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La biblioteca de hielo, de Nancy Campbell
Durante siete años, Nancy Campbell viaja por el mundo con la poética idea de comprender el hielo. Groenlandia, Alaska, Islandia, Finlandia, Antártida… desde Upernavik al Instituto Scott de Investigación Polar, pasando por el glaciar Vatnajokull, el Instituto Gunnar Gunnarsson, los lagos helados del Walden de Thoreau o Terra Nova. Nancy escribe sobre firn, permafrost, nieve, icebergs y hielo azul, siempre consciente de la belleza que la rodea y de la desesperación de la pérdida: la NASA calcula que el nivel del mar sube una media de 3,41 milímetros al año, porque se derriten los casquetes polares y enormes masas de glaciares e icebergs se diluyen para siempre entre las aguas oceánicas. Y a medida que explica el hielo de nuestro planeta, lejos de fórmulas complicadas ni ecuaciones solo al alcance de unos pocos, reflexiona sobre cómo hemos convivido con ese hielo en nuestra existencia cotidiana, pero también a través de la literatura, el arte y la Historia.
«El cielo va despejándose a medida que enero se convierte en febrero. El sol vuelve a salir tras las montañas. Unas pocas millas al norte, los glaciares se abren paso por los acantilados de basalto y atruenan en el fiordo helado. Cada día que pasa, esos icebergs se alejan más hacia el sur y se desmenuzan más en el agua (…). Si te fijas en su silueta, sus diferentes formas —de domos y pináculos y algunos grandes témpanos con forma de tabla— componen lo que parece una línea de escritura. Siento que, si la mirase el tiempo suficiente, podría llegar a entenderla.«

Ático de los libros
Páginas: 288
ISBN: 978-84-17743-45-1
Fecha de publicación: 19 de febrero de 2020
Nancy Campbell es una poeta y escritora de no ficción británica con varios premios reputados en su haber. En su primer viaje a Upernavik (Groenlandia), en el invierno de 2010, financiado por una beca artística del Arts Council England, se propone trabajar con imágenes del impresionante paisaje helado. Presa del hechizo de la belleza de la luz y el frío, y de cómo el ser humano se adapta a condiciones tan extremas hasta el punto de llamarlo hogar, decide escribir algunos poemas e iniciar un compendio que todavía no sabe muy bien hasta donde la llevará. Capítulo a capítulo, Campbell viaja por las regiones más frías del planeta explicando anécdotas históricas sobre la relación del hombre con esos parajes, explicaciones científicas y su reflejo en las artes, a la vez que se asoma a las diferentes lenguas autóctonas para curiosear cómo han sabido captar cada uno de los matices del hielo.
La biblioteca de hielo se disfruta por la narración tranquila y sinuosa de Nancy Campbell, por el silencio, la luminosidad y la paz que evocan sus extraordinarias imágenes de glaciares, icebergs y mares helados, y por las estupendas anécdotas literarias y artísticas que alterna entre descripciones y aportaciones científicas. No está escrito a modo de diario de viaje, pero sus anotaciones al respecto de los extraordinarios lugares que visita son casi poesía, una aproximación profundamente humana (¿emocional?) al entorno natural. Me han gustado especialmente las diversas reflexiones literarias alrededor del hielo (¿sabías que Hemingway ideó un estilo literario llamado iceberg?) , encontrarme con los HMS Horror y Erebus en busca del paso del Noroeste, con el rescate del Resolute, los entresijos de los locos proyectos de Pyke —como el Proyecto Habakkuk, que pretendía utilizar un iceberg como portaaviones en la Segunda Guerra Mundial— o descubrir las preciosas pinturas de patinadores sobre hielo de Bill Jacklin.
«Las definiciones inglesas de las largas palabras polisintéticas (de las lenguas esquimo-aleutianas) que hay para el hielo son como ensayos en miniatura sobre la naturaleza.«
En los diarios de Kleinschmidt, conservados en hielo e incluidos por la Unesco en su atlas de lenguas del mundo en peligro de extinción, se recogen algunos ejemplos de ese intento del lenguaje humano por comprender la naturaleza: akullirut (septiembre) significa tiempo de espera (a que se hiele el mar); amiraijat (octubre), congelamiento (por fin se ha helado el mar); noviembre o tiempo de noticias (que llegan en trineo a través del mar helado). Los parajes blancos y azules de los polos, o el enorme glaciar finlandés Vatnajokull siempre han trasmitido la sensación de pertenecer a otro mundo, por eso ha sido escenario de numerosas películas (Batman Begins, Interestellar, Panorama para matar, etc.) y escenario de pruebas de aterrizaje y recogida de muestras de las tripulaciones norteamericanas de las misiones Apollo. Qué difícil debe haberle resultado a Nancy Campbell delimitar el alcance de su curiosidad.
Lector, la belleza helada de nuestro planeta desde una perspectiva literaria y etimológica.
También te gustará: Fuera del mapa; Guía para caminantes; Auge y caída de los dinosaurios; El libro de la madera
Tratando de tiburones con Karlos Simón, de Alfonso Mateo-Sagasta
Hijo de una bailarina y de un tenor, Karlos Simón vivió una infancia feliz y una juventud marcada por cierta desorientación profesional, un grave accidente y la pérdida de su mejor amigo. No fue hasta que probó su primera inmersión que se enamoró del buceo y las profundidades submarinas; de ahí a caer bajo el hechizo de los tiburones fue cuestión de recordar aquel consejo de su padre cuando le regaló su primera escopeta de aire comprimido: «No hagas daño a los animales«. Amenazados por el hombre, con más del 80% de especies en peligro de extinción, masacrados por sus aletas e injustamente acusados de asesinos, los tiburones siguen siendo los grandes desconocidos de la biología marina; en este bellísimo libro con fotografías en color, Karlos Simón nos cuenta su experiencia nadando con ellos.
«Mi idea de escribir este libro ha sido proteger a los tiburones de la extinción lavando su imagen de bestias devoradoras de hombres, para presentarlos como los animales fascinantes que son. Cuanto más sabemos, más conscientes somos de lo que ignoramos, y ojalá estas páginas sirvan de estímulo para que nuevos investigadores se unan al esfuerzo de hacer su mundo cada vez más comprensible. Aún tenemos tanto que aprender…«

Karlos Simón, instructor de buceo, cámara submarino y experto en tiburones, ha dado numerosas conferencias alrededor del mundo, dirigido el premiado documental Cozumel, un paraíso en el Caribe maya y ha protagonizado la serie de televisión Hundidos sobre los pecios sumergidos cerca de las costas españolas. En esta estupenda edición de Reino de Cordelia nos cuenta —a través de la ágil y vívida prosa de Alfonso Mateo-Sagasta— su experiencia nadando, estudiando e interactuando con tiburones. Simón reflexiona sobre la verdadera razón de la masacre continua a la que son sometidos estos animales —la sopa de aleta de tiburón (atención porque España es uno de los mayores países cazadores y exportadores de aleta de tiburón)— y lo mucho que la ciencia todavía desconoce de algunas especies. Pero la verdadera belleza de este libro reside en las hermosas fotografías a color bajo el mar y las asombrosas anécdotas de Karlos Simón, bien hiladas y enmarcadas con el viaje literario de Mateo-Sagasta: Jules Verne, Jack London, Pinocho, Jonás, Escila y Caribdis, Plinio el Viejo, Alfred Tennyson, Mark Twain…
Este es un libro sobre tiburones, sí, pero también sobre vocación, respeto y voluntad de comunicación entre especies. Hace unos meses hablaba en la newsletter de que es imposible amar algo que no se conoce pues tendemos a desconfiar de todo aquello que nos resulta alieno (quizás por eso damos más importancia a los mamíferos en peligro de extinción, porque se parecen más a nosotros o nos resultan más familiares). De nuevo en esta lectura me encuentro con la misma idea: es difícil amar a un animal con tan mala fama como los tiburones o los lobos si no se les conoce. Karlos Simón nos acerca un poco más a diversas especies de tiburones con la voluntad de procurar algo tan útil como el respeto por su vida y la conservación de sus especies, muchas al borde de la extinción y todas amenazadas.
Pero no espere el lector un tocho farragoso con muchos términos científicos porque esta es una lectura salvaje, apasionante y amena, casi cotidiana para su protagonista. Una lectura emocionante en la que también te encontrarás, entre otras muchas anécdotas literarias sobre escualos y ballenas, a James y el melocotón gigante, Relato de un náufrago, a Hemingway con una metralleta Thompson y a la Antígona de Sófocles declamando «Mucho es lo monstruoso, pero no hay nada que sea más monstruoso que el hombre«.
Lector, una lectura agradable y espectacular para educar en el respeto y la conservación de otras especies.
También te gustará: Lobo negro; Indian Creek; Un año en los bosques; Cómo ser una buena criatura
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Tratando de tiburones con Karlos Simón
Cuatro setos, de Claire Leighton
En 1930, Claire Leighton, una de las grabadoras más elegantes del siglo XX, y su marido Noel, periodista, se mudan definitivamente a vivir en la campiña inglesa. Quizás la dura pizarra gris de las colinas de Chiltern no sea la tierra más fértil del mundo, pero Claire y Noel se han quedado totalmente prendados de su jardín. La belleza del susurro de la guadaña segando los campos, la recogida de la fruta, el canto de los pájaros anidando en los setos, y ese otoño bellísimo en el que el fondo gris de la tierra ofrece un marco natural a los dorados, rojos, naranjas y amarillos de las hojas… Cada estación, cada mes, tiene su propia magia, como escoger en el catálogo de bulbos, comerse una manzana o andar con cuidado por las noches porque es entonces cuando un erizo llamado Cornelius sale a pasear.
«Pero, ¿a qué viene tanto remilgo con los pepinos? Quizás sea que, a ojos de Darville, somos de clase alta, y todo porque tenemos un invernadero para los pepinos y, como tal, podemos darle trabajo a él. Desde hace ya mucho tiempo, es indicio de buena posición social, pues ya aparece como tal en las novelas de Trollope. El tomate como señal de nobleza ocupa un segundo lugar detrás del pepino, a corta distancia. Quién sabe si no habrá que poner un segundo invernadero para los tomates.«

Soy una inútil en lo salvaje, no duraría ni medio telediario en un bosque o en una montaña, aunque me chiflan los libros de no ficción sobre naturaleza y los ensayos científicos; son un refugio en tiempos de cansancio, de estrés o de ánimos bajos, y también son mi solución preferida para romper crisis lectoras. No conocía a Claire Leighton, pero cuando sostuve este libro en mis manos y hojeé sus grabados supe que se vendría a casa conmigo. También es cierto que saber que versaba sobre su experiencia como jardinera durante un año, tuvo mucho que ver. Cada vez que entraba en Cuatro setos era como pasar la tarde en el jardín de Claire: relax, paz, tranquilidad y belleza.
«El ocaso se desvanece en pura noche y nos quedamos mirando las estrellas.«
Señala el prólogo de Cuatro setos que Claire Leighton tenía catalogados más de 250 grabados antes de que su libro se publicase por primera vez, en 1935 y agotase varias ediciones en Reino Unido. Pese al gran éxito profesional que la autora cosecharía posteriormente en Estados Unidos, su familia asegura que el tiempo en el que ella y su marido pudieron vivir en el campo y dedicarse a su jardín fue el más feliz de su vida. Y se nota. Cada frase, cada párrafo de Cuatro setos, contagia buen humor, optimismo, belleza y una enorme paz.
«Si una cree que el mundo es malo, que no tiene ningún sentido, o que se está desmoronando, no tiene más que pasarse media hora con un catálogo de bulbos para que se le quite la tontería. Porque rezuman un espíritu de fe y esperanza.«
Cada capítulo lleva el título de un mes del año, empezando en abril y terminando marzo, y no hay ninguno que no sea totalmente cautivador. Los detalles de un mundo en miniatura bajo la tierra, parejas de herrerillos, carboneros, pinzones, gorriones piando al sol tibio, las avispas, Cornelius, el gato del vecino, los manzanos, los tomates, las heladas, el manto de nieve o la sequía de la canícula estival… Claire narra con un estilo brillante, de hermosas imágenes y prosa exquisita, la aventura de ser jardinera por convicción, trasmitiendo al lector toda la belleza, la quietud y el prodigio de una naturaleza domesticada… algunas veces.
Lector, si necesitas paz y belleza este es tu refugio.
También te gustará: Un año en los bosques; El libro de la madera; Un paseo por el bosque; Indian Creek
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Etiquetado Clásico, Ensayo, feelgood, Libros excéntricos, Literatura británica
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Un paseo por el bosque, de Bill Bryson
Al poco tiempo de mudarse a una pequeña población de New Hampshire, Estados Unidos, con su esposa y sus hijos, Bill Bryson sale a dar un paseo por las afueras del pueblo y se encuentra con un misterioso sendero que se interna en el bosque. Se trata de un tramo del Sendero de los Apalaches, un camino que cruza casi toda la Costa Este Norteamericana, recorre catorce Estados, desde Georgia a Maine, y los Montes Apalaches a lo largo de unos 3.300 kilómetros. De pronto, a Bryson le asalta la inquietud de caminar a lo largo de todo ese sendero, de sur a norte, y de inmediato se lanza a la búsqueda de información para conseguirlo. Sus principales preocupaciones, así de entrada, son el peso de la mochila, lo carísimo y sofisticado que es todo el material de acampada, y ser devorado por un oso. Pero lo que empieza siendo una aventura algo alocada y excéntrica, pronto se convierte en un paseo por los bosques más extraordinarios del hemisferio norte y una comunión con la naturaleza y el lado más sencillo de la vida, como nunca antes había sentido.
«Las distancias cambian por completo cuando te enfrentas al mundo a pie. Un kilómetro es un buen trecho, cinco kilómetros una distancia considerable, veinte kilómetros una barbaridad, ochenta kilómetros algo inimaginable. Es entonces cuando te das cuenta de lo enorme que es el mundo para ti y la pequeña comunidad de personas que marchan por el sendero. El conocimiento de la escala planetaria es vuestro secreto.«

Bill Bryson (Iowa, 1951) es un periodista y escritor de libros de divulgación científica, histórica y de viajes. Ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y cuando volvió a su país se quedó prendado de los bosques de Maine y de New Hampshire, de la paz que le aportaba caminar por la naturaleza. Y así es como surgió este libro, para relatar su experiencia recorriendo el Sendero de los Apalaches de sur a norte. Es la primera vez que leo a Bill Bryson, aunque ya tenía apuntados algunos de sus títulos (Una breve historia de casi todo, Shakespeare, En casa, En las antípodas…) porque me llamaban mucho la atención y os aseguro que, después de leer Un paseo por el bosque, me los llevo todos a casa.
Un paseo por el bosque es un libro de viaje, de naturaleza, de apuntes del diario de un senderista amateur, biográfico, de humor… Un ensayo estupendo y divertido sobre caminar a través del bosque y las montañas sin tener ni idea de senderismo, pero con muchas ganas de disfrutar de la experiencia. Bryson rinde tributo a la Costa Este más salvaje de su país, un espacio natural que engloba la mayor diversidad del planeta, con especies arbóreas y animales únicas en el planeta y las formaciones montañosas más bellas de Norteamérica: las Blue Ridge, las Smokies, las Cumberlands, las Catskills, las Green Mountains… Denuncia la desaparición de más de 90 especies de plantas desde 1930, la brutal explotación (con el beneplácito de las administraciones gubernamentales) de los bosques madereros a un ritmo superior al de su repoblación, la muerte y extinción de especies milenarias como el castaño americano (4.000 millones de árboles muertos solo en las Apalaches) por culpa de enfermedades y plagas que ni se estudian ni se intentan contener, la falta de presupuesto para mantener los parques y la reducción anual sistemática de la plantilla de guardabosques.
«Los bosques norteamericanos llevan trescientos años generando desasosiego. Henry David Thoreau, tan moralista como cansino, consideraba que la naturaleza era algo espléndido, verdaderamente espléndido, siempre y cuando hubiese un pueblo a mano al que llegar paseando en busca de tartaletas y cerveza de alta graduación, pero en 1846, con ocasión de una visita al Katahdin, supo lo que era la espesura del bosque verdadero y la experiencia lo dejó sobrecogido.«
En un país en el que solo el 2% de su territorio se considera totalmente urbanizado, resulta pasmosa la indiferencia y la desidia con la que su gobierno observa la destrucción de su extraordinaria biodiversidad natural. A lo largo de este libro, Bryson denuncia que algunos parques naturales, como el de Shenandoah (Virginia) funcionan en un 80% gracias a los voluntarios, la erradicación de especies animales solo porque «podrían ser una molestia» (búhos, águilas o pumas), o la falta de interés por investigar o detener las plagas y la tala industrial que está mermando los bosques. Y cuando Bill se siente más indignado por el expolio de los espacios naturales, va y lee en los diarios que el Estado de Tennessee está a punto de aprobar una ley para prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas. A menudo, los países que más presumen de civilización son los más incivilizados.
Un paseo por el bosque es un libro que se disfruta por el encanto y la gracia con la que narra Bill Bryson, al que se le notan todos los años fuera de casa en ese humor tan inglés. Bryson hace al lector partícipe de su aventura con una sencillez que desarma, adentrándose en la naturaleza y llevándonos con él. Quizás porque pocas cosas hay más sencillas que caminar, es entonces cuando se piensa con mayor claridad.
Lector, si necesitas paz, acompaña a Bill Bryson por el Sendero de los Apalaches.
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