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Al otro lado del valle, de Gervase Phinn
Gervase Phinn es un maestro de primaria de Historia y Lengua que decide presentarse al puesto de inspector escolar en Yorkshire. Contra todo pronóstico, su candidatura es aceptada de buena gana y Phinn se traslada de inmediato a la sede comarcal que le pertenece. Allí compartirá despacho con los inspectores de Educación Física, de Ciencias y de Arte, y aprenderá a temer a lady Macbeth gracias a los buenos consejos y eficiente tutela de Julie, la secretaria del departamento. Mientras busca una casita y se enamora de una joven y hermosa directora, sus viajes a través del valle y de los preciosos paisajes de Yorkshire lo llevan de colegio en colegio. Casi sin darse cuenta, Gervase pasa su primer año entre entrevistas con docentes de lo más variopinto, la compañía del Lord local y las geniales anécdotas de unos alumnos expertos en vacas, ovejas, climatología y la vida misma.
«Un niñito regordete se acercó a hablarnos, y nos saludó con gran efusividad. Lo dejé hablar un rato, y entonces le planteé el tipo de preguntas que les hacen los adultos a los niños pequeños.
—¿Qué quieres ser de mayor?
—El conde de Marrick —anunció sin vacilar.
Fijé la vista en el semblante alegre del titular de dicho honor, preguntándome cómo demonios reaccionaría al comentario, y me quedé muy sorprendido cuando el conde estalló en carcajadas y dio palmaditas afectuosas en la cabeza del muchacho antes de mandarlo de vuelta a sus deberes.
—Buen chaval, buen chaval —dijo el conde mientras reía complacido.
—Es usted todo un éxito, milord —comenté mientras nos dirigíamos al coche-. Lástima que ese muchachito nunca pueda alcanzar su ambición.
—¡Chorradas! -bramó Lord Marrick—. Es mi nieto.«

Gervase Phinn es un educador y escritor inglés que además, de poemas y libros infantiles, ha publicado sus memorias como inspector escolar en Yorkshire a lo largo de las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado. Al otro lado del valle, es la primera entrega de dichas memorias que se traducen al castellano y espero que Ediciones del viento se anime con las siguientes porque es una lectura llena de encanto, de humor, de belleza y de esperanza.
Si bien el estilo literario de Gervase Phinn carece de ese humor socarrón británico que tanto aprecio, las anécdotas que nos cuenta en Al otro lado del valle son tan divertidas y simpáticas que no necesitan nada más. El don de Phinn, que brilla en este libro de memorias, es la ternura, esa mirada conmovedora y sencilla de las buenas personas viendo lo mejor de los demás. Trasmite la sensación de que el autor fue un maestro tan extraordinario, por la delicadeza, la inteligencia y la admiración con la que trata a los alumnos, que casi sentimos que dejase las aulas para pasarse a la inspección. Y es que las mejores anécdotas, las más divertidas y curiosas, las más conmovedoras, son las protagonizadas por los niños y niñas. Al otro lado del valle es un libro que rebosa cariño, luz y alegría porque no se centra en la crítica del sistema educativo sino en la parte más humana de su función.
Lectora, un viaje divertido y lleno de ternura al Yorkshire escolar.
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Muerte en El Cairo, de Erica Ruth Neubauer
Jane Wunderly, una joven estadounidense que perdió a su marido en la Primera Guerra Mundial, acepta acompañar a su acaudalada tía Millie de vacaciones a Egipto. Se hospedan en el hotel Mena House, a las afueras de El Cairo, dispuestas a relajarse y a divertirse; sobre todo, la tía Millie, que llega huyendo de la Ley Seca y con muchas ganas de tomarse unos buenos cócteles que no sean de garrafón. Jane no está segura de pasarlo tan bien: el clima es demasiado caluroso, se ha quedado sola desde que su tía la abandonado por las hijas de unos amigos, y los hombres que se le acercan le parecen desagradable e interesados… excepto el enigmático señor Redvers, claro, un atractivo banquero con el que no deja de tropezarse una y otra vez. Pero cuando la policía llega al Mena House para investigar un crimen del que Jane Wunderly aparece como la principal sospechosa, la ayuda del misterioso señor Redvers será crucial para desentrañar el misterio y limpiar su nombre.
«Era pasmoso pensar en la inmensa riqueza que tenía ante mí y saber que lo que veíamos no era más que una fracción de lo que Howard Carter había encontrado en la tumba del joven rey (…) la máscara de Tutankamón era asombrosa. El brillo del oro se alternaba con bandas negras para enmarcar los rasgos juveniles del faraón, cuyos grandes ojos estaban teatralmente delineados.«

Erica Ruth Bauer, exmilitar y expolicía, es una prestigiosa crítica norteamericana de novela negra y escritora de novelas de misterio. Muerte en El Cairo es la primera entrega de la saga de cozy mystery protagonizada por Jane Wunderly y Redvers, y ambientada en el Egipto de 1926. Ha sido una lectura muy entretenida, con varios misterios bien pautados (se nota la experiencia policial de la autora), y con el encanto añadido de estar ambientada en los años veinte del siglo pasado en el Mena House, uno de los hoteles más emblemáticos del Egipto de la época y escenario de Muerte bajo el sol, de Agatha Christie. Cuenta Erica Ruth Bauer que escribió Muerte en El Cairo pensando en qué tipo de novela le gustaría leer, pero sin duda también lo hizo bajo la influencia de sus autoras de misterio clásico favoritas y con el atractivo histórico añadido de los felices años veinte de los que disfrutaron los estadounidenses tras la Primera Guerra Mundial.
Muerte en El Cairo es una novela que plantea muy bien el misterio clásico del whodunit con la aparición de una víctima de asesinato por disparo en una de las habitaciones del Mena House, pero que tiene el acierto de aderezar esa investigación principal con otros misterios relacionados con la desaparición de antigüedades (una cuestión también clásica cuando la histoira está ambientada en El Cairo de 1926). Erica Ruth Bauer saca buen partido a su experiencia policial mostrando al lector una lógica deductiva de los personajes y un proceso de investigación muy bien tramado. Estos son, junto con la construcción de los protagonistas y sus respectivos bagajes emocionales, y su estupendo anclaje histórico y cronológico de la historia, los puntos fuertes de una novela a la que solo le haré un par de pequeños reproches personales: quizás se podría haber sacado más partido al sentido del humor de unos diálogos que rozan lo estupendo y que apenas hay referencias arqueológicas en una época y en un lugar en los que la egiptología, y todo el universo que la rodeaba, todavía estaba en plena efervescencia (reconozco que una tarea ardua para quienes no somos egiptólogas ni hemos visitado El Cairo del siglo pasado). Sin embargo, es una novela que se lee muy a gusto, muy entretenida y bien tramada, y cuando se termina una se queda con la sensación de que este no ha sido más que el principio y que Erica Bauer nos depara, en los próximos años, las mejores entregas de esta saga y de la pizpireta relación entre Jane y Redvers. Estaremos atentas.
Lectora, se queda entre los mejores cozy mystery contemporáneos de este año.
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El niño de oro, de Penelope Fitzgerald
En los años setenta del siglo pasado, el Museo londinense por excelencia inaugura una exposición nunca vista en occidente: el impresionante ajuar funerario de los garamantes, un pueblo bereber del norte de África del que apenas dos personas afirman saber descifrar su escritura cuneiforme. En la puerta, una cola quilométrica de escolares se congela esperando poder entrar, mientras en el interior las luchas intestinas entre el director del Museo y los conservadores divierten al díscolo y anciano sir William Livingstone Simpkin. Pero cuando se suceden varios incidentes misteriosos y empieza a correr el rumor de que el tesoro dorado de los garamantes está maldito, solo el joven trabajador del Museo Waring Smith será capaz de desentrañar los peligrosos acertijos que se le plantean, aunque le cueste su matrimonio y un terrible viaje al Moscú del otro lado del Telón de Acero, en plena Guerra Fría.
«(…) pero, respecto a eso que han llamado la Maldición, querría que añadiese usted lo siguiente: todo lo que crece de manera natural de la tierra tiene sus propias virtudes y su propio valor curativo. Por otro lado, todo lo que está oculto en la tierra y es sacado a la luz del día por los seres humanos lleva consigo cierto peligro, tal vez peligro de muerte.«

Penelope Fitzgerald (1916 – 2000) fue una escritora inglesa, educada en el prestigioso Somerville College de Oxford, que durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en la BBC. Cuando en 1977 publicó El niño de oro, su primera novela, Fitzgerald ya destacaba por sus excelentes ensayos y biografías. Sus novelas más exitosas están inspiradas en su experiencia vital: Voces humanas (1980), sobre sus años en la BBC, La escuela de Freddie (1982), de sus años de enseñanza, o A la deriva (1979), de su vida en una barcaza anclada en el Támesis, y que ganó el Premio Booker (Premio del que había quedado finalista dos años antes con su maravillosa novela La librería).
El niño de oro me ha parecido una mezcla genial entre cozy mystery y novela de espías, todo bien aderezado con el mordaz sentido del humor de su autora y con una crítica fabulosa y con mucha sorna a la política de los últimos años de la Guerra Fría, pero también a los juegos de poder dentro de la burocracia y la administración del Museo (que, aunque jamás se menciona, todas suponemos que es el British). Dicen los editores ingleses que, probablemente, la novela de Fitzgerald también se esté refiriendo al tesoro de la tumba de Tutankhamón en lugar de a los garamantes (que sí existieron aunque siguen siendo bastante enigmáticos en la actualidad), y una denuncia de los pretendidos expertos internacionales que blanquearon su imagen tras dedicarse a dudosas actividades relacionadas con el tráfico de obras de arte durante la Segunda Guerra Mundial. Sorprende, en esta primera novela de la autora, la firmeza de su voz narrativa y ese estilo tan pronunciado que encontraremos en el resto de su obra de ficción, así como la presencia de su característico humor, su crítica inteligente y certeza, y el encanto de esos personajes entrañables que aquí tienen su voz en Waring, sir William, Len Coker o Dousha.
Lectora, a Agatha Christie le hubiese chiflado esta novela.
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Una espía muy real, de Rhys Bowen
Corre el año 1932, Europa vive un momento de crisis y el duque de Glen Garry y Rannoch no es una excepción: su esposa recorta gastos en la calefacción del castillo de Rannoch, en personal e incluso en crumpets y scones, que ha sustituido por insípidas tostadas de pan barato. Georgie, la hermanastra del duque, ha visto como le quitaban su asignación al cumplir los 21 años y ahora se halla en una situación lamentable: vagando sin oficio ni beneficio por el castillo de Rannoch, con el temor de que la conviertan en institutriz sin sueldo de su sobrino o la casen con algún espantoso príncipe rumano. Georgie y su hermano son bisnietos de la reina Victoria por parte paterna y primos de la actual reina María, esposa del rey Jorge V, algo así como los trigésimo cuartos en la línea de sucesión. Ser de la nobleza tiene sus ventajas, pero también se lo está poniendo muy difícil a Georgie para encontrar un trabajo que le procure los medios para subsistir y que no escandalice a la casa real. Pero cuando a la reina María se le ocurre un encargo de espía para la perspicaz Georgie todo se complica: la vida social londinense es un juego de falsedades y alguien se ha dejado un cadáver en la bañera de la casa de Rannoch.
Tomé una pluma y papel y le escribí una nota, por si regresaba antes que yo: «Binky, en la bañera de arriba hay un cadáver. No hagas nada hasta que esté de vuelta. Sobre todo no llames a la policía. Tenemos que hablar sobre cómo proceder. Con cariño, Georgie.»

Rhys Bowen es el seudónimo de Janet Quin-Harkin, una afamada escritora inglesa, nacida en Bath y educada en la Universidad de Londres, que en la actualidad vive entre California y Arizona, lejos de los fríos y húmedos inviernos británicos. Sus novelas juveniles y para adultos a menudo aparecen en la lista de las más vendidas del New York Times y ha recibido múltiples premios de la crítica y del público, como el Premio Agatha, el Left Coast Crime o el Macavity a las mejor novela de misterio histórica. La saga de novelas de misterio protagonizadas por Georgie y ambientada en la Inglaterra durante la Depresión de los años treinta son sus cozy mystery más recientes, pero también es la autora de la saga Constable Evans, Royal Blood o Molly Murphy, entre otras.
Una espía muy real forma parte de la extensa colección Cozy Mystery que está publicando Alma Editorial en castellano desde el año pasado y, sin duda, se ha convertido en mi novela preferida de dicha colección. Reconozco que la sinopsis tenía todos los ingredientes para tentarme: cameos de personajes históricos reales, Londres en la época de entreguerras, un castillo en Escocia, un muerto en una bañera ajena y un montón de malentendidos. Pero lo que de verdad enamora de esta novela —y marca una diferencia abismal con el resto de cozy mystery de Alma que he leído— es el tono encantador y divertido en el que está escrito, el estilo desenfadado y humorístico de Rhys Bowen y la habilidad de la autora para hacernos partícipe de las aventuras de una protagonista ficticia que se codea con tanta soltura e ingenio con personajes reales históricos tan bien enmarcados y caracterizados (atención a la nota final de Bowen en la que advierte de que los personajes reales que aparecen en su novela se ajustan lo máximo posible a sus caracteres, biografía y circunstancias históricas verídicas).
Una espía muy real es un cozy mystery divertido, de diálogos ingeniosos y situaciones de comedia que se lee con una sonrisa en los labios y que mantiene muy bien el ritmo y el suspense a lo largo de todas sus páginas. Se nota que es la primera entrega de una saga por el mimo con el que se nos presenta a los protagonistas y secundarios recurrentes y cómo ahonda poco a poco en el carácter de la protagonista y su familia. La prosa de Rhys Bowen es decidida, firme y clara, se le notan las tablas y el buen pulso, y su estupendo sentido del humor pone la guinda del pastel. A destacar también, en este tiempo de traducciones robóticas y ausencia de corrección, el magnífico trabajo de la traductora Núria Salinas y el cuidado de los editores en procurar que no se pierda el buen estilo de la autora y la ausencia de erratas.
Lectora, perfecta para quienes echamos de menos el cozy mystery al estilo de Georgette Heyer.
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Crimen en Cornualles, de John Bude
En una apacible localidad costera de Cornualles, el pastor Dodd y el doctor Pendrill, disfrutan de su velada semanal junto a la chimenea. Dodd fuma un puro y Pendrill, su pipa; poco tienen en común, excepto su afición a leer novelas de detectives clásicas. Cada lunes, después de cenar, se acomodan en la salita de la casa del pastor para comentar sus lecturas y abrir la caja de la biblioteca Greystoke con el envío de las últimas entregas de Agatha Christie, Dorothy L. Sayers o Edgar Wallace. Su paz se ve interrumpida cuando Julius Tregarthan, potentado del lugar, aparece asesinado en el salón de su mansión con un tiro en la cabeza. El inspector Bigswell se apresura a investigar el caso antes de que su jefe llame a Scotland Yard, pero pronto se dará cuenta de que necesita contar con la extraordinaria intuición del pastor Dodd y, sobre todo, con su buen conocimiento de la historia y el carácter de los habitantes de la localidad.
«Había caído la oscuridad y, mientras el reverendo Dodd seguía su camino, se le ocurrió que el misterio de la muerte de Tregarthan era como la noche que le rodeaba. Aún brillaba débilmente algún que otro puntito de luz disperso, pero hasta esos se iban desvaneciendo a la vista a medida que la negrura se volvía más espesa y todo el paisaje quedaba atrapado en una negrura uniforme.«

John Bude es el seudónimo con el que el escritor, dramaturgo, director y productor de teatro Ernest C. Elmore (1901 – 1957) publicó una treintena de novelas de misterio, la mayoría de ellas protagonizadas por el inspector William Meredith. Crimen en Cornualles (1935) fue la primera novela policiaca de publicó con el nombre de John Bude y la British Library destaca su importancia porque el autor fue pionero en la cuestión de ambientar estas obras de misterio ficticias en lugares reales, por la buena prosa de Elmore y por la relevancia de la descripción de sus paisajes.
Si bien Crimen en Cornualles me ha parecido un misterio entretenido, no puedo decir que se vaya a quedar entre mis favoritos. El principio de la novela, con el reverendo Dodd y Pendrill charlando sobre sus lecturas policiacas, es muy prometedor, pero el doctor pronto desaparece del mapa y el protagonismo del padre se queda en un segundo plano (probablemente, la investigación de estos dos detectives legos hubiese sido más entretenida y con más encanto, por su conocimiento de los sospechosos y sus relaciones con la víctima). Aunque lo que menos me ha gustado ha sido el inspector Bigswell y la resolución final del caso, un poco tramposa. Sin embargo, coincido en destacar la buena prosa de John Bude, sus hermosas descripciones de los paisajes marítimos del lugar y que Crimen en Cornualles tiene mucho mérito si se considera que se trata de la primera novela de género del autor. De momento, mi título preferido de los cuatro que he leído de esta colección de novelas de misterio clásicas de la British Library sigue siendo El asesinato de Santa Claus.
Lectora, un cozy mystery clásico para conocer los inicios de John Bude.
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