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Vencer al dragón, de Barbara Hambly
Cuando el joven y romántico Gareth llega a las Tierras de Invierno en busca del Vencedor de Dragones, hace más de una década que los ejércitos del rey han abandonado la región y sus habitantes se defienden como pueden de los ataques de los bandidos y monstruos que los acechan. Torpe, desmadejado y más poeta que aventurero, ajeno a la dura realidad de las gentes del norte, Gareth se encuentra con la maga Jenny, quien le salva la vida y, a su pesar, lo acompaña ante la presencia del héroe que está buscando. El problema es que John Aversin, Vencedor de Dragones, no se parece en nada a los caballeros de brillante armadura que aparecen en las odas de Gareth y, para más decepción, resulta que se ha enamorado de la maga. Jenny no está dispuesta a permitir que el joven convenza a John de que vuelva a enfrentarse a un dragón pues, la última vez, la bestia casi acabó con él. Además, le produce un inmenso rechazo permitir que se asesine a animales tan hermosos e inteligentes, tan llenos de magia. Sin embargo, Gareth va a hacerles una oferta que no podrán rechazar.

«Sabía que eran recuerdos que deberían haber estado teñidos solo de horror; sabía que debería haber sentido solo alegría por la muerte del dragón. Pero el regusto de una pena y una desolación sin nombre volvía a ella, más fuerte que el horror, desde esos días, con el olor metálico de la sangre del dragón y la canción que parecía temblar en el aire conmovido.«
Barbara Hambly es una escritora y guionista estadounidense de fantasía, ciencia ficción y terror. Licenciada en Historia Medieval, es conocida por sus trabajos en el universo Star Wars, por haber sido galardonada con varios premios literarios de prestigio, como el Locus o el Lord Ruthven, y por ser autora de la magnífica novela de fantasía Vencer al dragón (19185), una obra que debería entrar ya mismo en la categoría de clásico universal.
Hacía años que esta novela languidecía en mi pila de pendientes, aunque intuía que era muy especial porque varias lectoras me la habían recomendado sin reservas. No tenía ni idea de lo mucho que me iba a gustar; tanto, que aunque solo estemos en febrero, sé que se quedará entre mis mejores lecturas de este año. Me ha encantado la prosa de Hambly, llena de belleza, pero también de movimiento y emoción, de elegancia; y su querencia por unos protagonistas y un mundo que tienen mucho de otoñal. Jenny y John son carismáticos, divertidos, inteligentes; se acercan a los cuarenta años, empiezan a sentir que sus cuerpos ya no aguantan tanta batalla como antes, y aun así siguen liderando su comunidad con entusiasmo, siguen enamorados, siguen haciéndose reír el uno al otro y han aprendido que pueden compaginar sus respectivas ansias estudio y conocimiento con su amor.
Barbara Hambly explora la madurez, la profundidad de las relaciones de amor y cariño de una pareja que lleva tiempo junta, que han tenido hijos, que mantienen su independencia y que siguen amándose por mucho que el mundo, y ellos mismos, cambien. Y, por encima de todo, ese amor por el conocimiento y la ciencia, por salvarse de la barbarie de una tierra norteña salvaje y no sucumbir a la estupidez de un sur corrupto y decadente. La situación se complica cuando deben enfrentarse a la criatura más hermosa y terrible que existe: un dragón. ¿De verdad es necesario matar tanta belleza, tanta magia, tanta sabiduría ancestral? ¿No hay otra manera de salvar las cosechas, el ganado y el oro? El primer libro de Geralt de Rivia comparte con Vencer al dragón esa melancolía decadente de sus respectivos mundos otoñales y la idea de que, a menudo, los peores monstruos no tienen garras y colmillos y vomitan fuego y ácido para defenderse; los peores monstruos son humanos y están a punto de extinguir a las criaturas más extraordinarias del planeta.
Lectora, para disfrutar del bellísimo estilo de la pluma de Barbara Hambly y de unos personajes con emociones y conflictos adultos y reales.
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No mires ahora, de Daphne du Maurier
John tiene la esperanza de reconectar con su esposa Laura durante una visita vacacional a Venecia. El matrimonio todavía sigue afectado por la muerte de su hija pequeña, Christine, y piensan que ese viaje los ayudará a animarse un poco. Pero durante un almuerzo, Laura conoce a unas inquietantes hermanas gemelas que dicen tener poderes psíquicos. Aunque intenta tomárselo con sentido del humor, John no tarda en montar en cólera por las advertencias de la hermana médium y el efecto que tienen sobre su esposa.
«—No mires ahora —dijo John a su mujer—, pero hay un par de ancianas que intentan hipnotizarme, a dos mesas de aquí.«

Daphne du Maurier (1907 – 1989) fue una escritora que nació en Londres, en el seno de una familia acomodada y culta, que le proporcionó una sólida educación: su padre era agente teatral, su madre actriz, su abuelo guionista y dibujante, su tío periodista, y sus primos, los Llewelyn Davies, sirvieron de inspiración a J. M. Barrie para Peter y Wendy. Daphne du Maurier empezó a publicar sus primeros relatos con apenas veinte años y, ya casada y madre de tres hijos, siempre se sintió muy orgullosa de mantener su hogar y a su familia gracias a su trabajo literario. Quizás su obra más célebre sea Rebeca, que se publicó en 1938 con un éxito inmediato, pero también destacan Los pájaros (1952), La posada de Jamaica (1936), La cala del francés (1941) o Mi prima Rachel (1951), entre otros. No mires ahora (1971) es un relato de tintes oscuros y góticos, un buen ejemplo de la declaración de intenciones de una escritora que confesaba sus intenciones de mantener al lector en vilo.
No mires ahora es un relato tan bien construido, ejecutado y narrado que podría servir como un ejemplo impecable sobre cómo escribir ficción. Como señalan las editoras de La Biblioteca de Carfax en su nota en esta edición, puede que el suspense de las historias de Daphne du Maurier pueda eclipsar la sutilidad de su estilo y de su narración, pero en el caso de No mires ahora resulta imposible pasarlos por alto. La autora abre el misterio ya en el primer párrafo, con un punto de giro que pone los pelos de punta, y, a medida que avanza la narración, sumerge al lector en un viaje inquietante, angustioso en ocasiones, hasta un clímax final tan inesperado como escalofriante. El trabajo psicológico de los personajes es crucial para mantener una tensión narrativa en la que Du Maurier calcula al milímetro cuándo introducir un nuevo elemento que contribuya a dar otra vuelta de tuerca a este relato de suspense que me ha recordado a las novelas góticas clásicas de principios del siglo pasado, pero también a las sensation novels de Wilkie Collins o a las de Louisa May Alcott.
Lectora, te vas a quedar con la boca abierta y los pelos de punta.
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Sally en Rodesia, de Sheila MacDonald
En agosto de 1907, Sally llega a Rodesia del Norte —la actual Zambia— para casarse con Toby MacDonald. La joven pareja se instala en Salisbury, por aquel entonces la capital, y caen totalmente rendidos a la magia del África colonial. Sally en Rodesia es un compendio de las cartas que la protagonista le envía a su madre y a una amiga, desde agosto de 1907 hasta junio de 1912, contándoles sus aventuras cotidianas con el servicio doméstico autóctono, la maravilla de los paisajes, sus jardines, sus excursiones, y su cada vez más extraña vida social y doméstica a medida que la familia crece.
«Vaya luna, madre querida, gloriosamente clara y reluciente; un cielo brillante salpicado de estrellas, sin viento, tan solo una especie de canción fresca y suave que se cuela entre los árboles. Tengo el presentimiento de que voy a adorar África; hay algo que simplemente me llama y me atrae.«

Sheila MacDonald nació en Nueva Zelanda. Se casó en primeras nupcias con Toby MacDonald, con el que formó una familia y vivió en Salisbury, Rodesia, hasta 1924, fecha en la que su marido murió y ella se mudó con sus cuatro hijos a Inglaterra para escolarizarlos. Fue entonces cuando empezó a escribir para ganarse la vida y en 1916 publicó Sally en Rodesia, un delicioso testimonio epistolar sobre sus primeros años en África.
Las cartas recogidas en este libro son divertidas, carismáticas y valientes, un fiel reflejo de la personalidad de su autora. A través de su mirada y de su sentido del humor, comprendemos que Sheila MacDonald fue una mujer excepcional para su época y su educación, decidida a ver siempre el lado amable de la vida y dispuesta a sacarle partido a cualquier revés. Enamorada totalmente de África, trasmite, a través de su escritura vívida y enérgica, la mirada de una colona anglosajona que se ha mudado a vivir en una suerte de maravilloso paraíso sin domesticar.
Lectora, un librito epistolar y biográfico divertidísimo y genial.
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Etiquetado Clásico, Ensayo, feelgood, Libros excéntricos, Literatura británica
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Londres bajo tierra, de Peter Ackroyd
La ciudad de Londres se asienta sobre rocas del período paleozoico de 120 millones de años, que nadie ha visto nunca, y se hunde en una arcilla tan compacta que soporta las centenares de prospecciones que sus habitantes han llevado a cabo durante distintas épocas históricas. Bajo la ciudad existe otro Londres subterráneo poblado de secretos, misterios, fantasmas y leyendas, pero también surcado por las vías del metro más antiguo del mundo, la canalización de trece ríos y afluentes o los yacimientos arqueológicos más curiosos del país. Clerkenwell Green fue una prisión subterránea que se cerró en 1877 y era tan inmunda que hoy en día sigue pesando una oscura maldición sobre el lugar; Lower Robert Street es una de las pocas calles bajo tierra que todavía quedan en Londres; no se excava desde Aldgate hasta Walthamstow porque fueron foco de peste y las bacterias resisten durante centenares de años; cerca de Saint Pancras se encontró el campamento de Julio César; y en 1832 se sacó del Támesis una colosal cabeza del emperador Adriano. Peter Ackroyd es un guía meticuloso y muy literario en este curioso descenso al Hades histórico más londinense.
«Incalculables son las personas que, sepultadas en las arcillas del período eoceno, se congregan a nuestro paso cuando nos desplazamos en uno de esos trenes subterráneos. Refugios y galerías con capacidad para albergar a millares de seres humanos en caso de desastre. Porque deambulamos por encima de lo que fuera la ciudad en el pasado, allí donde, bajo ocho metros de tierra amontonada y prieta, se guarda toda su historia, desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días. Superpoblado, entrelazado con la ciudad que contemplamos, el pasado se despliega bajo nuestros pies.«

Peter Ackroyd es un novelista y biógrafo inglés conocido por su interés sobre el estudio de Londres. Aunque ha sido reconocido y premiado por la crítica y el público por sus biografías de Tomás Moro o de Charles Dickens, entre otras, las tres obras más aclamadas del autor están dedicadas a Londres: Londres. Una biografía (2000), Londres bajo tierra (2011) y Londres Gay (2018). Aunque adoro tener en la estantería el enorme tocho de Londres. Una biografía (son más de mil páginas con letra pequeñita según estándares de señora victoriana), reconozco que me daba menos miedo leer por primera a Ackroyd en un ensayo más corto, pero igual de fascinante. El único problema de que Londres bajo tierra me haya gustado tanto es que ahora tengo más ganas todavía de leer Londres. Una biografía. Pray for me.
Con un estilo ameno y didáctico, Peter Ackroyd nos pica la curiosidad a través de un montón de anécdotas sobre el subsuelo de Londres y sus habitantes. Aproximadamente la primera mitad del libro versa sobre los hallazgos históricos y arqueológicos de la ciudad romana y medieval, así como sobre la canalización soterrada que fueron sufriendo sus distintos ríos y arroyos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, por no hablar de El Gran Hedor de 1858. Pero, en mi opinión, el ensayo se vuelve mucho más fascinante en su segunda mitad, cuando el autor, muy cómodo al guiarnos a través de la época victoriana, nos cuenta las obras del primer metro en occidente (a bordo viajaron Oscar Wilde, Charles Dickens, Charles Darwin y, tal vez, Jack el Destripador), el proyecto Bazalgette (1861), o la excavación de túneles inquietantes bajo el Támesis a cargo de los Brunel (1825-1840). Igualmente fascinantes son los capítulos dedicados a los refugios bajo la superficie de la ciudad durante las dos guerras mundiales, las apariciones fantasmales subterráneas y las maldiciones por excavar tan cerca del infierno; también los capítulos sobre las instalaciones secretas bajo Whitehall o los pasillos ocultos bajo tierra que unen la sede del MI5 con la del MI6. Me ha encantado entender un poco más cómo eran los ferrocarriles subterráneos en época victoriana y las menciones literarias, históricas y sociales que Ackroyd tan bien sabe hilar con sus anécdotas.
Lectora, el Londres de la superficie no es más que la punta del iceberg.
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