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La vida escondida entre los libros, de Stephanie Butland

Loveday cree que la primera frase de los libros no tiene por qué definir el final de sus historias. Ella tuvo muy mal principio en la vida, podría haber terminado peor y, sin embargo, ahí sigue, en pie, con un pequeño apartamento, su trabajo de librera y el querido Archie. Sabe que en el mundo existe un lugar para ella siempre que entra en su librería por las mañanas, es su refugio. El problema es que un maldito mago poeta acaba de irrumpir en la tienda para reclamar su ejemplar perdido y encontrado, y, aunque cretino y engreído, tiene la capacidad de sacarla de su escondite. Y es que otra de las cosas en las que Loveday cree, además de que todas las familias felices se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera, es que las conversaciones que no van sobre libros son muy complicadas ¿Qué puede contar sobre su pasado que no la reduzca a un montón de cenizas? ¿Hasta qué punto se puede intimar con una persona cuando vives escondida entre los libros?

«Me encantaba la idea de pasar la noche juntos, solo leyendo.»

Por supuesto llegué a este libro por las mismas razones que tú: porque en el título tenía la palabra libro, porque la portada era bonita y porque la sinopsis prometía una librería. No ha sido una lectura tan metaliteraria como me esperaba pero me ha gustado. Sobre todo por la singularidad de Loveday, su protagonista (en ocasiones casi a la altura de mi añorada Eleanor Oliphant), por el inteligente juego de Stephanie Butland, la autora, con los hilos de la trama, y por el misterioso rompecabezas que debe ir desvelando el lector a medida que se le proporciona información sobre el pasado de los personajes.

La vida escondida entre los libros es un título que resume a la perfección la historia de Loveday, una chica huérfana con tanto miedo que solo se atreve a vivir entre páginas. El personaje tiene buenas razones, no os preocupéis por eso, y la trama y los personajes presentan tantos matices que la novela funciona muy bien. Además el suspense narrativo está garantizado por la buena dosificación de datos que hace la autora, por no hablar de lo mucho que se agradece que huya de tópicos y de moralinas sobre cuestiones que están de actualidad en nuestra sociedad contemporánea. Me ha parecido un libro singular y conmovedor, con una protagonista inolvidable y un estilo narrativo ágil y brillante. Sin duda, me declaro lectora incondicional de la señora Butland.

Lector, una buena historia muy bien contada… y con librería.

Nota curiosa: Por segunda vez en muy poco tiempo, la primera vez fue en El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo, me topo con la referencia novelesca de Anna Karénina, de Lev Tolstói, y su primera frase («Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera«) en una trama de ficción actual.

También te gustará: Eleanor Oliphant está perfectamente; Las mil y una historias de A.J. Fikry; El devorador de libros

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Asesinato en Charlton Crescent, de Annie Haynes

Desde que se quedó viuda y sus dos hijos murieron en la Primera Guerra Mundial, Lady Anne Daventry vive casi recluida en su casa de Londres. Su carácter se ha ido agriando con los años y las penas, pero la señora de la casa sigue rodeada por un pequeño contingente leal de antiguos criados y cuenta con el cariño de sus sobrinos. Por eso, cuando descubre que alguien está intentando asesinarla en su propia casa, sospecha que el móvil no puede ser más que el dinero. El problema es que todos sus parientes y criados salen ganando con su muerte puesto que todos ellos están contemplados en su testamento. Confundida y cansada, decide pedir ayuda a una prestigiosa agencia de detectives privados de la ciudad y así es como entra en escena Bruce Cardyn, un joven detective dispuesto a aclarar el caso. Impresionado por la aparición de la nieta del desaparecido Lord Daventry y por la presencia de la sobrina de Lady Anne, a quien había salvado de un incendio con anterioridad, Bruce se hará pasar por el secretario personal de la anciana para desentrañar la extraña atmosfera familiar y reunir pruebas contra los posibles culpables. Sin embargo, será la perspicacia del inspector Furnival de Scotland Yard la que resulte decisiva para el buen desenlace de todos los misterios que rodean a la familia Daventry.

«—Pero sí, debo reconocer que en estos tiempos de mujeres atléticas, la mayoría de ellas son capaces de asestar un golpe tan fuerte como un hombre. Aunque imagino que no creerá que una mujer…

—No pienso nada en estos momentos —interrumpió el inspector Furnival—. Solo estoy tratando de averiguar la verdad, doctor.«

Cuenta Juan Mari Barasorda, en la introducción de esta magnífica edición de dÉpoca editorial, que Annie Haynes se merece estar entre Dorothy L. Sayers y Agatha Christie como una de las grandes damas del crimen de la primera mitad del siglo XX. Y esa es justo la sensación que tiene el lector al terminar Asesinato en Charlton Crescent, puesto que se trata de un whodunit de corte clásico que nada tiene que envidiar a las novelas de Christie o de Sayers.

Asesinato en Charlton Crescent se disfruta porque es una novela policíaca de corte clásico, con un misterio bien planteado y una resolución bien hilada, sin trampas para el lector y con un despliegue de investigación que se sigue con interés y sin saltos mortales. Annie Haynes realiza un estupendo estudio psicológico de cada uno de los personajes que contribuye a dar credibilidad a las razones y actitudes de cada uno de ellos para actuar como actúan.

La he leído estas Navidades y me ha encantado porque ha sido justo lo que esperaba, una novela de misterio clásica, con ese toque british que tanto me gusta, ambientada en la época de entreguerras. Muy Christie, sin duda, y con un toque de intriga romántica y aventurera (atención a Bruce Cardyn, el héroe) que le da una pincelada muy charming. Quizás he echado en falta la chispa y el humor de Dorothy L. Sayers, pero ese no es el estilo de Haynes. Además, su inspector Furnival es estupendo y se desmarca de los tópicos policiales de la época con mucho acierto e ingenio. Sin duda, una lectura muy recomendable para los nostálgicos de las novelas de Agatha Christie.

Lector, un agradable y clásico whodunit para disfrutar bajo el edredón.

También te gustará: Un hombre muerto; Veneno mortal; Aquí hay veneno

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El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo, de David M. Barnett

Una extraña casualidad hace realidad el mayor deseo de Thomas Major: vivir en paz lejos de todos los humanos del mundo. Thomas es un químico gruñón cansado de que su vida sea un desastre, harto del ruido que le rodea, infeliz siempre que interactúa con alguna persona. Cuando se le presenta la oportunidad de ser el primer hombre con billete solo de ida a Marte, cree que sus plegarias de vivir lejos de cualquier ser humano han sido por fin atendidas. Relativamente feliz en la cápsula Ares I, camino del planeta rojo, conoce a los Ormerod, una familia disfuncional que pasa por graves apuros. Gladys, la abuela, está perdiendo la lucidez; James, el peque de la casa, brillante científico, sufre acoso escolar; Darren, el padre, está en la cárcel; en ausencia de la madre, Ellie, la hija adolescente, lleva todo el peso de la familia sus espaldas. Ellie detesta las casualidades y a las familias felices, por eso Thomas le cae bien, pero todavía no comprende de qué manera puede ayudarles un astronauta a cambiar la mierda de vida que les ha tocado en suerte.

«—¿Quieres saber lo mejor de estar en el espacio? Es no estar en la Tierra. Probablemente tenía tu edad cuando me di cuenta de algo, y es que el mundo es una mierda, igual que todas las personas que hay en él. He estado toda mi vida observando cómo mis ambiciones se marchitaban y morían. Así que cuando llegó la oportunidad de dejarlo todo, y me refiero literal y jodidamente a todo, la agarré con las dos manos. Tengo lo único que siempre he querido. Nada de gente. Estoy solo. Total y absolutamente.«

Conocí este libro cuando la escritora Mayte Esteban me dijo «he encontrado una novela que me ha hecho pensar en tu señor Livingstone por la portada, el título y la sinopsis«. Como sé que Mayte conoce bien mis gustos literarios, corrí a la librería, leí la sinopsis, hojeé el libro y me lo llevé a casa. Me ha encantado.

David M. Barnett imagina una historia en la que la realidad más dura que nos toca vivir en nuestros días se entrelaza con la esperanza de un futuro distinto: la familia Ormerod y el pasado de Thomas frente a la promesa de iniciar un nuevo mundo lleno de posibilidades en Marte. Barnett narra, con agilidad y mucho sentido del humor, una comedia en la que la ficción más loca encaja perfectamente con la dura verdad de la sociedad en la que vivimos. La clave está en unos personajes bien construidos, con un pasado emocional coherente, que han hecho de ellos lo que son. Y, a lo largo de toda la novela, la presencia constante del hermoso arte de convivir con la casualidad, el azar, la coincidencia.

Creo que la clave de El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo radica en la ternura de sus personajes, en el punto de excentricidad de la trama, en su sentido del humor pese a la dureza de la realidad y a lo enormemente conmovedora que es la historia. Pese a que la novela de Barnett no cumple todos los requisitos formales para que una obra se considere feelgood (hay muertes y la atmosfera/escenarios no son precisamente agradables para el lector), sí que resulta afín al género en el sentido de que, pese al dramático punto de partida, se llega a un final feliz por un camino salpicado de sentido del humor (a menudo, negro). No hay que esperar, sin embargo, una novela feelgood en el sentido estricto del término sino una historia profundamente conmovedora, tragicómica como la vida misma, con unos personajes rebosantes de carisma, de fragilidad, de emoción. La gracia es que nada parece forzado o impostado, todo fluye con naturalidad, humor e inevitable sensación de desastre (la maldita ley de Murphy) para el entretenimiento y emoción del lector más desprevenido.

Ah, eso sí, detesto profundamente el título en español. Prefiero muchísimo más el original, Calling Major Tom, que hace referencia a la canción Space Oddity de David Bowie, muy presente en toda la novela debido al nombre y a las circunstancias del protagonista.

Lector, una tragicomedia fantástica que te conmoverá como hacía tiempo que no te sucedía con un libro de nuestro siglo.

Si te apetece, pásate por El espejo de la entrada para ver qué le ha parecido a Mayte esta pequeña gran historia.

También te gustará: El tipo más raro del mundo; El mayor Pettigrew se enamora; Mr. Rosenblum sueña en inglés

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Monstruos del mundo, de Geòrgia Costa

Geòrgia Costa recoge en este volumen ilustrado un breve y maravilloso compendio de todos los monstruos del mundo. Monstruos del aire, del agua y de los prados; monstruos proféticos, peligrosos, mortales y depredadores; monstruos que viven todavía en nuestro imaginario de siglo XXI, como vampiros o dragones, y otros que transitan por las sombras del olvido; Monstruos bajo nuestra cama, en nuestro armario, monstruos enormes y diminutos. Originarios de diversas culturas y mitologías, sin fronteras, todavía indómitos, muchos de los extraños seres que pueblan estas páginas están esperando a que los descubras.

«Es difícil saber por qué el basilisco es tan aficionado a la caza de la centícora. Podría ser puramente una cuestión de gustos, ya que algunos expertos aseguran que la centícora tiene una carne de lo más sabrosa. También podría tratarse, quizás, de una enemistad ancestral entre ambas especies. El caso es que cuando una centícora encuentra un basilisco en su camino, ataca en vez de hacer lo más sensato, que es huir. Como el basilisco es demasiado pequeño para que su oponente lo alcance con sus cuernos, aguarda a que la centícora ya esté sobre él para picarle directamente entre los ojos. El veneno del basilisco, que actúa rápidamente, provoca que los globos oculares de la centícora se hinchen y estallen.«

Un libro sobre monstruos ya es una tentación para cualquier lector curioso que se precie, pero si además está escrito por Geòrgia Costa e ilustrado por Claudio Sánchez Viveros, la tentación se convierte en imperativo de salir corriendo a la librería más cercana para hacernos con semejante tesoro.

Monstruos del mundo es, como habréis adivinado, fascinante. No solo por el completísimo compendio de criaturas fantásticas sino por la gracia, el humor y el ingenio con los que Geòrgia Costa nos habla de ellos. Me parece todo un acierto que la autora haya preferido abordar la titánica tarea de indexarlos según sus respectivos hábitats o medios en lugar de por nacionalidades porque los monstruos, al igual que el terror, no distinguen fronteras. Su narración a modo de crónica, a veces científica, a veces histórica, anecdótica, a menudo periodística, es ágil, emocionante, divertida y capaz de mantener en vilo al lector con las sorprendentes características y comportamiento de estos extraordinarios seres. Destaca la exhaustiva documentación de la autora pero también el inteligente ejercicio de estilo que hace de este libro una lectura genial.

«Ahora que has leído estas páginas, conoces ya a los monstruos que acechan entre las sombras, bajo el mar y en la cima de las montañas.
Quizás sientas que estás preparado para enfrentarte a ellos porque has aprendido sus características y debilidades, pero sé prudente: pueden estar esperándote. Algunos monstruos también saben leer.«

A estas alturas no es ningún secreto que soy muy fan de Geòrgia Costa y que te recomiendo Monstruos del mundo sin reservas. Y no es que quiera meterte prisas pero, yo de ti, lo leería ya… antes de que hagas algo que ofenda a tu brownie y te encuentres viviendo con un boggart.

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Peter y Wendy, de J.M. Barrie

Todos los niños crecen, menos uno. Así empieza este extraordinario libro en el que tres hermanos ingleses descubren que su infancia tiene fecha de caducidad. Una noche, a punto de ser vencida por el sueño, Wendy sorprende a un extraño niño llorando en su habitación porque ha perdido la sombra. Conmovida, la niña le ayuda a atraparla y se la cose a los pies para que no vuelva a salir huyendo. Este es el principio de la amistad de Wendy y Peter, quien decide llevársela a Nunca Jamás, una isla poblada de piratas, hadas, sirenas, indios y niños perdidos. Wendy posee el don de contar historias, el mayor tesoro para Peter y sus niños, por eso desean que se quede para siempre en la isla ¿Acaso queda nada en Londres que la convenza para volver?

«—Hace tiempo —empezó—, yo también creía que mi madre siempre me iba a dejar la ventana abierta, y estuve fuera durante muchísimas lunas, hasta que un buen día volví. Pero la ventana estaba cerrada porque mi madre se había olvidado de mí, y había otro niño durmiendo en mi cama.
No sabemos si esto era verdad o no, pero Peter estaba convencido de ello, y los niños se asustaron mucho.
—¿Estás seguro de que las madres son así?
—Sí.
Conque esta era la verdad sobre las madres. ¡Vaya unas sabandijas! 

(…) En el fondo del corazón o de lo que ellos consideraban su corazón, sabían que se puede vivir perfectamente sin una madre y que son ellas las que se empeñan en que no.«

Penguin Clásicos
Fecha de publicación: enero 2018
Páginas: 224
ISBN: 9788491053354

El autor escocés Sir James Matthew Barrie publicó la versión definitiva de Peter y Wendy, la historia del niño que no quiso crecer en 1911, según una idea que paralelamente transformaría en una osada obra de teatro que acabaría por concederle merecidísima fama a Peter Pan y al mismo Barrie. Esta historia, pionera en su época, marcó para siempre un hito en la literatura infantil y fantástica, regalando a todos los niños (y adultos) del mundo el personaje de ficción más carismático y original de todos los tiempos. Barrie ofrece una encrucijada de múltiples lecturas iniciadas por una puerta a Nunca Jamás que cada lector abre según su edad. Aventuras, amor, fantasía, conflictos freudianos, miedo a crecer, ambición, muerte… Peter Pan es toda una fábula adulta codificada en una maravillosa leyenda infantil.

Cuenta Silvia Herreros de Tejada, especialista en J.M. Barrie y en Peter Pan, a cargo de esta edición de Penguin Clásicos, que Peter y Wendy se diferencia de la obra de teatro original, y de otras versiones, en que Barrie hace hincapié en el misterio de la existencia. Su protagonista es un niño que no quiere crecer, un héroe de personalidad compleja (a veces cruel, otras inocente, a veces feliz, otras casi siniestro) y con ecos freudianos. El personaje ya se había dado a conocer al público en la novela El pajarito blanco, donde era un bebé que se criaba con los pájaros y que acompañaba a los niños que se perdían en los jardines de Kensington hasta que sus madres volvían para recogerlos o hasta que morían abandonados y Peter tenía que enterrarlos en los mismos jardines. Un niño eterno, un niño que nunca muere, seguramente inspirado en el trauma que supuso para un Barrie de seis años y para su madre, la pérdida de su hermano mayor, David, cuando este contaba con 13 años de edad.

Peter y Wendy decepcionó al público cuando Barrie la publicó. Quizás porque esperaban el cuento infantil de la obra de teatro, la magia de las hadas y las sirenas, en lugar del héroe con complejo de Edipo, inmortal y cambiante, o la crítica soterrada a la sociedad victoriana de la época. Sin embargo, hoy es el libro traducido a más idiomas del mundo después de la Biblia y las adaptaciones teatrales y cinematográficas se cuentan por decenas (pese al flaco favor de la versión deformada e híper edulcorada de Disney).

Lector, contempla al niño eterno en su versión original, tan esquivo como un beso escondido.

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