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Diario de un librero, de Shaun Bythell

En 2001, Shaun Bythell, compra The Book Shop, una librería de viejo en Wigtown, un pueblecito del suroeste de Escocia. Pronto se da cuenta de que el negocio no va a hacerle rico, ni va a reconciliarle con el género humano, ni a dejarle más tiempo para leer o para hablar de literatura. Bythell se pelea a diario con su excéntrica empleada, Nicky, con los volátiles empleados a tiempo parcial, con su gato Captain, con los clientes, con el sistema informático, con los envíos por correo o con los zapatos de sus amigos; sabe que las librerías como la suya no pueden competir con los gigantes de la distribución y que cada vez que se escapa a pescar (su otra pasión) Nicky va a cambiarle los libros de sitio y una caterva de maleducados le desordenarán la librería. Pero aunque sea reacio a decirlo (ni en voz alta ni por escrito) ya es demasiado tarde para Shan Bythell: se ha enamorado perdidamente de The Book Shop.

«A mediodía un cliente me ha preguntado dónde guardamos los poemarios ilustrados. Le he contado que no disponemos de una sección específica y que tendría que buscar por la sección de poesía en general. Ha reaparecido al cabo de dos horas, portando alborozado una pila de libros valorados en 200 libras. Me ha contado que acaba de empezar a coleccionar libros y que el ámbito de los poemarios ilustrados se le antoja interesante con el fin de construir una colección. Yo estaba convencido de que este tipo de personas se había extinguido. He tenido que refrenar las ganas de abrazarlo.«

The Book Shop es la librería de viejo más grande de Escocia, tiene chimenea, un gato, un jardín, una cama, un club de lectura, un refugio de escritores durante el festival anual de libros y ha sido considerada, en 2014 por The Guardian, como la tercera librería más extraña y maravillosa del mundo. Un lugar extraordinario para cualquier lector, pero también una fuente inagotable de imprevistos y dolores de cabeza de los que Bythell da cuenta, con mucho sentido del humor e infinita paciencia, en Diario de un librero.

Diario de un librero es un compendio de las entradas diarias de bitácora de Bythell durante todo un año (desde febrero de 2014 hasta febrero de 2015). Cada día, este librero excéntrico y gruñón, escribe qué ha pasado en la librería: un cliente especialmente raruno o impertinente, un libro desaparecido, las delicias que ha traído Nicky del contenedor de la basura para los viernes foodie, las visitas a las bibliotecas privadas para comprar fondos, los problemas con los pedidos, la feroz competencia de Amazon, el festival… Un diario que rebosa encanto para cualquier lector, no solo porque es una librería fabulosa (¡con chimenea y pasillos laberínticos repletos de estanterías) sino porque Bythell tiene mucha gracia contando anécdotas, porque convierte en especiales a todos los personajes que se asoman a estas páginas y porque ofrece una mirada sincera sobre un mundo en una hermosa decadencia.

«Después de almorzar he ido a casa de mis padres a coger mi escopeta y he disparado con ella a un kindle.«

Fuente de la imagen: Facebook de The Book Shop

Me he sentido a gusto entre estas páginas, por las personas que transitan por ellas, por su calidez y su humor, por Wigtown y Escocia, por los libros, por conocer un poco mejor las dificultades que atraviesa una de las profesiones más bonitas del mundo y, por supuesto, por disfrutar de la ilusión de pasar unos días de vacaciones The Book Shop.

Lector, echarás de menos a Bythell, a Nicky y al señor vicario cuando termines este diario.

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Amor a primera vista, llama al oculista, de P. Z. Reizin

Jen vive en Londres y trabaja con una inteligencia artificial llamada Aiden con la que conversa a diario para enseñarle a dar respuestas más humanas. A menudo ven las noticias juntos y comentan el grado de locura de los presentadores o repasan sus películas favoritas, como Con faldas y a lo loco. Hasta que una noche, Matt, el novio de Jen, le rompe el corazón y Aiden decide tomar cartas en el asunto. Lo que no saben sus creadores es que hace algún tiempo que se ha escapado a Internet donde no ha dejado de aprender sobre las relaciones humanas y ahora cree que está preparado para encontrar a la media naranja de su amiga Jen. Tocado por el espíritu de las comedias románticas de Billy Wilder o de Ernst Lubitsch, el bueno de Aiden cree haber encontrado a la pareja perfecta para la simpática, inteligente e increíble Jen y nada más sencillo para él que hacer que se encuentren. La química y el romanticismo hacen el resto, pero Aiden no contaba con otros factores no-humanos que amenazan muy seriamente el calculado aunque maravilloso encuentro.

«—Y tú, ¿tienes planes para el finde? —Es algo raro preguntarle eso a una máquina, pero así son las cosas en estos tiempos.

—Algo de defragmentación en las capas neuromórficas, que menudo caos hay ahí montado, si te soy sincero. Me pondré al día con la lectura: esta semana se han publicado 54.812 títulos nuevos solo en inglés, es español y en chino. A veces uno se pregunta si estos autores no tienen nada mejor que hacer que ponerse a escribir sus puñeteros libros. Y está el críquet, por supuesto. Tiene algo de hipnótico lo lenta que va esa pelota.«

La semana pasada comentaba en Twitter que cuando terminé este libro me había quedado ojiplática ¡Qué historia tan loca! Al principio, me pareció una comedia romántica con un toque de humor y el elemento original de una inteligencia artificial haciendo de celestina. Pero un poco antes de la mitad de la novela ocurre un giro argumental inesperado que la convierte en thriller, o en thriller romántico (¿eso existe?), o en una divertida (aunque inquietante) novela de terror, ya no lo sé. Lo que os quiero decir es que, seamos sinceros, a estas alturas ¿cuántas novelas y personajes consiguen sorprendernos después de tantísimas lecturas?

Amor a primera vista, llama al oculista me ha encantado precisamente por lo loca que es, por los arriesgados giros argumentales que la salvan de quedarse en otra comedia romántica más y la convierten en una comedia romántica realmente especial y distinta. No me atrevo a recomendarla a todos los lectores, pero sí a aquellos que no les da miedo encontrarse con inteligencias artificiales filosofando sobre la vida humana y no humana; y, sobre todo, a aquellos lectores que jamás dicen «esto no es creíble» porque saben que la ficción es ficción y como tal es perfecta para desconectar de la realidad (que siempre supera a la ficción) y pasarlo en grande con todas sus alocadas posibilidades.

Me han gustado todos los personajes, los buenos, los malos, los atontaos (atención al hijo de Tom porque no tiene desperdicio) y los virtuales. Y me lo he pasado en grande con esta comedia tan loca que recoge muy bien el espíritu de Billy Wilder, al que rinde homenaje. El humor, la sorpresa, los diálogos, las escenas románticas o las de acción, el suspense… todo se combina a un ritmo perfecto y bien tramado. Decía Harold Bloom (no confundir con Orlando Bloom) que no hay tramas nuevas porque todas son variaciones de las shakesperianas (venganza, traición, celos, amor, etc.) y creo que P. Z. Reizin estaría de acuerdo con Bloom, pero también en que ha sabido darle un toque actual y divertidísimo a dos o tres de los argumentos de Will.

La única pega que le pongo es la espantosa traducción del título, que no le hace ningún favor a la novela: con esa portada y ese título en español parece que se trate de una historia romántica al uso y nada más lejos. El título original era magnífico porque se ajustaba perfectamente a la esencia de este pequeño gran libro: Happiness for humans.

Lector, una comedia muy loca y sorprendente que bien podría ser la versión 2.0 de las de Billy Wilder, Blake Edwards o Ernst Lubitsch.

Nota: Además, el prota tiene un conejo de mascota al que le cuenta todos sus pensamientos existenciales. El conejo se llama Víctor pero, en realidad, es una coneja. Me encanta ese guiño a Víctor o Victoria, de Blake Edwards.

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Hygge, de Meik Wiking

Meik Wiking es director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad en Dinamarca (no es broma), con sede en Copenhague y dedicado al estudio de la felicidad, el bienestar y la calidad de vida de los daneses. Con un tono desenfadado y didáctico, Wiking escribe una pequeña guía sobre las costumbres, culturales o adquiridas, que hacen más felices a los daneses. El hygge —algo así como el feelgood con el que siempre os doy la paliza pero trasladado a la vida real y pronunciado en danés— es el arte de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, una práctica muy sencilla de seguir que en este preciosísimo libro ilustrado nos explican paso a paso.

«El hygge es humilde y lento. Consiste en preferir lo rústico a lo nuevo, lo sencillo a lo elegante y la atmósfera a la emoción. En muchos sentidos, el hygge podría ser el primo danés que nos enseña a vivir despacio y de forma sencilla.

Consiste en ver El señor de los Anillos en pijama el día antes de Navidad, en estar sentado en la ventana viendo qué tiempo hace tomando tu té preferido y en mirar la hoguera la noche de San Juan rodeado de amigos y familia mientras que el pan se tuesta lentamente.«

Las personas que vivimos en ciudades grandes estamos acostumbradas a la contaminación acústica, por muy horrible que esta sea. No es que nos guste, es que es nuestra cacofonía de fondo, así que no nos critiquéis demasiado cuando aprovechamos la mínima ocasión para escaparnos lejos de la civilización. Fue en una de esas ocasiones, en la que me fugué un fin de semana a la montaña porque necesitaba silencio, que me llevé este libro de Meik Wiking conmigo. Estaba tan estresada que no me veía capaz ni de disfrutar de una novela, pensaba que tenía el cerebro tan cansado que no me concentraría, por eso escogí Hygge. Me lo había comprado en una de esas visitas a la librería en las que te topas con una portada bonita y la promesa de un ensayo tan agradablemente excéntrico como El libro de la madera o Un año en los bosques o Fuera del mapa.

Hygge es justo lo que promete, un estudio sobre la felicidad que a la vez es un mapa sobre cómo llegar allí. Si partimos del principio de que la felicidad no existe, que solo son los momentos felices, Hygge es una guía que te muestra todas las puertas que puedes atravesar para entrar en esa atmósfera feliz. Son gestos cotidianos, como apagar las luces, el ordenador y el móvil, encender velas y tomarte una copa de vino con tu pareja. Encuentros sencillos, como quedar con los amigos para comer tarta y beber chocolate caliente y fundir nubes delante de la chimenea. Decoración agradable, rincones con encanto en los que refugiarse, ropa que nos hace sentir a gusto, caminar descalzo, pasear por el bosque o por la playa, un olor, un sabor, un paisaje… Y ni siquiera hace falta ser danés para ponerlo en práctica.

Supongo que para una chiflada del feelgood como yo era bastante fácil augurar que Hygge me encantaría, pero es que además me sorprendió. Es curioso como un ensayo/investigación tan minimalista como esta me hechizó, me hizo sonreír y me contagió buen rollo. Me diréis que tendría mucho que ver que lo leyese en un lugar tan maravilloso como este:

Pues sí. Pero creo que este libro es hygge estés donde estés.

Lector, ojalá vivir en un país en el que existe un Instituto de Investigación sobre la Felicidad, se toma chocolate caliente o té o café en calcetines delante de la chimenea y en la oficina existe un día llamado Viernes de Tarta.

Nota: Las ilustraciones y las fotografías de este libro, además de la simpatiquísima prosa de Meik Wiking, son pura paz.

También te gustará: El libro de la madera; Un año en los bosques; Fuera del mapa

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Hygge

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Viñetas y novelas gráficas de Tom Gauld

Tom Gauld (1976, Aberdeenshire, Escocia) es un ilustrador y caricaturista que publica sus viñetas en The Guardian, The New York Times, The New Yorker, The Believer y Granta. En la actualidad vive en Londres y tiene un encanto especial para reflejar en sus historias, con mucho cariño y toneladas de ese humor inglés que tanto me gusta, el mundo de la literatura, la crítica literaria y la cultura pop.

Salamandra ha publicado dos libros con recopilaciones de algunas de sus mejores viñetas: Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora (2015) y En la cocina con Kafka (2018). Ambos son inteligentes y divertidísimos, aunque mi preferido es el último, quizás porque me da la sensación de que Gauld es más Gauld, con menos censura y un poquito más loco. Me encanta cuando marida escritores, detectives y tramas victorianas con robots o paisajes distópicos. Los clásicos y la buena literatura contemporánea, novelistas frustrados, escritores de postín, locuras editoriales, marketing literario imposible, mundos distópicos… los guiños de Tom Gauld establecen una complicidad única con los grandes lectores, que se lo pasaran en grande con su fantástico sentido del humor.

La primera novela gráfica de Tom Gauld fue Goliat (2012), pero no la he leído todavía. Por Sant Jordi, me regalaron Un policía en la luna (2017) y me gustó tantísimo como sus viñetas. Un policía en la luna es una historia de bellos paisajes silenciosos, soledades compartidas y un nostálgico romanticismo. Sí que tiene esa mirada inteligente de Gauld, capaz de encontrar el humor en el más sencillo de los gestos, pero aun siendo fiel a su estilo y personalidad, se aleja levemente de la caricatura para adentrarse con maestría en la narración más hermosa a través de sus dibujos minimalistas. Me pareció que era magia trasmitir tanto con tan poquito.

Te recomiendo  mucho la obra de Tom Gauld, tanto si eres profesional del mundo literario como si solo eres un turista accidental de la literatura. Complicidad, sentido del humor y mucho charming de la mano de este personalísimo ilustrador.

También te gustará: Crónica de una cacería de troles; Guía del mal padre

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Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora
En la cocina con Kafka
Un policía en la luna

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La Torre, de Daniel O’Malley

Cuando recupera el sentido en plena noche, en un parque de Londres, con los ojos morados y rodeada de cadáveres con las manos enguantadas, su única certeza es que no recuerda nada anterior a eso. En el bolsillo de la chaqueta encuentra una carta que le dice que antes de perder la memoria ella era Myfanwy Alice Thomas, la Torre Thomas del Checquy, una organización secreta del gobierno que se encarga de las amenazas sobrenaturales que hacen peligrar la seguridad del Reino Unido. Myfanwy no tarda en descubrir que además de amnesia tiene unos poderes extraordinarios, que no se quedan cortos al lado de sus colegas en la organización: un vampiro, una mente colmena, un laboratorio químico ambulante y un manipulador del metal, entre otros muchos y variados talentos. Bajo la supervisión de Ingrid, su eficiente secretaria, y con la libertad de no tener recuerdos que la coarten o acomplejen, la Torre Thomas deberá hacer frente a una peligrosa organización que quiere invadir Inglaterra, descubrir al traidor dentro del Checquy, llevar la contabilidad, aparentar que no ha perdido la memoria y mantenerse con vida rodeada de asesinos con poderes sobrenaturales.

«—¿Ni crucifijos ni balas de plata?
—Eso no funciona, a no ser que seas un sacerdote o te ataque la prensa —respondió el hombre—. ¿Qué armas lleva usted, Torre Thomas?
Myfanwy parpadeó, sorprendida.
—¿Yo? Ninguna —confesó—. En realidad, se supone que los miembros de la Corte no deben llevarlas. Es una cosa ceremonial, creo.»

No sé si os ha pasado alguna vez que cuando cerráis un libro fabuloso —pero fabuloso de verdad, fabuloso hasta el extremo de pensar que es el libro que siempre habías querido leer y que el autor lo ha escrito especialmente para ti, para que te lo pases en grande— os entra un vacío existencial lector. Sabes que cualquier libro que leas después va a ser un poco menos divertido, menos ingenioso, menos friki, menos sorprendente, y te entra una especie de nostalgia. A mí me pasó cuando terminé de leer la saga de la detective literaria de Jasper Fforde, la gran Thursday Next. Y ya se me había olvidado un poquito la nostalgia, porque otras novelas estupendas habían venido en mi rescate, cuando abrí La Torre. Y flipé muy fuerte.

En pocas palabras: Myfanwy Thomas está a la digna altura de Thursday Next; sus aventuras, su excéntrico entorno, su humor y su frikismo no tienen nada que envidiar a los de Next. Y eso, compañeros, son palabras mayores.

Tropecé con La Torre por casualidad: vagando por la mesa de novedades de la librería Gigamesh, ya con otros dos libros en las manos, me topé con esta magnífica portada. Si os fijáis, los dibujitos del escudo del Checquy (bajo esa maravilla de «Al sobrenatural servicio secreto de su majestad«) no podían resultar más tentadores para mis manías lectoriles: una tetera, una torre, un pulpo lovecraftiano y el conejo de Alicia. No conocía a Daniel O’Malley, pero Nocturna tiene maravillas en su catálogo y la sinopsis era tentadora. Me lo llevé y empecé a leerlo de inmediato, vencida por la curiosidad. Después del primer capítulo tuve que recordarme que debía cerrar la boca y seguir respirando con normalidad.

La Torre es una novela fantástica que combina, con mucho sentido del humor e imaginación a raudales, thriller sobrenatural, aventura, espionaje y mucha acción. Tiene un toque Lovecraft, un montón de monstruos espeluznantes, encantadoras referencias literarias a la Alicia de Lewis Carroll y una simpatiquísima manía de su autor de fijarse en la decoración de interiores. Me encanta Daniel O’Malley, tiene una prosa fresca, con mucho ritmo, sin complejos y con ese humor tan british que tanto nos gusta a los lectores bebedores de té. Ha creado una protagonista carismática y fuerte, una antiheroína poderosa con la que se empatiza desde las primeras líneas porque ¿quién no se ha sentido alguna vez pequeña/bajita/desaliñada/incapaz/bloqueada/ninguneada en el trabajo pese a estar cualificada de sobras?

Pero los méritos de La Torre no son solo los de su protagonista y lo bien que narra e inventa historias Daniel O’Malley. La construcción del mundo del Checquay, la Torre Gestalt, los Alfiles Alrich y Grantchester, los Caballos Eckart y Gubbins, la Dama y el Rey, con sus poderes y todos los secundarios, las escenas de acción y la trama de suspense y espionaje son tan estupendos que te da pena terminar esta novela y despedirte de todo eso. Supongo que si has llegado hasta el final de esta alocada reseña ya te habrás hecho una idea sobre lo friki que es La Torre. Ese es otro de sus encantos. No te la pierdas, te entusiasmará.

Lector, y además la prota tiene un conejito de mascota.

La estupenda traducción de La Torre es de Manuel de los Reyes, para él todo mi agradecimiento por su excelente trabajo.

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