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Los gondoleros silenciosos, de William Goldman

Hubo un tiempo en el que los mejores cantantes del mundo fueron los gondoleros de Venecia. S. Morgenstern todavía recuerda el magnífico regalo de Navidad de una mañana de diciembre cuando, siendo niño, escuchó cantar a los gondoleros sobre el Gran Canal. Esta es la historia de Luigi, el último descendiente de una larga dinastía de gondoleros de voces prodigiosas, cuya habilidad con la pértiga no tenía parangón… hasta que decidió cumplir un sueño imposible.

«… porque en mi sueño había oído de nuevo el sonido de aquellos gondoleros navideños. Y, mientras parpadeaba, me di cuenta de que ningún niño de hoy puede disfrutar del privilegio de escuchar aquellas prodigiosas voces.
Y eso era algo terrible.
De súbito se apoderó de mí una obsesión: ¿por qué los gondoleros habían dejado de cantar? ¿Cuál era el motivo de su silencio? ¿Por qué se había privado al mundo de esa maravilla?«

William Goldman (1931 – 2018) fue un novelista, dramaturgo y guionista estadounidense genial que adaptó a la gran pantalla éxitos como Todos los hombres del presidente, Misery, La princesa prometida, Dos hombres y un destino o Marathon man, entre otras. Bajo el seudónimo de S. Morgenstern escribió las novelas de La princesa prometida (1973) y Los gondoleros silenciosos (1983), una hermosa y divertida fábula sobre los sueños imposibles y el misterioso silencio de los mejores cantantes del mundo.

La mejor carta de presentación de William Goldman la constituye, sin duda, ser el autor de La princesa prometida. Así que si en esta reseña os confieso que Los gondoleros silenciosos es la novela más divertida, ingeniosa, bella y original que he leído este año, sé que me creeréis. En apenas ciento cincuenta páginas, Goldman nos cuenta una fábula sobre abrazar la singularidad para encontrar un camino propio en el marco de una Venecia surcada por gondoleros cantantes, los peores turistas, unos instructores terribles, curvas imposibles, los mesoneros más peculiares y el mismo Enrico Carusso. Con su característico humor y su encantador estilo, Goldman trenza historia y fantasía para envolver al lector en un mundo desaparecido del que solo queda el eco olvidado de sus excéntricos héroes. La edición de Ático de los libros es preciosa, el libro más cuidado que he leído de esta editorial; la traducción de Mercedes Herrera Perol, magnífica.

Lectora, diez años después de la publicación de La princesa prometida, Goldman vuelve a poner en manos de Morgenstern una fábula divertida, conmovedora y bella.

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Cinco semanas en globo, de Jules Verne

En enero de 1862, el doctor Samuel Fergusson compadece ante la Real Sociedad Geográfica de Londres para hacerla partícipe de la aventura para la que está recaudando fondos: se ha marcado el objetivo de atravesar el corazón de África, desde la costa este hasta la oeste, siguiendo los pasos de las expediciones de Barth, Burton y Speke. África es el gran continente desconocido, todavía queda mucho por cartografiar, pero la novedad que propone Fergursson deja a los ingleses pasmados pues piensa llevar a cabo su misión desde el aire, viajando en un globo aerostático. Acompañado por su leal criado Joe y por su amigo Kennedy, el científico aeronauta parte desde Mozambique a bordo del globo Victoria, convencido de que por el aire tendrá mejor visión del terreno inexplorado y se mantendrá a salvo de enfermedades, animales salvajes y tribus belicosas. Pero su extraordinario viaje va a resultar mucho más peligroso de lo que nunca llegó a imaginar.

«El deslumbrante narrador persuadía a su auditorio de que tras un viaje como aquel se harían muchos otros. No era más que el comienzo de una larga serie de empresas sobrehumanas.
—Como veis, amigos míos, una vez que se ha probado este género de locomoción, ya no se puede prescindir de él; por eso, en nuestra próxima expedición, en vez de ir de lado, iremos hacia delante, siempre subiendo.
—¡Entonces llegaréis a la Luna! —dijo un oyente maravillado.
—¡A la Luna! —respondió Joe—; no, palabra, eso es demasiado vulgar; todo el mundo va a la luna. Además, allí no hay aguay tendríamos que llevar provisiones enormes, e incluso atmósfera en frascos, si queremos respirar.«

Jules Gabriel Verne (Nantes, 1828 – Amiens, 1905) fue un escritor y ensayista francés, admirado por sus novelas de aventuras y ciencia ficción, tan bien documentadas, imaginadas y argumentadas, que a menudo se lo tacha de visionario. Verne es un hombre de su tiempo, de una segunda mitad del siglo XIX caracterizada por la rapidez en que la ciencia y la tecnología avanzaban y cambiaban. Curioso, analítico y de portentosa imaginación, siempre interesado en la naturaleza, la ciencia y la tecnología, sus aventuras literarias a menudo se acercaron muchísimo a las posibilidades futuras de los humanos: submarinos, cohetes espaciales, motores eléctricos, ascensores… En 1863, Verne publicó Cinco semanas en globo, la primera novela de su saga Viajes extraordinarios, e inmediatamente se convirtió en un éxito de ventas.

Somos muchas las lectoras a las que el nombre de Jules Verne nos recuerda a nuestros veranos de infancia, aquellos que se nos antojaban un largo paréntesis paradisíaco y en los que era fácil que nos encontraran, durante las horas de más calor, leyendo libros de aventuras y misterio. Cada verano, echo de menos leer a Verne, Blyton, Christie, Kipling, Salgari, Stevenson… Así que cuando MH de Las inquilinas de Netherfield me dijo que iba a leer Cinco semanas en globo, allá que me embarqué sin pensármelo dos veces. Esta primera novela de Verne es un respetuoso y rendido homenaje a los grandes exploradores del siglo XIX, que a menudo encontraron una muerte horrible en el continente africano, pero también una aventura emocionante y un viaje en globo tan bien documentado como si se tratase de un ensayo en lugar de una ficción. Es una novela muy de su época, con protagonistas ingleses (muy ingleses) de la segunda mitad del siglo XIX, entretenida, divertida y fascinante. Pese a sus fallos, es admirable, teniendo en cuenta de que se trata de una de las primeras novelas del autor. Y, como curiosidad, atención a las menciones que hace Verne sobre viajar a la Luna.

Lectora, para recordar las aventuras de nuestra infancia.

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La fiesta, de Margaret Kennedy

En el hostal rural Pendizack, en St. Sody, al norte de Cornualles, la familia Siddal intenta gestionar su negocio hotelero en tiempos de crisis. Ese verano, especialmente duro tras la Segunda Guerra Mundial, sus huéspedes son de lo más variopinto: una viuda avariciosa con sus tres hijas encantadoras, sir Henry con su glotona esposa y sus cuatro hijos espartanos, el insoportable reverendo Wraxton y su pobre y desquiciada hija, una escritora madura y su joven amante y un matrimonio mayor duramente marcado por la pérdida de su única hija. Los huéspedes se relacionaran con los tres jóvenes Siddal —dos estudiantes parásitos y un médico que se cree imprescindible—, sus disfuncionales padres, un chico para todo al que le encanta lo morboso, una criada a tiempo parcial que está recuperándose de la guerra y de un desengaño amoroso, y una mayordoma repugnante que no hace absolutamente nada más que envidiar a los otros. La tragicomedia sobrevuela a todos estos personajes en una cuenta atrás cada vez más perturbadora, pues un terrible accidente está a punto de segar algunas de esas vidas.

«A veces pensaba que quizás, simplemente, era una tristeza que ella misma llevaba a aquel lugar, donde tiempo atrás había sido una niña feliz, haciendo recados entre Pendizack y la casita de su padre sobre los acantilados. Porque la verdad era que había vuelto a casa con el corazón lleno de pena y el invierno había sido largo.«

Margaret Kennedy (Londres, 1896 – 1967) fue una dramaturga y escritora inglesa aclamada por el público y la crítica por su obra La ninfa constante (1924). Kennedy publicó por primera vez La fiesta en 1950, una novela etiquetada como misterio clásico, aunque resulta tan distinta del concepto que sorprende su clasificación. Esta es la primera vez que leo a la autora y aviso que La fiesta es mi mejor lectura de este año.

Dice la crítica literaria que La fiesta es un misterio clásico a la altura de las mejores novelas de Agatha Christie, Daphne du Maurier o P. D. James. Personalmente, entiendo la comparación con estas tres reinas de la literatura clásica (a mí también me las ha recordado en algunos planteamientos), pero lo cierto es que Margaret Kennedy brilla con un estilo propio muy personal y que La fiesta no es una novela de misterio convencional. Aunque parte de la premisa de que un acantilado se ha despeñado sobre un hotel y ha matado a siete de sus huéspedes —lo que ayuda a incrementar la tensión narrativa a medida que nos acercamos al final y queremos saber quiénes mueren—, se trata de una novela coral de personajes. Ambientada en septiembre de 1947, en un momento histórico en el que Inglaterra sufre las peores consecuencias socio-económicas de la Segunda Guerra Mundial (pobreza, escasez de recursos, cartillas de racionamiento, impuestos insoportables, Estados Unidos anuncia el fin de sus créditos blandos y el gobierno socialista londinense se ve del todo desbordado), todos sus personajes adultos han sido tocados por el terrible conflicto bélico, pero no todos son buenas personas con una sólida escala de valores. Kennedy maneja con maestría este punto de vista narrativo coral, que va cambiando de un personaje a otro con agilidad y ritmo, para mostrarnos (que no definirnos) cómo es cada uno de los protagonistas. De manera que, a media novela, los lectores ya tenemos nuestros favoritos (que deseamos que escapen indemnes del accidente mortal) y nuestros detestados.

La habilidad de Margaret Kennedy para construir personajes es admirable, se trata de una autora con un gran conocimiento de la naturaleza humana y de la psicología y su estilo narrativo, fluido, elegante, preciso, emocional, en La fiesta queda al servicio de todos estos caracteres tan realistas. Si bien la crítica literaria señala que la novela versa alrededor de la personificación de los siete pecados capitales, lo cierto es que también nos invita a reflexionar sobre cómo la Segunda Guerra Mundial trastocó Inglaterra y su estructura de clases sociales, sobre la catadura moral de las personas más allá de los valores religiosos, sobre los diferentes modelos de maternidad (atención a las cinco madres protagonistas) o sobre el papel de la mujer en Europa occidental tras la guerra. La fiesta es un clásico que impresiona por sus personajes, por el ritmo y la tensión narrativa, porque se queda contigo, y te invita a reflexionar, durante días después de haber cerrado el libro, y por la inteligencia y la sensibilidad de Margaret Kennedy.

Lectora, inolvidable.

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Asesinato en el Richelieu, de Anita Blackmon

La tranquilidad de Adelaide Adams, una dama sureña retirada en el hotel Richelieu, salta por los aires cuando un hombre aparece asesinado en su habitación. La víctima resulta ser un detective privado que alguien del Richelieu ha contratado para investigar un caso de chantaje. Indignada por la poca profesionalidad de la policía, la observadora Adelaide decide seguir algunas pistas por su cuenta, pero pronto se hará cargo de que todos los inquilinos del hotel son sospechosos, pues todos y cada uno de ellos oculta más de un secreto. Con la inesperada ayuda de un misterioso vendedor de cosméticos y su sólido conocimiento de la naturaleza humana, la señora no tarda en ponerse sobre la pista del asesino, pero también en su punto de mira.

«Para algunas personas mostrar interés por el comportamiento de sus semejantes es solo una muestra de ociosa (y morbosa) curiosidad. En más de una ocasión se han referido a mí como «esa solterona entrometida», basándose únicamente en mi interés por estudiar de cerca la comedia humana. En cualquier caso, en el Hotel Richelieu suceden pocas cosas de las que no me entere tarde o temprano, y tengo muy buena memoria, especialmente para los detalles. Pocas cosas pasan desapercibidas para mi vista y mis oídos, y no olvido nada, aunque pueda despistarme de vez en cuando.«

Anita Blackmon (1892 – 1943) nació en Arkansas, en el seno de una familia acomodada, estudió en la universidad de Chicago y se ganó la vida como profesora hasta que, después de su matrimonio, cambió las aulas por la escritura. Blackmon publicó, sobre todo, relatos policíacos, que tuvieron muy buena acogida en las revistas de la época, pero también publicó una novela costumbrista y dos novelas de misterio: Asesinato en el Richelieu (1937) y El enigma de los gatos asesinados (1938), ambas protagonizadas por Adelaide Adams. A la autora se la considera una maestra en el manejo del Had-I-but-known (algo así como Si lo hubiese sabido) dentro del género de misterio, recurso que también utilizó de forma brillante Ethel Lina White, entre otras autoras de la época.

Asesinato en el Richelieu está narrado en primera persona por su protagonista, la señora Adelaide Adams, que tiene unos cincuenta años aunque, por lo visto, para los estándares estadounidenses de 1937 se la considera una anciana. Por la diferencia de edad, pero también por la disparidad de caracteres, Adelaide no recuerda en absoluto a la Miss Marple de Agatha Christie, aunque sí que comparte con el famoso personaje su capacidad de observación y su buen conocimiento de la naturaleza humana. Su genio, su anticuada educación sureña y su carácter indómito ponen el contrapunto divertido a una trama que, analizada en perspectiva, es más negra de lo que parece. La pluma de Anita Blackmon es práctica y precisa, no se para en descripciones. Los puntos clave de la historia que plantean el misterio y hacen avanzar la trama son, respectivamente, un amplio elenco de personajes —que Adelaide retrata con rapidez en un par de pinceladas o comentarios sarcásticos— y unos diálogos rápidos y contundentes. La capacidad de la autora para manejar con soltura tantos personajes, y los pequeños misterios que los envuelven y los hacen parecer sospechosos, es admirable. La historia transcurre a buen ritmo, es muy amena, a veces incluso divertida, y mantiene el misterio con muy buenos golpes de efecto y el recurso de Si lo hubiese sabido que tan bien funciona como efecto de suspense.

Lectora, no podía dejar de pensar en Solo asesinatos en el edificio.

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La escalera de caracol, de Ethel Lina White

Helen Capel, la joven dama de compañía de la señorita Warren, vuelve a La Cúspide, la aislada mansión de la familia que la ha empleado, tras un largo paseo. La noche está próxima a caer y, de pronto, los árboles se le antojan hombres al acecho. No es que Helen sea miedosa sino que sobre la lúgubre casona de los Warren pesa una leyenda negra que, junto a la noticia de que un estrangulador anda suelto por la zona, no contribuye a su tranquilidad. Por suerte, la joven cuenta con la protección del matrimonio Oates, al servicio de los Warren, y del doctor Parry. Pero cuando una tormenta se cierne sobre La Cúspide y llega la noticia de que otra muchacha acaba de ser asesinada muy cerca de la casa, Helen empieza a temer que una mente criminal se encuentre detrás del drama que se ha desencadenado en la mansión.

«Cuando estuvo fuera, en el vestíbulo del semisótano, se detuvo ante la duda. Era más rápido usar el camino de atrás. Pero, al mirar la espiral de escaleras estrechas y poco iluminadas, se encogió, sintiendo que nada la inducía a subirlas. Había demasiados giros en el camino, demasiadas aristas. Cualquier cosa, o cualquier persona, podría estar al acecho en la siguiente esquina, esperando saltar sobre ella.»

Ethel Lina White (1876 – 1944) fue una escritora galesa de novelas de misterio que en las décadas de los años 30 y 40 del siglo pasado alcanzó tanta celebridad como Agatha Christie o Dorothy L. Sayer. Para nuestro pesar, de sus dieciséis novelas de misterio, solo nos quedan tres en ediciones no descatalogadas, en nuestro idioma: La dama desaparece (1936), La primera vez que murió (1935) y La escalera de caracol (1933). A Ethel Lina White se la reconoce como la creadora del thriller psicológico más brillante, puesto que perfeccionó el género de forma sublime. Una buena muestra es La escalera de caracol, una novela de suspense que me ha tenido en tensión desde el primer capítulo hasta el final.

La escalera de caracol es un clásico del suspense que destaca por el estilo narrativo de su autora, por su atmósfera gótica y opresiva, por su ritmo y tensión sostenidos, y por el cariz dramático de sus personajes (a destacar la extraña madrastra de los Warren y la pérfida enfermera) y el equilibrio de poder que establecen entre ellos. Helen Capel es una protagonista gótica un tanto inusual: frágil, curiosa (por no decir insoportablemente cotilla), valiente, espabilada, pero también un poco impertinente y respondona. La historia se narra desde su punto vista, con escasas excepciones: breves párrafos con el punto de vista de otros personajes que la autora maneja con maestría para aumentar la tensión y la inquietud con sucesivos giros de tuerca sobre los nervios de los lectores. El resultado es un thriller psicológico que te hace disfrutar y sufrir a partes iguales, a medida que el suspense va en aumento y la sombra de la sospecha se va desplazando de un personaje a otro. Un clásico extraordinario que fue adaptado al cine por Robert Siodmark, en 1946, y que Who editorial publicó en castellano, en enero de 2022.

Lectora, un clásico del suspense que no te puedes perder.

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