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Fuera del mapa, de Alastair Bonnett
Lugares borrados del mapa, como Arne, una aldea británica que se sacrificó como señuelo de los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial para salvar otros núcleos habitados. Paisajes de tiempo, como los jardines del siglo XVII que cultiva Alan Sorfist en Nueva York. Geografías ocultas como los laberintos subterráneos de Minneapolis, lugar de aventuras para los exploradores urbanos. Comunidades invisibles y aisladas, como los habitantes del cementerio de Manila o el último reducto indígena de la Isla Sentinel del Norte. Tierras de nadie como los puestos fronterizos o asentamientos no reconocidos por ningún gobierno o nación sobre la Tierra. Ciudades muertas, como Chernóbil, que no podrá volver a ser habitada por el hombre hasta dentro de 900 años pero cuya flora y fauna ha proliferado a pesar y precisamente por eso. La geoamnesia de los lugares que olvidamos por la guerra que los borró del mapa, que nadie reconoce por vergüenza y horror. Espacios de excepción como el puerto franco de Ginebra, el edificio más valioso del planeta. Islas flotantes de basura, de espuma artificial, de piedra pómez.
«Los lugares no son simples cosas, no son lápices ni regaderas, algo que podamos tirar o reemplazar despreocupadamente. La ferocidad y el ingenio con que la gente se aferra a los lugares que les importan demuestra que estos son un rasgo definitorio de su identidad y que perder el lugar al que uno pertenece puede parecerse a perderlo todo.«

Dice Alastair Bonnett que somos una especie que amamos los lugares, que nos fascinan los lugares, que somos capaces de dar significado a cualquier lugar, por extraño, extremo o minúsculo que este sea. Bonnett, fascinado por la excentricidad de los lugares más peculiares del planeta, nos trae Fuera del mapa, un libro maravilloso que cuenta, a ritmo de anécdota histórica, las singularidades de los espacios que creamos los humanos.
Fuera del mapa me ha enamorado por diversas razones: por la estupenda prosa del autor, por su sentido del humor, por su mirada amable y esperanzadora pese a que el ser humano no siempre modifica su entorno para bien, por la gracia y lo ameno de las anécdotas, por las curiosidades, por esa esencia de nostálgica aventura que tienen todas las historias que nos convierten en exploradores de lo desconocido… Pero sobre todo me ha gustado porque son pequeñas lecciones de Historia, maravillosas, breves y curiosas. Alastair Bonnett nos ofrece una mirada extraordinaria y diferente a los rincones más especiales del Planeta y nos enamora con su forma de ver, de contar, de explorar y llevarnos con él. Y aunque Blackie Books nos advierta de que este libro no es una guía de viajes, a mí sí que me lo parece: una guía maravillosa por pequeños pedacitos de Historia de los lugares más recónditos y peculiares.
Lector, lugares de este mundo que parecen de otro planeta.
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Buenos presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman
El Infierno se ha cansado de esperar y ha decidido que ya va siendo hora de iniciar el Armagedon. Lo primero es colocar al bebé Anticristo en la tierra, tarea que encomiendan al experimentado demonio Crowley. El problema es que Crowley lleva tantos años en el mundo que le ha cogido cariño y no le apetece nada que desaparezca. Por no hablar de lo mucho que le gusta su Bentley. Sabe que después de la destrucción total de la humanidad llegará el enfrentamiento entre ángeles y demonios y, gane quien gane, va a ser un rollo: o todo Cielo o todo Infierno. Aburrimiento. Con la ayuda de un ángel librero, el mermado ejército cazabrujas, la heredera de Agnes la Chalada y una médium, Crowley intentará detener del fin del mundo ¿Qué puede salir mal?
«Él trataba de hacer desgraciadas sus breves vidas porque era su trabajo, pero no podía imaginar nada peor, ni de lejos, que lo que ellos mismos inventaban. Era como si tuvieran un don para ello (…). Nacían en un mundo que estaba contra ellos de mil pequeñas maneras, y dedicaban la mayor parte de sus energías a empeorarlo (…) había estado a punto de mandar un mensaje Allá Abajo que dijera: Mirad, más vale que lo dejemos por ahora, que nos olvidemos de tanto Desastre y de tanto Pandemonio y todo lo demás, y que nos larguemos de aquí, porque no les podemos hacer nada que ellos no se hayan hecho ya, porque además inventan cosas que a nosotros jamás se nos habrían ocurrido siquiera, que normalmente tienen que ver con electrodos. Tienen lo que a nosotros nos falta: tienen imaginación. Y electricidad, claro.«

A estas alturas de la vida no he leído todavía a Terry Pratchett y confieso que me quedé atascada con Neverwhere, de Neil Gaiman, a la mitad. Pero vi hace poco la primera temporada de la serie televisiva Lucifer y supongo que cuando entré en Gigamesh me dejé llevar. La sinopsis de Buenos presagios prometía y me robó el corazón eso de las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada. El corazón de una lectora es veleidoso y no pude resistirme a dos ángeles (uno caído y el otro librero), una bruja, los cuatro jinetes del Apocalipsis y los Ellos.
Me lo he pasado en grande con Buenos presagios, me encanta su toque de humor inglés, el ingenio de sus personajes y situaciones, y las reflexiones existencialistas de la historia. Como no conozco a los autores demasiado, no podría deciros qué mérito se lleva cada uno, pero a mí me tenían ganada los dos desde la dedicatoria:
«Los autores quieren unirse al demonio Crowley en su dedicatoria de este libro a la memoria de G.K. Chesterton. Un hombre que sabía de qué iba el tema.«
No voy a desvelar más tramas ni más personajes, merece mucho la pena que leáis este libro sin saber apenas nada, confiad en mí. Creo que la sorpresa es uno de los factores que más he disfrutado, además del sentido del humor de los autores y de los Ellos. Me encanta la reflexión que hacen los personajes sobre la inutilidad de los enfrentamientos entre el Bien y el Mal, o el amor que sentimos por nuestro hogar, o el libre albedrío, o la imaginación… Me gusta porque no hay discursos moralistas, ni moralejas, ni ganadores o perdedores. Pero sobre todo me parece genial la reinterpretación de personajes legendarios de nuestro imaginario occidental. Gracias, señores Pratchett y Gaiman por hacerme reír, por sorprenderme y por los Ellos.
Lector, súbete al Bentley porque, según las profecías de Agnes la Chalada, el mundo se acaba este sábado.
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Una chica con pistola, de Amy Stewart
En 1914, las tres hermanas Kopp, Constance, Norma y Fleurette, viven en una granja solitaria, en el campo, a las afueras de Paterson, en el condado de Bergen. Una mañana de verano, mientras conducen su pequeña calesa para realizar las compras semanales en el pueblo, un automóvil las embiste. El conductor es el empresario textil Henry Kaufman, un majadero al que solo le interesa salir de juerga con sus amigos. Cuando Constance le hace llegar la factura de la reparación de la calesa, Kaufman no solo se niega a pagarle los gastos del accidente sino que además se ríe de ella y la amenaza si no ceja en su empeño de cobrar; no va a dejarse intimidad por una joven soltera y desamparada. Lejos de esconderse muertas de miedo en casa de su hermano, las tres hermanas Kopp acuden al sheriff del condado y deciden investigar para aportar las pruebas suficientes que condenen al industrial por sus fechorías. Constance, armada e inteligente, descubre que Kaufman es culpable de mucho más que el atropello de su calesa, pero también que en 1914 una chica con pistola sigue siendo un escándalo y una excentricidad.
«El sheriff Heath se reclinó en la silla para mirar a Norma con más atención.
—¿Un rifle? ¿Qué iban a hacer ustedes, chicas, con un rifle?
Norma sorbió por la nariz.
—Constance iba a proteger a sus hermanas. Y usted, ¿qué estaba haciendo usted?»

Amy Stewart decidió escribir Una chica con pistola cuando tropezó con un artículo de 1914 en el que se informaba del accidente de calesa de las hermanas Kopp y las repercusiones del mismo. La escritora quedó prendada de la fuerza que desprendía la persona de Constance Kopp, una mujer que a principios del siglo XX, en el condado de Bergen, no solo resultó ser una excelente detective sino que además decidió ejercer como tal pese en aquella época la sociedad esperaba de ella que se dedicase a buscar marido y a tejer, o, como mucho, si era de naturaleza inquieta y aventurera, a la mecanografía.
Stewart se documentó en actas judiciales, testimonios biográficos, artículos periodísticos de la época del New York Times, Philadelphia Sun, Bergen Evening-Record y gacetas locales, y en otras fuentes de consulta para novelizar un acontecimiento que se siguió con interés cuando ocurrió y hasta la finalización del juicio más de un año después. En las notas finales, explica al lector qué personajes son ficticios y qué hechos han sido inventados, pero la historia y las protagonistas de Una chica con pistola son tan singulares y apasionantes que apenas se precisa de más ficción. Las huelgas textiles, las amenazas de la Mano Negra, las insalubres condiciones laborales de los obreros, las calles de Nueva York, las perspectivas profesionales de las mujeres, la vida de las madres solteras, las mejoras penitenciarias, el sensacionalismo de la prensa… Es sorprendente lo mucho que se puede leer entre líneas y el valioso testimonio histórico que se puede encontrar en una noticia sobre un accidente de calesa de tres hermanas y sus repercusiones en 1914. Genial la narración de Amy Stewart para convertirlo en una novela policíaca de personajes, con cierto suspense y un magnifico retrato de la época y las rebeldes hermanas Kop.
Lector, lo escandaloso en Norteámerica, en 1914, no era que alguien fuese armado sino que ese alguien fuese una chica, soltera e independiente, dispuesta a defenderse a sí misma y a sus hermanas.
Nota: Siruela ha publicado una segunda entrega de las aventuras de Constance Kopp, Mujer policía busca problemas
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Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov
En la Ucrania postsoviética la pobreza y la desesperanza han llegado hasta las puertas del zoo de Kiev. A punto de cerrar porque no cuentan con el presupuesto necesario para dar de comer a los animales, los empleados del zoo animan a los visitantes a que se lleven a sus casas todos los ejemplares posibles siempre que puedan alimentarlos. Viktor, un escritor en paro, sin familia y sin amigos, decide adoptar al pingüino Misha para compartir soledades en su pequeño apartamento. Dicen los pingüinólogos que estos animales jamás olvidan a aquellos que les han tratado con cariño, pero Misha, pese a sentirse a gusto con su nuevo anfitrión, padece de una melancolía casi contagiosa. Y en ese ambiente de decadencia y nostalgia, Viktor empieza a trabajar para un diario preparando por adelantado las necrológicas de importantes personajes públicos. El problema surge cuando los titulares de dichas esquelas empiezan a aparecer asesinados en el mismo orden en el que Viktor entrega su trabajo a la editorial del periódico.
«—En fin —dijo Sergei levantando el vaso—, todos merecemos mejor pescado, pero comemos el que hay… ¡Por la amistad!«

Antes de publicar esta novela, Andrei Kurkov fue traductor de japonés para la KGB y la policía, y vigilante de prisiones en Odesa mientras escribía cuentos infantiles. La caída de la Unión Soviética le pilló distribuyendo su primera novela para adultos y desde entonces no se ha desvinculado del mundo de la edición y la literatura. No siempre la biografía de un autor se refleja en su ficción, pero cuando se lee Muerte con pingüino se tiene la sensación de que Kurkov lleva consigo todavía esa pátina gris ceniza de quienes se han visto obligados a contemplar el lado más feo del lugar en el que viven.
Muerte con pingüino es una novela peculiar. De estilo personalísimo y con una tendencia a la tristeza y la melancolía, Kurkov plantea una novela negra con un extraño toque de ternura de la mano de un pingüino triste y una niña abandonada. Una historia con personajes bien perfilados y un misterio policíaco que intriga al lector, una trama que se aleja de tópicos y clichés por su originalidad y su rareza, pero que, para mi gusto, adolece de un final algo sosaina que no se merecía una novela tan extraordinaria como esta. Los lectores ya sabemos que los buenos finales son difíciles y más de una vez nos hemos visto defraudados en ese sentido. Aunque también sabemos poner esa carencia en su justa perspectiva cuando la novela es tan buena como Muerte con pingüino. También aviso que yo no soy demasiado fan del género y que hubiese preferido que la historia se centrase más en Misha que no en la trama criminal que acecha a Viktor (no me digáis que la historia del zoo en quiebra y del pingüinólogo no daban juego).
Y como historiadora, no podría terminar esta reseña sin referirme al trasfondo de Muerte con pingüino: esa Ucrania triste, gris, desolada, en donde es casi imposible encontrar buena asistencia médica si no se tiene dinero, en donde el aparato estatal está desarticulado y corrupto, en donde las mafias, los robos, la corrupción campan a sus anchas, en donde se cobra en dólares por la inflación monetaria, en donde el zoo tiene que cerrar porque ya no puede dar de comer a los animales. Viktor, el protagonista de esta historia, sus circunstancias y todo lo que le ocurre a lo largo de la trama son también una muestra de ese mundo postsoviético en decadencia, en donde la vida apenas vale nada con la complicidad del silencio y la censura.
Lector, una novela negra meláncolica con pingüino y escritor de esquelas funerarias.
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Muerte con pingüino
