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La mansión embrujada, de Mary Stewart

La pequeña Gilly Ramsey, hija de un pastor protestante tradicional y una mujer fría y distante, crece solitaria y sin cariño a las afueras de un pueblecito minero. Su paso por el internado tampoco es afortunado o feliz, y llega a la edad adulta con la sensación de que solo las esporádicas visitas de su enigmática prima Geillis han sido botones de luz en la oscuridad de su pasado. A la muerte de sus padres, se encuentra sola y sin un lugar a donde ir, hasta que un bufete de abogados la informa sobre las disposiciones testamentarias de la prima Geillis, que le ha dejado todo cuanto posee, incluido Thornyhold, un hermoso cottage en Wiltshire, junto al bosque de Westermain. Gilly se muda a la casita campestre sin prejuicios ni expectativas, ajena a las sorpresas que la aguardan. Hechizada por la más bella naturaleza, entre brujas, conjuros, grimorios, palomas misteriosas, un perro perdido y encontrado y unos vecinos peculiares, Gilly  está a punto de entender que nunca es demasiado tarde para reconocer la verdadera felicidad.

«Está defendida de la brujería y de la magia negra. En la esquina sudoeste de la casa hay tejos y enebros, así como fresnos, serbales y un laurel. Y el seto de espinos tiene intercaladas algunas plantas del santo espino de Glastonbury. Todo esto sin olvidar los saúcos. En una ocasión su prima me mostró el trazado. Esa historia la había fascinado y se ocupó de mantener todo tal y como estaba.«

Aunque la escritora británica Mary Stewart (1916 – 2014) es conocida por sus sagas de fantasía artúrica, también fue autora de libros infantiles y de novelas de romance gótico. Es en este último género en el que se incluye La mansión embrujada (Thornyhold, 1988), aunque, en mi opinión, también encajaría muy bien dentro de categoría Feelgood por la evolución tan bonita que hace su protagonista, la poca importancia que tiene el romance en las tres cuartas partes de la novela y la paz que procuran las hermosas descripciones de la naturaleza que tan feliz hace a la encantadora Gilly. Y, con esta última frase, estoy segura de que ya adivinareis lo mucho que he disfrutado de esta novela.

El inicio de La mansión embrujada es sublime, hace que al lector le sea imposible no seguir leyendo. Recuerda a esos primeros capítulos de La abadía de Northanger, de Jane Austen, o de Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Tiene ese punto de romanticismo inglés, sin duda, y una prosa elegante y expresiva, tan estilosa, que es otro de los puntos fuertes de esta lectura. Mary Stewart sabe mantener el suspense, administrando muy bien el planteamiento de pequeños misterios relacionados con la brujería, pero sin caer del todo en el género sobrenatural, a la vez que nos muestra el cambio de su protagonista: cómo va ganando autoestima y seguridad en ella misma, como se reconcilia con su infancia, retoma su relación con la naturaleza y se ve capaz de aceptar y prodigar todo el cariño que le fue negado en su infancia. El resto de personajes brillan con su propio encanto, aunque es sin duda la mansión del título, la naturaleza que crece en su jardín y en su bosque y todas las criaturas que acuden allí en busca de cuidados lo que le otorga a esta novela singularidad y encanto. Una lectura que, pese a no ser perfecta, aporta paz, nos acoge en su sencillez y nos hace sentir bien sin ninguna complicación y con un toque de optimismo y humor.

Lectora, ojalá más novelas de romance gótico (o lo que sea) de Mary Stewart.

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El misterio del Bellona Club, de Dorothy L. Sayers

La vida no sonríe al capitán George Fentiman: no acaba de recuperarse de la psicosis de guerra, no encuentra trabajo y, por mucho que su esposa trabaje día y noche, el dinero no les llega ni para cubrir los gastos de alquiler y comida. Es uno de los muchos exmilitares desmovilizados tras el Armisticio de la Primera Guerra Mundial que volvieron a casa con graves secuelas por el horror de las trincheras y que frecuentan el decadente Bellona Club entre las miradas severas de sus viejas glorias. Como su abuelo, el anciano general Fentiman, que parece haberse quedado dormido en su butaca habitual, cerca de la biblioteca, hasta que descubren que, en realidad, está muerto detrás de las páginas de su diario. Como amigo de la familia y socio del Bellona, Lord Peter Wimsey es requerido por el abogado de los Fentiman para aclarar la hora del fallecimiento pues resulta de gran importancia para determinar las disposiciones testamentarias del anciano: la hermana del general, fallecida esa misma mañana, le ha dejado cinco millones de libras en herencia. Si la anciana murió antes que el general, el dinero va a parar a George y Robert Fentiman, los nietos del difunto, pero si el general ha muerto antes que su hermana, la mayor parte del dinero de la herencia se lo quedará la sobrina que vivía con ella, la antipática Anne Dorland.

«Doce mil libras irían a parar a la señorita Ann Dorland. El resto pasaría a su hermano, el general Fentiman, si seguía vivo a la muerte de lady Dormer. Si, por el contrario, fallecía antes que ella, las condiciones se invertirían; en ese caso, el grueso del dinero iría a parar a la señorita Dorland, y se dividirían quince mil libras a partes iguales entre el comandante Robert Fentiman y su hermano George.«

Dorothy L. Sayers (1893 – 1957), publicista, escritora, traductora y dramaturga, fue una de las primeras mujeres en recibir un título por la Universidad de Oxford y se educó en Lengua y Literatura. Miembro del Detection Club, del que llegó a ser presidenta, y conocida por sus novelas de misterio, Sayers siempre dijo que su mejor obra era la traducción de la Divina Comedia de Dante. Su detective más conocido es Lord Peter Wimsey, un aristócrata inglés que ha servido en la Primera Guerra Mundial y que, de vuelta en Londres, se distrae resolviendo casos criminales. El misterio del Bellona Club es el cuarto libro de la saga de Lord Peter Wimsey, fue publicado por primera vez en 1928 y, hasta la fecha, es mi novela preferida de Sayers.

Escogí empezar a leer a Dorothy L. Sayer por Veneno mortal porque era la primera entrega de su saga de Lord Peter Wimsey en la que aparecía Harriet y, claro, era de las novelas preferidas de Verity. Sin embargo, he disfrutado mucho más de El misterio del Bellona Club por la ambientación histórica, los personajes, el crimen y su resolución, y el propio Bellona Club y sus excéntricos socios. Es admirable la delicadeza y la precisión con la que Sayers nos muestra, apenas en un par de líneas, la terrible realidad de los soldados que volvieron de la Primera Guerra Mundial, destrozados física y psicológicamente, a menudo con dificultades para volver a la vida cotidiana, para encontrar trabajo, para superar sus heridas, la tristeza por los compañeros y familiares que murieron, el horror compartido… Una cuestión de fondo en El misterio del Bellona Club que no pasa desapercibida, pero que no es la única: Sayers también nos muestra el cambio social y de género en un momento en el que las mujeres se resisten a dar un paso atrás en sus derechos tras haber asumido, durante la guerra, responsabilidades civiles activas como nunca antes en siglos anteriores (recordemos que el sufragio femenino en igual edad de los hombres en Inglaterra no se consigue hasta 1928, justo la fecha de publicación de esta novela).

Lectora, para disfrutar de un cozy mystery y mucho más en el Londres del Armisticio de 1928.

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Piso compartido, de Ana Flecha Marco

Cinco amigas acogen con alegría a una joven en un piso en donde cabe la nostalgia y el recuerdo, pero sobre todo la amistad, el humor, la valentía y la voz de quienes no siempre pudieron elevarla lo suficiente. Peluquería clandestina, la hora del café, una biblioteca de palabras para que no se pierdan en el recuerdo y la conversación extraordinaria de seis mujeres que son nuestras amigas, abuelas, madres, hermanas. Que son nuestra historia.

«El filandón es una tradición que sigue viva principalmente en la provincia de León. Me lo explica Olvido, que es la que importó esa costumbre a esta casa. Filandón viene de hilar, pues eso es lo que hacían las mujeres que se reunían en una casa después de cenar, mientras contaban historias al calor de la lumbre. En esta casa no se hila, pero sí se borda, se teje y se remienda.
Esto de reunirnos a charlar y a hacer labores después de la cena lo llevamos haciendo toda la vida, pero fue Olvido la que le puso el nombre y las cosas solo existen cuando se las nombra (…).«

Ana Flecha Marco es una escritora leonesa tocada con el don de saber contar a través de las palabras y las ilustraciones, de la traducción y la música. Conocía su nombre de haber leído un ensayo ilustrado por ella, 20 buenísimas razones para no leer nunca más, de Pierre Ménard, aunque este Piso compartido ha sido mi primer encuentro con su prosa. Qué difícil reseñar esta obra, de apenas un centenar de páginas, en la que la única trama son sus personajes y en donde la historia más importante es el estilazo que se marca la autora.

Piso compartido me lo recomendó Marta Marne en Instagram y le hice caso porque, para sorpresa mutua (ella tan de negra y yo tan de blanca), a menudo coincidimos en gustos lectores. Y al terminar de leer a Ana Flecha Marco, caes en la cuenta de que cuando una autora nos regala con un estilo tan bonito, ingenioso y brillante, apenas importa qué género literario tenemos entre las manos. Me han gustado estas protagonistas, su historia, su risa, sus locas rutinas y este piso compartido, pero lo que me ha enamorado es el ritmo gramatical, la metáfora y el pulso, personalísimo, de su autora. Belleza, paz y originalidad.

Lectora, lee a Ana Flecha Marco y me cuentas.

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El asesinato de Santa Claus, de Mavis Doriel Hay

La familia Melbury al completo se reúne en la casa paterna de Flaxmere, en el condado de Haulmshire, para celebrar las Navidades. Sir Osmond Melbury, el cabeza de familia, viudo y peculiar, mantiene un sinfín de pequeños conflictos con todas sus hijas: no le gusta el prometido de Jennifer, sigue sin perdonar a Hilda por fugarse con un artista, no quiere ayudar a su nieta Carol con la financiación de sus estudios de arquitectura… Parece que la única que sabe manejarlo con cierta mano izquierda es su secretaria, la eficiente señorita Grace Portisham. Corren rumores de que sir Osmond va a cambiar su testamento y toda la familia teme un escándalo. Pero en medio de la tregua navideña, en plena visita de Santa Claus, se produce un espantoso asesinato. El caso es asignado al coronel Halstock, vecino de los Melbury, que pese a que ha visto crecer a todos los hijos de sir Osmond, empieza a estar harto de que todos ellos le mientan.

«Conozco a la familia Melbury desde la época en la que Jennifer —la hija menor— y yo trepábamos juntos a los árboles y construíamos cabañas en el jardín de Flaxmere. Sé lo suficiente de ellos, pues, como para dejar por escrito todo lo necesario acerca de la historia de la familia y arrojar luz sobre la situación general de la Navidad de 1935, cuando se cometió el crimen de Flaxmere.«

Mavis Doriel Hay (1894 – 1979) fue una escritora inglesa que, además de publicar ensayos especializados sobre la industria y la artesanía rurales, cuestiones en las que llegó a ser una gran experta, publicó con éxito, en la década de los años treinta del siglo pasado, tres novelas de misterio clásico pertenecientes a la llamada Golden Age. Sus novelas han sido recuperadas por la British Library y reeditadas en su colección de Crime Classics. Es la primera vez que leo a Mavis Doriel Hay y avanzo que El asesinato de Santa Claus me ha gustado muchísimo. Allá voy, empezando el nuevo año bloguero por todo lo alto con Mrs. Hay.

El asesinato de Santa Claus es un misterio clásico ambientado en Navidades, en una casa familiar en la campiña inglesa, con un planteamiento estupendo de whodunit y un montón de protagonistas femeninas de lo más interesante. La autora saca buen partido a las rencillas familiares, a la cuestión del testamento del cabeza de familia y al entorno de los sirvientes, empleados y vecinos, y utiliza el punto de vista de distintos narradores para ir exponiendo las circunstancias del crimen. El narrador principal es el investigador, el coronel Halstock, amable, inteligente y directo, que no hace trampas al lector. El estilo de Mavis Doriel Hay es elegante y conciso, pero cálido, con diálogos tan precisos como el resto de la narración, muy agradable de leer y con un don especial para acercar el caso al lector. Me ha parecido un ejemplo extraordinario de algo que suelo reivindicar a menudo: si resulta fácil y sencillo de leer es porque detrás hay un trabajo impecable de estilo. A sus pies, señora Hay.

Lectora, para estrenarse por todo lo alto con la colección de misterio de la British Library.

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Astérix y Cleopatra, de René Goscinny y Albert Uderzo

En el año 50 aC, la Galia está ocupada por el Imperio romano, excepto la pequeña aldea de Astérix y Obélix. En Egipto, Julio César, dispuesto a sacar a la reina Cleopatra de sus casillas, opina que la civilización egipcia ha perdido todo el esplendor de la antigüedad y que la superioridad romana es incontestable. La reina, furiosa, le propone una apuesta al césar: si en tres meses los egipcios consiguen construir un espléndido palacio en Alejandría, Julio César deberá reconocer la grandeza de su pueblo. Cleopatra encarga la obra a su arquitecto preferido, Numerobis, con la advertencia de que si fracasa será arrojado a los cocodrilos. El pobre Numerobis no solo tiene que construir el palacio en un plazo de tiempo nunca visto sino que además teme el boicot de los romanos (que no quieren perder la apuesta) y de Paletabis, un arquitecto rico y envidioso que es su principal competencia. Desesperado, Numerobis decide viajar hasta la Galia para pedir ayuda a su buen amigo Panoramix, el druida de la aldea de Astérix y Obélix.

René Goscinny (París, 1926 – 1977) fue un condecorado guionista de historietas, tiras cómicas y cine de animación que siempre será recordado por sus famosos personajes de Astérix y Obélix, Lucky Luke o El pequeño Nicolás, entre otros. Durante la mayor parte de su vida profesional trabajó codo con codo con el ilustrador y también guionista Albert Uderzo (Marne, 1927 – 2020). Astérix y Cleopatra fue publicada por primera vez en 1963, por entregas, en la revista Pilote, y como álbum independiente en 1965. Se trata de una de las historias más famosas de Goscinny y Uderzo, seguramente porque fue adaptada en dos ocasiones a la gran pantalla (como film de animación en 1968 y como película de acción en 2002); aunque, también, por el encanto de sus escenas, el carisma de sus protagonistas y su magnífico guion original.

Las historietas de Astérix y Obélix siempre son un placer para lectores de cualquier edad, pero algunas de sus aventuras son más icónicas que otras, como es el caso de Astérix y Cleopatra. El secreto de la fórmula reside en el magnífico guion de sus autores, que saben presentar con inteligencia y un sentido del humor socarrón y paródico, una historia ambientada en un Antiguo Egipto que está a punto de pasar a manos romanas. Detalles históricos como la importancia de las construcciones faraónicas, un crucero por el Nilo, el comercio de la época y la piratería, las pirámides, los obeliscos, Luxor, etc. dotan a la narración y al dibujo de un contexto cultural perfecto para los más jóvenes y, de marco satírico (atención a la parodia de Cleopatra porque es genial), para los más mayores. El Egipto Antiguo no es solo decorado o excusa en este cómic sino que está bien documentado y forma parte del guion, incluso de forma educativa para los menores. A mí me ha encantado volver a sus páginas por su conmovedor sentido del humor, por la calidad de sus textos y por la nostalgia de unos personajes que no han perdido ni un ápice de su carisma.

Lector, la única pega de volver a estas páginas es la nostalgia.

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