Maggie Browne vive con su madre y su hermano Edward en una casita a las afueras de Combehurst, en la Inglaterra rural. Su padre, antiguo coadjunto de la localidad, murió cuando ella era muy pequeña y desde entonces apenas sale de las inmediaciones de su páramo. Maggie ayuda a la querida Nancy, la única criada de la casa, y carga con todas las labores domésticas pues su hermano Edward es un indolente egoísta y tramposo que no mueve ni un dedo aunque que monopoliza todo el amor de su madre. Un día, el terrateniente Buxton visita la casa del páramo en memoria de su amigo muerto, el padre de Maggie, y conmovido por la soledad de la niña, invita a la familia a ir a su mansión en Combehurst. La amistad que la sensata y generosa chica traba con los Buxton cambiará para siempre su triste soledad, aunque también la de su miserable hermano.
«—Pero si todos los hombres buenos y considerados huyeran a otro país, ¿qué haríamos con nuestra pobre y querida Vieja Inglaterra?
—Pero tú tendrías que huir con los buenos y considerados (…) ¿Me dejarás que desee haber nacido pobre si tengo que quedarme en Inglaterra? Tal vez así no caiga en el error que suelen cometer los ricos al olvidar el sufrimiento de los pobres.«

Elizabeth Gaskell (1810-1865) publicó La casa del páramo a finales de 1950, a modo de cuento de Navidad, una breve historia alrededor del contraste entre la bondad, la sensatez y la generosidad de su protagonista femenina y la villanía y el egoísmo de su familia. El idílico entorno campestre en el que se mueven los personajes, el páramo que da nombre al título, aporta belleza y placidez, y destila una nota de nostalgia por parte de su autora que, antes de casarse y mudarse a la industrial Manchester de su época, había crecido en la campiña. Una novela breve, intensa y perfectamente ejecutada, que gira alrededor de los vicios y virtudes de la riqueza y la pobreza, pero también una hermosa historia de amor y de amistad.
Si no hubiese leído con anterioridad a Elizabeth Gaskell, esta es la novela por la que me habría gustado empezar. Cranford y Las confesiones del señor Harrison, divertidísimas y encantadoras, nos muestran la habilidad de la autora para perfilar personajes y tomarle el pulso a las pequeñas localidades rurales, además de hacer gala de un fabuloso sentido del humor. Pero La casa del páramo me parece mejor ejemplo de la magistral habilidad literaria de la autora, pues su ritmo narrativo es perfecto, su prosa ágil e inteligente, y el estilo de Gaskell brilla tanto al servicio de las descripciones como de las reflexiones y los diálogos de su historia. Me ha gustado encontrar, quizás porque estoy leyendo en estos momentos Dombey e hijo, cuestiones morales sobre la compasión, la pobreza y los errores y debilidades de carácter muy cercanas al modo en que también Charles Dickens las trataba en sus obras y personajes (Gaskell y Dickens son dos autores victorianos ingleses que se admiraban mutuamente, que trabajaron juntos y que llegaron a ser amigos). Es difícil contar más de tan escasas páginas sin destripar una historia que también tiene su suspense y que mantiene en vilo al lector durante la mitad final del libro, así que solo diré que el final me ha parecido justo el que deseaba ¡Gracias, Mrs. Gaskell!
Lectora, una novela corta perfecta para empezar a leer a Elizabeth Gaskell.
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