogía Dark Lord Davi. Se trata de una fantasía humorística, repleta de referencias a la literatura de género, que parte de la base de un extraño bucle temporal, una vuelta de tuerca muy original al cliché de la profecía y una protagonista que quizás tenga demasiados principios morales como para convertirse en la villana de la historia.

Soy lectora habitual de fantasía y me encanta que los escritores hagan gala de un generoso sentido del humor, así que cuando en una novela coinciden estos dos supuestos, no hace falta mucho más para convencerme. Sin embargo, esta es una de las pocas veces en las que me atrevo con una historia con un punto un poco más oscuro, tirando al humor negro (atención, porque hay tortura, guerra y asesinato), con una protagonista rebelde y muy harta de todo, y unos secundarios en su mayor parte outsiders a quienes se les da la oportunidad de cambiar la historia. Django Wexler adapta a la literatura el recurso gamer de las «vidas infinitas hasta pasarme la pantalla» para construir una historia original, fresca y muy divertida sobre una Elegida cansada de perder según las reglas y dispuesta a romperlas para convertirse en la villana y dinamitar la dichosa profecía. Gran parte del encanto y de la originalidad de esa aventura reside en un mundo fantástico sin prejuicios de género (una novedad fantástica más que bienvenida porque huye de tópicos), en una heroína con la experiencia de 238 vidas, y en las ingeniosas referencias a las grandes obras de la literatura fantástica por parte del autor.

Lectora, divertida y gamberra y original. Deseando leer la segunda parte.

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Un mes en el campo, de J. L. Carr

En el verano de 1920, el joven Tom Birkin acepta el encargo de restaurar las pinturas murales de la iglesia de Oxgodby, un pequeño pueblo en Yorkshire. Tom sabe que tuvo mucha suerte de volver a casa tras haber estado destinado en el continente, en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial, aunque padezca secuelas postraumáticas y haya sido abandonado por su esposa. A medida que avanzan las semanas, el joven restaurador se ve absorbido por el interés de su trabajo, traba amistad con el excéntrico paleontólogo que ha sido contratado por la parroquia para localizar una tumba y se deja querer por los amables, aunque algo taciturnos, vecinos de Oxgodby. Durmiendo a medio camino del cielo y la tierra, acunado por las bondades de la campiña inglesa y sus gentes, Tom empieza a sospechar que tras la guerra, el horror y la pérdida, todavía queda algo de belleza en el mundo.

«Y entonces, gracias a Dios, la primera mañana, los primeros minutos de la primera mañana, sentí que aquella extraña comarca del norte era amistosa, que había pasado página y que aquel verano de 1920, que se iría consumiendo hasta que cayeran las primeras hojas, sería una estación propicia, un tiempo bienaventurado.«

Joseph Lloyd Carr (1912 – 1994) fue un novelista, maestro de lengua y editor inglés nacido en Yorkshire. Viajero incansable, alternó la docencia con la escritura de diccionarios, libros de lengua para niños y novelas, alguna de las cuales publicó a través de su propia editorial, The Quince Tree Press. Sus dos libros de ficción más célebres quizás sean A Day in Summer (1963) y Un mes en el campo (1980), este último ganador del premio de narrativa de The Guardian y nominado al Booker. Un mes en el campo fue llevada al cine en 1986, con Colin Firth y Kenneth Branagh como protagonistas.

Un mes en el campo es una de las novelas más queridas por los lectores ingleses. Es fácil entender por qué. Sin duda, se queda como mi lectura más bonita de este año. Con una prosa precisa y luminosa, J. L. Carr vuelve a sus veranos de infancia en Yorkshire para rememorar el estío perfecto: la quietud, la cosecha, la belleza, la luz, la amistad de la gente norteña de la campiña… La historia destaca por su luminosidad y belleza, por convertirse en consuelo y refugio de un protagonista tocado por el horror bélico, y por la autenticidad que desprenden sus emociones (Carr no solo pasó su infancia en Yorkshire, sino que además trabajó en la estación del ferrocarril, como uno de los personajes, y estuvo en la RAF durante la Segunda Guerra Mundial). Cuenta el autor en el prólogo que su intención inicial al escribir esta novela era narrar un idilio campestre, un poco al estilo de Thomas Hardy, aunque acabó por volverse a enamorar de todas las cosas buenas de sus vacaciones en el campo. Lejos de sentimentalismos forzados o melodramas, Un mes en el campo resulta una novela conmovedora, delicada y acogedora.

Lectora, ideal para quedarse a vivir todo el verano entre estas páginas.

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Libres y libreras, de Yolanda Morató

A finales del siglo XIX, Charing Cross Road ya empezaba a ser el paraíso de las librerías londinenses, por lo que no es de extrañar que las suffagettes decidiesen abrir la suya justo en esta calle. Celebraban lecturas en voz alta, conferencias, vendían libros y merchandising y apoyaban su justa causa, pioneras de las librerías de género que abrirían ya en el siglo XX. E. Millicent Sowebry fue librera, bibliotecaria y agente de contrainteligencia del MI5 durante la Primera Guerra Mundial. En un momento en el que las mujeres apenas asomaban en las universidades británicas y en el mundo del libro, trabajó como experta para la catalogación de libros raros en Sotheby y fue una de las pocas personas que tuvo en sus manos el manuscrito Voynich. Florence Boot, heredera del emporio Boots, introdujo en 1899 la idea de un servicio de préstamo y recomendación de libros en su cadena de tiendas llamado Boots Booklovers Library, lo que ayudó a la democratización de la lectura junto con las bibliotecas públicas y la iniciativa de los libros de bolsillo en máquinas expendedoras de Penguin. Nancy Mitford trabajó en Heywood Hill, convirtiéndo la librería en un animado salón literario con el beneplácito de su propietario, movilizado por la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, la librería pertenece a Peregrine Cavendish, 12º duque de Devonshire, sobrino nieto de Nancy Mitford, y fue una de las librerías favoritas de la reina Isabel II. Cristina Agnes Lilian Foyles, heredera del imperio Foyles, llevó su franquicia a lo más alto, aunque se ganó el sobrenombre de la Reina Roja de Charing Cross por sus políticas de despido. A finales de los años treinta, su tío William Foyle le ofreció a Hitler comprarle todos los libros que estaban quemando en Alemania.

«Ante la negativa del líder nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, Foyle se desquitó llenando la azotea de la librería con ejemplares de Mein Kampf. Un bombardero erró el tiro y dejó un gran cráter en la puerta de la librería. Gracias a una histórica grabación de British Pathé, Charing Cross Road Crater (1940), disponible en Youtube, se puede apreciar cómo, por la ayuda que brindaron al Regimiento de los Reales Ingenieros durante la reconstrucción, les permitieron bautizar el puente por el que pasaban vehículos y viandantes con el nombre de la librería, Foyle Bridge.«

Yolanda Morató es una filóloga española, traductora, bibliófila y profesora de la Universidad de Sevilla. Reivindica el papel de las mujeres en artículos como La bibliofilia y el género (2019) y ha traducido Gente rara y libros raros, de la extraordinaria E. Millicent Sowerby, además de publicar los ensayos Un mundo de libros (2010) y Libres y libreras (2021). En este último trabajo, Yolanda Morató ofrece una mirada a las mujeres libreras en Londres durante los últimos dos siglos.

Con una prosa amena y cierto encanto para las anécdotas bibliófilas, la autora dedica un capítulo a cada una de las mujeres que formaron parte del potente conjunto de libreras y editoras que sustentaron el mundo libresco de Londres en el pasado reciente. Bien porque los conflictos bélicos habían movilizado a los hombres, bien porque las empresas literarias carecían de herederos masculinos, o a fuerza de puro coraje, las mujeres tomaron el relevo en Charing Cross Road siempre que tuvieron ocasión y contribuyeron a colocar la cultura británica y europea en el lugar que ocupa hoy. He empezado esta reseña con algunas pinceladas de las anécdotas que más he disfrutado de Libres y libreras, aunque no están todas. Y es que este ensayo es para degustar capítulo a capítulo, con la advertencia de que algunos resultarán más interesantes y divertidos que otros, dependiendo de los intereses de las lectoras que lo abran. A mí, me ha encantado, aunque me parece que Yolanda Morató lo tiene bastante fácil con todas nosotras, enamoradas de los libros. Se nota que es un ensayo que la autora escribió por puro placer e interés personal, sin presiones ni encargos, para compartir con otras lectoras, libreras y editoras, a la hora del té.

Lectora, la más agradable de las compañías si te apetece ir de librerías londinenses.

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La invención del norte, de Bernd Brunner

A lo largo de la Historia, la percepción del norte, su localización geográfica, su acervo cultural y mitológico, sus pobladores, ha ido variando a medida que oriente y occidente lo han explorado y escrito miles de tratados al respecto. Contra todo pronóstico, es más fácil viajar hacia el norte en invierno porque la nieve cubre cualquier accidente y el trineo vuela sobre caminos blancos y desconocidos. La expedición de Linneo a Laponia y su convicción de que las minas de cobre de Falum eran la entrada al infierno nórdico, los vikingos que descubrieron América 200 años antes que Colón, la interpretación fantasiosa de la aurora boreal de Halley, las Edda y Ossian (ese Homero del norte que resultó ser la magnífica invención de un escocés que llegó a deslumbrar a Goethe o a Madame de Stäel), David Gaspar Friedrich, que jamás viajó más al sur de Austria para no contaminarse de la luz meridional en un momento en el que solo lo italiano era sinónimo de bello, los exploradores europeos en busca del paso del Noroeste, Beowulf y William Morris, la fiebre vikinga de los británicos victorianos y Edward Bulwer-Lytton llamándolos «los griegos del mundo cristiano»… La invención del norte recoge, con el encanto al que nos tiene acostumbrados Bernd Brunner, episodios histórico-culturales, científicos y momentos estelares relacionados con el Norte.

«Muchos ingleses se empeñaron en buscar vínculos con su propio origen. Existía, por ejemplo, la descabellada tesis de que la propia reina inglesa tenía lazos de parentesco con Odín, o que la línea real de Hanover estaba ligada a Ragnar Lodbrok, el célebre capitán vikingo que halló su terrible final, presuntamente, en un pozo de serpientes de Northumbria, uno de los reinos anglosajones.«

En un momento en el que la última Tule se considera el espacio —concretamente, la NASA la ha ubicado en el Cinturón de Kuiper—, Bernd Brunner nos deleita con un viaje al pasado en el que el Norte fue, durante siglos, un gran misterio, naturaleza salvaje y romanticismo. Brunner (Berlín, 1964) es un investigador, articulista y ensayista, autor de libros como Cuando los inviernos eran inviernos o El arte de la domesticación de los frutales, entre otros. Con su amena narración y su talento para contar anécdotas científicas, históricas y culturales, el autor desgrana en cada capítulo una aproximación fascinante al Norte terrestre desde diversas perspectivas.

He disfrutado especialmente de la explicación del origen etimológico de la palabra norte (significa, literalmente, a la izquierda de la salida del sol), las explicaciones mitológicas de fenómenos científicos como las auroras boreales (Halley pensaba que la Tierra era hueca y por un agujero, en el norte, se escapan sus interioridades en forma de luz) o lo agradable que les parecía el verano norteño a los exploradores de siglos anteriores, con sus suaves temperaturas y las escasas horas de oscuridad. Me ha sorprendido toda la leyenda alrededor de los escritos de Ossian y la falsificación de Macpherson, así como la incredulidad de Samuel Johnson de que fuesen verídicos (pero no por su origen sino porque pensaba que una cultura escrita de tanta importancia no podría haberse originado en las highlands escocesas). Y cómo la interpretación histórica siempre queda en manos de quienes ostentan el poder: en la época victoriana, por ejemplo, los británicos se fascinaron con los vikingos, pero no aceptaban que la lengua nórdica tuviese una raíz común indostaní, por el menosprecio habitual de la metrópolis hacia sus colonias indias. Así como la triste deformación que llevó a cabo el Tercer Reich de todo lo nórdico para construir su monstruosidad teórica sobre las razas superiores.

Lectora, un ensayo fresco y muy interesante que acompaña muy bien los calores de agosto.

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