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Sigo siendo yo, de Jojo Moyes
Vive con osadía, Louisa Clark, le había dicho Will Traynor. Y allí estaba, en Nueva York, totalmente sola, dispuesta a decir que sí a nuevas experiencias pese a sentirse tan lejos de casa y de sus seres queridos. Dispuesta a vivir con osadía. Lou ha conseguido trabajo como asistente de Agnes, la joven y bella segunda esposa del multimillonario señor Gopnik. Pero las primeras semanas en su nuevo hogar resultan agotadoras: Nueva York la intimida, a Nathan no se le ve el pelo, el ama de llaves la odia, el perro de la señora De Witt intenta morderla siempre que se la encuentra en el edificio y estar lejos de Sam es casi doloroso. Todo parece abocado al desastre hasta que un día se da cuenta de que se ha enamorado de su nueva ciudad, de que tiene nuevos amigos y de que quizás Will Traynor no se había equivocado con ella cuando le aseguró que era capaz de volar sola. El problema, Lou, es que quizás te hayas perdido por el camino… o puede que haya llegado el momento de dejar de amoldarte a lo que desean los demás para tener el valor de conseguir lo que tú deseas.
«Miré el reloj del vestíbulo cuando volví y me sorprendió descubrir que aún eran las seis y media. La tarde parecía haber durado varias décadas. Me quité los zapatos, sintiendo el alivio total que solo una mujer conoce cuando por fin se les permite a los doloridos dedos de los pies hundirse en una profunda y gruesa moqueta, y caminé descalza hasta el apartamento de Margot con ellos colgando en la mano. Me sentía agotada y enfadada de una forma que no podía expresar, como si me hubieran pedido que jugara a un juego cuyas reglas no entendía.«

No recuerdo qué gran escritor dijo que aquel texto que parecía sencillo, claro y brillante al lector tenía detrás muchas horas de trabajo y esfuerzo. Ese es el caso de Jojo Moyes cuyas historias fluyen con tanta naturalidad y encanto que si no andas atenta podrías pensar que su narración es sencilla. Y un cuerno. Su narración es extraordinaria y hay que haber tomado mucha leche con cola-cao y galletas para conseguir semejante habilidad narrativa. Moyes, en dos frases, te planta un personaje tan vívido que te parece conocerlo de toda la vida. Y en tres frases, te ha explicado su vida entera y la complicada situación emocional en la que se halla. Los libros de Jojo Moyes son un curso de narrativa en sí mismos, pero es que además son historias y personajes que emocionan, que te hacen llorar de pura emoción. Quizás no sea alta literatura, ni disponga de unos recursos o prosa elegantes y sofisticados, pero si eres escritor tienes mucho que aprender de esta autora.
Me gustó Yo antes de ti, pero tardé tanto en leerlo que para cuando lo hice estaba demasiado condicionada por las decenas de entusiastas reseñas que había visto sobre la novela. No me defraudó, pero me hubiese gustado que mi primer contacto con la autora hubiese sido sin tanto marketing. Creo que por eso he disfrutado mucho más de lecturas posteriores de Moyes, como París para uno o como este Sigo siendo yo. Ojo, la mejor historia de todas es la primera, Yo antes de ti, pero creo que el personaje de Lou es tan auténtico que se merecía otras dos novelas (Después de ti y Sigo siendo yo). A mí no me cansa, es más, me ha gustado encontrarle nuevos matices. Su evolución emocional, sus dudas, sus medias de abeja, sus miedos están tan bien matizados que enamora.
Jojo Moyes no solo tiene sentido del humor y del ritmo, sentido de la oportunidad y capacidad para emocionar al lector en cada capítulo sino que además, en Sigo siendo yo, consigue algo muy difícil: jugar con los clichés sin caer en ellos, decirle al lector que nada es lo que parece a simple vista, presentar a unos personajes auténticos, con sus luces y sus sombras, sin arquetipos, sin malos ni buenos absolutos. En fin, ¿he dicho ya que Moyes me encanta, que leer sus novelas equivale a una masterclass de narrativa?
Lector, ponte cómodo y disfruta, pero no te olvides de hidratarte bien y de tener pañuelos a mano porque los vas a necesitar.
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Esta reseña forma parte de la Lectura Conjunta organizada por Laky, del blog Libros que hay que leer
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Buenos presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman
El Infierno se ha cansado de esperar y ha decidido que ya va siendo hora de iniciar el Armagedon. Lo primero es colocar al bebé Anticristo en la tierra, tarea que encomiendan al experimentado demonio Crowley. El problema es que Crowley lleva tantos años en el mundo que le ha cogido cariño y no le apetece nada que desaparezca. Por no hablar de lo mucho que le gusta su Bentley. Sabe que después de la destrucción total de la humanidad llegará el enfrentamiento entre ángeles y demonios y, gane quien gane, va a ser un rollo: o todo Cielo o todo Infierno. Aburrimiento. Con la ayuda de un ángel librero, el mermado ejército cazabrujas, la heredera de Agnes la Chalada y una médium, Crowley intentará detener del fin del mundo ¿Qué puede salir mal?
«Él trataba de hacer desgraciadas sus breves vidas porque era su trabajo, pero no podía imaginar nada peor, ni de lejos, que lo que ellos mismos inventaban. Era como si tuvieran un don para ello (…). Nacían en un mundo que estaba contra ellos de mil pequeñas maneras, y dedicaban la mayor parte de sus energías a empeorarlo (…) había estado a punto de mandar un mensaje Allá Abajo que dijera: Mirad, más vale que lo dejemos por ahora, que nos olvidemos de tanto Desastre y de tanto Pandemonio y todo lo demás, y que nos larguemos de aquí, porque no les podemos hacer nada que ellos no se hayan hecho ya, porque además inventan cosas que a nosotros jamás se nos habrían ocurrido siquiera, que normalmente tienen que ver con electrodos. Tienen lo que a nosotros nos falta: tienen imaginación. Y electricidad, claro.«

A estas alturas de la vida no he leído todavía a Terry Pratchett y confieso que me quedé atascada con Neverwhere, de Neil Gaiman, a la mitad. Pero vi hace poco la primera temporada de la serie televisiva Lucifer y supongo que cuando entré en Gigamesh me dejé llevar. La sinopsis de Buenos presagios prometía y me robó el corazón eso de las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada. El corazón de una lectora es veleidoso y no pude resistirme a dos ángeles (uno caído y el otro librero), una bruja, los cuatro jinetes del Apocalipsis y los Ellos.
Me lo he pasado en grande con Buenos presagios, me encanta su toque de humor inglés, el ingenio de sus personajes y situaciones, y las reflexiones existencialistas de la historia. Como no conozco a los autores demasiado, no podría deciros qué mérito se lleva cada uno, pero a mí me tenían ganada los dos desde la dedicatoria:
«Los autores quieren unirse al demonio Crowley en su dedicatoria de este libro a la memoria de G.K. Chesterton. Un hombre que sabía de qué iba el tema.«
No voy a desvelar más tramas ni más personajes, merece mucho la pena que leáis este libro sin saber apenas nada, confiad en mí. Creo que la sorpresa es uno de los factores que más he disfrutado, además del sentido del humor de los autores y de los Ellos. Me encanta la reflexión que hacen los personajes sobre la inutilidad de los enfrentamientos entre el Bien y el Mal, o el amor que sentimos por nuestro hogar, o el libre albedrío, o la imaginación… Me gusta porque no hay discursos moralistas, ni moralejas, ni ganadores o perdedores. Pero sobre todo me parece genial la reinterpretación de personajes legendarios de nuestro imaginario occidental. Gracias, señores Pratchett y Gaiman por hacerme reír, por sorprenderme y por los Ellos.
Lector, súbete al Bentley porque, según las profecías de Agnes la Chalada, el mundo se acaba este sábado.
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Tocar las estrellas, de Katie Khan
Carys y Max flotan en el espacio, a la deriva, solo les queda unos noventa minutos de aire y ven como su nave se aleja lentamente de ellos. La inteligencia artificial a bordo del Laertes no puede salvarles, solo se tienen el uno al otro y las posibilidades de sobrevivir disminuyen con cada minuto que transcurre. Cuando Max desafió las normas de Europia no se imaginaba que todo acabaría así. Carys lo había cambiado todo: sus principios, su vida, su manera de pensar… Se había enamorado de ella, demasiado pronto, hasta un punto de no retorno. Sabía que juntos eran mejores, que ya no podían seguir adelante el uno sin el otro y sentirse vivos. Puede que su historia de amor no fuese épica en absoluto pero si a Max le daban a elegir entre no volver a ver a Carys a cambio de vivir en una privilegiada utopía o morir juntos en el espacio, él lo tenía muy claro.
«—¿En nombre de quién?
—De ningún dios, de ningún rey, de ningún país.
—¿En nombre de quién?
—En el mío propio.»

Penguin Random House
Narrativa romántica, ciencia ficción, acción y aventuras
Fecha de publicación: febrero de 2018
ISBN: 9788401020926
Páginas: 336
Chico conoce a chica, se enamoran, desafían las leyes utópicas y les envían al espacio. Justo ahí, flotando en el espacio, a punto de morir, empieza la narración de Tocar las estrellas. Katie Khan alterna, con muy buen sentido del ritmo y de la trama, el presente crítico de los protagonistas al borde de la muerte con escenas de su pasado sobre su relación. Se le ofrece al lector un doble planteamiento: por un lado el suspense y la tensión del ultimátum en el espacio y, por otro, el ir descubriendo cómo se conocieron Carys y Max, cómo se enamoraron, por qué no pueden estar juntos, cómo han llegado hasta el Laertes…
Tocar las estrellas es una historia distópica sobre dos personas que se enamoran pero también un ejercicio utópico sobre el futuro de nuestra civilización. En la novela, la guerra y la destrucción han asolado Estados Unidos y Oriente Próximo. La religión y las ansias imperialistas han reducido esos territorios a ruinas y sus supervivientes dependen de los voluntarios que viajan hasta allí para ayudar. Europa solo se salvó por la implantación del sistema de rotación constante de sus habitantes desde que cumplen siete años de edad: si nadie echa raíces en ningún país en concreto, si no se identifican con ninguna nacionalidad o cultura, se elimina el peligro de que en el futuro emprendan guerras a causa de su patria, de su rey o sus intereses nacionalistas. Ya no existen países sino vaivodas (unidades de administración territorial) y los habitantes de Europia (nombre del continente utópico en donde viven Max y Carys) nunca viven más de un par de años en el mismo vaivoda. El lema de Europia es «Unidos en la diversidad». Un lugar en donde se fomenta la individualidad para llegar a la excelencia.
Katie Khan entrelaza muy bien la historia de amor de sus dos protagonistas, los dilemas morales de una sociedad post-apocalíptica y la brillante solución de los supervivientes para no volver a repetir los peores errores de la historia de la humanidad. El resultado es una novela distinta y apasionante, que se disfruta por la belleza de algunas de sus escenas en el espacio, por la intensidad emocional de una historia de amor atípica y por el suspense que mantiene desde el inicio hasta el final; un final muy bien tramado, efectivo y bien estructurado, por cierto, pensado para sorprender (de verdad) al lector.
Lector, ¿no te intriga saber cómo terminará?
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La vida escondida entre los libros, de Stephanie Butland
Loveday cree que la primera frase de los libros no tiene por qué definir el final de sus historias. Ella tuvo muy mal principio en la vida, podría haber terminado peor y, sin embargo, ahí sigue, en pie, con un pequeño apartamento, su trabajo de librera y el querido Archie. Sabe que en el mundo existe un lugar para ella siempre que entra en su librería por las mañanas, es su refugio. El problema es que un maldito mago poeta acaba de irrumpir en la tienda para reclamar su ejemplar perdido y encontrado, y, aunque cretino y engreído, tiene la capacidad de sacarla de su escondite. Y es que otra de las cosas en las que Loveday cree, además de que todas las familias felices se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera, es que las conversaciones que no van sobre libros son muy complicadas ¿Qué puede contar sobre su pasado que no la reduzca a un montón de cenizas? ¿Hasta qué punto se puede intimar con una persona cuando vives escondida entre los libros?
«Me encantaba la idea de pasar la noche juntos, solo leyendo.»
Por supuesto llegué a este libro por las mismas razones que tú: porque en el título tenía la palabra libro, porque la portada era bonita y porque la sinopsis prometía una librería. No ha sido una lectura tan metaliteraria como me esperaba pero me ha gustado. Sobre todo por la singularidad de Loveday, su protagonista (en ocasiones casi a la altura de mi añorada Eleanor Oliphant), por el inteligente juego de Stephanie Butland, la autora, con los hilos de la trama, y por el misterioso rompecabezas que debe ir desvelando el lector a medida que se le proporciona información sobre el pasado de los personajes.
La vida escondida entre los libros es un título que resume a la perfección la historia de Loveday, una chica huérfana con tanto miedo que solo se atreve a vivir entre páginas. El personaje tiene buenas razones, no os preocupéis por eso, y la trama y los personajes presentan tantos matices que la novela funciona muy bien. Además el suspense narrativo está garantizado por la buena dosificación de datos que hace la autora, por no hablar de lo mucho que se agradece que huya de tópicos y de moralinas sobre cuestiones que están de actualidad en nuestra sociedad contemporánea. Me ha parecido un libro singular y conmovedor, con una protagonista inolvidable y un estilo narrativo ágil y brillante. Sin duda, me declaro lectora incondicional de la señora Butland.
Lector, una buena historia muy bien contada… y con librería.
Nota curiosa: Por segunda vez en muy poco tiempo, la primera vez fue en El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo, me topo con la referencia novelesca de Anna Karénina, de Lev Tolstói, y su primera frase («Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera«) en una trama de ficción actual.
También te gustará: Eleanor Oliphant está perfectamente; Las mil y una historias de A.J. Fikry; El devorador de libros
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