No mires ahora, de Daphne du Maurier

John tiene la esperanza de reconectar con su esposa Laura durante una visita vacacional a Venecia. El matrimonio todavía sigue afectado por la muerte de su hija pequeña, Christine, y piensan que ese viaje los ayudará a animarse un poco. Pero durante un almuerzo, Laura conoce a unas inquietantes hermanas gemelas que dicen tener poderes psíquicos. Aunque intenta tomárselo con sentido del humor, John no tarda en montar en cólera por las advertencias de la hermana médium y el efecto que tienen sobre su esposa.

«—No mires ahora —dijo John a su mujer—, pero hay un par de ancianas que intentan hipnotizarme, a dos mesas de aquí.«

Daphne du Maurier (1907 – 1989) fue una escritora que nació en Londres, en el seno de una familia acomodada y culta, que le proporcionó una sólida educación: su padre era agente teatral, su madre actriz, su abuelo guionista y dibujante, su tío periodista, y sus primos, los Llewelyn Davies, sirvieron de inspiración a J. M. Barrie para Peter y Wendy. Daphne du Maurier empezó a publicar sus primeros relatos con apenas veinte años y, ya casada y madre de tres hijos, siempre se sintió muy orgullosa de mantener su hogar y a su familia gracias a su trabajo literario. Quizás su obra más célebre sea Rebeca, que se publicó en 1938 con un éxito inmediato, pero también destacan Los pájaros (1952), La posada de Jamaica (1936), La cala del francés (1941) o Mi prima Rachel (1951), entre otros. No mires ahora (1971) es un relato de tintes oscuros y góticos, un buen ejemplo de la declaración de intenciones de una escritora que confesaba sus intenciones de mantener al lector en vilo.

No mires ahora es un relato tan bien construido, ejecutado y narrado que podría servir como un ejemplo impecable sobre cómo escribir ficción. Como señalan las editoras de La Biblioteca de Carfax en su nota en esta edición, puede que el suspense de las historias de Daphne du Maurier pueda eclipsar la sutilidad de su estilo y de su narración, pero en el caso de No mires ahora resulta imposible pasarlos por alto. La autora abre el misterio ya en el primer párrafo, con un punto de giro que pone los pelos de punta, y, a medida que avanza la narración, sumerge al lector en un viaje inquietante, angustioso en ocasiones, hasta un clímax final tan inesperado como escalofriante. El trabajo psicológico de los personajes es crucial para mantener una tensión narrativa en la que Du Maurier calcula al milímetro cuándo introducir un nuevo elemento que contribuya a dar otra vuelta de tuerca a este relato de suspense que me ha recordado a las novelas góticas clásicas de principios del siglo pasado, pero también a las sensation novels de Wilkie Collins o a las de Louisa May Alcott.

Lectora, te vas a quedar con la boca abierta y los pelos de punta.

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El caso de los bombones envenenados, de Anthony Berkeley

Una mañana, en el Club Rainbow para caballeros, Eustace Pennefather recibe por correo una caja de bombones de una conocida empresa de chocolates. Sin darle la menor importancia, le cede la caja de muestra a un colega del club, el señor Bendix, que la lleva a casa porque ha hecho una apuesta con su esposa y le debe, precisamente, una caja de bombones. A las pocas horas de ingerir el chocolate, la señora Bendix muere envenenada. Scotland Yard, atascado en las investigaciones, decide pedir ayuda al Círculo del Crimen. La asociación, presidida por Roger Sheringham, novelista y detective aficionado, recibe la consulta con entusiasmo y se compromete a presentar seis teorías —una por cada miembro del Círculo— sobre el asesinato, hasta conseguir dar con la solución al enigma. Cada uno de los socios del Círculo del Crimen inician sus investigaciones y presentan sus conclusiones para debatirlas con el resto de sus compañeros, pero resulta evidente que cada uno de estos detectives aficionados interpreta las pistas según su carácter y formación: sir Charles Wildman es abogado, a Alicia Dammers le fascina la psicología, la señora Fielder-Fleming es dramaturga, y Ambrose Chitterwick, Percy Robinson y el propio Roger Sheringham son escritores de novela policíaca. ¿Serán capaces de ir más allá de la deducción y montar un caso sólido contra el asesino?

«—Qué extraña es la vida (…). De hecho vi a la señora Bendix y a su marido en su palco del Imperial la noche anterior a su muerte. Oh, sí; los conocía de vista. Venían a menudo a mis estrenos. Yo estaba en un asiento casi justo debajo de su palco. Ciertamente, la vida es más extraña que la ficción. Si hubiera podido adivinar por un minuto el espantoso destino que se cernía sobre ella, yo…
—Habría tenido el sentido común de advertirle que se mantuviera alejada de los bombones, espero —observó sir Charles, que no aguantaba mucho a la señora Fielder-Flemming.«


Who Editorial
Traducción: Tino Navarro Villanueva
Fecha de publicación: junio de 2022
282 páginas
ISBN: 9788412502633

Anthony Berkeley Cox (1893 – 1971) fue periodista, crítico literario, escritor de novelas y relatos policíacos y uno de los fundadores del Detection Club (1930). Publicó una veintena de novelas entre 1925 y 1943 bajo el nombre de Anthony Berkeley, pero también con los seudónimos de Francis Iles y A. Monmouth Platts. En 1941, Alfred Hitchcock llevó a la gran pantalla una de sus obras más célebres, Sospecha (Before the Fact). El caso de los bombones envenenados (1929) es la quinta novela protagonizada por el detective aficionado y escritor Roger Sheringham y, junto con El crimen de las medias de seda (1928), se considera la mejor de la saga. Who Editorial publicó en 2022 esta excelente traducción de Tino Navarro Villanueva con introducciones de José Ignacio Escribano y Noemí Calabuig, en una edición del clásico que incluye también dos finales alternativos, inéditos en castellano, escritos por Christianna Brand (a propósito de una reedición especial estadounidense de El caso de los bombones envenenados, en 1979) y por Martin Edwards (por la reedición de la novela de Berkeley por la British Library en 2016).

El caso de los bombones envenenados es una novela clásica de detectives, un whodunit de la Golden Age, pero también es una reflexión sobre género literario detectivesco. En este sentido, la idea principal queda en boca de uno de sus personajes cuando asegura que, en una novela de detectives, el lector cree en que la deducción del protagonista es la correcta, pero, en realidad, una sola pista nunca daría pie a una sola deducción o teoría sino a múltiples. Con el sentido del humor que suele caracterizar la escritura de Anthony Berkeley y seis planteamientos criminales distintos, el autor ofrece una novela original e inteligente que a la vez sigue encandilando a los lectores de misterio clásico porque sigue siendo una magnífica trama detectivesca.

Además de su planteamiento inusual del misterio, El caso de los bombones envenenados destaca por su estupenda trama y resolución del caso (en absoluto tramposa), y por la sólida construcción de sus personajes: atención al estudio psicológico de cada uno de los detectives del Círculo del Crimen y a cómo los ingeniosos —y a menudo irónicos— diálogos contribuyen a su caracterización. Los distintos investigadores no solo plantean sus respectivas propuestas de resolución del enigma según su profesión, experiencia y/o personalidad, sino que también su discurso es afín a su carácter. El resultado es una novela en la que tanto personajes como trama detectivesca brillan por igual; tanto, como la inteligente propuesta de su autor y su habilidad para reflexionar sobre un género literario al que contribuyó con su talento y buena prosa sin perder jamás el sentido del humor.

Lectora, para disfrutar de un misterio con seis detectives y una sola teoría acertada sobre el crimen.

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Sally en Rodesia, de Sheila MacDonald

En agosto de 1907, Sally llega a Rodesia del Norte —la actual Zambia— para casarse con Toby MacDonald. La joven pareja se instala en Salisbury, por aquel entonces la capital, y caen totalmente rendidos a la magia del África colonial. Sally en Rodesia es un compendio de las cartas que la protagonista le envía a su madre y a una amiga, desde agosto de 1907 hasta junio de 1912, contándoles sus aventuras cotidianas con el servicio doméstico autóctono, la maravilla de los paisajes, sus jardines, sus excursiones, y su cada vez más extraña vida social y doméstica a medida que la familia crece.

«Vaya luna, madre querida, gloriosamente clara y reluciente; un cielo brillante salpicado de estrellas, sin viento, tan solo una especie de canción fresca y suave que se cuela entre los árboles. Tengo el presentimiento de que voy a adorar África; hay algo que simplemente me llama y me atrae.«

Sheila MacDonald nació en Nueva Zelanda. Se casó en primeras nupcias con Toby MacDonald, con el que formó una familia y vivió en Salisbury, Rodesia, hasta 1924, fecha en la que su marido murió y ella se mudó con sus cuatro hijos a Inglaterra para escolarizarlos. Fue entonces cuando empezó a escribir para ganarse la vida y en 1916 publicó Sally en Rodesia, un delicioso testimonio epistolar sobre sus primeros años en África.

Las cartas recogidas en este libro son divertidas, carismáticas y valientes, un fiel reflejo de la personalidad de su autora. A través de su mirada y de su sentido del humor, comprendemos que Sheila MacDonald fue una mujer excepcional para su época y su educación, decidida a ver siempre el lado amable de la vida y dispuesta a sacarle partido a cualquier revés. Enamorada totalmente de África, trasmite, a través de su escritura vívida y enérgica, la mirada de una colona anglosajona que se ha mudado a vivir en una suerte de maravilloso paraíso sin domesticar.

Lectora, un librito epistolar y biográfico divertidísimo y genial.

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Londres bajo tierra, de Peter Ackroyd

La ciudad de Londres se asienta sobre rocas del período paleozoico de 120 millones de años, que nadie ha visto nunca, y se hunde en una arcilla tan compacta que soporta las centenares de prospecciones que sus habitantes han llevado a cabo durante distintas épocas históricas. Bajo la ciudad existe otro Londres subterráneo poblado de secretos, misterios, fantasmas y leyendas, pero también surcado por las vías del metro más antiguo del mundo, la canalización de trece ríos y afluentes o los yacimientos arqueológicos más curiosos del país. Clerkenwell Green fue una prisión subterránea que se cerró en 1877 y era tan inmunda que hoy en día sigue pesando una oscura maldición sobre el lugar; Lower Robert Street es una de las pocas calles bajo tierra que todavía quedan en Londres; no se excava desde Aldgate hasta Walthamstow porque fueron foco de peste y las bacterias resisten durante centenares de años; cerca de Saint Pancras se encontró el campamento de Julio César; y en 1832 se sacó del Támesis una colosal cabeza del emperador Adriano. Peter Ackroyd es un guía meticuloso y muy literario en este curioso descenso al Hades histórico más londinense.

«Incalculables son las personas que, sepultadas en las arcillas del período eoceno, se congregan a nuestro paso cuando nos desplazamos en uno de esos trenes subterráneos. Refugios y galerías con capacidad para albergar a millares de seres humanos en caso de desastre. Porque deambulamos por encima de lo que fuera la ciudad en el pasado, allí donde, bajo ocho metros de tierra amontonada y prieta, se guarda toda su historia, desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días. Superpoblado, entrelazado con la ciudad que contemplamos, el pasado se despliega bajo nuestros pies.«

Peter Ackroyd es un novelista y biógrafo inglés conocido por su interés sobre el estudio de Londres. Aunque ha sido reconocido y premiado por la crítica y el público por sus biografías de Tomás Moro o de Charles Dickens, entre otras, las tres obras más aclamadas del autor están dedicadas a Londres: Londres. Una biografía (2000), Londres bajo tierra (2011) y Londres Gay (2018). Aunque adoro tener en la estantería el enorme tocho de Londres. Una biografía (son más de mil páginas con letra pequeñita según estándares de señora victoriana), reconozco que me daba menos miedo leer por primera a Ackroyd en un ensayo más corto, pero igual de fascinante. El único problema de que Londres bajo tierra me haya gustado tanto es que ahora tengo más ganas todavía de leer Londres. Una biografía. Pray for me.

Con un estilo ameno y didáctico, Peter Ackroyd nos pica la curiosidad a través de un montón de anécdotas sobre el subsuelo de Londres y sus habitantes. Aproximadamente la primera mitad del libro versa sobre los hallazgos históricos y arqueológicos de la ciudad romana y medieval, así como sobre la canalización soterrada que fueron sufriendo sus distintos ríos y arroyos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, por no hablar de El Gran Hedor de 1858. Pero, en mi opinión, el ensayo se vuelve mucho más fascinante en su segunda mitad, cuando el autor, muy cómodo al guiarnos a través de la época victoriana, nos cuenta las obras del primer metro en occidente (a bordo viajaron Oscar Wilde, Charles Dickens, Charles Darwin y, tal vez, Jack el Destripador), el proyecto Bazalgette (1861), o la excavación de túneles inquietantes bajo el Támesis a cargo de los Brunel (1825-1840). Igualmente fascinantes son los capítulos dedicados a los refugios bajo la superficie de la ciudad durante las dos guerras mundiales, las apariciones fantasmales subterráneas y las maldiciones por excavar tan cerca del infierno; también los capítulos sobre las instalaciones secretas bajo Whitehall o los pasillos ocultos bajo tierra que unen la sede del MI5 con la del MI6. Me ha encantado entender un poco más cómo eran los ferrocarriles subterráneos en época victoriana y las menciones literarias, históricas y sociales que Ackroyd tan bien sabe hilar con sus anécdotas.

Lectora, el Londres de la superficie no es más que la punta del iceberg.

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El último asesinato en el fin del mundo, de Stuart Turton

Cuando una niebla letal que no deja nada vivo a su paso arrasa todo el planeta, lo que queda de la especie humana se refugia en una isla protegida por las barreras tecnológicas más avanzadas. Años después, los supervivientes han creado una sociedad utópica y tranquila, en la que todos colaboran y se aprecian mutuamente. La violencia, la ira, el egoísmo o la envidia han sido eliminadas de esa sociedad gracias al liderazgo de tres científicos, los Ancianos, y al control neuronal de una inteligencia artificial llamada Abi. Pero cuando una de las Ancianas aparece asesinada y Abi ha borrado la memoria de todos, Emory y su hija Clara serán escogidas como detectives para hallar al culpable. ¿Cómo investigar un asesinato en una sociedad en la que la capacidad humana para matar a sus semejantes ha sido erradicada?

«—Pensaba que, si Abi tenía el control, podría alterar la naturaleza humana desde dentro. No más egoísmo, ni avaricia, ni violencia. Por primera vez en la historia, seríamos un solo pueblo, actuando en armonía para el bien de todos.
Sus ojos brillan; el futuro se refleja en ellos. Al oírlo, Emory cree cada palabra, y se pregunta qué podría haber logrado esa persuasión en otro lugar, en un tiempo diferente.«

Stuart Turton es un escritor y periodista británico que tiene el don de reinventarse en cada nueva novela que publica. Si ya me dejó boquiabierta con el whodunit en bucle temporal de Las siete muertes de Evelyn Hardcastle, y me enroló a bordo de El diablo y el mar oscuro, con El último asesinato en el fin del mundo me ha vuelto a sorprender por su originalidad y su imaginación a la hora de presentarnos otro whodunit muy fuera de lo común. He disfrutado mucho de esta novela, leyéndola al alimón con MH y elaborando teorías locas que, en mi caso, nunca se acercaban ni lo más remoto a la solución de Turton. Pero no sabéis lo que me ha costado escribir la sinopsis de El último asesinato en el fin del mundo sin revelar nada de nada.

Esta es una novela de ciencia ficción, pero también de misterio policíaco porque, por mucha sociedad post-apocalíptica que tengamos, la trama principal va de encontrar al asesino de uno de los personajes. Sin embargo, la originalidad de Stuart Turton nos plantea el misterio en una sociedad en la que es imposible que se esconda un asesino y en la que resulta más que improbable encontrar algo parecido a una detective. En tiempo presente de indicativo, la —poco fiable— narradora de esta historia es Abi, una inteligencia artificial capaz de leer los pensamientos de todos los personajes y de hablar con ellos en su cabeza. Una narradora, pues, omnisciente y que ha mapeado todos los futuros posibles, por lo que, a diferencia del lector, sabe lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará no solo en la isla sino en todo el planeta Tierra. De todas formas, ahí está lo genial de esta novela, en ir ordenando poco a poco la línea temporal de los sucesos criminales, en entender el funcionamiento y los misterios de esta isla post-apocalíptica y en alucinar muchísimo con lo que pasa por la cabeza de Turton. La dedicatoria, la nota final del autor y los agradecimientos son pura belleza. Mil gracias, señor Turton, deseando leer la próxima.

Lectora, para leer en buena compañía e ir elucubrando teorías sin acertar ni una.

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