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Little, de Edward Carey
Existe una maldición china, atribuida a Confucio, que dice «Ojalá vivas tiempos interesantes», y ese es el signo bajo el que nace la pequeña Marie Grosholtz, en Estrasburgo, en 1761. Huérfana de padre, su madre la lleva consigo a Berna, donde trabajará como criada para el cirujano Phillipe Curtius, quien tiene un talento especial para realizar reproducciones en cera del cuerpo humano y sus órganos internos. Marie pronto se convierte en la aprendiz y ayudante personal del doctor Curtius y, juntos, se instalarán en París, donde corren tiempos trepidantes para reproducir en cera las cabezas de las más interesantes personalidades de finales del siglo XVIII: Rosseau, Diderot, D’Alembert, Marat, Robespierre, Voltaire, Necker, Luis XVI…
«El señor Dickens, el novelista, viene a verme. Es un ladrón, desde luego. Se lo cuento todo. Él toma notas. Junto a Marat, abajo, están Burke y Hare, los ladrones de cuerpos escoceses, uno tomado en vida y el otro ya estando muerto. El duque de Wellington solía venir a visitar a mi Napoleón de cera. Ahora tengo un Wellington de cera. Existe un estado entre la vida y la muerte: se llama figuras de cera.«

Edward Carey es un dramaturgo, ilustrador y novelista inglés que durante su juventud trabajó una temporada en el Museo de Cera de Madame Tussaud, lo que le inspiró para escribir Little, una biografía novelada de Marie Tussaud. En castellano, con la magnífica traducción de Lucía Barahona, nos la trae Blackie Books en una edición de tapa dura muy agradable que mantiene las ilustraciones originales del autor.
Una existencia tan apasionante y atípica como la de Marie Tussaud necesitaba muy poquito para convertirse en una novela fascinante. Y es que las andanzas de la más célebre artista en la reproducción de cabezas de cera, en el París de las últimas décadas del siglo XVIII, no podría resultar gris ni aburrida narrada de ninguna de las maneras. Además, el peculiar estilo de Edward Carey, que desdibuja las dudosas líneas entre realidad y fantasía, contribuye a enmarcar con un excéntrico brillo apasionante la juventud de la pequeña Marie. Personajes como Rosseau, Franklin, Diderot, D’Alembert, Houdon, Mesmer, Robespierre, Napoleón, Maria Antonieta o Jacques-Louis David desfilan por las páginas de Little con tanta vivacidad como si el mismo Carey los hubiese entrevistado para su novela. Aunque todo gira alrededor de su protagonista —tan extraordinaria como la época que le ha tocado vivir— (no olvidemos que se trata de una biografía novelada), el autor consigue un retrato vívido y aterrador del París revolucionario y de los primeros años de la República y el consulado a medida que avanza en la creación del mito de Madame Tussaud. Una novela apasionante y única que fantasea alrededor de la vida de una mujer extraordinaria y que bien podría haberse escrito en dos tomos para no dejar al lector con la curiosidad insoportable de los años londinenses de la gran Marie.
Lector, una vida tan interesante se merecía un contexto histórico y una prosa igual de interesantes.
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La excavación, de John Preston
En el verano de 1939, en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Edith Pretty, propietaria de Sutton Hoo, en Suffolk, decide excavar los túmulos de sus tierras con la esperanza de hallar algún tesoro perdido. La señora Pretty, viuda y a cargo de su hijo pequeño Robert, siente que se le acaba el tiempo para llevar a cabo un proyecto con el que ya soñaba cuando su marido estaba vivo por lo que, convencida de que será ágil, pide ayuda a Basil Brown, un arqueólogo autodidacta e independiente de la zona. Las probabilidades de encontrar algo en esos viejos túmulos es muy pequeña pues, desde la Edad Moderna, los saqueadores han pasado por allí. Contra todo pronóstico, Brown encuentra lo que parece un barco funerario y, de repente, el yacimiento de Sutton Hoo salta a los medios de comunicación: en las tierras de Edith Pretty descansa uno de los mayores tesoros arqueológicos encontrados en suelo británico. La llegada de los expertos del British Museum cambiará para siempre la vida tranquila de los Pretty.
«Durante todo ese tiempo había estado dando por sentado que el barco de Sutton Hoo era vikingo. Ni siquiera me había permitido retroceder más. Pero ¿y si era anglosajón? ¿Y no solo anglosajón, sino anglosajón temprano? Evidentemente, eso dio alas a mis ideas. Y de qué manera. Aparte de todo lo demás, esa hipótesis hacía que el barco fuese mucho más antiguo de lo que yo pensaba. Hasta trescientos años de antigüedad: anglosajón temprano abarcaba los siglos V y VI, lo que situaría la nave en la Alta Edad Media.«

John Preston es un periodista, editor y novelista británico que, en 2007, publicó La excavación, un libro alrededor del descubrimiento del tesoro de Sutton Hoo que entrelaza con habilidad ficción con acontecimientos históricos durante el verano de 1939. Preston es sobrino de Peggy Piggott, una de las arqueólogas que trabajaron en el yacimiento antes de que tuviese que cerrarse y protegerse de los bombardeos nazis y que en la novela tiene un papel protagonista de tintes románticos. Llegué a este libro por su adaptación cinematográfica del mismo título, que puede verse en Netflix protagonizada por Carey Mulligan, Ralph Fiennes y Lily James. Novela y película son muy similares y ambas me han parecido delicadas, bellas y conmovedoras.
John Preston noveliza el descubrimiento del barco funerario de 24 metros de eslora en Sutton Hoo durante los meses del verano de 1939 a través de la ficticia narración en primera persona de sus tres personajes protagonistas: Edith Pretty, Basil Brown y Peggy Piggott. La narración fluye con rapidez y emoción en la voz del enérgico señor Brown, sosegada y melancólica cuando se trata de Pretty, y apasionada a cargo de la joven y perdida Peggy. Esta narración a tres voces, con el breve colofón final de un Robert Pretty adulto contándole al lector cuál fue el destino del tesoro años después de su descubrimiento, dota a la novela de ritmo, calidez y una profunda y conmovedora visión sobre el miedo, la soledad y el olvido que acompaña a los seres humanos en distintos momentos de su vida. La prosa de Preston es correcta, precisa y elegante, y sabe equilibrar con delicadeza y mucho acierto la ficción y los hechos reales de la historia que narra para que transcienda más allá de la crónica de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX en Europa.
Lector, no importa si lees antes el libro y ves después la película o al revés, las dos son bellísimas.
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Los vecinos de Lady Chester, de Emily Eden
La joven Lady Chester pasa los últimos meses de su embarazo en la apacible villa de Pleasence, una casa adosada a orillas del río, a las afueras de Londres, mientras su marido cumple una misión en Berlín. Muy pronto, los temores de la bella y encantadora Lady Chester sobre las molestias de sus vecinas se verán superados cuando conozca a la educada y simpática familia Hopkinson, que la acompañarán en sus agradables conspiraciones para favorecer los noviazgos más prometedores, velar por la prosperidad del vicario o esquivar a la baronesa Sampson, la más insoportable y esnob de todos los londinenses.
«—Bien, tía —dijo Blanche—, si usted admite con sinceridad que la señora Hopkinson sí está gorda, sí lleva mitones y sí que sabe lo que ocurre en mi cocina, con gusto yo le concederé que es una vecina muy hospitalaria y que su salón seco resulta muy cómodo tras haber estado en nuestra pérgola mojada.
—Deberías añadir, querida, que una casa adosada tiene sus ventajas: si una mitad arde, puedes refugiarte en la otra.«

Emily Eden (1797-1869) fue una poeta y novelista británica cuya holgada situación financiera como séptima hija del barón de Auckland le permitió no contraer matrimonio y dedicarse a la literatura por vocación y no como medio de sustento. Las novelas más célebres de Eden fueron The Semi-Attached Couple (Una pareja casi perfecta) y The Semi-Detached House (Los vecinos de Lady Chester) que fueron publicadas por primera vez en Inglaterra en 1860 y en 1859, respectivamente. Aunque Los vecinos de Lady Chester fue publicada meses después de su escritura, no ocurre lo mismo con Una pareja casi perfecta, que fue escrita en 1829, todavía en época de Regencia, por lo que al comparar ambas novelas no solo se nota la evolución narrativa de su autora sino también el cambio socio-cultural de la época. Y aunque en ambas historias puede encontrarse el encanto, el sentido del humor y la admiración que Emily Eden sentía por Jane Austen, Los vecinos de Lady Chester es una obra más madura y mejor ejecutada.
Los vecinos de Lady Chester es una novela divertida y con mucha chispa, perfecta para acompañar nuestras tardes de verano. Destaca por lo ingenioso de la narración, por el sentido del humor y por unos personajes de mucho carácter muy bien construidos. La influencia austenita es innegable y el talento de Emily Eden consigue analizar con precisión y brillantez las relaciones humanas, bien enmarcadas en su contexto histórico, de un grupo de personas de diferente clase social a las afueras de Londres. Entre líneas, la autora señala cómo la verdadera elegancia reside en la educación, la amabilidad y la empatía y cómo esta huye del esnobismo y la vulgaridad (en este caso, los elegantes encarnados en una aristocracia de viejo abolengo y, los vulgares, en unos nuevos ricos especuladores). Me ha gustado incluso más que Una pareja casi perfecta, por la maestría de la autora en la narración y los diálogos y por la inteligencia y la sutilidad de sus capítulos. Es genial que las editoriales recuperen en castellano estas pequeñas joyas literarias con tanto encanto, son un regalo y un remanso de paz. La pena es que la traducción no ha seguido el juego de los títulos originales de Emily Eden (como las novelas son «mellizas» hubiese estado bien que ambas las hubiese publicado la misma editorial y que se hubiese mantenido ese juego) y que el diseño de cubierta, en mi opinión, resulta poco favorecedor.
Lector, para irse de vacaciones a Pleasance.
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Diario de un fiscal rural, de Tawfiq Al-Hakim
En la primera mitad del siglo XX, la vida en el Egipto rural no era tan apacible como pudiese parecer a simple vista. Un fiscal rural tiene que correr de aquí para allá, a veces en plena noche, para escribir informes sobre asesinatos, accidentes, atracos y envenenamientos, además de abrir las investigaciones pertinentes, asistir a los juicios del cadí lento y del cadí galopante, llevar al día toda la burocracia y hacer malabarismos con los caciques locales cada vez que hay cambio de gobierno en El Cairo. Y aun así, hay tiempo para disfrutar de un buen té y unos dulces, de reflexionar sobre la desgracia de los abandonados y de quedarse boquiabierto cuando la bella Rim aparece como sospechosa del intento de asesinato de su cuñado.
«Yo paso por alto esos preámbulos de «Vos, asilo de la justicia, aniquilador…, etc.», y me voy derecho a la última que es donde suele estar el meollo del asunto. Bueno, la realidad es que ese meollo se encuentra también pocas veces. Generalmente mi pluma corre desestimando u ordenando la archivación, con una rapidez, arrojo y decisión que me suelen envidiar mis colegas embarazados y hundidos en el mar de parecidas miserias.«

Tawfiq Al-Hakim (Alejandría, 1899 – El Cairo 1987) fue un escritor egipcio, educado en París, que destacó por su innovación en la novela y el teatro egipcios contemporáneos. En la década de los años veinte del siglo XX, trabajó en su país como fiscal rural, por lo que su obra Diario de un fiscal rural tiene mucho de autobiógrafa, pero también de reflexión sobre la vida de los campesinos y de las gentes de provincias, en muchas ocasiones, abandonados a su suerte por el gobierno de El Cairo.
La traducción y la introducción de Diario de un fiscal rural para Ediciones del viento data de 1955 y son obra del eminente arabista de la Universidad de Granada, Emilio García Gómez, Premio Príncipe de Asturias 1992. Yo he leído la edición de febrero de 2011 y, aunque entiendo que se trata de un texto complicado (por la lejanía cultural y temporal) de mediados del siglo pasado, he echado de menos un poco de revisión posterior: se ha colado alguna falta de ortografía, erratas y frases algo extrañas. Traducción complicada aparte, se trata de una historia basada en la experiencia como fiscal rural de Tawfiq Al-Hakim, que mira con compasión la vida campesina egipcia y su extenso catálogo de injusticias. Disfruta de cierto sentido del humor y un poco de sátira, sobre todo por el tono que emplea el autor, pero sobre todo nos muestra un realismo duro, una realidad a menudo miserable, corrupta y triste, como la falta de asistencia médica, la pantomima de la democracia o lo poco que vale la vida de una mujer que tiene dificultades para dar a luz o la del vecino, cuando es tan sencillo contratar a un sicario que lo quite de en medio por unas monedas.
Lector, para curiosos que van más allá del Egipto faraónico.
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