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La bruja de Ravensworth, de George Brewer
Tras destacarse en el campo de batalla de la segunda cruzada, el barón de La Braunch vuelve a sus dominios, a las tierras británicas de Westmoreland. Mezquino, vil, cobarde y hábil en el arte del engaño, sabe que necesita un golpe de fortuna para mantener a flote las apariencias pues sus riquezas hace tiempo que fueron despilfarradas. La solución a sus apuros económicos llega cuando la bella, rica y viuda lady Bertha se deja engañar por sus galanteos y accede a su propuesta de matrimonio. El problema es que el heredero de las riquezas de la dama es el pequeño infante Edward, único hijo de sus anteriores esponsales. Cuando el día de la boda la bruja que habita en los bosques de Ravensworth se cuela en el banquete nupcial y augura desdicha a lady Bertha, un plan malvado empieza a fraguarse en la retorcida mente de La Braunch.
«La bruja sonrió con un aire desafiante que dejó ver su único diente al completo, y masculló al barón, al avanzar:
—Cuando necesitéis a la bruja, la buscaréis.«

George Brewer (1766-1816), escritor inglés cuya vida sigue siendo un misterio, publicó La bruja de Ravensworth en 1808 aunque la historia está ambientada en el siglo XII y, como bien se observa en la edición de Eva Lara Alberola y Alfonso Boix Jovaní (Editorial Siruela), sufre de cierto anacronismo: las creencias brujeriles no cobraron fuerza en Europa hasta los siglos XV y XVI, con la publicación del Malleus Maleficarum (1486). Sin embargo, esta obra de Brewer debe entenderse dentro del auge de la novela gótica de principios del siglo XIX, en la estela de Los misterios de Udolfo o El castillo de Otranto (el autor murió dos antes de que se publicara Frankenstein).
La bruja de Ravensworth tiene un planteamiento, una puesta en escena y unos personajes de fuerte inspiración teatral; tanto, que a menudo las intervenciones de los criados me recordaban a las de los secundarios bufonescos de William Shakespeare. Brewer echa mano de trucos, tramoyas y parlamentos teatrales con tanto acierto que su novela se beneficia de un excelente ritmo, tensión y suspense. El resultado es una historia que mantiene muy bien la intriga a la vez que encandila al lector como el excelente clásico —con leyenda sobrenatural incluida— que es. Al igual que William Harrison Ainsworth en El castillo de Windsor, Brewer juega muy bien con las supersticiones tradicionales y las leyendas normandas y sajonas, y evita con habilidad cualquier moraleja final. ¿Hace falta que os diga que me ha encantado muchísimo y que os la recomiendo encarecidamente?
Lector, si te gustan los clásicos con un puntito Grimm, este te va a encantar.
También te gustará: El castillo de Windsor; El anticuario; Frankenstein
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Cuatro setos, de Claire Leighton
En 1930, Claire Leighton, una de las grabadoras más elegantes del siglo XX, y su marido Noel, periodista, se mudan definitivamente a vivir en la campiña inglesa. Quizás la dura pizarra gris de las colinas de Chiltern no sea la tierra más fértil del mundo, pero Claire y Noel se han quedado totalmente prendados de su jardín. La belleza del susurro de la guadaña segando los campos, la recogida de la fruta, el canto de los pájaros anidando en los setos, y ese otoño bellísimo en el que el fondo gris de la tierra ofrece un marco natural a los dorados, rojos, naranjas y amarillos de las hojas… Cada estación, cada mes, tiene su propia magia, como escoger en el catálogo de bulbos, comerse una manzana o andar con cuidado por las noches porque es entonces cuando un erizo llamado Cornelius sale a pasear.
«Pero, ¿a qué viene tanto remilgo con los pepinos? Quizás sea que, a ojos de Darville, somos de clase alta, y todo porque tenemos un invernadero para los pepinos y, como tal, podemos darle trabajo a él. Desde hace ya mucho tiempo, es indicio de buena posición social, pues ya aparece como tal en las novelas de Trollope. El tomate como señal de nobleza ocupa un segundo lugar detrás del pepino, a corta distancia. Quién sabe si no habrá que poner un segundo invernadero para los tomates.«

Soy una inútil en lo salvaje, no duraría ni medio telediario en un bosque o en una montaña, aunque me chiflan los libros de no ficción sobre naturaleza y los ensayos científicos; son un refugio en tiempos de cansancio, de estrés o de ánimos bajos, y también son mi solución preferida para romper crisis lectoras. No conocía a Claire Leighton, pero cuando sostuve este libro en mis manos y hojeé sus grabados supe que se vendría a casa conmigo. También es cierto que saber que versaba sobre su experiencia como jardinera durante un año, tuvo mucho que ver. Cada vez que entraba en Cuatro setos era como pasar la tarde en el jardín de Claire: relax, paz, tranquilidad y belleza.
«El ocaso se desvanece en pura noche y nos quedamos mirando las estrellas.«
Señala el prólogo de Cuatro setos que Claire Leighton tenía catalogados más de 250 grabados antes de que su libro se publicase por primera vez, en 1935 y agotase varias ediciones en Reino Unido. Pese al gran éxito profesional que la autora cosecharía posteriormente en Estados Unidos, su familia asegura que el tiempo en el que ella y su marido pudieron vivir en el campo y dedicarse a su jardín fue el más feliz de su vida. Y se nota. Cada frase, cada párrafo de Cuatro setos, contagia buen humor, optimismo, belleza y una enorme paz.
«Si una cree que el mundo es malo, que no tiene ningún sentido, o que se está desmoronando, no tiene más que pasarse media hora con un catálogo de bulbos para que se le quite la tontería. Porque rezuman un espíritu de fe y esperanza.«
Cada capítulo lleva el título de un mes del año, empezando en abril y terminando marzo, y no hay ninguno que no sea totalmente cautivador. Los detalles de un mundo en miniatura bajo la tierra, parejas de herrerillos, carboneros, pinzones, gorriones piando al sol tibio, las avispas, Cornelius, el gato del vecino, los manzanos, los tomates, las heladas, el manto de nieve o la sequía de la canícula estival… Claire narra con un estilo brillante, de hermosas imágenes y prosa exquisita, la aventura de ser jardinera por convicción, trasmitiendo al lector toda la belleza, la quietud y el prodigio de una naturaleza domesticada… algunas veces.
Lector, si necesitas paz y belleza este es tu refugio.
También te gustará: Un año en los bosques; El libro de la madera; Un paseo por el bosque; Indian Creek
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Etiquetado Clásico, Ensayo, feelgood, Libros excéntricos, Literatura británica
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Un paseo por el bosque, de Bill Bryson
Al poco tiempo de mudarse a una pequeña población de New Hampshire, Estados Unidos, con su esposa y sus hijos, Bill Bryson sale a dar un paseo por las afueras del pueblo y se encuentra con un misterioso sendero que se interna en el bosque. Se trata de un tramo del Sendero de los Apalaches, un camino que cruza casi toda la Costa Este Norteamericana, recorre catorce Estados, desde Georgia a Maine, y los Montes Apalaches a lo largo de unos 3.300 kilómetros. De pronto, a Bryson le asalta la inquietud de caminar a lo largo de todo ese sendero, de sur a norte, y de inmediato se lanza a la búsqueda de información para conseguirlo. Sus principales preocupaciones, así de entrada, son el peso de la mochila, lo carísimo y sofisticado que es todo el material de acampada, y ser devorado por un oso. Pero lo que empieza siendo una aventura algo alocada y excéntrica, pronto se convierte en un paseo por los bosques más extraordinarios del hemisferio norte y una comunión con la naturaleza y el lado más sencillo de la vida, como nunca antes había sentido.
«Las distancias cambian por completo cuando te enfrentas al mundo a pie. Un kilómetro es un buen trecho, cinco kilómetros una distancia considerable, veinte kilómetros una barbaridad, ochenta kilómetros algo inimaginable. Es entonces cuando te das cuenta de lo enorme que es el mundo para ti y la pequeña comunidad de personas que marchan por el sendero. El conocimiento de la escala planetaria es vuestro secreto.«

Bill Bryson (Iowa, 1951) es un periodista y escritor de libros de divulgación científica, histórica y de viajes. Ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y cuando volvió a su país se quedó prendado de los bosques de Maine y de New Hampshire, de la paz que le aportaba caminar por la naturaleza. Y así es como surgió este libro, para relatar su experiencia recorriendo el Sendero de los Apalaches de sur a norte. Es la primera vez que leo a Bill Bryson, aunque ya tenía apuntados algunos de sus títulos (Una breve historia de casi todo, Shakespeare, En casa, En las antípodas…) porque me llamaban mucho la atención y os aseguro que, después de leer Un paseo por el bosque, me los llevo todos a casa.
Un paseo por el bosque es un libro de viaje, de naturaleza, de apuntes del diario de un senderista amateur, biográfico, de humor… Un ensayo estupendo y divertido sobre caminar a través del bosque y las montañas sin tener ni idea de senderismo, pero con muchas ganas de disfrutar de la experiencia. Bryson rinde tributo a la Costa Este más salvaje de su país, un espacio natural que engloba la mayor diversidad del planeta, con especies arbóreas y animales únicas en el planeta y las formaciones montañosas más bellas de Norteamérica: las Blue Ridge, las Smokies, las Cumberlands, las Catskills, las Green Mountains… Denuncia la desaparición de más de 90 especies de plantas desde 1930, la brutal explotación (con el beneplácito de las administraciones gubernamentales) de los bosques madereros a un ritmo superior al de su repoblación, la muerte y extinción de especies milenarias como el castaño americano (4.000 millones de árboles muertos solo en las Apalaches) por culpa de enfermedades y plagas que ni se estudian ni se intentan contener, la falta de presupuesto para mantener los parques y la reducción anual sistemática de la plantilla de guardabosques.
«Los bosques norteamericanos llevan trescientos años generando desasosiego. Henry David Thoreau, tan moralista como cansino, consideraba que la naturaleza era algo espléndido, verdaderamente espléndido, siempre y cuando hubiese un pueblo a mano al que llegar paseando en busca de tartaletas y cerveza de alta graduación, pero en 1846, con ocasión de una visita al Katahdin, supo lo que era la espesura del bosque verdadero y la experiencia lo dejó sobrecogido.«
En un país en el que solo el 2% de su territorio se considera totalmente urbanizado, resulta pasmosa la indiferencia y la desidia con la que su gobierno observa la destrucción de su extraordinaria biodiversidad natural. A lo largo de este libro, Bryson denuncia que algunos parques naturales, como el de Shenandoah (Virginia) funcionan en un 80% gracias a los voluntarios, la erradicación de especies animales solo porque «podrían ser una molestia» (búhos, águilas o pumas), o la falta de interés por investigar o detener las plagas y la tala industrial que está mermando los bosques. Y cuando Bill se siente más indignado por el expolio de los espacios naturales, va y lee en los diarios que el Estado de Tennessee está a punto de aprobar una ley para prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas. A menudo, los países que más presumen de civilización son los más incivilizados.
Un paseo por el bosque es un libro que se disfruta por el encanto y la gracia con la que narra Bill Bryson, al que se le notan todos los años fuera de casa en ese humor tan inglés. Bryson hace al lector partícipe de su aventura con una sencillez que desarma, adentrándose en la naturaleza y llevándonos con él. Quizás porque pocas cosas hay más sencillas que caminar, es entonces cuando se piensa con mayor claridad.
Lector, si necesitas paz, acompaña a Bill Bryson por el Sendero de los Apalaches.
También te gustará: El libro de la madera; Un año en los bosques; Lobo negro; Indian Creek
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El dandi, de Georgette Heyer
Sir Richard Wyndham es un joven y atractivo dandi que disfruta de las noches de jarana londinenses sin más preocupación que su atuendo impecable, sus caballos y seguir la moda que dictaba George «Beau» Brummel en la Inglaterra de principios del siglo XIX. Cuando su hermana y su madre lo apremian para que contraiga matrimonio y asegure la descendencia familiar, Richard se ve en la obligación de pedirle matrimonio a Melissa Brandon, una de las cuatro hijas de Lord Saar. Pero en la entrevista con la fría y calculadora muchacha, el codiciado soltero se da cuenta de que añora la emoción de sentirse enamorado y de que sus futuros cuñados y suegro son un trío de descerebrados acosados por las deudas que no dudarán en arruinarlo. Pospuesta la petición de matrimonio, Richard vuelve a su casa de madrugada sumamente borracho cuando un muchacho le cae del cielo. Quizás porque el dandi ha bebido más de la cuenta, quizás porque empieza a estar aburrido de sus rutinas, esa noche inicia un viaje de lo más accidentado para poner a salvo a una damisela, recuperar un collar robado, resolver un asesinato, dar esquinazo a un agente de seguros y no batirse en duelo mientras mantiene, sin su ayuda de cámara, el famoso nudo Wyndham de su fular perfectamente anudado.
«—¡Señor! ¿Es cierto? ¿Tengo el honor de hablar con sir Richard Wyndham? —dijo con profunda reverencia y dando un paso adelante. El dandi dio una leve cabezada—. ¿El famoso galán? —insistió el joven. De nuevo, otra cabezada—. ¿El creador del nudo Wyndham? —no cejó, emocionado.
—Así es —repuso el otro cansado de dar cabezadas.«

Me gusta mucho Georgette Heyer, pero hasta la fecha solo conocía sus novelas policíacas protagonizadas por el inspector Hannasyde (Aquí hay veneno, mi preferida, o Muerte en el cepo) que trascurren en el Londres de los años 30 del siglo pasado. Leyendo la biografía de la autora, que empezó a escribir para entretener a su hermano durante una convalecencia y acabó siendo el sustento de toda su familia con un bestseller tras otro, supe que tenía varias comedias románticas muy bien ambientadas en la Inglaterra de época Regencia y le propuse a mi amiga Marisa que me acompañara para leer juntas la que más fama tiene, El dandi. ¡Lo que nos hemos reído con los líos de sir Wyndham, Pen y los modelitos de lunares!
Si habéis leído a Georgette Heyer ya sabéis que su punto fuerte son los diálogos ingeniosos y las situaciones disparatadas, enredos cada vez más enredados al ritmo de la mejor comedia con ese punto romántico, en absoluto empalagoso, que pone la guinda del pastel. En El dandi tenemos todo eso marca de la autora y, como dice Marisa, un hostal que parece el camarote de los hermanos Marx pues en sus habitaciones y pasillos se cruzan nuestros protagonistas con un carterista, un ladrón de joyas, un agente de seguros, un antiguo amor enamorado de otra, una otra histérica y bastante tonta hija de un militar furibundo, dos hermanos poco honrados… en fin, que se dan cita todos los entuertos alrededor de nuestro sir Richard, escandalizado por viajar en transporte público, sin ayuda de cámara y sin sábanas de seda en el hostal de marras, y nuestra pizpireta Pen, encantada de vivir aventuras como si no hubiese un mañana.
«Sir Richard se puso el monóculo. En los círculos de la buena sociedad se comentaba que las dos armas más mortíferas contra cualquier tipo de presunción eran la ceja arqueada del señor Brummell y el monóculo de sir Richard Wyndham.«
La novela es una comedia divertidísima, al más puro estilo Heyer, con un dandi que boxea en el Jackson’s saloon, apuesta en Almack’s, sale de juerga por el Cribb Parlour (lo más en la época Regencia) y es famoso por su estilazo a lo Brummell. Marisa me explicó que George Bryan Brummell (Londres, 1778-1840) fue el padre del dandismo y ministro de la moda: generalizó el uso del pañuelo/corbata anudado sobre la camisa de lino, sustituyó los culotte y las medias por los pantalones largos, el tricornio y las pelucas por el sombrero de copa, e inventó la levita para desterrar por siempre las casacas. Su estilo y filosofía de vida marcó toda la Regencia e influyó en la sociedad británica. Georgette Heyer recoge con mucha gracia y acierto ese espíritu del dandismo y lo convierte en un elemento ingenioso, pero a la vez realista, de su comedia de equívocos regalándole a los lectores una historia chispeante, ágil y simpatíquisima perfecta para olvidarse del peor de los días, de esos que te dejan el cerebro frito y el alma por los suelos.
Por desgracia, al igual que casi todos los libros de Georgette Heyer en castellano, El dandi está descatalogado y solo podéis encontrarlo de segunda mano o en las bibliotecas.
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Etiquetado Clásico, feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica, Novelas adorables
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