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Para leer al anochecer. Historias de fantasmas, de Charles Dickens
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas es una antología de cuentos de fantasmas que lleva el título del primer relato con el que el abre este libro: cinco guías en los Alpes Suizos descansan de una dura jornada de trabajo mientras fuman y comparten algunas historias de apariciones. Trece cuentos de apariciones espectrales, casas encantadas, mujeres misteriosas, niños malvados, crímenes terribles, culpabilidad más allá de la muerte, castillos encantados, maldiciones, amores imposibles e incluso humor.
«—Como puede usted ver, señor —continuó el inquilino—, esta es una habitación de lo más incómoda y desangelada. Por el aspecto de esa vitrina, me atrevería a decir que no está del todo libre de insectos y demás sabandijas, y en realidad creo que, si usted se lo propusiera, podría encontrar aposentos mucho más agradables; por no hablar del clima tan desapacible que tenemos en Londres…
—Tiene usted mucha razón, señor —replicó educadamente el espectro—. No me había dado cuenta hasta ahora. Creo que cambiaré de aires. —Y dicho esto, comenzó a desvanecerse; es más, mientras decía esto sus piernas ya habían desaparecido casi del todo.
—Y señor —dijo el inquilino intentando llamar su atención antes de que se fuera definitivamente—, si tuviese usted la bondad de sugerirles a las otras damas y caballeros que se encuentran ahora ocupados en hechizar viejas mansiones vacías, que estarían mucho más a gusto en cualquier otro lugar, le prestaría usted un gran servicio a nuestra sociedad.«

Los biógrafos de Charles Dickens (1812 – 1870) coinciden en señalar que el escritor siempre estuvo interesado en los fenómenos sobrenaturales y misteriosos, y es precisamente una historia de fantasmas, Cuento de Navidad, la edición que confirmó su fama a nivel mundial. Dickens recoge y perpetúa la ancestral tradición inglesa literaria de contar historias de fantasmas junto a la chimenea y explora diversos registros sobre el mismo tema: suspense, terror, goticismo, historias con moraleja, cuestiones de moral victoriana, lo macabro, humor, amor, sarcasmo, venganza, crítica social… Cualquier trama mejora con una buena aparición.
Es difícil escoger como favoritos solo dos o tres relatos de la antología Para leer al anochecer pues lo cierto es que cada historia tiene su peculiar encanto. He disfrutado especialmente de El guardavías (1866) con ese final tan soberbio y la atmósfera gótica, de El juicio por asesinato (1865) por el suspense y la trama criminal, y de El letrado y el fantasma por su genial sentido del humor y por la flema británica del protagonista. La casa encantada (1859) empieza muy bien y casi plantea un whodunit clásico al invitar el protagonista a varios amigos a su nueva casa de campo para descubrir entre todos quién les está haciendo creer que la vivienda está habitada por un poltergeist. Me estaba gustando mucho hasta que todo deriva en un sueño interminable y surrealista aburridísimo y delirante que me ha empujado a dejar este relato en la lista de «huir sin mirar atrás». Como curiosidad, El fantasma en la habitación de la desposada fue escrito a cuatro manos con Wilkie Collins en 1857 y tiene un punto de humor negro muy bueno. Y El capitán asesino y el pacto con el diablo (1860) posee un encanto metaliterario y unas referencias piratescas a Stevenson que, además de darle un aire de aventura clásica estupendo al relato, me parecieron una serendipia muy simpática pues simultaneaba la lectura de este libro de Dickens con El diablo y el mar oscuro, de Stuart Turton.
Lector, perfecto para adentrarse en la tradición literaria inglesa de fantasmas.
También te gustará: Cuento de Navidad; Tiempos difíciles
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Etiquetado Clásico, Fantasía, Libros excéntricos, Literatura británica
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La novena casa, de Leigh Bardugo
La ciudad de New Haven siempre ha sido un núcleo de poder mágico, por eso las fraternidades de la Universidad de Yale que practican las artes ocultas, las ocho grandes Casas del Velo, se aferran con uñas y dientes a sus respectivos edificios históricos o tumbas, fuentes de su poder. Desde el siglo pasado, cuando las malas prácticas de las Casas tuvieron que lamentar bajas civiles, Leteo, la Novena Casa, se encarga de controlar y vigilar que se cumplan todas las normas mágicas a la vez que protegen a sus practicantes. El principal peligro cuando se realiza un conjuro es que los fantasmas crucen desde el otro lado, por eso incorporar a las filas de Leteo una agente capaz de ver a los muertos resulta tan valioso. A Alex Stern su don fantasmal le ha arruinado la vida, y casi la salud mental, cuando la Novena Casa le ofrece una beca en Yale y un trabajo de agente, aunque piensa que es su oportunidad para empezar de nuevo. El problema es que esa nueva vida como agente de Leteo pronto deriva en una investigación criminal y sobrenatural mucho más peligrosa para Alex que su facultad de ver a los muertos.
«—Pero fue en New Haven donde la magia se adhirió y arraigó. Algunos creen que se debe a que aquí el Velo es más fino, más fácil de atravesar. Puedes imaginarte por qué nos alegra tanto tenerte en Leteo. Tal vez tú puedas ofrecernos respuestas. Hay grises que llevan aquí más tiempo que la propia universidad.«
De Leigh Bardugo solo he leído Seis de cuervos y Reino de Ladrones, que me encantaron muy fuerte, así que cuando supe que publicaba su primera novela para adultos allá que me fui corriendo a Gigamesh para hacerme con un ejemplar de La novena casa. Me lo he pasado en grande con este thriller negro y sobrenatural de escenas escalofriantes y crímenes con un aire de cine negro clásico estupendo y una protagonista atormentada por su tumultuoso pasado, una chica que por donde pisa no vuelve a crecer la hierba. Entiendo que lo de novela para adultos se refiere a que el lenguaje que emplea Leigh Bardugo es para mayores de dieciocho años, porque la historia y los personajes también encajarían en young adult.
Reconozco que lo que me enamoró de Seis de cuervos, además de la historia y los personajes, fue, sobre todo, la prosa de la autora: bella, casi poética, con un ritmo mesurado, un lenguaje rico y un registro tan elegante. En La novena casa, Leigh Bardugo renuncia a esa prosa tan magnífica en aras de una narración muy ágil pero más sencilla. El resultado es una historia en la que no dejan de suceder cosas, de ritmo rápido y tensión sostenida, en lugar del mimo por los detalles y la cadencia de Seis de cuervos, que tenía un discurrir de la trama mucho más lento. Bardugo cambia los flash back de sus personajes de Seis de cuervos, que aportaban dramatismo, trasfondo y carisma al caracter, por un desorden temporal de las líneas narrativas que le permite empezar la historia de Alex Stern en un presente crítico para ir explicando los acontecimientos que la llevaron hasta ese preciso momento en capítulos alternos. Seguramente esta alternancia temporal, que le permite empezar la novela in media res, está pensada para captar la atención de un posible lector juvenil —confío en que los adultos estamos a salvo del virus de la inmediatez de las nuevas generaciones— que corre el peligro de perderse entre las Casas del Velo, sus respectivos poderes, practicantes y protocolos.
Lector, un thriller sobrenatural con tintes de noir clásico que resulta muy entretenido y original.
También te gustará: Seis de cuervos; Agencia Lockwood; El libro del día del juicio final
Agencia Lockwood, de Jonathan Stroud
Desde hace tiempo, el Problema con los fantasmas se ha vuelto preocupante y a las agencias londinenses de control de espectros se les complica la agenda; excepto a la más pequeña de todas, la independiente Agencia Lockwood, capitaneada por Anthony Lockwood y su socio George Cubbins. La Agencia Lockwood va escasa de fondos, no tiene repercusión mediática, ni supervisores, ni el apoyo de Scotland Yard, pero probablemente cuenta con los mejores agentes. Cuando Lucy Carlyle, con el don de escuchar a los fantasmas, decide huir a la gran ciudad en busca de un cambio de aires poco imagina que acabará junto a Lockwood y George intentado resolver un antiguo crimen sin perder la vida en la casa más encantada de Gran Bretaña.
«Lokwood había rodado sobre sí mismo y se había apartado a un lado. Yo hice lo mismo y, agachada, busque mi espada con desesperación. En su lugar vi limaduras de hierro por todas partes, desperdigadas por culpa de la caída. Y a Lockwood arrodillado con la cabeza baja y el pelo cayéndole sobre los ojos mientras trataba de sacar la hoja, enredada en el largo y pesado abrigo. Y a la chica fantasma flotando en silencio sobre él.
—¡Lockwood!
Levantó la cabeza con brusquedad. Tenía el abrigo retorcido debajo de las rodillas y no podía llegar al cinturón. No consiguió desenvainar la espada a tiempo.«

Jonathan Stroud (Bedford, 1970) es un escritor británico de fantasía, autor de la saga juvenil Bartimeo y Agencia Lockwood. Esta es la primera vez que lo leo y estoy in love. La noche de Jólabókaflóð me regalaron los dos primeros tomos de la saga de Agencia Lockwood, empecé a leer Los visitantes por curiosidad y no he podido parar hasta terminarlo (y eso que tenía un Dickens a medias que me estaba entusiasmando).
Agencia Lockwood está ambientada en Londres, en un mundo distópico sin datar y sin tecnología demasiado sofisticada, donde las principales armas para luchar contra los fantasmas son el hierro, la lavanda, la luz, la sal y los dones extrasensoriales de los agentes en activo que, además, son excelentes espadachines. La ciudad se ha modificado con farolas anti-fantasmas, pequeños canales de agua corriente y defensas de hierro y lavanda en todos los edificios porque si un espectro toca a una persona esta morirá presa de los más terribles sufrimientos. Los protagonistas todavía no saben a qué se debe esta plaga fantasmal, pero empiezan a entender que necesitan investigar el origen para luchar con más eficacia y no verse abocados a una guerra que, a largo plazo, tienen perdida.
Me ha resultado una novela genial y muy bien escrita, con personajes estupendos y escenas de gran tensión que incluso me han provocado miedo. Pero creo que lo que más me ha gustado ha sido esa ambientación tan bien conseguida, una trama muy sólida y el magnífico universo de un Londres asediado por los fantasmas. Tiene un aire de aventura clásica, con todos esos estoques, espadachines y apariciones, y unos héroes protagonistas con sus luces y sombras, misteriosos, reservados y extraordinariamente bien perfilados. Es cierto que no tiene la chispa humorística y la atmósfera victoriana de Constable & Toop, ni un estilo narrativo peculiar de los que tanto me chiflan, pero me lo he pasado tan bien con Los visitantes que no he echado nada de eso en falta. Deseando leer la segunda entrega de la saga, que también me regalaron por Jólabókaflóð, aunque me da pena que de momento no haya continuación.
Lector, una historia de fantasmas y espadachines para pasarlo en grande.
También te gustará: Constable & Toop
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El fantasma y la señora Muir, de R. A. Dick
Lucy Muir nunca ha sido dueña de su propia vida. Su suegra y sus dos cuñadas dominantes le organizan cada semana, sin respiro, desde que se casó con Edwin. Desde la agenda social hasta la decoración de su propia casa o la educación de sus dos hijos, la familia de su marido dicta todos y cada uno de los detalles sin tener en cuenta la opinión de Lucy. Pero a la muerte de Edwin, la joven viuda hereda una renta mísera, una casa que apenas reconoce como suya y un recién descubierto deseo de libertad que nadie puede arrebatarle. Por primera vez en muchos años, Lucy se siente capaz de desobedecer la férrea voluntad de sus cuñadas y en un acto de rebeldía compra un billete de tren «al mar» en busca de un lugar agradable y económico a donde mudarse con sus niños. En Whitecliff, un pequeño y tranquilo pueblo costero, Lucy encuentra un alquiler muy asequible, por una libra a la semana, en Gull Cottage. Intrigada por el precio de la casita y la renuencia del agente inmobiliario a alquilársela, descubre que Gull Cottage está encantada por el fantasma del capitán Gregg.
«—¿Por qué ronda la casa? —preguntó Lucy— ¿Acaso lo asesinaron?
—No. Se suicidó —dijo el señor Coombe.
—Oh, pobre hombre, ¿tan infeliz era?
—¿A usted esa carcajada le ha sonado infeliz?
—Pues no, la verdad —admitió Lucy—. Pero si no era desdichado, ¿por qué puso fin a su vida?
—Para fastidiar todo lo posible a los demás.
—Vaya, pues es muy egoísta por su parte —dijo Lucy—, además de totalmente incoherente. Porque si quería estar muerto, ¿por qué no quedarse muerto?
—Exacto —corroboró el señor Coombe.«

R. A. Dick fue el seudónimo de Josephine Aimee Campbell Leslie (1898 – 1979), autora inglesa que cultivó la comedia sobrenatural y costumbrista a la vez que reflejaba la situación de la mujer tras la Segunda Guerra Mundial. El fantasma y la señora Muir, publicado en 1945, fue su primer gran éxito literario, al que seguirían Unpainted portrait (1954), Duet for two hands (1960) o The Devil and Mrs Devine (1974), entre otros títulos. La novela tuvo tan gran aceptación que apenas un par de años después de llegar a librerías fue llevada a la gran pantalla por el director Joseph L. Mankiewicz. Editorial Impedimenta la publicó en castellano el 2 de noviembre de este año, una de las novedades editoriales que esperaba con más ganas.
El fantasma y la señora Muir es una encantadora comedia feelgood con fantasma que enamora por sus personajes protagonistas, sus situaciones excéntricas y sus diálogos ingeniosos, rápidos e inteligentes. R. A. Dick hace gala de un sentido del humor genial, muy en la estela de Oscar Wilde, Edmund Crispin o Stella Gibbons, por referenciar a tres autores anteriores a la novelista, y con escenas memorables como la del guiño a El fantasma de los Canterville, a Otra vuelta de tuerca, o cuando la señora Muir le pregunta al fantasma si cree en los psicoanalistas. La historia sigue la magnífica evolución del personaje de Lucy Muir y su relación con el fantasma del capitán Gregg, pero entre líneas el lector encuentra una buena exposición de la situación de la mujer en la sociedad inglesa tras la Segunda Guerra Mundial y de la hipocresía social de la época en general: durante la guerra, las mujeres se habían movilizado y ocupado puestos profesionales de importancia. Independientes y resolutas, se habían tratado de igual a igual con los hombres en una sociedad británica totalmente volcada en el esfuerzo de guerra. Con la firma del tratado de paz ese retorno obligado a la supeditación de madres y esposas recluidas en el hogar, esa imagen de fragilidad y desamparo, chirría más que nunca. Solo la visión de un fantasma tan extraordinario como el capitán el Gregg animará a Lucy Muir a seguir con su determinación de ser libre e independiente.
Lector, pon un fantasma en tu vida.
También te gustará: Luna de verano; Fresas silvestres; El libro de la señorita Buncle; Seguro de amor; Los millones de Brewster; Kathleen
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Etiquetado Clásico, Fantasía, feelgood, humor literario, Literatura británica, Novelas adorables
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Del enebro, de Jacob L. y Wilhelm K. Grimm
Érase una vez, hace muchos, muchos, años, un matrimonio que se amaba profundamente. Vivían en una casa con un jardín presidido por un hermoso enebro que procuraba sombra, aroma, frutos y consuelo a una esposa desolada porque no podía ser madre. Un día de profunda tristeza, la mujer se sentó bajó el enebro y deseó de todo corazón tener un hijo blanco como la nieve y rojo como la sangre.
«Un día de invierno, estaba la mujer a la sombra del árbol pelando una manzana y, mientras la pelaba, se cortó un dedo y la sangre cayó en la nieve.
—¡Ay! —dijo la mujer y elevó un suspiro al cielo mientras miraba la sangre, con melancolía—. ¡Ojalá tuviera un niño tan rojo como la sangre y tan blanco como la nieve! Y al decir esto, le invadió una dicha enorme y se sintió afortunada, como aquello fuese una premonición.«

Jacob Ludwig Grimm (1785-1863) y Wilhelm Karl Grimm (1786-1859) fueron dos investigadores y lexicógrafos alemanes que recopilaron y consagraron por escrito parte de las leyendas, folclore y cuentos de hadas de tradición oral centroeuropeos. Sus relatos, traducidos a casi todos los idiomas, siguen siendo muy populares en nuestros días y, aunque nos sorprenda, su adaptación de los cuentos de hadas de tradición oral suavizó la violencia y crueldad de las versiones originales. Los hermanos Grimm publicaron por primera vez Del enebro en 1812, una historia horripilante —la he leído en Noche de Difuntos— que, como bien apunta Adriana Bertorelli en la introducción de la preciosa edición de Jekyll & Jill, a Shakespeare le hubiese encantado escribir «porque tiene reunidos, en un solo cuento, infanticidio, canibalismo, traición, envidia, crueldad extrema y una mala suerte cosmogónica«.
Los hermanos Grimm se autocensuraron muchos de los cuentos recogidos en el volumen de Cuentos de la infancia y del hogar. A lo largo de los años, llegaron a maquillar las versiones para hacerlas menos espantosas —quizás los niños del siglo XVIII tenían un temple distinto— y excluyeron algunos títulos por su crudeza, entre ellos, Del enebro. Y no puedo contar más porque la historia es tan breve e intensa que no me gustaría desvelar más de lo que os he contado. Al igual de Blancanieves, el punto de partida es una manzana y el pensamiento «blanco como la nieve, rojo como la sangre» y, aunque también salen madrastras malvadas, os prometo que no hay príncipe salvador. Como dice Adriana Bertorelli, que no os confunda la historia, pues los cuentos de hadas no son más que la metáfora de una sucesión de pruebas a superar para ingresar en la edad adulta.
Lector, una historia terrorífica y sangrienta que se lee en un escalofrío.
También te gustará: La nueva madre
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