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Guía para caminantes, de Tristan Gooley
Tristan Gooley es un aventurero y naturalista contemporáneo que ha cruzado en solitario el Atlántico en barco y en avión, ha escalado el Kilimanjaro y se ha tirado en paracaídas desde un edificio australiano. Expedicionario y amante de las largas caminatas, tanto urbanas como en la naturaleza, explica en esta guía para caminantes los principios generales para orientarse y saber interpretar el lenguaje del paisaje. Salpicado de anécdotas curiosas y divertidas (algunas riéndose de sí mismo, de su inexperiencia y sus insensateces de juventud), es un libro lleno de información útil pero también de romanticismo y de naturaleza. Orientarse por las estrellas, leer los colores del cielo, entender el crecimiento de los árboles o salir pitando cuando un rayo está a punto de caernos encima son algunas de las maravillas que nos cuenta el señor Gooley en esta Guía para caminantes.
«En este libro adopto un enfoque original y asumo que eres capaz de salir a caminar de forma segura y con los calcetines adecuados. Si eres de esas personas que prefiere escalar por el hielo en camisón, es probable que no leas demasiados libros de senderismo, y sospecho que haría falta más de uno para corregir esa costumbre. Con alguna excepción, puedo resumir mi principal consejo de seguridad en tres palabras: no seas tonto.«

Ático de los libros
Traducción: Víctor Ruiz Aldana
Páginas: 448
ISBN: 978-84-17743-05-5
Fecha de publicación: 13 de marzo de 2019
Me quedé prendada de la frase de The Wall Street Journal que aparece en la portada de Guía para caminantes: «Este libro es ideal para los que están dispuestos a resolver los misterios del paisaje». Los misterios del paisaje. Me acordé de Lars Mytting, de Sue Hubbell y, más recientemente, del maravilloso libro de Mónica Fernández-Aceytuno, El país de los pájaros que duermen en el aire. Pero es que, además, Tristan Gooley habla directamente a los paseantes y no importa que sean novatos, basta con que les apetezca observar lo que les rodea, ya sea ciudad, campiña, montaña, selva o bosque. Basta con desear entender el lenguaje de aquello que nos rodea.
Gooley presenta el método SORTED para observar el paisaje y entender qué nos está diciendo: Shape (forma), Overall character (características generales), Routes (rutas), Tracks (rastreo), Edges (límites), Detail (detalles). Repasa concienzudamente todo lo concerniente a la vegetación (curiosísimo el crecimiento de las plantas según los vientos, el suelo o la climatología), a las rocas y a la tierra; y nos enseña a orientarnos por las estrellas (atención al bellísimo epígrafe que dedica a Polaris), el sol y la luna. Uno de los capítulos que más me ha gustado ha sido el dedicado a los colores del cielo y del arco iris que, además de explicar con sencillez y claridad varios fenómenos observables a simple vista, resulta romántico y de una sobrecogedora belleza, seguramente culpa del encanto narrativo del autor y de su personalísimo estilo.
«Muchos caminantes se sienten abrumados por los bosques; en este capítulo me gustaría explicar cómo acercarnos a cada bosque y a cada árbol de manera analítica, y cómo eso nos ayudará a crear nuestras propias historias prácticas. No está de más saber cómo utilizar las raíces de los árboles para encontrar el camino a casa… si los sabuesos del diablo nos persiguen.«
Otro de los puntos fuertes de esta Guía para caminantes, además del inusual paseo por el corazón de Edimburgo, son los capítulos dedicados a los Dayaks, una de las pocas comunidades para las que interpretar el paisaje puede representar la diferencia entre la vida o la muerte. Tristan Gooley señala que la mayoría de las pistas que nos expone en el libro son poco conocidas para los paseantes porque quienes mejor las utilizan no las han puesto nunca por escrito y no suelen compartirlas nunca con nadie ajeno a su tribu. Se refiere a los Dayaks, una comunidad indígena del corazón de la isla de Borneo, con los que estuvo un tiempo aprendiendo a leer el paisaje.
«Desde aquella caminata en Borneo, llevo conmigo una brújula invisible que no pesa nada. Apunta en cuatro direcciones: colina arriba, colina abajo, río arriba y río abajo. No volveré a ver jamás de las misma manera un valle o una cresta. No volveré a equivocarme al ver el flujo del agua de un arroyo. Aunque no siempre comeré las ranas que encuentre.«
Curiosidades como el reloj floral de Linneo, la predicción de las mareas humanas, el fuego de San Telmo, el efecto purkinje o la verdad de fondo de los refranes y dichos antiguos (en ocasiones es difícil separar superstición de ciencia) asoman por estos capítulos llenos de rarezas y maravilla. Pero, sin duda, es el magnetismo de Tristan Gooley, su narración directa y apasionada, y la facilidad con la que nos conecta al paisaje que nos circunda, lo que hace de este libro una lectura tan excepcional.
Lector, observa las pistas que te permitirán elaborar tus propias deducciones; o, dicho de otro modo, un libro que te enseña a pensar mientras caminas.
También te gustará: Un año en los bosques; El libro de la madera; Lobo negro
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El asesinato de mi tía, de Richard Hull
Edward Powell y su tía Mildred viven en Brynmawr, a las afueras de la aldea galesa de Llwll, una casona campestre con solera e historia. Su relación se ha ido deteriorando con los años, en parte por el insoportable carácter del sobrino y en parte por cuestiones monetarias: cuando murieron, los padres de Edward dejaron la administración de los bienes familiares (incluido su peculio) en las habilidosas manos de la tía Mildred. Perezoso, afrancesado y testarudo, Edward es capaz de cualquier cosa por no ceder a los consejos de su tía. Cuando una tarde Mildred requiere de la complicidad de los vecinos para obligar a su sobrino a pasear por la campiña y Edward acaba perseguido por las vacas del granjero William, las ansias de venganza por la humillación sufrida embarcarán a Powell a urdir un elaborado plan para deshacerse de una vez por todas de su tía y entrar en posesión de toda su herencia.
«Mi tía vive en las afueras de la pequeña —y totalmente espantosa— población de Llwll. Ese es precisamente el problema, se mire en el sentido que se mire.
¿Cómo puede nadie con un mínimo de razón vivir en un lugar cuyo nombre ningún cristiano es capaz de pronunciar? Llwll es un lugar imposible (…). Lo único que puedo decir es que, si cuando te preguntan dónde vives te agarras por la garganta y empiezas a estrangularte, lo más probable es que la escena suscite algún comentario.«

He leído El asesinato de mi tía, de Richard Hull, al mismo tiempo que mi amiga Laura (@Dsdemona) y nos lo hemos pasado en grande comentando las ocurrencias del intensito de Edward. Richard Henry Sampson (Londres, 1896-1973), conocido como Richard Hull, publicó El asesinato de mi tía, su primera novela, en 1934, a la que siguieron otros éxitos policíacos y de misterio. Héroe de guerra, consultor del Almirantazgo y asistente personal de Agatha Christie en la dirección del Detection Club, las historias de Hull destacan por su ingeniosos giros argumentales.
Los que hace tiempo que pasáis por Serendipia ya sabéis que tengo reseñada casi la mitad del catálogo de la colección rara avis de Alba Editorial. Entre las novelas de mi querida D.E. Stevenson, el feelgood encantador de Paul Gallico, y el humor de McCutcheon, Biggers, Loos, Baker y Trevor Story es que no doy abasto. Así que no os va a sorprender cuando os confiese que El asesinato de mi tía me ha encantado. No solo por la intriga de sus intentos de asesinato contra la pobre Mildred, sino también por los excéntricos personajes que desfilan por su páginas, el entorno idílicolluvioso (me acabo de inventar esta palabra al más puro estilo de Shakespeare en Guía para asesinos sobre el amor y la traición) y el sentido del humor british que tanto me gusta. Y es que con esta novela de Richard Hull el lector tiene la sensación de estar casi todo el tiempo ante una historia más humorística que criminal hasta que ocurre lo que ocurre. Por eso quizás no satisfaga a los amantes del noir más puro, pero sí que hechizará a todos los que disfrutan con los planteamientos de Josephine Tey o con el humor de Arnold Bennett o P.G. Wodehouse.
Y no te explico más porque es de esas novelas cortitas que enseguida se spoilean si no vas con cuidado. ¡¡Shhhhh!! A leer.
Lector, si eres capaz de pronunciar Llwll te invito a tomar el té en el Jubilee de Fortnum & Mason.
También te gustará: Enterrado en vida; Los millones de Brewster; Pero… ¿quién mató a Harry?; Seguro de amor; La señorita Hargreaves
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Etiquetado Cozy, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica
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La tumba de Vera Thwait, de Ana Bolox
La vida en la campiña es agotadora para Crispin Horsfall que se ve obligado a repartir su ocioso tiempo entre torear las pullas del cartero, esquivar los interrogatorios inquisitoriales y los planes casamenteros de su madre, someterse al escrutinio y cotilleos varios de los habitantes de Wettingham, echarle una mano a su amigo Abel para despistar al personal o quedarse a cenar con el científico ermitaño del pueblo. Agotador. Si además consigue sacar tiempo para descifrar alguna inscripción mortuoria en el cementerio local, ofender gravemente a la hermosa Ada Royceston y resolver un asesinato, solo el universo sabe cómo es posible semejante prodigio.
«No era un hombre dado a la broma, en especial cuando esta podía llegar a considerarse de mal gusto, pero al ver al reverendo Horace Eccleston en cuclillas junto a una de las lápidas más antiguas del cementerio de Wettingham, armado con la lupa que solía utilizar para estudiar las tumbas, Crispin Horsfall sintió la repentina necesidad de asustarlo. Se acercó por detrás, levantó los brazos y…
—Buenas tardes, Crispin, ¿qué tal ha ido el viaje a Harrogate?»

Conocí a Ana Bolox después de leer Aracne y La muerte viene a cenar, la primera entrega de la saga Carter & West. Me gustó tanto su inteligente prosa, su estilo tan marcado y el retrato de Londres en los años 50 del siglo pasado, que desde entonces me declaro rendida admiradora de su literatura. Pero si pensaba que la autora ya no podía sorprenderme estaba muy equivocada; creía que Carter & West era mi saga preferida de Ana Bolox y va esta mujer y me presenta a Crispin Horsfall, Ada Roycestone, el reverendo Horace Eccleston, el cartero Jonathan Swift (¿a qué es genial?) y al resto de habitantes de Wettingham, y me secuestra para siempre en la campiña inglesa de los años 30.
Los principales encantos de esta novela corta de misterio son sus personajes, la aparente paz de la campiña de principios del siglo pasado, el humor British, la frescura de su planteamiento criminal y el ingenio de la autora para pergeñar diálogos y situaciones peculiares. Crispin es un protagonista carismático, algo zángano, solterón empedernido, que aspira a vivir en paz dedicado a sus aficiones, que son bastante sencillas e inofensivas pero que tienen la mala pata de entrar en contradicción con los deseos de su madre y vecinos, que prefieren verlo casado y dedicado a tareas más serias. A su alrededor, los habitantes de Wettingham brillan con luz propia: excéntricos, cotillas, inflexibles, misteriosos, eremitas, curiosos,… cada uno con sus rasgos de carácter y casi todos empeñados en meterse en la vida de los demás porque ¿qué más puede hacerse en el pequeño pueblecito de Wettingham? Pues resolver un asesinato, Crispin lo tiene clarísimo. Y no es que él lo haya buscado, es que las pistas están ahí para quien quiera verlas, y a observador no le gana nadie.
La tumba de Vera Thwait es una novela que se lee con placer y una sonrisa en los labios, con curiosidad por llegar al fondo del misterio y con la intriga de saber por dónde nos va a salir este Crispin. Me ha recordado un poco al encanto de las novelas de E.F. Benson, en cuanto a la observación de pequeñas comunidades inglesas egocentristas y cotillas, y a El asesinato de mi tía, por ese tira y afloja entre el protagonista y su dominante madre. En todo caso, ya sabéis que Bolox enamora por su toque British, así que no voy a descubriros nada nuevo.
Lector, pedirás más Crispin en cuanto lo conozcas.
Página de la autora: Ana Bolox
También te gustará: Aracne y La muerte viene a cenar; Quadrivium; Un cadáver muy frío; Muerte en los Hamptons;
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La tumba de Vera Thwait
Los hermanos Willoughby, de Lois Lowry
Tim, Jane y los gemelos Barnaby A y Barnaby B son cuatro hermanos chapados a la antigua que un día deciden prescindir de sus espantosos padres. Tras dejar a un bebé pelmazo que ha aparecido en su puerta en casa de un próspero pero solitario fabricante de caramelos, están a punto de ultimar su plan anti-progenitores cuando sucede lo contrario: sus padres, inspirados por el cuento de Hansel y Gretel, deciden abandonarlos marchándose de vacaciones. Las únicas instrucciones para los cuatro niños son que quedan a cargo de una niñera recién contratada, que deben dejar la casa en cuanto esta sea vendida por la agente inmobiliaria y que no olviden dejar allí toda su ropa cuando se larguen. Los hermanos Willoughby están chapados a la antigua pero no están dispuestos a quedarse en la calle en ropa interior.
«-¿A ti te gustan nuestros hijos?
-Uf, no -respondió la señora Willoughby (…).- Nunca me han caído bien. Sobre todo ese que es tan alto. ¿Cómo decías que se llamaba?
-Timothy Anthony Malachy Willoughby.
-Sí, ese. Es el que peor me cae. Pero los demás también son insufribles. La niña lloriquea sin parar, y hace un par de días intentó convencerme para que adoptara a un bebé pelmazo.
Su marido se estremeció.
-Y luego están esos dos a los que no consigo diferenciar -prosiguió la señora Willoughby-. Los del jersey.
-Los gemelos.
-Sí, esos. ¿Por qué diantres tienen que parecerse tanto? No es justo que confundan así a la gente.«

Lois Lowry (Hawai, 1937) es una prestigiosa autora de literatura infantil y juvenil, ganadora de una Newbery Medal y conocida por el clásico de la ciencia ficción distópica El dador. Publicó por vez primera Los hermanos Willoughby en 2008 y el año pasado Editorial Anaya tuvo el acierto de traducirla al castellano en esta edición tan bonita que hoy os traigo.
Nos advierte la señora Lowry que esta es una historia muy cruel -¡Ni se te ocurra reír!- y que ha sido «escrita vilmente por su autora». No me digáis que con ese par de premisas no os entran ganas de ir corriendo a leerla. Los hermanos Willoughby es divertida (rozando el humor más negro), excéntrica, terrible, y con ese toque de malrollismo de los cuentos infantiles de los hermanos Grim. Te encandila por original, por su narración sin complejos (no es políticamente correcta y le importa un bledo) y por unos personajes que se salen de lo corriente y no pueden estar más alejados de cualquier cliché infantil o juvenil. Es una deliciosa sátira de las historias protagonizadas por familias chapadas a la antigua que no deja títere con cabeza.
No pienso explicaros nada más sobre el argumento o los personajes porque el libro apenas tiene unas 170 páginas y no quiero destriparos nada de nada. Lo recomiendo para lectores a partir de doce años en adelante, pero tengo la sensación de que ese humor negro, esa sátira tan procaz, es un regalo para los adultos más que para los pequeños de la casa. Os encantará a los que disfrutáis con Roald Dahl, Daniel Handler (Lemony Snicket), Eoin Colfer o David Walliams, y a los que os chifló Matemos al tío (ojocuidao, Los hermanos Willoughby es un pelín más blando y mucho más sátira de las historias victorianas) y os apetece una versión más infantil, pero igual de divertida e imaginativa.
Lector, una parodia de los cuentos infantiles victorianos tan ingeniosa que te hará reír.
También te gustará: Las brujas; Matemos al tío; ¡Abajo el colejio!;
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