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Ana la de Tejas Verdes, de Lucy Maud Montgomery
Marilla y Matthew Cuthbert, los propietarios de Tejas Verdes, en la apacible aldea de Avonlea, se están haciendo mayores y deciden contratar a un muchacho para que les ayude con las tareas de la granja. Pero cuando Matthew conduce el carro hasta la estación de tren para recoger al chico, en su lugar encuentra una niña pelirroja llamada Ana que no deja de hablar durante todo el camino de vuelta a la granja. Contrariada por el error, Marilla decide devolver a la niña al orfanato lo antes posible, pero a Ana solo le hace falta un día para enamorarse de Tejas Verdes y, a su vez, encandilar a los Cuthbert, a quienes adopta como su nueva familia. Apasionada, despistada, soñadora, inteligente y dispuesta a disfrutar a fondo de la vida, Ana encuentra en Tejas Verdes el hogar que siempre anheló.
—Marilla, ¿no es hermoso pensar que mañana es un nuevo día, todavía sin errores?
—Te puedo garantizar que cometerás bastantes —respondió Marilla—. Nunca pareces terminar, Ana.
—Sí, y bien que lo sé —admitió tristemente la niña—. Pero no sé si habrá notado una cosa buena en mí; nunca cometo dos veces el mismo error.
—No sé de qué te sirve, si siempre descubres errores nuevos.
—¿Pero no lo ve, Marilla? Debe haber un límite en los errores que puede cometer una persona, y cuando llegue al final, habré acabado con ellos. Es un pensamiento muy reconfortante.»

La edición de Edelvives, con las ilustraciones de Antonio Lorente, es magnífica.
Lucy Maud Montgomery (1874-1942) publicó por vez primera Ana la de Tejas Verdes en 1908. Aunque la escritora canadiense escribió más de quinientos relatos, un extenso poemario y veinte novelas, siempre será recordada por su personaje de Ana Shirley. Al igual que Ana, L. M. Montgomery se quedó huérfana siendo muy pequeña y creció con sus abuelos en la isla del Príncipe Eduardo, hogar de Avonlea y Tejas Verdes. Y es que uno de los grandes encantos de esta novela es la naturaleza que rodea a la protagonista, los antiguos bosques canadienses, las dunas de la isla, los prados de violetas, los campos y sus granjas y gentes. Esta es la primera vez que leo Ana la de Tejas Verdes y la he disfrutado de principio a fin, me ha parecido una historia y un personaje inolvidables y sé que algún día volveré a Avonlea. Supongo que he tardado tanto en asomarme a las páginas de este clásico por su enorme popularidad y por el temor a que las expectativas estuviesen demasiado altas, pero tengo la inmensa suerte de que mi amiga Rosa me regaló esta preciosa edición de Edelvives, con ilustraciones de Antonio Lorente y epílogo de Margaret Atwood, y ya no tuve ninguna excusa ni reparo.
La prosa de Lucy Maud Montgomery es apasionada y envolvente, luminosa, y tiene el don de crear una historia y unos personajes que transitan por el lado más humano y amable de la vida de una pequeña comunidad rural de principios del siglo pasado en la maravillosa isla del Príncipe Eduardo. Ana Shirley es un huracán que conmueve la tranquila vida Avonlea, pero también una niña que busca la aceptación y el cariño de esa misma comunidad. Además de los maravillosos personajes que crea la autora, bien perfilados, con carácter y que trasmiten una profunda emoción —que no sensiblería—, la novela se disfruta por el retrato idílico de la sociedad rural de la época, por el protagonismo del paisaje y la naturaleza y por la habilidad de Montgomery para implicar al lector en ese pequeño gran universo que es Avonlea a lo largo de cada una de las estaciones.
Lector, un clásico pelirrojo inolvidable.
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El nudo Windsor, de S. J. Bennett
Isabel II pasa unos días en el castillo de Windsor mientras se ultiman los preparativos para la celebración de su nonagésimo cumpleaños. A petición de su hijo Carlos, organiza una velada con algunos artistas y empresarios rusos, pero al día siguiente uno de ellos aparece muerto en su habitación en circunstancias escandalosas. Preocupados por que el asunto no llegue a la prensa, los servicios secretos británicos inician una investigación contrarreloj para resolver un asesinato que ha dejado en ridículo el sistema de seguridad del castillo de Windsor y la protección de su soberana. Sin embargo, Isabel no se siente satisfecha con las pesquisas y, con mucha discreción y la ayuda de su secretaria particular, inicia su propia investigación mientras continua ejerciendo de jefa de Estado.
«Rozie haría cualquier cosa que quisiera la jefa y sabía que la mayoría de los empleados de aquella casa sentían la misma predisposición que ella. No porque la reina fuera «la reina» sino por cómo era: una persona especial a quien se había encomendado una tarea casi imposible que había asumido sin quejarse nunca y que había llevado a cabo de manera extraordinaria durante más tiempo del que la mayoría de la gente de aquel país llevaba con vida. La adoraban. Obviamente, todos le tenían terror, pero su adoración era más poderosa que su miedo.«

S. J. Bennett es una novelista inglesa que durante su infancia y juventud vivió en Hong Kong, Berlín y Noruega. Su trayectoria literaria más destacada ha sido en el género juvenil, por la que ha sido galardonada con varios premios, y El nudo Windsor es su primera novela para adultos. Se trata de una historia detectivesca cuyo principal atractivo y punto ingenioso es que la investigadora es nada más y nada menos que la reina de Inglaterra, y aunque no va a convertirse en mi Bennett preferida —por delante van Arnold Bennett y Alan Bennett—, sí que me ha gustado por simpática, divertida y por su ambientación tan british, a la que no le falta ni la cesta de picnic de Fortnums & Mason. Su aproximación a Isabel II está algo más mitificada que la de Alan Bennett en Una lectora nada común y aunque se acerca más al enfoque encantador de La reina de va de viaje, de William Kuhn, resulta más alegre.
La primera impresión de El nudo Windsor es que la autora tiene una prosa bonita que trasmite muy bien las emociones, como demuestra en el primer y en el último capítulo; la cuestión es que a lo largo de la novela ese estilo propio tan bonito se diluye un poco en función de la trama detectivesca, pero a cambio Bennett nos deleita con una ambientación encantadora en la campiña inglesa, en el castillo de Windsor y alrededor de la reina y su familia (no solo de sangre sino también todas las personas que la cuidan, la asisten, la ayudan y trabajan con ella). Si bien la investigación y resolución del asesinato me ha dejado un poco indiferente, he disfrutado muchísimo con los personajes, los detalles de la ambientación y por la oportunidad de asomarme a esa institución histórica que es la reina de Inglaterra. No sé si Isabel II es tan fabulosa como la retrata S. J. Bennett en esta novela, pero sin duda es un agente histórico que ha vivido e intervenido en los acontecimientos más cruciales del siglo XX y eso se refleja muy bien en El nudo Windsor.
Lector, si eres fan de lo british te va a encantar.
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Papá Piernas Largas, de Jean Webster
Jerusha Abbot, residente del orfanato John Grier, recibe una sorprendente noticia: uno de los benefactores de la institución le ha otorgado una beca para que pueda ir a la universidad. La única condición que se le impone a la joven huérfana es que escriba con regularidad a su mecenas para informarle sobre sus estudios. Jerusha encaja a la perfección en su nueva vida universitaria y sus misivas muy pronto reflejan el entusiasmo y la alegría de una chica que, por vez primera, ve su futuro con optimismo. Al fin y al cabo, el mundo espera de ella que se convierta en escritora.
«Porque le diré, Papá: yo creo que la cualidad más importante que puede tener una persona es la imaginación, porque es lo que hace posible que alguien se ponga en el lugar de otro. Y eso vuelve a la gente comprensiva y capaz de sentir compasión. Es una cualidad que debería inculcarse desde la infancia. En cambio, el orfanato John Grier desterraba, en cuanto aparecía, todo atisbo de imaginación en algún huérfano. El deber era la única cualidad que se fomentaba. Por mi parte, creo que los niños deberían ignorar el significado de esa palabra odiosa y detestable, y que se les debería enseñar a hacer todas las cosas por amor.«

En Navidades, una amiga me regaló esta edición de Papá Piernas Largas, de Jean Webster, sabiendo que el ejemplar que yo tenía en casa era casi de museo y que es uno de los títulos preferidos de mi adolescencia. Tenía muchas ganas de volver a leerlo —¿por sexta vez?— y he aprovechado las vacaciones de verano para disfrutarlo como se merece. Aunque ya tengo reseña en el blog, donde explico la biografía de la autora y el contexto de este libro sobre las oportunidades que la educación podía ofrecer a una mujer pobre y desarraigada, he querido volver a hablar de ella para la premisa de novela epistolar del reto Todos los clásicos grandes y pequeños (II Edición).
En esta relectura, me he fijado más en otros aspectos de la novela, sobre todo en los educativos. Me ha llamado la atención que la formación universitaria en literatura inglesa de Norteamérica a principios del siglo XIX fuese casi exclusivamente sobre autores británicos. La protagonista, que desea ser escritora, lee a las hermanas Brontë, a Jane Austen, a Shakespeare, Coleridge, Shelley, Keats, Henry James, Stevenson… Incluso la cita que he escogido, sobre la imaginación, me ha hecho pensar en Charles Dickens y su crítica demoledora al sistema educativo inglés de su época. Ni una sola mención a un autor estadounidense. Y eso que la madre de Jean Webster era sobrina de Mark Twain. Curiosidades aparte, he vuelto a disfrutar muchísimo con esta novela epistolar tan amable y enternecedora. Me encanta la visión optimista general de la historia, la sorpresa final y el sentido del humor de la protagonista. No me canso de recomendarla, también para adolescentes.
Lector, qué paz volver a antiguos lugares queridos y encontrarlos tan acogedores como se los recordaba.
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El misterio Bartlett, de Louis Tracy
Nueva York, 1913. El detective Clancy está de guardia a las puertas de una de las fiestas más sonadas de la alta sociedad neoyorkina, por si a algún ladrón de joyas se le ocurre aparecer, cuando es testigo de una sospechosa conversación entre una extraña mujer y el senador Meiklejohn. Apenas unas horas después, Clancy no puede evitar un trágico accidente que acaba con la desaparición de Ronald Tower. Convencido de que ambos sucesos están relacionados, el detective seguirá con la investigación hasta llegar a la hermosa Winifred Bartlett, una joven huérfana que desconoce su pasado y que está a punto de embarcarse en una trepidante y romántica aventura que cambiará su vida para siempre.
«La historia de amor y crimen que figura en los archivos de la Oficina de Detectives de Nueva York como «El misterio del yate» tiene poco que ver con los yates y ya no entraña misterio alguno. Alude mucho más estrechamente a los problemas y tribulaciones de la bella Winifred Bartlett que a los avatares de un mar agitado.«

dÉpoca Editorial
Colección: dÉpoca noir
Traducción: Susana González y Blanca Briones
ISBN: 978-84-121291-1-3
256 páginas
Fecha de publicación: mayo 2021
Louis Tracy (1863-1928) fue un periodista y escritor británico, que luchó en la Primera Guerra Mundial y estuvo viviendo en India y en Nueva York a cargo de diferentes periódicos y publicaciones. Publicó varias novelas de aventuras, entre ellas El pozo de Suleiman, la única traducida al castellano, de misterio y policíacas, aunque a menudo utilizó los seudónimos de Gordon Holmes y Robert Fraser. Aunque la bibliografía de Tracy coincide con la Golden Age de la novela detectivesca, El misterio Bartlett es más una historia romántica con misterio que no una novela policíaca o de detectives propiamente dicha.
El misterio Bartlett es una novela muy entretenida que mantiene bien el misterio de la identidad de Winifred Bartlett y la tensión alrededor del personaje. Una dama en peligro, un enamorado intrépido que no duda en lanzarse en persecución de su amada por mucho que lluevan balas alrededor, una pareja de detectives simpática (aunque muy secundaria) y una trama familiar de villanos a punto de ser detenidos por su maldad, pero que siempre consiguen escapar por los pelos. Ambientada en Nueva York, antes de la Primera Guerra Mundial, Tracy se asoma con mirada crítica y algo burlona a la alta sociedad de la época y a sus oscuros tejemanejes para mantener las apariencias pese a los problemas económicos. Es una lectura ligera, con aire de aventura clásica y un toque romántico que viene perfecta para desconectar en esta época de vacaciones veraniegas, pero que no debe compararse con las mejores novelas de la Golden Age.
Lector, qué genial la persecución automovilística campo a través.
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El misterio Bartlett
