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Archivo del Autor: Monica
Vienen mal dadas, de Laura Gomara
Ruth Santana malvive en Barcelona, con dos trabajos y sin apenas nada que llevarse a la boca, desde que una entidad bancaria la echó de su casa pero no le condonó la deuda de la hipoteca. Una noche, presa de la desesperación, convencida de que ya no tiene nada que perder, de que morirá despacio por inanición, tropieza con Hugo Correa, un misterioso y turbio personaje que le ofrece otra salida. Ruth, que pensaba que no podía caer más bajo, que siempre se había tenido por la niña que tenía remordimientos por quedarse con las vueltas del pan, se sorprende a sí misma planteándose un camino poco ortodoxo. Al fin y al cabo, quizás no se haya rendido del todo, quizás todavía tenga esperanza. Por las calles más oscuras de Barcelona, una extraña tripulación pirata acaba de enrolar a su último miembro antes de zarpar rumbo a la caza del tesoro.
«Si te mata la mar, te mató, es algo rápido, como un cartucho de dinamita explotándote en las manos. Ya está. Todas las heridas curan o matan, aunque sigan doliendo de vez en cuando. Pero en la calle estás solo rodeado de un montón de gente que te desprecia; de otra que está en la misma situación que tú y que, sin tener nada personal contra ti, querría que desparecieras del mapa.»

Vienen mal dadas no es del todo una novela negra o, al menos, no es tan oscura como para que encaje a la perfección en el género. Quizás por su retrato realista de la situación de Ruth —candente para el lector, que seguro que lo ha vivido de cerca o en propia piel—, quizás por el romanticismo de la figura misteriosa de Hugo Correa, o por la mirada triste (pero no desesperada ni morbosa) sobre la ciudad nocturna, me resisto a enmarcala en el noir literario. Me gusta porque, pese a su aire noir, pese a las referencias delictivas, casi roza la novela de aventuras clásicas: las referencias a La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, al espíritu de compañerismo y la lealtad entre ladrones (Robin Hood y sus compinches en el bosque de Sherwood, bien podrían haber elegido una casa okupa de Sant Antoni si viviesen en nuestros días, ¿y no hubiesen robado bancos que no aceptan la dación en pago?), al barco pirata y su tripulación, al tesoro escondido, al capitán (por algo Hugo Correa es marino)… Laura Gomara ha sabido dar a Vienen mal dadas ese punto de aventuras clásicas y héroes (o anti-héroes) que se crecen ante la adversidad que tanto me ha gustado y que tan bien ha sabido conjugar con el realismo de su historia. Porque en esta novela todo es posible, probable, real; la situación de pobreza de sus personajes no es novelesca sino realista: pequeños delitos que arruinaron vidas (como en el caso de Bosco), malas decisiones, hipotecas asfixiantes, mecánicos sin trabajo, sociópatas olvidados por la asistencia sanitaria del sistema… Ninguno de ellos está en la calle por una circunstancia fantasiosa o novelesca, por desgracia están ahí por algo que podría pasarnos a cualquiera de nosotros, simples lectores mortales.
El baile entre Ruth y el Gallego está muy bien medido, los personajes secundarios, equilibrados, y la investigación policial, junto con la historia de venganza que persigue al protagonista, aderezan la trama en su justa medida. El resultado es una novela fascinante, por su realismo y su sensibilidad, muy entretenida, de excelentes personajes, y con el punto perfecto de suspense. Además, me ha parecido un plus que la autora haya optado por ese tono de nostalgia de las novelas de aventuras clásicas y por no abandonar del todo la esperanza… pese a vienen mal dadas, sí señora.
Lector, te gustará porque se sale de los tópicos pese a sus referencias clásicas.
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La nueva edición viene con un prefacio de la autora y un relato inédito:
Vienen mal dadas, en papel
Vienen mal dadas, en digital
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La nueva madre, de Lucy Clifford
Blue Eyes y Turkey viven felices en una pequeña casita, en medio del bosque, junto a su madre. Papá está casi siempre fuera, por eso ellas procuran portarse siempre bien y ser gentiles con la pobre mamá. A veces, van solas hasta el pueblo, en busca de la correspondencia de su padre, y cuando hay carta vuelven felices y raudas, y mamá siempre las espera con té calentito y pan dulce. Hasta que un día, una misteriosa muchacha, junto al camino, las tienta con un misterio a cambio de que sean malas, muy malas, verdaderamente malas. No está en su naturaleza infantil la maldad deliberada pero… ya sabéis lo que dicen, la curiosidad mató al gato.
«—No volváis tarde —les dijo su madre, como siempre hacía antes de que partieran—. Id por el camino más corto, no miréis a los extraños con los que os encontréis y ni se os ocurra hablar con ellos.
—No, mamá —respondieron. Ella las besó y les dijo que eran unas niñas muy buenas, y se fueron contentas.»

Lucy Clifford (Londres, 1846-1929) fue una escritora y periodista autora de novelas y relatos que obtuvieron una buena acogida del público y de la crítica en su época. Quizás por eso me parece muy acertada la reflexión con la que Víctor Selles, traductor de esta edición de La nueva madre y otros dos relatos de Clifford, abre su prólogo: las azarosas circunstancias de la fortuna del escritor para ser recordado por la posteridad como un clásico o desaparecer en las brumas del olvido. Cuenta Selles que la escritora victoriana se topó con el cambio del siglo y la modernidad, que el público perdió el interés en sus narraciones después de la Primera Guerra Mundial, cuando se rompió definitivamente con las sensibilidades victorianas y eduardianas. Tras la Gran Guerra y los felices años veinte, voces como las de Virginia Woolf, James Joyce o D.H. Lawrence dictaban la nueva literatura y, aunque todavía quedaban rebeldes de cierta nostalgia eduardiana como E.F. Benson (ver en este blog Mapp y Lucía), Lucy Clifford y su inquietante terror victoriano pasaron a formar parte de las filas de un pasado condenado a acumular polvo en las estanterías más recónditas de la desmemoria.
Sin embargo, no se puede hablar de literatura victoriana sin recordar a Lucy Clifford, cuyo relato de terror La nueva madre inspiró a Henry James para Otra vuelta de tuerca o, más recientemente, a Neil Gaiman para su Coraline. Inquietante, creepy y con tintes de leyenda popular europea rescatada de la tradición oral —al lector le vendrán a la cabeza algunos de los relatos originales de los Grimm, aquellos cuyas primeras traducciones al inglés le leía Mary Wollstonecraft a su hija Mary por las noches— es sencillo reivindicar La nueva madre como una pieza de singular valor de la literatura gótica victoriana, y del terror clásico.
Completan esta pequeña antología de Lucy Clifford, los relatos El pez falso y Wooden Tony, también protagonizados por niños y también de carácter inquietante, melancólico y terrorífico como un cuento de hadas popular. Esta es la primera vez que se publica en edición digital y en castellano La nueva madre; traducción(*), selección y prólogo a cargo del escritor Víctor Selles, y magnífica portada de Mr.Jav! Doodles.
Lector, victoriana y creepy, ¿qué más quieres?
(*) Nota: atención a la traducción de la antología, los lectores afines a la literatura victoriana sabrán apreciar la sutil lealtad de Víctor Selles a la etimología, léxico y tono narrativo propios de las obras británicas de la época.
Para más información, en casa de Víctor Selles: Rescatar a una escritora del olvido
También te gustará: El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde; Frankenstein; Siempre hemos vivido en el castillo
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La nueva madre y otros cuentos
El atlas de las nubes, de David Mitchell
En 1850, en plena fiebre del oro, Adam Ewing, un notario estadounidense, visita las islas Chatham, en la Polinesia, a bordo del Prophetess. En 1931, el músico Robert Frobisher encuentra el diario de Ewing en la biblioteca del anciano genio Vyv yan Ayrs, en Brujas; es allí donde compone su obra maestra, el sexteto de El atlas de las nubes, y escribe a menudo a su buen amigo Rufus Sixsmith para informarle de tales desventuras. En los años 70, en San Francisco, la periodista Luisa Rey descubre que el reactor nuclear de la isla de Swannekke podría tener graves problemas de seguridad. Solo el informe de un anciano ingeniero atómico, Rufus Sixsmith, premio Nobel de Física y ex-integrante del proyecto Manhattan, puede demostrar el peligro que conlleva poner en marcha esa central nuclear. Pero los intereses financieros y políticos más salvajes están dispuestos a asesinar con tal de evitar que dicha información salga a la luz ¿Qué importa que la central explote o contamine el planeta de manera mortífera? Lo primordial es lucrarse. Sonmi-451, un clon sintético del futuro explica su rebelión desde la prisión en la que está confinada. El joven Zachry, en lo que queda de las islas Hawai tras la caída postnuclerar del planeta, trasmite por tradición oral todo el conocimiento y las tradiciones de su tribu, exenta de tecnología pero con un vago recuerdo de la misma; después del desastre universal, el retorno a la naturaleza y el respeto por los semejantes es lo único que les mantiene a salvo. Adam, Robert, Luisa, Sonmi-451 y Zachry solo tienen en común un antojo en el omoplato, una marca de nacimiento con forma de violín, y la capacidad de optar por hacer lo correcto pese a que sean los únicos en oponerse a los monstruosos designios de los todopoderosos salvajes.
«Tumbado en el fondo de la canoa, veía balancearse las nubes. Las almas surcan las eras como las nubes los cielos, y aunque las nubes cambien continuamente de forma, color y tamaño, una nube siempre es una nube y un alma siempre es un alma ¿Quién sabe de dónde vienen las nubes y dónde estará el alma mañana? Nomás lo sabe Sonmi: el este y el oeste, la brújula y el atlas, sí señor, el atlas de las nubes.»
Me gustan mucho las lecturas que requieren de la materia gris del lector para llegar a buen puerto; me gustan esos libros que te obligan a apuntarte frases; me gustan las novelas que te hacen reflexionar sobre la humanidad, pero sobre todo y por mi alma de historiadora impenitente, sobre la Historia del ser humano y su recalcitrante tendencia a la autodestrucción. Ofrece David Mitchell, en El atlas de las nubes, varias lecciones históricas que no hemos asimilado y aprendido todavía —de ahí nuestra tendencia a tropezar siempre con la misma piedra u otra parecida— y asombra la facilidad y la brillantez que tiene el autor para plantear, incluso cuando se trata de una novela de ficción, cuestiones universales. Una de las que más me ha gustado es su confrontación entre los conceptos de civilización y estado salvaje: dice uno de los personajes de Mitchell que salvaje es aquel que solo piensa en satisfacer sus deseos de manera inmediata, sin tener en cuenta nada más; mientras que civilizado es aquel que piensa a largo plazo, que medita antes de actuar y opta por la conservación y la supervivencia en el futuro; por eso, los empresarios capitalistas que solo piensan en su enriquecimiento inmediato sin tener en cuenta la conservación de planeta, son salvajes y, en cambio, la tribu maorí que dialoga sus conflictos, respeta la naturaleza, declara tabú atentar contra otras vidas o piensa en la tierra que legará a sus hijos y nietos, es la más civilizada del planeta.
El atlas de las nubes es un magnífico juego de muñecas rusas en el que cada una de las historias encaja a la perfección en la anterior, en una sucesión temporal que requiere de la colaboración del lector para ir ensamblando las piezas del rompecabezas. Una narración fluida, llena de suspense y acción, con personajes carismáticos y universos tan probables que dan escalofríos, sobre las consecuencias de un gesto generoso o salvaje de un solo ser humano en la Historia de toda la humanidad. Una reflexión genial sobre el poder del conocimiento científico y sus malos usos: la ciencia, que sacó al homo sapiens del estado salvaje de los simios, será también la responsable de nuestra extinción a finales del siglo XXI. Un libro extraordinario que entrelaza con sorprendente verosimilitud pasado, presente y futuro de la humanidad.
«La ciencia seguirá inventando instrumentos bélicos cada vez más sanguinarios hasta que un día la capacidad destructora de la humanidad superará a la capacidad creadora y nuestra civilización se precipitará a la extinción (…). Nuestra voluntad de poder, nuestra ciencia y todas las facultades que nos elevaron del nivel de los simios al de los salvajes y de ahí al hombre moderno, ¡son las mismas facultades que acabarán con el homo sapiens antes de que termine el siglo!»
Lector, este es uno de esos libros que pese a haberse terminado en nuestras manos permanece mucho tiempo abierto en nuestras cabezas.
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Seis de cuervos, de Leigh Bardugo
En la ciudad portuaria de Ketterdam, hogar de ricos comerciantes, no existe barrio más peligroso que el Barril, ni cerebro criminal más brillante que el de Kaz Brekker. Apodado Manos Sucias, Kaz prospera entre el robo, la extorsión y el juego, mientras una antigua sed de venganza arde como el carbón en sus pupilas. Cuando se le ofrece la oportunidad de enriquecerse como nunca antes había soñado, decide arriesgarse pese a que la misión propuesta sea poco menos que un suicidio. Para acometerla reunirá a dos de sus más fieles colaboradores, a una Mortificadora Grisha, un antiguo soldado druskelle, un rehén inesperadamente valioso y todas sus reservas de ingenio y experencia. Si vuelven vivos al Barril puede que sea para dejar sus calles para siempre.
«El conocimiento de que tal vez no volvieran a verse, de que algunos o tal vez todos podían no sobrevivir a esa noche, era pesado en el aire. Un jugador, un convicto, un hijo fugado, una Grisha perdida, una chica suli que se había convertido en asesina, un chico del Barril que se había convertido en algo peor (…). ¿Qué los unía? ¿La avaricia? ¿La desesperación? ¿Era solo el conocimiento de que si alguno o todos ellos desaparecían esa noche nadie iría a buscarlos?»
Quizás conocéis a Bardugo por su trilogía Grisha (el primero de los libros se tradujo en castellano como Sombra y hueso) pero yo era la primera vez que leía a esta autora y me ha dejado boquiabierta. Seis de cuervos es la primera entrega de una bilogía (la segunda parte se titula Crooked kingdom, en castellano, ni idea) que destaca por su elegante prosa, su buena ambientación y la excelente construcción de unos personajes carismáticos y singulares. No solo son seis personas con habilidades especiales, más o menos marginados por la «honrada» sociedad de una próspera ciudad de comerciantes, sino que son seis caracteres complejos, bien matizados y tan fascinantes como la misión imposible que les han encomendado. El resultado es un libro que mantiene en vilo al lector no solo por el suspense de su trama o por sus espectaculares escenas de acción sino también por el pasado y las motivaciones de esos seis protagonistas.
Leigh Bardugo hace gala de una habilidad extraordinaria al dosificar la información sobre cada personaje, desvelando el pasado de cada protagonista a pequeños sorbos. Este buen pulso narrativo evita saturar al lector con una montaña de datos sobre la mochila emocional de cada protagonista a la vez que mantiene eficazmente el suspense: el lector no puede dejar de preguntarse por qué el personaje reacciona como lo hace en el hilo narrativo presente o qué circunstancias le han llevado a sentirse así. En mi opinión, es un equilibrio literario difícil de conseguir con la fluidez y naturalidad con la que lo hace Bardugo. El protagonismo de estos personajes tan arrebatadores unidos a los excelentes giros de la acción hacen de Seis de cuervos una novela de referencia en el género fantástico pero también en el de la narrativa contemporánea.
Lector, esta sí que es trepidante y auténtica.
También te gustará: La segunda revolución. Heredero; El nombre del viento; El temor de un hombre sabio
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Seis de cuervos
Cómo ser un gatete, de Kitty Pusskin
Ser un gatete está muy bien: tienes un montón de tiempo libre para dormir, eres la monada de la casa, puedes practicar a hacer el ocho entre las piernas de tu humano, afilar las uñas con sus mesas y sillas, y calcular el momento exacto en el que necesita levantarse para enroscarte en su regazo. Si tienes alguna duda sobre cómo reaccionar con indiferencia a la ausencia de tu humano (porque no eres un perro), o desobedecer sus órdenes (insisto: no eres un perro), morder cables, competir contra el ordenador o el mejor lugar donde vomitar tus bolas de pelo, este es tu libro.
«Schrödinger es conocido como físico cuántico, pero también era otra cosa: un mal hombre. Un hombre muy malo, en realidad. Créeme, no puede salir nada bueno de un gatete encerrado en una caja que contiene un frasco de veneno, una fuente de radioactividad y un contador Geiger.
Si alguna vez se te acerca un científico, recuerda que el experimento del gato del Schrödinger no es una paradoja: es un motivo para llamar a la protectora de animales. Cualquier situación en la que estés vivo y muerto al mismo tiempo no puede terminar bien.«

ISBN: 9788416700592
Colección: No ficción
Páginas: 148
Fecha de publicación: 22-06-2017
Cómo ser un gatete (la guía definitiva para vivir entre humanos y conseguir triunfar siempre) es un libro simpatiquísimo e ingenioso que conquistará a todos los lectores que conviven con gatos y a los que todavía no lo hacen pero les han entrado unas ganas terribles de llevarse uno a casa después de leer estas páginas. Se trata de una lectura divertida, muy feelgood y con mucho encanto, escrita por una gata, Kitty Pusskin, desde su experiencia como felino. Lejos de considerarse una mascota, Kitty reconoce que la mayor virtud de los humanos es que proporcionan comida y protección, pero no escatima ocasiones para animar a sus colegas a desafiarlos, arañarlos o desconcertarlos con su indiferencia natural.
Me lo he pasado en grande con Cómo ser un gatete porque derrocha tanto cuquismo y feelgood como promete su título, su portada y su autora. Que levante la mano el lector que no necesita de vez en cuando olvidarse del mundo humano y disfrutar de la compañía de nuestras pacientes mascotas. Observarnos a través de los ojos de nuestro gato, con nuestras locas costumbres y nuestras estúpidas reacciones, no solo es divertido y simpático sino que también nos ofrece una pequeña guía sobre el cuidado y la psicología de estos animales.
Lector, el adorable equivalente libresco a ver vídeos de gatetes en Youtube.
También te gustará: Mi familia y otras especies en extinción; Todas las criaturas grandes y pequeñasSi quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
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