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Una tumba con vistas, de Peter Ross
El cementerio de Kensal Green, inaugurado en 1833, es el único de los llamados Siete Magníficos de Londres que sigue siendo de propiedad privada. Se le llama el Belgravia de la muerte porque bajo su tierra reposan aristócratas, famosos y la más alta burguesía, como el duque de Sussex, Wilkie Collins, Anthony Trollope o William M. Thackeray. Highgate, el Valhalla victoriano por excelencia, es en la actualidad el cementerio más caro de Reino Unido y el que protagoniza más leyendas sobre vampiros y gente gótica haciendo cosas. En Highgate están enterrados Karl Marx, George Eliot, George Michaels y Adam Worth, el Napoleón de los ladrones, quien seguramente fue la inspiración de Arthur Conan Doyle para su Moriarty. Whitby tiene el record de turismo gótico, Brompton, donde está enterrada Emmeline Pankhurst, era el cementerio favorito de la reina Victoria, Agatha Christie se casó en el cementerio de St. Cuthbert y J. K. Rowling escribió Harry Potter en el café Elephant House, cuyas ventanas traseras ofrecen una esplendorosa vista del cementerio de Greyfriars, de un gótico exuberante, donde puede encontrarse la tumba de Thomas Riddell Esquire, posible inspiración para el nombre de Voldemort. El cementerio de Milltown, en Belfast, se convierte en un desfile por la conmemoración del alzamiento de pascua, el cementerio de Warriston es el lugar más embrujado de Edimburgo y el mausoleo egipcio de Hannah Courtroy, en Brompton, se sospecha que es una especie de TARDIS para viajar en el tiempo.
«Esta es la única tumba conocida de una (presunta) bruja en Escocia. Fue redescubierta en 2014 por el arqueólogo Douglas Speirs y, desde entonces, se ha convertido en el centro de los esfuerzos para comenzar a expiar lo que hicieron con Lilias Adie y otras como ella. Unos meses antes de mi visita, en el aniversario de su muerte, un grupo en el que se encontraban representantes del Ayuntamiento de Fife se había reunido junto a la losa y había depositado coronas de flores. Uno de los asistentes comunicó: Hace trescientos cincuenta años, Lilias Adie fue expulsada por esta comunidad. Hoy la acogemos de nuevo.»

Peter Ross es un reputado periodista escocés, galardonado con varios premios de prensa, y autor de dos libros de crónicas y antologías de artículos. Una tumba con vistas, su obra más reciente, recibió el Premio Nacional de Escocia de libros de no ficción. Y creo que después de la caótica y penosa sinopsis que encabeza esta reseña, ya queda bastante claro lo mucho que me ha gustado este magnífico ensayo sobre los cementerios de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda y todas las leyendas, historias, rituales, fantasmas, ausentes, muertos y vivos que giran alrededor de esos cementerios.
Con un estilo ágil y muy agradable, alternando la crónica periodística, la investigación histórica, las entrevistas y el relato de viajes, Una tumba con vistas es uno de los ensayos más interesantes, amenos y conmovedores que podemos encontrar en librerías. Siempre con un enorme respeto y gran sensibilidad, Peter Ross nos ofrece una ruta por los cementerios y las tumbas más interesantes y significativas del Reino Unido, pero también nos señala, con infinita delicadeza, las que no están: los espacios aconfesionales en donde se enterraban a los niños sin bautizar, los osarios naturales extramuros de terreno sagrado para los suicidas y los proscritos, las tumbas sin nombre para las brujas y, nunca olvidados, los más de cien mil soldados de las dos guerras mundiales que todavía siguen perdidos en Francia. Ross entrevista con amabilidad y admiración a los últimos sepultureros de Londres, a los guías históricos que acompañan a los visitantes por las tumbas de Amelia B. Edwards o de M. R. James, al jardinero inconsolable que una ver perdió el cedro centenario de Highgate y a sorprendentes artistas funerarios. Si bien es un libro para leer despacio y para alternar con otras lecturas más alegres —se lee con gran facilidad, pero es inevitable que nos afecte tanta muerte—, me ha parecido un ensayo magnífico, curioso y oscuramente bello. Se queda entre mis mejores lecturas de este año.
Lectora, para pasear entre la inmortalidad de la Historia.
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La piedra de la castidad, de Margery Sharp
Durante las vacaciones de verano de 1938, el profesor Isaac Pounce se traslada con su cuñada, su sobrino Nicholas y la enigmática señorita Carmen Smith a la pequeña aldea de Gillenham para investigar la antigua leyenda de la piedra de la castidad. Según fuentes victorianas, se trata de una piedra pasadera sobre la que resbalan y caen al agua aquellas mujeres que intentan cruzar el río y que han sido infieles a sus maridos o que no han llegado vírgenes al matrimonio. En cuanto las vecinas de Gillenham empiezan a recibir los cuestionarios del profesor y se las convoca a una prueba práctica, la indignación, la confusión y la incredulidad contra los Pounce crecen exponencialmente. Quizás no es el mejor verano para que el joven Nicholas dé sus primeros pasos románticos, para que Carmen Smith defienda su profesión o para que la señora Pounce por fin sea escuchada, pero el profesor no va a marcharse de Gillenham sin demostrar las propiedades sobrenaturales de la maldita piedra.
PRUEBA DE CASTIDAD
El próximo sábado, a las doce del mediodía, tendrá lugar una prueba de castidad en el arroyo Bowen. Cualquier dama que desee participar puede anotar su nombre a continuación. La colaboración es gratuita. Cabe destacar que todas las participantes estarán contribuyendo a un valioso experimento científico y su cooperación es muy bienvenida.
Dios salve al rey
(firmado) ISAAC POUNCE
La vieja casa señorial

Margery Sharp (1905-1991) fue una escritora y dramaturga inglesa, famosa por la serie infantil Los rescatadores y por comedias sociales como Una tarta de rododendros (1930), El árbol de la nuez moscada (1937), adaptada al cine como la comedia romántica estadounidense Julia Misbehaves (1948), o Cluny Brown (1944), que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Sharp publicó La piedra castidad en 1940, pero, al igual que Cluny Brown, la historia está ambientada en 1938. Esta vez, la autora prescinde de su habitual mirada crítica sobre los cambios sociales en la época de entreguerras y se centra en el protagonismo de las mujeres de una pequeña comunidad rural inglesa que ven amenazado su status moral. Sutil y socarrona, Sharp nos invita de nuevo a leer entre líneas para disfrutar plenamente de esta alocada historia en la que un científico recalcitrante pone patas arriba la tranquilidad de la campiña.
La piedra de la castidad es una comedia social divertidísima sobre cómo las mujeres de una pequeña comunidad saben sacarle el mejor partido posible incluso a las leyendas misóginas más rocambolescas. Margery Sharp, con su inteligente sentido del humor y muy consciente de la época en la que escribe y publica, contrapone el mundo académico al folclore rural para reírse con mucho cariño de ambos, a la vez que construye todo un magnífico elenco de personajes femeninos de lo más singular. Con la prosa ágil y precisa de Sharp y su habilidad para embarrar a Nicholas y a Isaac en escenas desternillantes, La piedra de la castidad es una historia sobre el sinsentido de analizar científicamente las leyendas, el misterio de la felicidad conyugal, el equilibrio de poderes en las pequeñas comunidades de entreguerras y la hipocresía moral de seguir juzgando a las mujeres incluso a través de lo sobrenatural. Como muy acertadamente apuntan los editores de Hoja de Lata en la contracubierta de esta edición, probablemente se trate de la comedia más ingeniosa y absurda de Margery Sharp. Y respecto a las referencias a Stella Gibbons, P. G. Wodehouse o de los Monty Python, me animo a añadir Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.
Lectora, una de mis recomendaciones favoritas de este verano.
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Etiquetado Clásico, feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica
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El extraño caso del homicidio en el Seaview Hotel, de Glenda Young
Tras la muerte de su marido, Helen Dexter no está demasiado segura de qué hacer con el Seaview, el pequeño hotel de tres estrellas en el que invirtieron todos sus sueños e ilusiones. Demasiado apenada, sabe que debe recomponer su vida, pero apenas se ve capaz de ir más allá de salir paseo por la playa con su perra Suki. Hasta que recibe una extraña y amenazante llamada de la inmobiliaria de Scarborough, en relación a una oferta de compra del Seaview Hotel, que la hace reaccionar por fin: todavía es temporada baja, pero en breve se celebrará un festival de imitadores de Elvis Presley en la localidad y un grupo de cantantes le suplica que los deje hospedarse en su hotel, pues el pueblo está hasta los topes. Decidida a darse una oportunidad, Helen llama a su cocinera y a su camarera de habitaciones y reabre el hotel para los imitadores de Elvis, aunque su aventura va a resultar mucho más peligrosa y decisiva de lo que jamás habría pensado.
«—Los estaba escuchando a hurtadillas detrás de la pared.
—¿Es algo que haga a menudo?
—No. No lo había hecho nunca antes.
—¿Y entonces por qué lo hizo esta vez?
—Porque oí a la propietaria gritando y soltando palabrotas. Es algo que ella no hace nunca. Y estaba intrigada por saber qué ocurría.
—¿Y los oyó discutir?
—Cada palabra.
—Señora Dexter, sacarle información es lo más parecido que hay a sacarle sangre a una piedra.«

Glenda Young es una novelista británica, autora de varias novelas de género feelgood, de una saga dramática, y guionista de la adaptación de Coronation Street para una serie televisiva, entre otros aclamados trabajos. Aunque es miembro de la Crime Writers’ Association y autora de varios libros sobre real murders, no fue hasta el confinamiento por la pandemia cuando decidió escribir la saga de cozy mystery protagonizada por Helen Dexter, la propietaria del encantador hotel Seaview, en la localidad costera de Scarborough. El extraño caso del homicidio en el Seaview Hotel, traducido por Raúl Rubiales para esta preciosa edición en tapa dura con sobrecubierta de Newton Compton Editores, es la primera novela de la autora que se traduce a nuestro idioma y ha sido un placer leerlo estos días.
Agradable, entretenido y amable, El extraño caso del homicidio en el Seaview Hotel es un cozy crime ambientado en Scarborough, un pueblecito costero inglés con mucho encanto e historia (atención al breve homenaje a Anne Brontë, que murió y fue enterrada allí). Me ha gustado mucho el estilo ameno y directo de la autora, la facilidad con la que crea escenas, espacios y situaciones llenos de calidez, acogedores, y su habilidad para que los lectores empaticemos con Helen y con el resto de maravillosos personajes que pasean por estas páginas, como los Docelvis o Jean. Aunque el personaje más cautivador de estas páginas es su protagonista, destaca la habilidad de Glenda Young para retratar en un par de líneas caracteres realistas que resultan sencillos de reconocer en nuestras vidas cotidianas, lo que proporciona a esta historia un toque cercano y sencillo que no le resta ni un ápice de suspense. El duelo de Helen está muy bien dibujado y se equilibra a la perfección con otros elementos menos dramáticos, más divertidos y esperanzadores, porque, aunque El extraño caso del homicidio en el Seaview hotel sea una novela de lo más agradable, la autora nunca pierde de vista que nos está planteando un misterio a resolver y mantiene a la perfección el suspense hasta el final, bien integrado con el resto de elementos de la trama.
Lectora, un cozy mystery que, pese a su carga de tristeza y melancolía, se las arregla la mar de bien para resultar de lo más agradable y entretenido.
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La terrible historia de las cosas bellas, de Katy Kelleher
Comprar un diamante sintético permite disfrutar de la belleza cristalina y brillante esquivando el sufrimiento de los diamantes de sangre, aunque el gran consumo de recursos y energía no renovables que conlleva su fabricación le hace flaco favor al planeta. Las perlas son anomalías, producto de una malformación de una pobre ostra, pero como los seres humanos somos especistas y, como mucho, nos preocupamos por la suerte de otros mamíferos, cocer langostas vivas, hervir gusanos de seda o que el cambio climático esté extinguiendo a los moluscos, parece que nos da bastante igual. Las mujeres siguen mermando su salud, a veces hasta extremos terribles, en aras de los cánones de belleza de cada época: maquillaje con plomo, gotas de belladona en las córneas, dietas aniquiladoras, la terrible «cara de Instagram»… La belleza tiene un precio, a menudo terrible cuando va a asociado al consumo y explotación capitalista, pero también está en miles de pequeñas cosas preciosas, únicas y a la vez al alcance de todos: un paseo entre las bellísimas estatuas blancas de un cementerio gótico, un jardín lleno de flores, un paisaje marítimo, el canto de un mirlo, esa maravillosa obra de arte de tu museo favorito, la incidencia de la luz sobre el cristal, la risa de una niña…
«La belleza es cortante, es intensa y siempre tiene un precio. Del mismo modo que el deseo y el asco recorren los mismos pasillos de nuestras mentes, también la belleza y la destrucción van de la mano. Siempre que encuentres algo insoportablemente bello, examínalo de cerca, porque encontrarás la sombra conocida de la putrefacción.«

Katy Kelleher es una periodista norteamericana que vive en Maine, en una casa junto a un bosque, y trabaja como columnista de arte, diseño, naturaleza y ciencia. La terrible historia de las cosas bellas. Ensayos sobre deseo y consumo es su primer libro, que empezó a escribir durante la pandemia; un tratado de no ficción sobre la historia de las piedras preciosas, las flores, las perlas, el maquillaje, el perfume, la seda, la porcelana, el vidrio o el mármol. Kelleher entreteje, con gran acierto, su experiencia y sus reflexiones vitales más personales con la historia de todas las cosas bellas que todavía nos siguen fascinando. El resultado es un ensayo extraordinariamente ameno e interesante que seduce por el magnífico estilo literario de su autora, y que nos interpela —casi como si estuviésemos hablando con una amiga— sobre la vida, la muerte y el deseo.
La terrible historia de las cosas bellas se queda para siempre entre mis ensayos preferidos. La voz de Katy Kelleher, excéntrica, melancólica, cálida, cercana y llena de esperanza, narra con habilidad y un sentido genial del equilibrio entre la anécdota y lo terrible. Me han encantado todos y cada uno de los capítulos temáticos, me he dejado llevar por la solastalgia (la tristeza por las repercusiones del cambio climático en nuestro entorno), he comprendido que no existe tejido en la Tierra que pueda fabricarse, transportarse o vestirse sin causar un mayor o menor daño (desde la explotación infantil hasta la muerte de los gusanos de seda, pasando por la emisión de gases nocivos a la atmósfera) y me ha regalado dos recordatorios preciosos: que la belleza también está en las pequeñas cosas cotidianas, si sabemos mirar, y que debería darle las gracias a mi cuerpo más a menudo en lugar de avergonzarme delante del espejo.
«Estoy orgullosa de mi labor como madre. Agradezco a mi cuerpo que haya podido gestar a una niña y a mis pechos que hayan podido alimentarla. Son cosas valiosas que han cambiado para siempre cómo veo la forma de mi cuerpo.«
Lectora, un ensayo extraño y maravilloso sobre comedores de flores, muertos transformados en diamantes y platos de huesos.
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