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Este es el mar, de Mariana Enriquez

Al principio no era más que Enjambre, una más entre la marea de adolescentes que chillaban, lloraban y se arañaban coreando las canciones de sus ídolos, repitiendo el nombre del cantante, gritándole lo mucho que lo amaban. Hasta que consumó su sacrificio y llamó la atención de las Luminosas. Helena ha sido escogida para ser una de ellas, una Luminosa, una musa terrible y oscura encargada de convertir en leyenda a los ídolos adolescentes como Kurt Cobain o Morrison o Hendrix. Se le ha asignado un cantante de moda, guapo y trágico, como todos, de estrella ascendente, para que lo ayude a llegar hasta la cúspide y después… después la eternidad, los bellos cadáveres de las leyendas.

«Una mañana, en la Casa, Helena salió al balcón y todo el mar había desaparecido. La niebla espesa lo ocultaba como una pared fantasma. Tuvo miedo de que la niebla se llevara el mar; tuvo miedo de que fuese algo más que niebla. Trató de tocar la niebla y su mano desapareció; trató de perforarla con la mirada y pudo ver, muy cerca, pero como si perteneciera a otro mundo, la espuma de las olas.«

Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) es licenciada en Periodismo y Comunicación Social, y en la actualidad compagina su trabajo de docente universitaria con el de subdirectora de un diario cultural argentino. Este es el mar es la primera novela que leo de la autora, me la recomendó Antonio Torrubia el pasado diciembre, para contrarrestar mi feelgood habitual, cuando visité a la carrera Gigamesh en plena vorágine de compras navideñas. A Mariana Enriquez se la compara con Stephen King y Shirley Jackson, quizás porque posee esa facilidad pasmosa para crear atmósferas inquietantes en un par de frases, pero también cuenta con un estilo propio bien definido y que no deja indiferente.

No voy a contaros más sobre la historia ni los personajes de Este es el mar de lo que os avanzo en la sinopsis, porque son apenas unas 120 páginas que se disfrutan más sin ideas preconcebidas. ¿Conocéis ese dicho popular que dice que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer? Pues Mariana Enriquez lo lleva al extremo más inquietante, lo empuja hasta el borde de la sima más oscura y vertiginosa: detrás de todo ídolo de la música hay una musa terrible, inhumana, capaz de despojar al mortal de todo para arroparlo con el manto de la inmortalidad. Brillan intensamente la prosa y el estilo personalísimo de la autora, una narración de oscura belleza y juego de (des)velos que posee el arrullo del mar de fondo. Porque al margen de cualquier personaje escalofriante o mitología aterradora (atención a las menciones clásicas), el embrujo de Este es el mar es, sin duda, la voz de su autora y lo bien que se le da teñir de inquietud cada párrafo.

Lector, una excelente puerta de entrada a la narrativa personal de Mariana Enriquez.

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Cuatro setos, de Claire Leighton

En 1930, Claire Leighton, una de las grabadoras más elegantes del siglo XX, y su marido Noel, periodista, se mudan definitivamente a vivir en la campiña inglesa. Quizás la dura pizarra gris de las colinas de Chiltern no sea la tierra más fértil del mundo, pero Claire y Noel se han quedado totalmente prendados de su jardín. La belleza del susurro de la guadaña segando los campos, la recogida de la fruta, el canto de los pájaros anidando en los setos, y ese otoño bellísimo en el que el fondo gris de la tierra ofrece un marco natural a los dorados, rojos, naranjas y amarillos de las hojas… Cada estación, cada mes, tiene su propia magia, como escoger en el catálogo de bulbos, comerse una manzana o andar con cuidado por las noches porque es entonces cuando un erizo llamado Cornelius sale a pasear.

«Pero, ¿a qué viene tanto remilgo con los pepinos? Quizás sea que, a ojos de Darville, somos de clase alta, y todo porque tenemos un invernadero para los pepinos y, como tal, podemos darle trabajo a él. Desde hace ya mucho tiempo, es indicio de buena posición social, pues ya aparece como tal en las novelas de Trollope. El tomate como señal de nobleza ocupa un segundo lugar detrás del pepino, a corta distancia. Quién sabe si no habrá que poner un segundo invernadero para los tomates.«

Soy una inútil en lo salvaje, no duraría ni medio telediario en un bosque o en una montaña, aunque me chiflan los libros de no ficción sobre naturaleza y los ensayos científicos; son un refugio en tiempos de cansancio, de estrés o de ánimos bajos, y también son mi solución preferida para romper crisis lectoras. No conocía a Claire Leighton, pero cuando sostuve este libro en mis manos y hojeé sus grabados supe que se vendría a casa conmigo. También es cierto que saber que versaba sobre su experiencia como jardinera durante un año, tuvo mucho que ver. Cada vez que entraba en Cuatro setos era como pasar la tarde en el jardín de Claire: relax, paz, tranquilidad y belleza.

«El ocaso se desvanece en pura noche y nos quedamos mirando las estrellas.«

Señala el prólogo de Cuatro setos que Claire Leighton tenía catalogados más de 250 grabados antes de que su libro se publicase por primera vez, en 1935 y agotase varias ediciones en Reino Unido. Pese al gran éxito profesional que la autora cosecharía posteriormente en Estados Unidos, su familia asegura que el tiempo en el que ella y su marido pudieron vivir en el campo y dedicarse a su jardín fue el más feliz de su vida. Y se nota. Cada frase, cada párrafo de Cuatro setos, contagia buen humor, optimismo, belleza y una enorme paz.

«Si una cree que el mundo es malo, que no tiene ningún sentido, o que se está desmoronando, no tiene más que pasarse media hora con un catálogo de bulbos para que se le quite la tontería. Porque rezuman un espíritu de fe y esperanza.«

Cada capítulo lleva el título de un mes del año, empezando en abril y terminando marzo, y no hay ninguno que no sea totalmente cautivador. Los detalles de un mundo en miniatura bajo la tierra, parejas de herrerillos, carboneros, pinzones, gorriones piando al sol tibio, las avispas, Cornelius, el gato del vecino, los manzanos, los tomates, las heladas, el manto de nieve o la sequía de la canícula estival… Claire narra con un estilo brillante, de hermosas imágenes y prosa exquisita, la aventura de ser jardinera por convicción, trasmitiendo al lector toda la belleza, la quietud y el prodigio de una naturaleza domesticada… algunas veces.

Lector, si necesitas paz y belleza este es tu refugio.

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Un paseo por el bosque, de Bill Bryson

Al poco tiempo de mudarse a una pequeña población de New Hampshire, Estados Unidos, con su esposa y sus hijos, Bill Bryson sale a dar un paseo por las afueras del pueblo y se encuentra con un misterioso sendero que se interna en el bosque. Se trata de un tramo del Sendero de los Apalaches, un camino que cruza casi toda la Costa Este Norteamericana, recorre catorce Estados, desde Georgia a Maine, y los Montes Apalaches a lo largo de unos 3.300 kilómetros. De pronto, a Bryson le asalta la inquietud de caminar a lo largo de todo ese sendero, de sur a norte, y de inmediato se lanza a la búsqueda de información para conseguirlo. Sus principales preocupaciones, así de entrada, son el peso de la mochila, lo carísimo y sofisticado que es todo el material de acampada, y ser devorado por un oso. Pero lo que empieza siendo una aventura algo alocada y excéntrica, pronto se convierte en un paseo por los bosques más extraordinarios del hemisferio norte y una comunión con la naturaleza y el lado más sencillo de la vida, como nunca antes había sentido.

«Las distancias cambian por completo cuando te enfrentas al mundo a pie. Un kilómetro es un buen trecho, cinco kilómetros una distancia considerable, veinte kilómetros una barbaridad, ochenta kilómetros algo inimaginable. Es entonces cuando te das cuenta de lo enorme que es el mundo para ti y la pequeña comunidad de personas que marchan por el sendero. El conocimiento de la escala planetaria es vuestro secreto.«

Bill Bryson (Iowa, 1951) es un periodista y escritor de libros de divulgación científica, histórica y de viajes. Ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y cuando volvió a su país se quedó prendado de los bosques de Maine y de New Hampshire, de la paz que le aportaba caminar por la naturaleza. Y así es como surgió este libro, para relatar su experiencia recorriendo el Sendero de los Apalaches de sur a norte. Es la primera vez que leo a Bill Bryson, aunque ya tenía apuntados algunos de sus títulos (Una breve historia de casi todo, Shakespeare, En casa, En las antípodas…) porque me llamaban mucho la atención y os aseguro que, después de leer Un paseo por el bosque, me los llevo todos a casa.

Un paseo por el bosque es un libro de viaje, de naturaleza, de apuntes del diario de un senderista amateur, biográfico, de humor… Un ensayo estupendo y divertido sobre caminar a través del bosque y las montañas sin tener ni idea de senderismo, pero con muchas ganas de disfrutar de la experiencia. Bryson rinde tributo a la Costa Este más salvaje de su país, un espacio natural que engloba la mayor diversidad del planeta, con especies arbóreas y animales únicas en el planeta y las formaciones montañosas más bellas de Norteamérica: las Blue Ridge, las Smokies, las Cumberlands, las Catskills, las Green Mountains… Denuncia la desaparición de más de 90 especies de plantas desde 1930, la brutal explotación (con el beneplácito de las administraciones gubernamentales) de los bosques madereros a un ritmo superior al de su repoblación, la muerte y extinción de especies milenarias como el castaño americano (4.000 millones de árboles muertos solo en las Apalaches) por culpa de enfermedades y plagas que ni se estudian ni se intentan contener, la falta de presupuesto para mantener los parques y la reducción anual sistemática de la plantilla de guardabosques.

«Los bosques norteamericanos llevan trescientos años generando desasosiego. Henry David Thoreau, tan moralista como cansino, consideraba que la naturaleza era algo espléndido, verdaderamente espléndido, siempre y cuando hubiese un pueblo a mano al que llegar paseando en busca de tartaletas y cerveza de alta graduación, pero en 1846, con ocasión de una visita al Katahdin, supo lo que era la espesura del bosque verdadero y la experiencia lo dejó sobrecogido.«

En un país en el que solo el 2% de su territorio se considera totalmente urbanizado, resulta pasmosa la indiferencia y la desidia con la que su gobierno observa la destrucción de su extraordinaria biodiversidad natural. A lo largo de este libro, Bryson denuncia que algunos parques naturales, como el de Shenandoah (Virginia) funcionan en un 80% gracias a los voluntarios, la erradicación de especies animales solo porque «podrían ser una molestia» (búhos, águilas o pumas), o la falta de interés por investigar o detener las plagas y la tala industrial que está mermando los bosques. Y cuando Bill se siente más indignado por el expolio de los espacios naturales, va y lee en los diarios que el Estado de Tennessee está a punto de aprobar una ley para prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas. A menudo, los países que más presumen de civilización son los más incivilizados.

Un paseo por el bosque es un libro que se disfruta por el encanto y la gracia con la que narra Bill Bryson, al que se le notan todos los años fuera de casa en ese humor tan inglés. Bryson hace al lector partícipe de su aventura con una sencillez que desarma, adentrándose en la naturaleza y llevándonos con él. Quizás porque pocas cosas hay más sencillas que caminar, es entonces cuando se piensa con mayor claridad.

Lector, si necesitas paz, acompaña a Bill Bryson por el Sendero de los Apalaches.

También te gustará: El libro de la madera; Un año en los bosques; Lobo negro; Indian Creek

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La señora Parkington, de Louis Bromfield

En los años treinta del siglo XX, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Susie Parkington todavía es capaz de adaptarse al nuevo mundo en ciernes. El New Deal de Roosevelt, con un intervencionismo económico minucioso, está llevando a la cárcel a los especuladores bursátiles sin escrúpulos como el marido de su nieta, un lelo educado en la creencia de que los ricos podían robar porque eran ricos. Cuando Susie llegó a Nueva York de la mano del Mayor Parkington a finales del siglo XIX, la división entre apellidos ilustres y nuevos ricos ya era muy evidente en la alta sociedad: las familias de linaje, de fortunas heredadas, temerosas de perder el dinero porque jamás sabrían recuperarlo; los recién llegados del Oeste, emprendedores, luchadores, inteligentes, dispuestos a comerse el mundo sin ningún miedo. La señora Parkington, en su mansión de la Quinta Avenida, asiste al cambio de siglo y de mundo, segura de que todo aquel que no sepa adaptarse desaparecerá de la Historia. Poco le importa ya lo que queda de su familia, pobres y aburridos estúpidos que nada entienden, acomodados en sus privilegios, idiotizados… excepto quizás su biznieta Janie, que tanto se le parece, la única que merece la pena salvar.

«(…) y también porque la conversación que acababan de tener había desatado un torrente de recuerdos que no le permitirían leer. Se limitaría a pasar las páginas sin entender una palabra, pues en cierto sentido sus recuerdos era más fabulosos que el contenido de la mayoría de los libros.«

Louis Bromfield (Ohio, 1896 – 1956) fue un escritor y reformador agrario norteamericano que ganó un Premio Pulitzer por una extensa y excepcional obra que a menudo se compara a la de Scott Fitzgerald, Hemingway o Steinbeck. Cuando este libro llegó a mis manos, regalo de Laura y de Jan, no caí en la cuenta de que ya conocía al autor. No ha sido hasta ahora, que me siento a redactar la reseña, que me he dado cuenta de que Louis Bromfield es el autor de Vinieron las lluvias, una novela ambientada en la India colonial que me encantó cuando era adolescente. Así que ya puedo decir que Bromfield ha vuelto a enamorarme con sus personajes y sus mundos al borde del abismo.

La señora Parkington es una novela de ficción que te conquista por sus personajes protagonistas y sus apasionantes pasados, pero también por la elegante y precisa prosa de un autor de narración impecable. Me ha encantado asomarme a ese Nueva York de principios del siglo XX, tan prometedor y cambiante, y lo bien que Bromfield refleja el fin de una generación de familias privilegiadas e inútil; una generación de inadaptados en un momento histórico en el que las dos Guerras Mundiales rompieron para siempre con el paradigma económico y social anterior.  La política del New Deal de Roosevelt, la recuperación económica del crack bursátil y las medidas que se tomaron para que no volviese a suceder, la decadencia (también en Europa) de una clase social aristocrática e indolente o el concepto de riqueza como pervertidora de la moralidad son algunos de los conceptos que se plantean con brillantez en La señora Parkington.

Sobresale, como ya indica el título, el personaje de Susie Parkington, que el autor presenta siendo una anciana extraordinaria que ha vivido en dos épocas tan distintas y ha sabido tomar las riendas en cada ocasión. A través de los recuerdos de la protagonista, Bromfield explica sus orígenes y la forja de su carácter, a la vez que perfila el de su marido, el Mayor Parkington, un self-made man de finales del siglo XIX que merecería una novela para sí mismo. La realidad socio-política y económica de la época es protagonista a través de los personajes y sus tesituras, igual que sucede en las novelas de Steinbeck (Al este del edén) o en las de Fitzgerald (El gran Gatsby o Suave es la noche). Totalmente de acuerdo con enmarcar a Bromfield en esta generación de grandes cronistas norteamericanos.

Lector, pasa a tomar un té con la señora Parkington.

También te gustará: Al este del edén; Suave es la noche; Ángulo de reposo; Mr. Vértigo; Qué verde era mi valle

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El dandi, de Georgette Heyer

Sir Richard Wyndham es un joven y atractivo dandi que disfruta de las noches de jarana londinenses sin más preocupación que su atuendo impecable, sus caballos y seguir la moda que dictaba George «Beau» Brummel en la Inglaterra de principios del siglo XIX. Cuando su hermana y su madre lo apremian para que contraiga matrimonio y asegure la descendencia familiar, Richard se ve en la obligación de pedirle matrimonio a Melissa Brandon, una de las cuatro hijas de Lord Saar. Pero en la entrevista con la fría y calculadora muchacha, el codiciado soltero se da cuenta de que añora la emoción de sentirse enamorado y de que sus futuros cuñados y suegro son un trío de descerebrados acosados por las deudas que no dudarán en  arruinarlo. Pospuesta la petición de matrimonio, Richard vuelve a su casa de madrugada sumamente borracho cuando un muchacho le cae del cielo. Quizás porque el dandi ha bebido más de la cuenta, quizás porque empieza a estar aburrido de sus rutinas, esa noche inicia un viaje de lo más accidentado para poner a salvo a una damisela, recuperar un collar robado, resolver un asesinato, dar esquinazo a un agente de seguros y no batirse en duelo mientras mantiene, sin su ayuda de cámara, el famoso nudo Wyndham de su fular perfectamente anudado.

«—¡Señor! ¿Es cierto? ¿Tengo el honor de hablar con sir Richard Wyndham? —dijo con profunda reverencia y dando un paso adelante. El dandi dio una leve cabezada—. ¿El famoso galán? —insistió el joven. De nuevo, otra cabezada—. ¿El creador del nudo Wyndham? —no cejó, emocionado.
—Así es —repuso el otro cansado de dar cabezadas.
«

Me gusta mucho Georgette Heyer, pero hasta la fecha solo conocía sus novelas policíacas protagonizadas por el inspector Hannasyde (Aquí hay veneno, mi preferida, o Muerte en el cepo) que trascurren en el Londres de los años 30 del siglo pasado. Leyendo la biografía de la autora, que empezó a escribir para entretener a su hermano durante una convalecencia y acabó siendo el sustento de toda su familia con un bestseller tras otro, supe que tenía varias comedias románticas muy bien ambientadas en la Inglaterra de época Regencia y le propuse a mi amiga Marisa que me acompañara para leer juntas la que más fama tiene, El dandi. ¡Lo que nos hemos reído con los líos de sir Wyndham, Pen y los modelitos de lunares!

Si habéis leído a Georgette Heyer ya sabéis que su punto fuerte son los diálogos ingeniosos y las situaciones disparatadas, enredos cada vez más enredados al ritmo de la mejor comedia con ese punto romántico, en absoluto empalagoso, que pone la guinda del pastel. En El dandi tenemos todo eso marca de la autora y, como dice Marisa, un hostal que parece el camarote de los hermanos Marx pues en sus habitaciones y pasillos se cruzan nuestros protagonistas con un carterista, un ladrón de joyas, un agente de seguros, un antiguo amor enamorado de otra, una otra histérica y bastante tonta hija de un militar furibundo, dos hermanos poco honrados… en fin, que se dan cita todos los entuertos alrededor de nuestro sir Richard, escandalizado por viajar en transporte público, sin ayuda de cámara y sin sábanas de seda en el hostal de marras, y nuestra pizpireta Pen, encantada de vivir aventuras como si no hubiese un mañana.

«Sir Richard se puso el monóculo. En los círculos de la buena sociedad se comentaba que las dos armas más mortíferas contra cualquier tipo de presunción eran la ceja arqueada del señor Brummell y el monóculo de sir Richard Wyndham.«

La novela es una comedia divertidísima, al más puro estilo Heyer, con un dandi que boxea en el Jackson’s saloon, apuesta en Almack’s, sale de juerga por el Cribb Parlour (lo más en la época Regencia) y es famoso por su estilazo a lo Brummell. Marisa me explicó que George Bryan Brummell (Londres, 1778-1840) fue el padre del dandismo y ministro de la moda: generalizó el uso del pañuelo/corbata anudado sobre la camisa de lino, sustituyó los culotte y las medias por los pantalones largos, el tricornio y las pelucas por el sombrero de copa, e inventó la levita para desterrar por siempre las casacas. Su estilo y filosofía de vida marcó toda la Regencia e influyó en la sociedad británica. Georgette Heyer recoge con mucha gracia y acierto ese espíritu del dandismo y lo convierte en un elemento ingenioso, pero a la vez realista, de su comedia de equívocos regalándole a los lectores una historia chispeante, ágil y simpatíquisima perfecta para olvidarse del peor de los días, de esos que te dejan el cerebro frito y el alma por los suelos.

Por desgracia, al igual que casi todos los libros de Georgette Heyer en castellano, El dandi está descatalogado y solo podéis encontrarlo de segunda mano o en las bibliotecas.

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