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Mansfield Park, de Jane Austen
Como obra de caridad, la pequeña Fanny Price es acogida por sus tíos en Mansfield Park, una hermosa propiedad en el corazón de un parque de más de cinco millas de perímetro. Su padre es un borracho holgazán y su madre no es capaz de organizar una casa con nueve hijos y una renta miserable, por lo que enviar a Fanny con sus tíos ricos supone un alivio. Los Bertram y la tía Norris parecen dispuestos a recordarle a la pequeña constantemente la suerte de tener unos parientes tan generosos y, a la vez, la carga onerosa que resulta para ellos y lo inferior que es. Sus primos pronto se acostumbran a ignorarla excepto Edmund, el segundo hijo de sir Bertram, destinado a la clerecía y el único capaz de ver la bondad y el cariño de Fanny. Bajo la influencia protectora de su primo, Fanny llega a la edad adulta con una buena educación, gusto por la lectura y la reflexión, y un sistema de valores férreos en el que el engaño y la vileza no tienen cabida. Y será esa inflexibilidad de la honesta y cariñosa Fanny Price, su rectitud insobornable, la que la ponga en una difícil encrucijada entre la obediencia a quienes ama y la lealtad a sus principios y a su corazón.
«Pocas muchachas de dieciocho años hubieran podido verse menos animadas que Fanny a dar su opinión. De un modo discreto, y sin que sus palabras hallasen mucho eco, rendía su tributo de admiración a la belleza de Mary Crawford; pero como seguí considerando vulgar a Mr. Crawford, a pesar de que sus dos primas habían demostrado en repetidas ocasiones que ya no pensaban así, a él nunca le mencionaba.«

Masfield Park es esa novela de Jane Austen que la mayoría de lectores señalan como la menos preferida en sus corazones austenitas. Sin embargo, cuando la vuelves a leer años después de la primera vez, te das cuenta de que Fanny no es tan insufrible como recordabas y que, pese a tus prejuicios y orgullos y persuasiones, puede que estés ante la novela más extraordinaria de la extraordinaria Austen. Para empezar, una se pregunta cómo es posible que una novela en la que todos los personajes son imperdonablemente odiosos nos resulte tan magnífica; o que una historia en la que ninguno de esos personajes se redima —excepto quizás sir Bertram y su primogénito— permanezca para siempre entre nuestros clásicos más queridos.
Para mí, Mansfield Park es distinta por varias razones: su protagonista es pobre, apocada, y no tiene demasiado poder sobre su destino (no es la heroína Austen a la que estamos habituados); Austen se atreve a tratar directamente y con más detalle cuestiones que en sus otras novelas apenas se sugieren (la ambición social, la vileza humana, la denigración de la pobreza, el tráfico de esclavos, etc.); y por la magnífica construcción de un gran número de personajes complejos y, en su mayoría, de moralidad deplorable. Fanny Price me ha parecido uno de los mejores personajes de Jane Austen pues, independientemente de si te cae bien o de si piensas que es una acelga hervida, su coherencia es incuestionable y su dilema moral es planteado por la autora con una inteligencia e ingenio que no solo sustenta la mayor parte de la novela sino que además constituye el epicentro de análisis y crítica social más demoledor.
Hay dos detalles que me apetece compartir en esta reseña tan pobre y poco merecedora de este clásico: uno es la frase, en el capítulo treinta y cinco, «Nunca existieron dos seres tan opuestos (…)» referida a Fanny y a Henry, que automáticamente me recordó a su frase antónima, en Persuasión, sobre Anne y Frederick, «Nunca existieron dos corazones tan abiertos, ni gustos tan similares, ni sentimientos tan idénticos«; el otro es el capítulo final, que recibe muchas críticas de los lectores, pero que a mí me parece una muestra genuina de la intención literaria de Jane Austen, con esa advertencia inicial de que va a resolver felizmente la trama y de que va a hacerlo ya mismo porque ella no escribe dramas: «Que abunden otras plumas en la descripción de infamias y desventuras. La mía abandona en este punto esos odiosos temas, impaciente por devolver un discreto bienestar a todos aquellos que no estén en grave falta, y por terminar con todos los demás.«
Lector, disculpa mi torpeza habitual reseñando libros que me encantan y dale (otra) oportunidad a Fanny Price.
También te gustará: Persuasión; Orgullo y prejuicio; Lady Susan; La abadía de Northanger; Emma; Jane Austen en la intimidad
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En el otro bolsillo, de Laura Balagué Gea
Es otoño en San Sebastián y la oficial de la Ertzaintza Carmen Arregui lo lleva regular. Se ha quedado sin sus vacaciones de septiembre por culpa del caso del festival de cine, Iñaki languidece por Lorena, Fuentes parece que desea batir su marca de bocazas, las tareas domésticas se acumulan, su hermana Nerea tiene problemas con el imbécil de su marido y su madre le da sopas con honda. Para redondear octubre, a Carmen le han asignado el caso de María Prados, una enfermera que ha aparecido muerta en su domicilio con un golpe en la cabeza. Pero a medida que Arregui y su equipo investigan a la víctima, las incógnitas se multiplican alejándolos de la resolución del crimen: María Prados parecía llevar una doble vida, con ropa y coche de lujo, citas en Meetic y un montón de mentiras que nada tienen en común con la imagen que sus compañeros del ambulatorio parecen recordar.
«Cuando Nerea se fue, Carmen entró en el estudio, se sentó en las rodillas de Mikel y se abrazó a él sin necesidad de decir nada. Se dejó mimar y secar las lágrimas porque hasta las mujeres más fuertes tienen días en los que les puede la vida.«

Erein editores
Páginas: 304
Fecha de publicación: octubre de 2020
ISBN: 978-84-9109-642-9
Soy muy fan de la oficial Carmen Arregui. Tuve el placer de conocerla en Las pequeñas mentiras, su primer caso, y me sorprendió al encontrarme con una detective tan alejada de los cánones tradicionales de la novela negra y policíaca: Carmen está felizmente casada con un hombre encantador, tiene dos hijos estupendos y un equipo de trabajo que gestiona con éxito, come pintxos de tortilla, y cuando llega a casa pone lavadoras y lee a John Irving o a Wilkie Collins. Abrir En el otro bolsillo, el tercer libro de Laura Balagué protagonizado por Carmen, ha sido como reencontrarme con viejos amigos. Ambientada en ese otoño norteño de lluvias y jerséis cálidos, con las recetas de Mikel y de la amona, las copas de vino en el sofá al llegar a casa y esa prosa tan agradable de la autora… Los casos de la oficial Arregui están más cerca del cozy que del noir.
Etiquetas aparte, y aunque sabéis que no soy nada de este género, me ha encantado En el otro bolsillo, que empieza justo al hilo de la novela anterior, Muerte entre las estrellas. Creo que se ha convertido en mi novela preferida la oficial Arregui, quizás por todo lo que he explicado en el párrafo anterior sobre la ambientación y los personajes, pero también porque he tenido la sensación de que Laura Balagué escribía con más soltura y se encontraba muy a gusto entre sus protagonistas. Os la recomiendo porque es entretenida, original, cálida —aunque suene raro en una novela con asesinato— y con cierto sentido del humor. Además practica con mucho ingenio crítica social y de actualidad, resulta inevitable empatizar con los conflictos familiares y laborales de la protagonista por su cercanía, el estilo de la autora es personal, su prosa estupenda, y Carmen Arregui relee en la cama La piedra lunar.
Lector, viaja este otoño al norte sin salir de casa.
También te gustará: Las pequeñas mentiras; Muerte entre las estrellas; Vestidos de novia; Oskarbi21
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En el otro bolsillo
Del enebro, de Jacob L. y Wilhelm K. Grimm
Érase una vez, hace muchos, muchos, años, un matrimonio que se amaba profundamente. Vivían en una casa con un jardín presidido por un hermoso enebro que procuraba sombra, aroma, frutos y consuelo a una esposa desolada porque no podía ser madre. Un día de profunda tristeza, la mujer se sentó bajó el enebro y deseó de todo corazón tener un hijo blanco como la nieve y rojo como la sangre.
«Un día de invierno, estaba la mujer a la sombra del árbol pelando una manzana y, mientras la pelaba, se cortó un dedo y la sangre cayó en la nieve.
—¡Ay! —dijo la mujer y elevó un suspiro al cielo mientras miraba la sangre, con melancolía—. ¡Ojalá tuviera un niño tan rojo como la sangre y tan blanco como la nieve! Y al decir esto, le invadió una dicha enorme y se sintió afortunada, como aquello fuese una premonición.«

Jacob Ludwig Grimm (1785-1863) y Wilhelm Karl Grimm (1786-1859) fueron dos investigadores y lexicógrafos alemanes que recopilaron y consagraron por escrito parte de las leyendas, folclore y cuentos de hadas de tradición oral centroeuropeos. Sus relatos, traducidos a casi todos los idiomas, siguen siendo muy populares en nuestros días y, aunque nos sorprenda, su adaptación de los cuentos de hadas de tradición oral suavizó la violencia y crueldad de las versiones originales. Los hermanos Grimm publicaron por primera vez Del enebro en 1812, una historia horripilante —la he leído en Noche de Difuntos— que, como bien apunta Adriana Bertorelli en la introducción de la preciosa edición de Jekyll & Jill, a Shakespeare le hubiese encantado escribir «porque tiene reunidos, en un solo cuento, infanticidio, canibalismo, traición, envidia, crueldad extrema y una mala suerte cosmogónica«.
Los hermanos Grimm se autocensuraron muchos de los cuentos recogidos en el volumen de Cuentos de la infancia y del hogar. A lo largo de los años, llegaron a maquillar las versiones para hacerlas menos espantosas —quizás los niños del siglo XVIII tenían un temple distinto— y excluyeron algunos títulos por su crudeza, entre ellos, Del enebro. Y no puedo contar más porque la historia es tan breve e intensa que no me gustaría desvelar más de lo que os he contado. Al igual de Blancanieves, el punto de partida es una manzana y el pensamiento «blanco como la nieve, rojo como la sangre» y, aunque también salen madrastras malvadas, os prometo que no hay príncipe salvador. Como dice Adriana Bertorelli, que no os confunda la historia, pues los cuentos de hadas no son más que la metáfora de una sucesión de pruebas a superar para ingresar en la edad adulta.
Lector, una historia terrorífica y sangrienta que se lee en un escalofrío.
También te gustará: La nueva madre
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Del enebro
Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu
Un padre y su hija, de orígenes británicos, viven en su castillo de Estiria, no demasiado lejos de las ruinas de Karnstein, un lugar maldito y desolado. Ajenos a la leyenda tenebrosa del pasado, pasan sus días entre agradables paseos y veladas. Hasta que una tarde, un extraño carruaje sufre un accidente cerca del castillo y una dama misteriosa les pide un favor: se halla en un viaje urgente de vida o muerte y necesita que acojan a su joven hija Carmilla hasta su regreso. Llevados por su buen corazón y su generosa hospitalidad, padre e hija acogen a la recién llegada de buen grado y la hospedan en su hogar. Las dos jóvenes de inmediato sienten una profunda atracción recíproca. Fascinada por la belleza y el misterio de Carmilla, su anfitriona confiesa haberla conocido doce años atrás, en un sueño muy extraño. Pero cuando la inquietante enfermedad que aqueja a las muchachas de la región llega hasta el castillo, todo parece precipitarse en un torbellino de sospechas y antiguas leyendas resucitadas.
«Su dulce mejilla ardía contra la mía.
—Querida, querida mía —murmuró—, vivo en ti, y tú morirías por mí; te amo tanto…«

Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873) fue un escritor dublinés de novelas y relatos de misterio. Sus cuentos de fantasmas están considerados como las primeras historias de terror modernas. Uno de sus relatos más conocidos es Carmilla, que Le Fanu publicó por vez primera en 1871 y está considerada como el clásico de la literatura de terror que estableció el arquetipo original de vampiro femenino. Publicada veintiséis años antes de que Drácula, de Bram Stoker, Carmilla recoge las leyendas moravas de los upir (vampiros) y se atreve a plantear un amor lésbico marcado por la muerte y el intenso deseo de sangre. Carmilla, al igual que la condesa Báthory, siente debilidad por la sangre de las jóvenes doncellas más hermosas y su amor se tiñe de muerte.
Leí esta novela corta durante la noche del 31 de octubre con mis amigos Marisa, Cristina, Laura, Begoña, Jan y Adol, y nos lo pasamos en grande. No es un relato que provoque miedo, pero la ambientación es estupenda y alguna escena pone los pelos de punta. Si bien es cierto que desde el principio al lector se le dan las pistas necesarias para que entienda la naturaleza de Carmilla y su relación con Laura, el juego de seducción y entendido como una necesidad vital de la vampiro resulta muy bien planteado por Le Fanu. No importa lo mucho que sepas sobre Carmilla o la literatura de vampiros, esta es una novela corta que se disfruta por el suspense, por la originalidad —fue pionera en su época— y por ambientación gótica y casi onírica.
Lector, un clásico para disfrutar en tres horitas.
También te gustará: El vampiro; Frankenstein; Los archivos de Van Helsing; La historiadora
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