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La posada Jamaica, de Daphne du Maurier

Tras quedarse huérfana, la joven Mary Yellan vende su granja en Helford, al sur de Cornualles, y cumple la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte: mudarse a vivir con la tía Patience, la única familiar que le queda con vida. Pero Patience se ha casado y, junto a su marido Joss Merlyn, regenta la posada Jamaica, un establecimiento a pie del camino entre Bodmin y Launceston, en el corazón de los desolados páramos del norte de Cornualles. Mary llega a la lóbrega posada en medio de una tormenta para encontrarse que su tía Patience no es más que una sombra, una mujer consumida por la angustia, el miedo y la desesperación, totalmente supeditada y aterrada por su marido, un hombre violento e inmoral que guarda un oscuro y temible secreto. Mary cree que su tío Merlyn es el cabecilla de una banda de criminales miserables que viven del contrabando, lo que ha echado a perder la reputación de su negocio. Hasta que una noche de borrachera, al borde del coma etílico, el dueño de la posada Jamaica le confiesa por qué lo acosan los muertos. La espantosa revelación cambiará la vida de Mary Yellan para siempre.

«Echó un vistazo a la posada, siniestra y gris a la luz de la tarde, con las ventanas cerradas; pensó en los horrores que había visto la casa, en los secretos que ahora impregnaban las paredes junto con recuerdos más antiguos, festivos y luminosos, de chimeneas encendidas y risas, antes de que su tío la envolviera en su sombra; le dio la espalda como quien se la da instintivamente a una casa de los muertos y salió a la calzada.»


Alba Editorial
Primera edición: marzo 2018
Segunda edición: septiembre 2021
400 páginas
Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
ISBN: 978-84-9065-392-0

Daphne du Maurier (1907 – 1989) fue una brillante escritora británica, nacida en el seno de una familia acomodada y culta que le proporcionó una sólida educación: su padre era agente teatral, su madre actriz, su abuelo guionista y dibujante, su tío periodista, y sus primos, los Llewelyn Davies, sirvieron de inspiración a J. M. Barrie para Peter y Wendy. Quizás sus obras más célebres, probablemente por su exitosa adaptación cinematográfica, fueron Rebeca o Los pájaros, pero en su bibliografía destacan títulos tan notables como El río del francés (1941), Mi prima Rachel (1951), El chivo expiatorio (1957) o No mires ahora (1971). Du Maurier publicó por primera vez La posada Jamaica en 1936, una novela oscura y gótica, de suspense psicológico, ambientada en Cornualles, donde la autora residió durante gran parte de su vida adulta y escenario recurrente de sus historias (como, por ejemplo, Mi prima Rachel o El río del francés, entre otras).

En una nota a la primera edición de La posada Jamaica, Daphne du Maurier contaba que el establecimiento del título todavía seguía en pie, pero que ella había preferido ambientar su historia a principios del siglo XIX para dotarla de un pasado terrorífico. Aunque se trata de una de las primeras novelas de su autora y la ambientación histórica no es su punto fuerte —las relaciones interpersonales y las reflexiones de la protagonista son demasiado modernas—, resulta fácil reconocer el estilo de Du Maurier, su habilidad narrativa para describir paisajes naturales y tejer una trama de suspense o su maestría para crear personajes complejos y contradictorios, ambiguos (como Joss Merlyn, por ejemplo, con unas manos delicadas y brutales al mismo tiempo). La posada Jamaica es una novela de ambientación gótica, alrededor de una trama principal oscura y terrible que, además de avanzar a buen ritmo, mantiene el suspense hasta los capítulos finales.

Narrada en tercera persona, pero siempre desde el punto de vista de Mary Yellan, una narradora a menudo poco fiable debido a su inocencia y juventud, aunque siempre inteligente, la historia gira alrededor de sus personajes. Mary reflexiona sobre la maldición de ser una mujer en 1820 (en realidad, también en 1936), de perder la independencia al enamorarse, de verse limitada por su género a la hora de salvar a su tía, de llevársela lejos y empezar de nuevo ellas dos solas; sobre la debilidad femenina. En más de una ocasión, se lamenta por no haber nacido hombre, y aunque reconoce el amor como un peligro a su independencia no puede evitar verse arrastrada por la emoción. Otro de los grandes personajes de esta novela es Joss Merlyn, un hombre bestial, inmoral, que solo parece tocado por la humanidad cuando el alcohol lo vence y sus horrores lo visitan. Todo lo que rodea a Merlyn está tocado por la violencia, una violencia que acabará por arrollar también a Mary.

La posada Jamaica es una novela que se disfruta por la prosa de Daphne du Maurier, por sus descripciones de los desolados páramos, de los agrestes acantilados de su querido Cornualles, de la atmósfera gótica y del suspense, del horror al descubrir el oscuro misterio, y de sus carismáticos personajes. Pero también me ha gustado por sus contrastes, por el juego de ambigüedades que la autora llevaría a la perfección en Mi prima Rachel y que aquí ya apunta maneras. Me ha parecido una novela valiente por las reflexiones de su protagonista y por las escenas explícitas de violencia, tanto física como psicológica —no olvidemos que la autora publicó por primera vez en 1936—, con una trama gótica original y unos personajes a la altura de las mejores novelas de la autora. Por ponerle algún pero, y siempre a título personal, no me han gustado tanto los dos últimos capítulos y el desenlace: aunque no deslucen, ni mucho menos, la genialidad de este clásico, lo vuelven mucho más sombrío.

Lectora, para conocer la pluma más gótica de Daphne du Maurier.

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Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

En 1801, el caballero Lockwood llega a Cumbres Borrascosas, la finca de uno de los potentados de la región occidental de Yorkshire, el señor Heathcliff, para ultimar las condiciones del alquiler de la Granja de los Tordos. Admirado por la belleza del agreste paisaje de páramos, bosques y cumbres nevadas, Lockwood queda intrigado por la hosquedad y el odio que parecen profesarse todos los habitantes de Cumbres Borrascosas. Una vez instalado en la Granja y aquejado de un fuerte resfriado, el recién llegado inquilino le pregunta a su ama de llaves, la señora Ellen Dean, por la trágica historia de Heathcliff y los demás habitantes de las Cumbres ¿por qué se odian tanto? Ellen, también protagonista de esa historia, se apiada del desconcierto del caballero y decide contarle con detalle el origen de tanta desolación. Todo empezó con la llegada del señor Earnshaw a casa tras un largo viaje desde Liverpool. Sus hijos, Hindley y la hermosa Catherine, esperaban impacientes en Cumbres Borrascosas, pero cuando su padre llegó no traía los regalos de costumbre sino a un pequeño niño salvaje, llamado Heathcliff, que había encontrado vagando por la ciudad y del que se había apiadado. Hindley, que lo ve como una amenaza a su condición de único heredero, decide odiarlo desde ese mismo instante, pero la impetuosa Catherine, casi de su misma edad, encuentra en Heathcliff a su más íntimo y querido compañero de juegos. Aunque Earnshaw le toma cariño al recién llegado y le da la misma educación que a sus hijos, Heathcliff no se adapta bien a la vida de Cumbres Borrascosas: ni criado ni señor, el pequeño crece orgulloso y fuerte con el único cariño de su adorada Catherine.

«Mi amor por Heathcliff se asemeja a las eternas rocas de las profundidades: una fuente de escaso placer visible, pero necesario. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Él está siempre, siempre, en mi mente. No como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser. Así que no hables de nuestra separación de nuevo. Es imposible.«


Valdemar Editorial
Traducción de Rafael Santervás
Colección Gótica nº55
Primera edición: noviembre de 2004
Segunda impresión: diciembre de 2014
Segunda edición: febrero de 2026
400 páginas
ISBN: 9788477029762

Emily Jane Brontë (Thornton, 1818 – Haworth, 1848) fue una escritora y poeta británica. Hija de un párroco, la quinta de seis hermanos, se educó y creció muy ligada a su familia y, todavía más, a los agrestes y solitarios páramos de la región occidental de Yorkshire. En 1847, Emily Brontë publicó Cumbres borrascosas bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell, muy poco después de que sus hermanas Charlotte y Anne Brontë publicasen Jane Eyre y Agnes Grey, respectivamente, con los seudónimos de Currer y Acton Bell. Gótica y romanticista, ambientada a principios del siglo XIX, Cumbres borrascosas es una de las obras más destacadas de la literatura victoriana, una historia sobre la rebelión del mal contra el bien, de los desposeídos, la historia de una terrible venganza, de una pasión atormentadora que traspasa la muerte y que resulta imposible de desarraigar de los brezales y páramos del Yorkshire de Emily Brontë.

Valdemar publicó por primera vez Cumbres borrascosas en noviembre de 2004, en su colección Valdemar Gótica, y una reimpresión diez años después. Últimamente, la editorial ha estado revisando los libros agotados de su catálogo en Gótica y, para mayor felicidad de sus lectores, está reimprimiendo algunos de sus títulos más emblemáticos. En febrero de 2026, Cumbres borrascosas vuelve a librerías de la mano de Valdemar, con nueva cubierta, para la segunda edición revisada de este clásico imprescindible de la literatura victoriana. Con traducción de Rafael Santervás, una corrección y edición impecables y con introducción de Antonio José Navarro, me parece la opción más acertada para redescubrir o leer por primera vez a Emily Brontë. Cumbres borrascosas es uno de mis clásicos preferidos de todos los tiempos, quizás mi novela favorita de la literatura victoriana. La he leído una media docena de veces a lo largo de mi vida lectora y en cada ocasión ha sido una experiencia distinta y a la vez inmutable como las eternas rocas de las profundidades. Distinta, porque los lectores cambiamos y porque nuestro estado de ánimo trastoca la percepción de nuestra lectura. Pero inmutable porque, no importa cuando la leas, Cumbres borrascosas siempre será un clásico oscuro, transitado por personajes malditos y rebeldes, conmovedor, indomable como su autora.

La acogida inicial de la novela no fue demasiado positiva, se consideró salvaje y extraña, y eso que todavía no se sabía que había sido escrita por una mujer. Cumbres borrascosas tenía mucho de disidente, pues Heathcliff, un marginado, se atrevía a rebelarse contra sus patrones, contra el maltrato y el embrutecimiento al que lo sometían desde la infancia, relegándolo a una condición de animal salvaje con el derecho que les otorgaba su posición social. En una sociedad victoriana en donde los estamentos sociales eran rígidos y rara vez se contemplaba el mestizaje matrimonial, que una novela presentase a un protagonista capaz de vengarse de sus amos, codiciar a la heredera y destruir su hacienda, era cuanto menos desconcertante. Charlotte Brontë, que siempre defendió la obra de su hermana, argumentaba que a los lectores que no conocían a Emily, ni las costumbres ni paisajes de la región occidental de Yorkshire, Cumbres borrascosas podría parecerles «cruda y rara». Charlotte se refería al discurso duro y brutal de la mayoría de los protagonistas (los criados maldicen e insultan a sus amos), al comportamiento diabólico (esto incluye reaccionar ante el maltrato y vejación del hacendado, no resignarse a su condición de parias) y excéntrico de algunos personajes y a las expresiones desatadas de dolor, desesperación, injusticia y muerte. En resumen, algo muy chocante en una novela protagonizada por dos familias de la gentry (la pequeña nobleza rural), a principios del siglo XIX.

En Cumbres borrascosas todo gira en torno de la venganza y la obsesión de Heathcliff, un personaje único por su dureza, su crueldad y su amor eterno por Catherine Earnshaw, y que se ha comparado con una versión victoriana del héroe maldito byroniano. Heathcliff y Cathy son dos mitades de la misma alma atormentada, imposibles de separar el uno del otro, incluso más allá de los umbrales de la muerte. Su pasión es obsesiva, legendaria en la historia de la literatura, siempre enmarcada en los paisajes únicos de niebla, viento y frío, de lluvias torrenciales, surcado de fantasmales gritos desgarradores, de terrible tormento del alma y tumbas abiertas al más puro estilo romántico de los cánones del movimiento del siglo XIX (un amor oscuro, opresivo, morboso y eterno propias de gótico literario y del romanticismo). Una historia de pasiones desatadas, de destrucción y aniquilación —del ser amado, de la propia, de su descendencia—, pero también de rebelión contra el orden establecido, la rebelión de un huérfano marginal contra los hacendados que lo condenan a cumplir un destino de clase sin darle una sola oportunidad.

Emily Brontë escribe con energía febril y realista, a borbotones, hasta el punto de que sus personajes cobran vida de una manera tan dolorosa y vibrante que se escapan al control de su pluma. Sus diálogos sinceros y directos, sus protagonistas salvajes, su historia de pasión, odio y venganza, de rebeldía contra el establishment, el paisaje solitario y romanticista de sus páramos y brezales, hacen de Cumbres borrascosas un clásico singular y valiente de la literatura gótica y victoriana. Ninguna eternidad extinguirá la voz de Emily Brontë.

Lectora, inolvidable.

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El último caso de Drury Lane, de Ellery Queen

Un visitante misterioso, disfrazado con una barba imposible, llega a la Agencia de Detectives Thumm con un extraño encargo: deja un sobre cerrado con instrucciones para abrirse en presencia del famoso actor Drury Lane, en el caso de no dar señales de vida a la agencia trancurrido un mes. Los Thumm, padre e hija, aunque extrañados, aceptan custodiar el sobre porque viene acompañado de una buena suma de dinero, muy de agradecer en los malos tiempos que corren. Unas semanas después, un joven se presenta en la agencia para denunciar la desaparición de un guarda de seguridad de conocida honradez llamado Donaghue. Thumm, que conoce al desaparecido porque, al igual que él, es ex-policia, se presta a hacer algunas indagaciones previas, convencido de que todo tiene una explicación sencilla. Sin embargo, las pistas le llevan al Museo Británico de Nueva York, en donde un valioso manuscrito de William Shakespeare, El peregrino apasionado, ha desaparecido al mismo tiempo que Donaghue. Para mayor desazón de los Thumm, dejan de tener noticias del misterioso hombre de la barba imposible, por lo que deben de abrir el sobre que les dejó en depósito. Drury Lane, actor shakespeariano retirado que vive en una mansión llamada Hamlet, es la persona que los Thumm necesitan para arrojar algo de luz en sus dos casos.

«—Teniendo en cuenta la cantidad de detalles absurdos que hay alrededor de todo este asunto —murmuró Drury Lane levantándose y acercándose—, sospeché que podía ocurrir algo parecido —su rostro de camafeo estaba lleno de curiosidad—. Estamos compitiendo con un antagonista inteligente y con sentido del humor. ¡Extraño, muy extraño! ¿Está usted seguro de que este es el ejemplar robado, doctor Choate?«

Ellery Queen es el seudónimo con el que los neoyorkinos Frederic Dannay (1905 – 1982) y su primo Manfred B. Lee (1905 – 1971) firmaron el centenar de novelas y relatos policíacos que escribieron juntos. El último caso de Drury Lane fue publicado por primera vez en 1933, bajo el seudónimo de Barnaby Ross, nombre con el que Dannay y Lee escribieron los cuatro libros protagonizados por el retirado actor teatral Dury Lane. Como el título deja entrever, se trata del cuarto libro de esta breve saga y me ha parecido un caso policíaco de lo más entretenido y original.

El último caso de Drury Lane es la primera novela que leo de Ellery Queen y me ha cautivado por su ritmo sostenido, su sentido del humor, sus personajes y el misterio alrededor de los manuscritos de William Shakespeare. Está ambientada en Nueva York, a principios de la década de los años treinta del siglo pasado, a juzgar por las referencias de estrechez económica y sobre la Gran Guerra a lo largo de la novela. Los autores plantean un acertijo interesante sobre la existencia de un documento perdido de Shakespeare en el que se dilucidaba un misterio que podría cambiar la Historia de la literatura. Alrededor de este enigma principal, la trama se enriquece con desapariciones, persecuciones, suplantación de identidad, secuestros, tiroteos, etc. de manera que en cada capítulo sucede algo emocionante, contribuyendo a mantener la atención del lector de principio a fin con un ritmo sostenido y varias sorpresas narrativas. El otro gran punto fuerte de esta historia es, sin duda, sus carismáticos personajes. Construidos con una solidez psicológica remarcable, constituyen el factor decisivo para convertir El último caso de Drury Lane en una excelente novela policíaca. Destaca la figura del arrollador inspector Thumm, pero también la de los secundarios y sospechosos, y sobre todo la de Patience, la hija y socia del detective, que resulta de lo más fascinante —y a veces contradictoria— por su espíritu apasionado en contraste con el encorsetamiento de género de su época (y quizás porque sus creadores son hombres de su tiempo).

Lectora, un simpático y curioso misterio shakesperiano investigado por detectives neoyorkinos de los años treinta del siglo XX.

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Mis abuelas y yo, de Diana Holman-Hunt

Diana es una niña inquieta, curiosa y un poco ingenua, que vive feliz y muy querida en la mansión campestre de sus abuelos maternos. Huérfana de madre, su educación queda sujeta a las excéntricas sugerencias de un padre ausente que envía cartas desde la India recomendando que la niña aprenda a jugar al tenis, a montar o que pase tiempo con su otra abuela, Nana, la viuda del artista prerrafaelita William Holman Hunt. Diana podría haber crecido feliz en la mansión de sus abuelos maternos, rodeada de cariño, corriendo por la playa, cultivando la amistad de un supuesto pirata, saltando el muro de las serpientes, creyendo en las hadas del páramo y esperando la llegada de su prima preferida. Pero fueron las terribles estancias en la lúgubre casa-museo londinense de Nana, regida por el hambre, la miseria y la suciedad, las que forjaron su carácter resolutivo y admirable.


Alba Editorial
Traducción de Daniel de la Rubia Ortí
rara avis (número de colección 63)
352 páginas
Fecha de publicación: octubre de 2023
ISBN: 978-84-1178-016-2

Diana Holman-Hunt (1913 – 1993) nació en Londres. Huérfana de madre a muy temprana edad, y con un padre funcionario destinado en la India y en Birmania, vivió y se educó durante toda su infancia y adolescencia a caballo entre la casa campestre de sus encantadores y refinados abuelos maternos y la casa londinense de su chaladísima abuela paterna. Mis abuelas y yo es una novelización de esas memorias de infancia y juventud, escritas en primera persona por la autora, con un gran sentido del humor, pero también con la determinación de quien ha aprendido a valerse por sí misma en las circunstancias más peculiares.

Con una prosa ágil y precisa, Diana Holman-Hunt muestra con colorido desparpajo su día a día en casa de sus respectivas abuelas, confiando a la mirada de sus lectores opinar o juzgar los hechos que narra. Además de su notable habilidad en el arte de mostrar con tanto encanto y empatía, en Mis abuelas y yo, destacan los magníficos diálogos, que caracterizan a cada uno de los personajes y constituyen la pieza clave de estas ingeniosas memorias juveniles. Con muy buen pulso narrativo y un ritmo que no decae en ningún momento, la autora contrasta las escenas idílicas en casa de sus abuelos maternos con las escalofriantes estancias en la casa londinense de Nana. La abuela paterna de Diana, viuda del artista prerrafaelita William Holman-Hunt, aparece como una vieja chiflada que vive de la gloria pasada de su marido, entre cucarachas y obras de arte, y no gasta ni un penique en las necesidades básicas de su nieta (sin cama en una casa de habitaciones vacías, sin apenas comida, sin agua, etc.). Aunque la autora se cuida de evitar juicios de valor a lo largo de todo el libro, lo cierto es que el retrato de Nana y de sus estancias en su casa, por muy teñido de cariño y de nostalgia que esté, resulta inmisericorde, incómodo para un lector que reconoce abuso y maltrato infantil, cuanto menos.  Tal vez por esta razón, el segundo esposo de Diana le recomendó que no publicase Mis abuelas y yo, por lo que autora retrasó su salida a librerías hasta después de la muerte de su marido.

Es difícil terminar estas maravillosas memorias de infancia y juventud sin sentirse amiga de Diana, sin desear darle un buen abrazo a la niña abandonada que fue. Su biografía adulta parece girar alrededor de los hombres de su vida: nieta del afamado pintor prerrafaelita, divorciada de su primer marido, esposa en segunda nupcias de un terrateniente, un hijo diplomático experto en Asia Central… Y, sin embargo, Mis abuelas y yo también es el retrato de una joven decidida e inteligente, que tuvo que adaptarse a las excéntricas condiciones de su educación, tanto sentimental como intelectual, que viajó por Europa y que se interesó en el legado cultural de su familia y de su infancia: en 1969 publicó My Grandfather, His Wives and Laves, una biografía sobre su abuelo, y en 1974, un libro sobre el pintor chileno Álvaro Guevara, Latin Among Lions. Aunque vivió gran parte de su adultez en un entorno rural, volvió a Londres al enviudar, firmó su obra literaria con el apellido compuesto de su famoso abuelo, y mantuvo una vida social tan ajetreada como la de Nana.

Lectora, unas memorias excéntricas y maravillosas. Imposible no terminar este libro sin querer darle un abrazo grande a Diana.

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La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, de Théophile Gautier

En los relatos de La cafetera. Cuento fantástico (1831) y Ónfale. Historia rococó (1834), un protagonista joven y atolondrado se enamora perdidamente de una mujer hermosa y fantástica, pero cuando despierta no está seguro de si ha sido un sueño o algo mucho más escalofriante y sobrenatural.

La muerta enamorada (1836) es el relato que da nombre a esta antología de cuentos sobrenaturales de Théophile Gautier. Un joven sacerdote, a punto de tomar los hábitos, cae presa de la bella Clarimonde, la misteriosa cortesana italiana que lo arrastrará hasta la romántica Venecia, donde el precio a pagar por sus placeres puede que se cobre en sangre.

El caballero doble (1840) interpreta una antigua leyenda nórdica sobre el nacimiento de un niño cuyo destino se rige por dos estrellas, una malvada y otra benévola. En El pie de momia (1840) y en Arria Marcela (1852), Gautier explora lo sobrenatural y lo fantástico invitando al lector al Antiguo Egipto, en el primer relato, y a recorrer las calles de Pompeya justo antes de la erupción del Vesubio —con una espléndida descripción histórica—, en el segundo.

Puede que el relato más sorprendente y espeluznante sea Dos actores para un papel (1841), por la intervención de Lucifer en persona y por esa mirada tras las bambalinas tan bien caracterizada por el autor.


Alba Editorial
Traducción de Andrés Ruiz Merino
Tapa dura
168 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2025
ISBN: 978-84-1178-201-2

Théophile Gautier (1811 – 1872) fue un poeta, novelista, periodista y crítico literario educado en París y precursor de movimientos artísticos como el parnasianismo o el simbolismo. Gautier, que se inició en el arte como crítico cultural por indicación de Honoré de Balzac, adscribe sus primeros relatos de ficción al romanticismo de su época hasta que, en 1835, publica su novela Mademoiselle de Maupin, en cuyo prólogo expone los principios del «arte por el arte» que constituirían parte de los fundamentos del parnasianismo. Este movimiento tendría su más visible exponente en el libro de poemas de Gautier, Esmaltes y camafeos (1852). Este principo —alrededor del que otros autores de la talla de Oscar Wilde, en Gran Bretaña, o Charles Baudelaire, en Francia, también publicarían— partía del supuesto de que el arte no tenía por qué justificarse moralmente.

Los relatos de la antología La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, recogidos por Alba Editorial en su colección Alba Clásica con traducción de Andrés Ruiz Merino (atención a las fabulosas y más que bienvenidas notas a pie de página de este traductor), fueron publicados originalmente por Théophile Gautier entre los años 1831 (La cafetera) y 1851 (Arria Marcela), por lo que son perfectos para observar la transición de sus inicios romanticistas hacia otra manera de entender la literatura, enmarcada en el movimiento cultural del parnasianismo. En este sentido, La cafetera y Ónfale están escritos en un tono y un lenguaje descriptivo propios del romanticismo, con ese ensalzamiento casi desesperado de la belleza, la presencia de lo onírico y de la muerte, o unas descripciones que me llevaban a imaginar a los personajes dentro de un cuadro de Fragonard.

La muerta enamorada, en cambio, aunque conserva rasgos de expresiones románticas propias de la literatura de su época, lleva el relato más allá de cualquier consideración moral, sin detenerse en juzgar el comportamiento blasfemo del sacerdote protagonista o de la petición de Clarimonde de que la ame más que a su dios. Gautier muestra sin caer en moralidad alguna, llevado por una narración que mantiene la tensión hasta el final a un ritmo desasosegante. Destaca la escena sublime del joven protagonista masculino acudiendo al dormitorio de la cortesana muerta, para dispensarle la extrema unción, como si entrase por vez primera en su cámara nupcial: «Pues el amor es más fuerte que la muerte y acabará por vencerla«. No desvelaré más de este relato más allá del apunte a los lectores de que Théophile Gautier escribió y publicó La muerta enamorada 36 años antes de que Sheridan Le Fanu publicase su Carmilla y unos 61 años antes de que Bram Stoker publicase Drácula.

Tal vez sean La muerta enamorada y Arria Marcela —ambientación que me ha recordado a Memorias de los últimos días de Byron y Shelley— los dos relatos de esta antología en los que resulta más evidente la destreza de Gautier para mantener la tensión narrativa y enredar al lector en una atmósfera de desesperación y desastre inminente. Con la diferencia de que La muerta enamorada es mucho más romántica, en estilo y forma, que Arria Marcela, algo más sobria, muy bien documentada y enmarcada en la Pompeya del emperador Tito Flavio. Sin embargo, también he disfrutado enormemente de El pie de momia, el cuento más divertido de esta antología. Si bien Gautier muestra trazas de un travieso sentido del humor en los dos primeros relatos (La cafetera y Ónfale), en El pie de momia cuenta una historia sobrenatural de tinte cómico en la que guiña un ojo a la supuesta superioridad de los colonizadores imperialistas de su siglo y anticipa ese interés creciente en la egiptología, las momias y sus maldiciones, que habría de ponerse tan de moda en la Francia y la Inglaterra victorianas.

Lectora, cuentos sobrenaturales, escalofriantes y divertidos para conocer a Théophile Gautier.

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