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Como la piel al sol de una lagartija, de Berta Piñán
Xuana es una profesora jubilada, que ha cambiado la ciudad por una vida rural en la aldea asturiana de La Llosa. Se ha adaptado con alegría al ritmo pausado del campo, disfrutando del cuidado de su huerto y de sus plantas, y ha hecho buenas migas con sus vecinos: Taresa, una parlanchina encantadora cuya sabiduría procede de la televisión y la memoria local, Paulino y su familia, que conviven con la vaca Frida, a punto de parir, Tino, Roberto y Elvira. Pero cuando una mañana temprano Xuana tropieza con el cadáver de una joven extranjera entre los maizales de casa Chista y recibe un golpe que la deja inconsciente, su apacible rutina salta por aires. De pronto, Xuana y Taresa se ven envueltas en una investigación criminal que pone la aldea patas arribas y que las llevará a ejercer de detectives aficionadas… casi como unas encantadoras Miss Marple asturianas.

«—¿Sabes lo peor? —Taresa levantó las cejas a modo de interrogación sin soltar las manos de su amiga—. Lo peor es aceptar que es así, que alguien puede dejar a una joven muerta tirada en medio del campo como si fuese una alimaña. Si yo no la hubiera encontrado, ¿qué hubiera pasado? Quizás se hubiera quedado allí pudriéndose o secándose, no sé…
—Secándose como la piel al sol de una lagartija —dijo Taresa como si necesitara aclarar aquella imagen difusa—. Y durante los siguientes minutos, las dos mujeres se hundieron en un silencio denso y pantanoso.«
Hoja de Lata
Fecha de publicación: marzo 2025
260 páginas
ISBN: 979-13-87554-07-1
Berta Piñán, poetisa, escritora, profesora y miembro de número de la Academia de la Llingua Asturiana, fue merecedora del premio María Xosefa Xovellanos por su primera novela en lengua asturiana Como la muda al sol d’una llagartesa. Con un gusto excelente para los cozy mystery rurales, Hoja de lata la publicó en castellano en marzo de 2025, con traducción de la propia autora. Y aquí vengo a poneros los dientes largos.
Qué bien fluye la prosa de Bertan Piñán contándonos esta historia de misterio en la campiña asturiana, con unas protagonistas fetén y una atmósfera que invita a sentarse en el patio con un café largo a esperar a que Frida nos presente a su ternero. Con agilidad y una prístina precisión, que aporta una sutil elegancia en cada párrafo, la autora disfruta llevándonos de la mano por esta historia que oscila entre la sombría presencia del crimen, el terrible pasado de algunos personajes y la agradable vida rural de La Llosa, una aldea en la que podría parecer, engañosamente, que nada ocurre. He disfrutado en especial de la situación rocambolesca que desata la trama policíaca, de las pinceladas de humor que acompañan toda la novela, de la excelente construcción de los personajes (atención a Xuana, la detective inesperada, y a Ginés, el policía profesional), del suspense y de la originalidad de esta novela negra, tragicómica y rural, a la sombra del monte Pianzu. Ojalá sea solo la primera entrega de una saga protagonizada por Xuana, Taresa, Ginés y Frida.
Lectora, si te gusta el cozy mystery en la campiña norteña con un toque original y señoras estupendas no te la pierdas.
Retorno a Little Summerford, de Reginald Arkell
El joven Charley Moon vive feliz y despreocupado, correteando por los humedales de Little Summerford y trabajando lo menos posible en el molino de la familia. Su mejor amiga es Rose, una niña con trenzas y una serena sabiduría, que lo adora. Cuando se desencadena la Gran Guerra, Charley ingresa en el ejército con la misma actitud despreocupada que siempre lo ha caracterizado. Sus habilidades musicales y su ingenio para la comedia pronto llaman la atención de sus compañeros, que lo destinan al escuadrón de entretenimiento. Terminada la guerra, Charley no sabe a qué dedicarse y no cree que haya llegado el momento de volver a Little Summerford, por lo que se deja alistar de nuevo, esta vez en una serie de compañías teatrales itinerantes que acabarán por llevarlo al West End londinense.
«La noticia de que el joven Charley Moon era ahora un actor famoso tardó algún tiempo en llegar a Little Summerford. Y cuando llegó, nadie la creyó. Es decir, nadie excepto Rose, que recordaba la visita de aquel inquisitivo desconocido y supuso que debía de haber algo de verdad en la sorprendente historia que le contó.«

Reginald Arkell (1872-1959) fue un escritor, guionista, periodista y poeta inglés que también trabajó para el teatro y la televisión. Se crió en Gloucester, donde se formó como periodista. Tras servir en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, trabajó como dramaturgo, sobre todo como guionista de obras cómicas musicales, en donde cosechó grandes éxitos. Es el autor de Recuerdos de un jardinero inglés, título en el que reflejó parte de su pasión por la jardinería y su amor por la campiña, con esa mirada nostálgica sobre los últimos años de la época victoriana y la transformación rural de las primeras décadas del siglo XX. Tres años después, en 1953, Reginald Arkell publicó Retorno a Little Summerfod, con un protagonista con el que compartía paso por el ejército durante la Gran Guerra y trabajo posterior en el teatro cómico. En 1956, Guy Hamilton llevó a la pantalla Retorno a Little Summerford con su título original, Charley Moon (que, sea dicho de paso, tiene mucho más sentido que el de la traducción al castellano).
Las obras de Arkell se caracterizan por su mirada llena de ternura, su encantador sentido del humor, su amor por la jardinería y esa nostalgia de la campiña británica que desapareció en aras de la profunda transformación ocurrida durante las primeras décadas del siglo XX. En Retorno a Little Summerford echamos de menos el encanto de Hebert Pinnegar y sus jardines, pero Arkell vuelve a poner el acento en el cambio profundo alrededor de los pequeños núcleos rurales —la pérdida del molino y los humedales de la familia de Charley Moon— y cambia el humor y el encanto de nuestro querido jardinero por el humor y el encanto de un actor cómico que todavía no comprende lo mucho que echa de menos el pueblo de su infancia. Retorno a Little Summerford es quizás menos evocador y entrañable que Recuerdos de un jardinero inglés, pero mantiene el ritmo de comedia teatral que tan bien se le daba a su autor y ofrece una mirada, profunda y algo socarrona, tras las bambalinas de la comedia teatral, tanto de provincias como del Londres de entreguerras.
Lectora, para echar una mirada tras del telón sin perder la sonrisa
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Etiquetado Clásico, Cozy, feelgood, humor literario, Literatura británica, Novelas adorables
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Los gondoleros silenciosos, de William Goldman
Hubo un tiempo en el que los mejores cantantes del mundo fueron los gondoleros de Venecia. S. Morgenstern todavía recuerda el magnífico regalo de Navidad de una mañana de diciembre cuando, siendo niño, escuchó cantar a los gondoleros sobre el Gran Canal. Esta es la historia de Luigi, el último descendiente de una larga dinastía de gondoleros de voces prodigiosas, cuya habilidad con la pértiga no tenía parangón… hasta que decidió cumplir un sueño imposible.
«… porque en mi sueño había oído de nuevo el sonido de aquellos gondoleros navideños. Y, mientras parpadeaba, me di cuenta de que ningún niño de hoy puede disfrutar del privilegio de escuchar aquellas prodigiosas voces.
Y eso era algo terrible.
De súbito se apoderó de mí una obsesión: ¿por qué los gondoleros habían dejado de cantar? ¿Cuál era el motivo de su silencio? ¿Por qué se había privado al mundo de esa maravilla?«

William Goldman (1931 – 2018) fue un novelista, dramaturgo y guionista estadounidense genial que adaptó a la gran pantalla éxitos como Todos los hombres del presidente, Misery, La princesa prometida, Dos hombres y un destino o Marathon man, entre otras. Bajo el seudónimo de S. Morgenstern escribió las novelas de La princesa prometida (1973) y Los gondoleros silenciosos (1983), una hermosa y divertida fábula sobre los sueños imposibles y el misterioso silencio de los mejores cantantes del mundo.
La mejor carta de presentación de William Goldman la constituye, sin duda, ser el autor de La princesa prometida. Así que si en esta reseña os confieso que Los gondoleros silenciosos es la novela más divertida, ingeniosa, bella y original que he leído este año, sé que me creeréis. En apenas ciento cincuenta páginas, Goldman nos cuenta una fábula sobre abrazar la singularidad para encontrar un camino propio en el marco de una Venecia surcada por gondoleros cantantes, los peores turistas, unos instructores terribles, curvas imposibles, los mesoneros más peculiares y el mismo Enrico Carusso. Con su característico humor y su encantador estilo, Goldman trenza historia y fantasía para envolver al lector en un mundo desaparecido del que solo queda el eco olvidado de sus excéntricos héroes. La edición de Ático de los libros es preciosa, el libro más cuidado que he leído de esta editorial; la traducción de Mercedes Herrera Perol, magnífica.
Lectora, diez años después de la publicación de La princesa prometida, Goldman vuelve a poner en manos de Morgenstern una fábula divertida, conmovedora y bella.
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El jardín de medianoche, de Philippa Pearce
Para evitar que Tom se contagie del sarampión que ha contraído su hermano Peter, sus padres lo envían a pasar las vacaciones de verano con sus tíos. Solo y aburrido, en un pequeño apartamento sin jardín en donde pasar tiempo al aire libre, Tom no hace más que comer, discutir con sus tíos y escuchar las campanadas equivocadas de un viejo reloj de pared que pertenece a la anciana señora Bartholomew. Hasta que una noche, intrigado por la treceava campanada del dichoso reloj, traspasa una puerta que parece no estar ahí y llega a un jardín extraordinario, en donde conocerá a personas de otro tiempo que cambiarán para siempre aquel verano. Tom jamás pensó que pudiese ser capaz de viajar en el tiempo, pero tampoco que una niña llamada Hatty pudiese convertirse en la mejor amiga de su vida.
«A pesar de lo que le había asegurado a Hatty, Tom continuaba considerando en secreto la posibilidad de que esta fuera un fantasma por dos motivos: primero, porque parecía no haber otra posibilidad; y segundo, y Tom había comprendido que éste era el peor, porque si Hatty no lo era, entonces eso seguramente significaba que lo era él. A Tom le espantaba la idea.«

Philippa Pearce (1920 – 2006) fue una escritora inglesa de novelas juveniles, guionista y productora de la BBC y editora en Oxford University Press. Nació y creció en el molino de su familia, rodeada por el paraje natural más amable de Cambridge, que se vería reflejado en la mayoría de sus novelas, como es el caso de El jardín de medianoche (Tom’s Midnight Garden, 1958), quizás su obra más conocida. La novela recibió la Carnegie Medal el mismo año de su publicación y fue adaptada al cine en 1999. Se trata de un clásico juvenil sobre viajar en el tiempo, que aporta paz, y en el que me he sorprendido pensando como una recomendación perfecta para desacelerarnos cuando nos resulte necesario.
La narración de Philippa Pearce es sosegada y bellísima cuando se adentra en un jardín victoriano, tal vez como metáfora de un tiempo que, visto desde los ojos de un niño del siglo XX, albergaba muchas más maravillas que su entorno. Pearce construye sus personajes, tanto protagonistas como secundarios, con habilidad y paciencia, mostrando en lugar de explicando, caracterizándolos según sus elecciones e ideas. Solo uno de ellos, la tía de Hatty, es del todo malvada; el resto, tienen sus luces y sus sombras, y constituyen, junto con el jardín en los saltos temporales, uno de los puntos fuertes de esta novela. He disfrutado con mucha calma de esta historia, aunque no sé si me atrevo a recomendársela a todo el mundo, precisamente por la cadencia tranquila de la historia y porque está escrita en un momento en el que la literatura juvenil no tenía que competir con la rapidez de las pantallas.
Lectora, para irse vacaciones a un lugar tranquilo.
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