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El protectorado de la sombrilla, de Gail Garriger

En el Londres de la reina Victoria, Alexia Tarabotti sabe que su ascendencia italiana, su piel tostada y su avanzada edad de 28 años la convierten en una solterona sin remedio. Pero una cosa es quedarse para vestir santos y otra que un vampiro ceceante intente atacarla en la biblioteca de los duques de Snodgrove sin ser siquiera presentados. El único peligro que corre Alexia es morirse de hambre —de toda la buena sociedad londinense es conocida la tacañería de los Snodgrove con los canapés— porque su condición de preternatural la mantiene a salvo de cualquier intento de mordisco vampírico. La señorita Tarabotti ha nacido sin alma, como su desaparecido padre, y al contacto con su piel cualquier ser sobrenatural vuelve a ser humano. No es que volverse humano vaya a matar al vampiro maleducado de la biblioteca pero la sombrilla de Alexia puede hacer estragos con un poquito de ayuda de su encantadora torpeza natural. Cuando Lord Maccon, lobo alfa de la manada de Woolsey y director y agente de campo de la Oficina de Registro Antinatural (ORA), entra en la biblioteca se encuentra con un problema muerto y una díscola señorita Tarabotti dispuesta a sacarlo de sus casillas. Y es que desde que un extraño incidente con un erizo en los pantalones del conde los enfrentó, las férreas voluntades de Alexia y Conall Maccon parecen destinadas a chocar una y otra vez. Quizás, si dejan de discutir durante cinco minutos sean capaces de resolver la misteriosa desaparición de sobrenaturales que asola Inglaterra.

«—No le habrás dicho alguna inconveniencia al conde, ¿verdad, querida?
Alexia repasó mentalmente el encuentro con Lord Maccon.
—No en el sentido estricto de la palabra (…). Me he despertado esta mañana pensando en todas las groserías que podría haberle dicho y no le dije —añadió Alexia malhumorada—. Eso sí es un verdadero fastidio.«

El protectorado de la sombrilla (The parasol protectorade) es el nombre de la saga steampunk de Gail Garriger sobre las aventuras de Alexia Tarabotti, una preternatural que ha nacido sin alma y, por lo tanto, es capaz de anular a los seres sobrenaturales. Solo he leído las tres primeras novelas de la saga (Sin alma, Sin cambios, Sin culpa) porque, por desgracia, la editorial Versátil no siguió editando en castellano el resto de los libros que, si no me equivoco, solo son dos volúmenes más (Heartless y Timeless) y los podéis encontrar en su inglés original.

El cóctel de steampunk, ambientación en el Londres victoriano de 1870, comedia, misterio, romance paranormal y fantasía urbana de esta saga de Gail Garriger me ha encantado. Es que la mezcla es estupenda, está muy bien servida y mejor escrita. Si bien es cierto que en Sin alma la trama romántica es más potente que en las posteriores novelas, los protagonistas se cortejan con tanta gracia, excentricidad y despropósito que no puedes dejar de sonreír. Garriger presenta a una protagonista atípica, que no entra en el canon de belleza de la época, inteligente y muy instruida en ciencia y tecnología, apasionada de todos los avances de su época (primeros vuelos aerostáticos, binoculares de visión ultravioleta, telégrafos experimentales, etc.). Su único superpoder es haber nacido sin alma y manejar con soltura, pese a los incordios del polisón y del corsé, una sombrilla de señorita, aunque su curiosidad y su tesón la empujan a investigar y resolver qué amenaza a los sobrenaturales. Alexia suspira por un puesto oficial en el ORA, pero las convenciones sociales (¡una señorita de buena familia trabajando!) y su diferencia de opiniones con Lord Maccon se lo pondrán tan difícil… hasta que aparece la mismísima reina Victoria y le ofrece algo muchísimo mejor.

Cada uno de los libros de esta saga es un caso sobrenatural que Alexia y Conall resuelven más o menos satisfactoriamente, pero como son tan bestias suelen dejar todo manga por hombro a su paso. La gracia es que el lector no solo disfruta de un misterio sino también de un montón de diálogos ingeniosos, mucho humor, artefactos originalísimos, un retrato satírico de la época (la ambientación en el Londres victoriano es magnífica) y el desconcierto de no saber nunca qué va a pasar en el siguiente capítulo. Los personajes secundarios son geniales, como el beta de Maccon, el profesor Lyall, el vampiro Lord Akeldama, Biffy, o la querida Ivy y sus insufribles sombreros (detalle que me ha parecido un encantador homenaje a los personajes de Aquí hay veneno de Georgette Heyer, genial maestra en el arte de los diálogos humorísticos chispeantes).

Lector, imagina una comedia steampunk de Blake Edwards con protagonistas sobrenaturales en el Londres de 1870.

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La chica salvaje, de Delia Owens

Kya vive sola en las marismas de Barkley Cove, Carolina del Norte, desde los seis años, desde que toda su familia se marchó de la cabaña acosada por la violencia de un padre alcohólico. Ha aprendido a huir de los habitantes del pueblo, a esconderse como un animalillo acosado por las burlas y los prejuicios, y se ha acostumbrado a confiar solamente en el delicado y hermoso ecosistema de las marismas, su hogar. Enamorada de sus aves, de sus plantas, de sus conchas, Kya se convierte en una experta bióloga y paisajista. En el pueblo la llaman la Chica Salvaje y casi se han acostumbrado a su fugaz presencia hasta que, de repente, junto a la torre de vigilancia de las marismas, aparece el cadáver de Chase Andrews, uno de los más insignes jóvenes de la comunidad de Barkley Cove. Y entonces todas las miradas convergen sobre la huraña y temida Chica Salvaje.

«A veces oía en la noche sonidos que no conocía o se sobresaltaba si un rayo caía demasiado cerca, pero la tierra la recogía cada vez que tropezaba. Hasta que, por fin, en un momento indeterminado, el dolor de su corazón desapareció como el agua al filtrarse por la arena. Seguía allí, pero en lo más profundo. Kya puso la mano en la tierra húmeda y vital, y la marisma se convirtió en su madre.«


Ático de los libros
Páginas: 384
ISBN: 978-84-17743-37-6
Fecha de publicación: 9 de octubre de 2019

Os aviso: La chica salvaje es, hasta la fecha, la mejor novela que he leído en lo que va de año. Me ha conmovido profundamente por su belleza, he llorado de emoción y de angustia, y he quedado totalmente prendada de una protagonista que me ha parecido más real que la mayoría de personas que conozco. Ambientada entre los años 60 y 70 del siglo XX, me ha parecido a la altura de Matar a un ruiseñor y Las huellas de la vida. No es que se parezca a ninguna de estas dos novelas, pero me las ha recordado por varios motivos: a Matar a un ruiseñor, por la cuestión racial y la extraña línea que separaba a los habitantes negros norteamericanos de la basura blanca (los miserables que vivían en el pantano y no tenían ni zapatos que ponerse). Y a Las huellas de la vida, porque el itinerario profesional, la autodidacta natural y la marginación de Kya me han recordado a la injusticia que se cometió con Mary Anning. Anning, al igual que Kya, era mujer y pobre, pero una extraordinaria paleontóloga; sus hallazgos y trabajo fueron la base para teorías posteriores como las de Charles Darwin o las de Charles Lyell, que jamás podrían haber formulado sus avances científicos sin el trabajo previo de la paleontóloga. Y pese a ello, Mary Anning fue borrada de la historia de la ciencia y jamás llegó a entrar en la Royal Society de Londres porque en el siglo XIX no admitía a mujeres. Ambos personajes fueron marginados por su sexo y por su pobreza, y aunque Kya es un caracter ficticio, el espejo entre la bióloga de las marismas y la paleontóloga de Lyme es palpable, casi un homenaje.

«Los cuervos guardan mal los secretos.«

Delia Owens (Georgia, Estados Unidos, 1949) es zoóloga y etóloga. Ha vivido y trabajado más de veinte años en África y en la actualidad reside en un rancho en Idaho, donde escribió y publicó La chica salvaje. Se le nota su vocación científica y enamorada de la naturaleza porque es cuando narra sobre la marisma y su ecosistema cuando su prosa se vuelve más hermosa. Kya, su personaje, adopta a la naturaleza como madre y estudia el comportamiento animal y vegetal con una eterna pregunta en los labios: ¿por qué una madre abandonaría a sus hijos? A medida que crece y estudia biología, comprende que la naturaleza no entiende sobre el bien o el mal, simplemente busca su camino para perpetuarse y florecer.

«Y en ese momento, el viento arreció y miles y miles de hojas amarillas de sicomoro se separaron de su soporte vital y surcaron el cielo. Las hojas otoñales no se caen, vuelan. Se toman su tiempo y se alejan de ese modo, en su única ocasión de elevarse. Giran y navegan y se agitan con viento mientras reflejan la luz del sol.«

La novela alterna la narración en dos hilos argumentales que acaban coincidiendo en 1970; el primero se inicia en 1952, cuando la protagonista es abandonada por su madre, y el segundo en 1969, cuando se descubre el cadáver de Chase Andrews, habitante de Barkley Cove. Este planteamiento narrativo es perfecto para mantener el suspense de la investigación, pero también para darle tiempo al lector de enamorarse de Kya y entender sus circunstancias. Todo encaja a la perfección a su debido tiempo en una historia que ya habría sido extraordinaria solo por su protagonista y el entorno natural que la arropa y la protege, aunque es cierto que la trama policial le aporta una tensión, un enigma, que se integra perfectamente y aporta complejidad a la magnífica trama.

El resultado es una novela bellísima y conmovedora, tanto por su oda a la naturaleza como por la reflexión sentimental y emocional alrededor de vivir en libertad y amar sin dependencias. Una protagonista excepcional, inolvidable, en una época en la que ser pobre y mujer dejaba muy poco margen de maniobra en Carolina del Norte.

Lector, no te la pierdas.

También te gustará: Las huellas de la vida; Matar a un ruiseñor; La evolución de Calpurnia Tate

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En la sangre, de Laura Gomara

Seis semanas antes de Navidad, Eva Valverde recibe malas noticias de su médico. Eva es carterista, aunque de vez en cuando también desvalija pisos turísticos, y tiene un negocio online de venta de moda de alta costura. Vive sola en el piso que heredó de su abuela y, aunque hace unos meses que rompió con Oleg, ambos parecen incapaces de alejarse el uno del otro. Quizás porque comete un desliz, quizás porque solo era cuestión de tiempo o de desesperación, un chantaje de poca monta la obliga a robar por encargo unas misteriosas joyas. Desarraigada y sin sus perspectivas de negocio, no le queda otra que aceptar el encargo con la esperanza de terminar rápido y volver a la vida que tan cuidadosamente se ha construido… si es que todavía le queda tiempo.

«Coloco mi bolso como pantalla y deslizo los dedos en el bolsillo del abrigo beis que la mujer lleva colgado del brazo. Palpo el móvil que la he visto guardar hace un momento, y lo sujeto entre el índice y el corazón. Remolco el aparato con suavidad  y, una vez fuera, lo deslizo en mi bolsillo. Cuatro segundos de trabajo. El vagón está frenando y finalmente se detiene. Me abro paso entre la gente y salgo al andén. La mujer se queda dentro, todavía sonriendo con la mirada fija en su Kindle.«

Roca Editorial
Fecha de publicación: 3 de octubre de 2019
ISBN: 9788417771171
Páginas: 336

En la sangre es la segunda novela que Laura Gomara publica con Roca Editorial y me ha gustado incluso más que Vienen mal dadas. Esta vez, se trata de un noir en toda regla con una femme fatale de protagonista, una Eva Valverde que se construye una imagen segura e impecable con dinero robado para disimular su quebradiza fragilidad; y es que aunque se camine sobre unos Ferragamo, es muy difícil mantener el equilibrio cuando se está huyendo de las convenciones sociales y de unas relaciones materno-filiales opresivas.

Eva sabe qué no quiere ser, pero no tiene ni idea de cómo sentirse a gusto en su piel. Esa es la esencia del personaje carismático e intenso que protagoniza En la sangre y que constituye la clave de una novela que conjuga muy bien el suspense, la psicología de los personajes, sus relaciones, y la crítica social. Me encanta una escena del capítulo cuatro, al inicio de la novela, cuando Eva vuelve de madrugada de una cena, ataviada con elegancia, y se mira en un escaparate; no es Passeig de Gràcia sino el Gótico, pero me recuerda a Audrey Hepbrun en Breakfast at Tiffany’s; quizás porque Eva Valverde y Holly Golightly (la de Capote, no la versión de Hollywood) comparten esa fragilidad, ese vivir una mentira, ese saberse usurpadoras de un lugar social al que no corresponden. Aunque Eva es mucho más oscura e implacable —quizás porque además de tránsfuga es una superviviente—, y está dispuesta a seguir robando como un derecho, una necesidad, un negocio tan poco convencional como ella.

El otro punto sobre el que se equilibra la trama es Oleg, el novio de ascendencia rusa de Eva. No voy a contar casi nada del personaje y sus circunstancias porque la gracia está en que el lector descubra por sí mismo qué ocurre con Oleg, quién es y cómo Eva sella su destino. La tensión amorosa —y destructiva— entre ambos forma parte de la oscuridad de esta novela y a menudo dicta los giros de los personajes porque, con luz o sin ella, el amor hace girar el mundo, cualquier mundo, incluso el de la Barcelona más negra.

Laura Gomara, que sabe sacarle partido a la narración en presente para dotarla de cierta cadencia poética y emocional —una cadencia que a veces roza la más bella tristeza—, tiene talento para trasmitir ambientes muy característicos y retratar estratos sociales y grupos apenas con un par de frases o un diálogo. Especialmente claustrofóbico me ha resultado el grupo de amigas ricas de Eva (con sus estúpidos cotilleos y romances, su postureo y su código vacuo), la casa de Montsiol donde todo queda retenido a merced del monstruo (el perro, Cristina), la familia de Oleg, o la necesidad de escapar de la propia Eva (de su madre, de la mediocridad a través del lujo, de sí misma). Y Barcelona. Barcelona vuelve a ser escenario de una novela negra, pero esta vez con una reflexión que llama poderosamente la atención del lector: no importa en qué barrio te encuentres, si rico, pobre o miserable, la basura sigue siendo la misma en todos ellos solo que mejor o peor iluminada y ventilada.

En la sangre os va a gustar por su protagonista, por la tensión de sus robos y su modo de vida, por lo bien hilada que está la trama y lo estupendamente que van encajando cada una de las piezas del rompecabezas. Aunque también se disfruta por su agilidad, por los personajes, por sus reflexiones sociales, por su inteligente mirada sobre las relaciones materno-filiales, la enfermedad, la muerte, y… por sus taxistas.

Lector, te va a dejar boquiabierta esta femme fatale, advertido quedas.

También te gustará: Vienen mal dadas; Reikiavik; La detective miope

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La corte de los espejos y La última primavera, de Concepción Perea

Tras la Guerra de la Reina Durmiente, Silvania ocupa el trono de Tierra Linde consciente de que la precaria paz conseguida corre peligro. Cuando una poderosa phoka aparece asesinada en su exilio, las sospechas sobre una conspiración para deponerla hacen saltar todas las alarmas. Ni siquiera la malhumorada Nicasia, ingeniera del Gremio de Constructores y héroe de guerra, que intenta llevar una vida tranquila en su negocio, puede permanecer al margen de los acontecimientos. Enfrascada en sus inventos y concentrada en lidiar con la Hueste Invernal y los desafíos de Dujal -un phoka con el que mantiene una antigua rivalidad-, el asesinato de su antigua compañera de armas sacude su conciencia: si la Reina Silvania cae, Tierra Linde se verá abocada a otra guerra de desenlace incierto. Nicasia está cansada de pelear, de tanta muerte y dolor, pero sabe que por el bien común hará todo lo posible e imposible por evitar otra guerra… aunque eso conlleve tener que adentrarse con Dujal en las entrañas del mismo infierno del que una vez logró escapar.

«Sería un milagro llegar viva al verano. «He deseado morirme tantas veces sin lograrlo. Y ahora que podría empezar a irme bien me va a tocar palmarla». La vida era una broma. «Y todo para defender a esta pandilla de borregos». Podría huir, podría proponerle a Marsias hacer el equipaje juntos y dejarlo todo. Sacudió la cabeza ante esa idea. A ella se lo habían propuesto una vez y se había negado. Haría lo que hubiese que hacer, afrontaría las consecuencias y, si tocaba morir, caería con la conciencia tranquila. No se escondería para tener una larga vida llena de temores.«

Esta es la primera vez que leo a Concepción Perea y fue gracias a la generosidad y sapiencia del Librero del Mal, que me descubrió Tierra Linde y hasta le puso mapa. He leído de un tirón los dos libros de esta saga protagonizada por Nicasia, La corte de los espejos y La última primavera, y si queréis que os haga un resumen para no tener que seguir leyendo esta reseña, aquí va: leed a Concepción Perea. Apenas llevaba un par de páginas del primer libro y ya estaba totalmente prendada de la historia que contaba, pero sobre todo, de cómo la contaba.

La corte de los espejos te va a gustar por trepidante, por fantástica, por la potente personalidad de Nicasia, por la complejidad de la trama, por los personajes, por las criaturas fantásticas… Por todo. Pero lo que de verdad hay detrás de todo eso es una escritora excelente, muchas horas de tinta, células grises y un don. Como dice su protagonista, la suerte no existe, lo que existe es el talento. Y Concepción Perea vaya si lo tiene. Me ha encantado su prosa estupenda, con ritmo, de frases cortas y brillantes, incisiva, de soberbias descripciones y diálogos ingeniosos y contundentes. Con un léxico riquísimo y un dominio magistral de lo necesario, Perea demuestra que no hace falta ponerse barroco para resultar extraordinario o elegante.

El mundo fantástico de La corte de los espejos y de La última primavera bebe del folclore tradicional fantástico: corte feérica dividida en una hueste oscura y otra estival, descendientes de los Tuatha dé Dannan, centauros, faunos, dragones, etc. Pero su narrativa, su historia, dista mucho de la fantasía épica de Tolkien, por ejemplo. No solo no hay viaje del héroe, propiamente dicho, sino que la protagonista tiene un genio de mil demonios, es maltratada física y emocionalmente hasta límites insostenibles y no tiene ni un ápice de romanticismo en todo su cuerpecillo. Sus decisiones no están dictadas por el altruismo o la bondad o la generosidad o la valentía o el amor de los héroes tradicionales de fantasía, sino desde el pragmatismo de una ingeniera. Nicasia está cansada y solo quiere vivir en paz, quiere mantenerse al margen de los acontecimientos, pero es que los acontecimientos no dejan de perseguirla. Cuando Nicasia desenvaina a Cuervo, su espada, no es porque el bien reine en el mundo de las grandes epopeyas. Nicasia blande la espada para defenderse, para evitar un mal mayor y conservar su vida.

No os cuento más, tenéis que descubrirla vosotros mismos, sin prejuicios ni promesas. Me ha parecido una autora de prosa excelente, estilo personalísimo (que ya sabéis lo mucho que lo aprecio) y que sigue muy bien la senda que una vez señaló Brandon Sanderson cuando dijo que la fantasía necesitaba romper esquemas y volar con más libertad. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una novela de fantasía con sátiros, dríades, goblins y leprechauns. ¿Te animas?

Lector, aventuras, fantasía, originalidad y buena prosa.

También te gustará: Los cinco frascos; Róndola; Los últimos años de la magia; Seis de cuervos; Arcadia; Un cuento oscuro; Seraphina

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Abadía Pesadilla, de Thomas Love Peacock

La augusta familia de los Ceñudo lleva generaciones convencida de que el mundo es un gran teatro del mal y que de nada le sirve la alegría a un hombre sabio. Dueños de tétricos páramos y lúgubres pantanos, viven infelices en su mansión, Abadía Pesadilla, sobre la que pesa un halo de negra melancolía. Lugubrino, el joven heredero del señor Ceñudo, ha prometido encerrarse en su torre a escribir sobre su filosofía del mundo tras una trágica experiencia en cuestiones amorosas. Pero su retiro se ve constantemente interrumpido por las distracciones atormentadoras de su bella y alegre prima, las veladas poéticas de sus amigos, y la irrupción intempestiva de una misteriosa dama encapuchada. Desesperado por su desgarradoras pasiones y dilemas, y las constantes interrupciones, Lugubrino brinda, con oporto, en una calavera, con su padre y sus amigos por ser eternamente infelices.

«(…) pero debo decir que los libros modernos son muy alentadores y agradables para mis sentimientos. En ellos se respira, por así decirlo, un agradable viento del nordeste, una aniquilación intelectual, una misantropía y un descontento deliciosos que demuestran la nulidad de la virtud y la energía, y que hacen que me sienta bien conmigo mismo y con mi sofá.«

Thomas Love Peacock (1785-1866) fue un escritor inglés, habitual entre los románticos y helenistas de su época. Amigo de Percy Shelley y Lord Byron, escribió Abadía Pesadilla como una sátira divertidísima y no exenta de cariño sobre la apasionada corriente cultural romántica de la época y sus máximos exponentes. Coleridge, Wordworth, Byron, Percy y Mary Shelley se pasean en esta historia genial, en clave de humor, sobre atormentados y apasionados literatos encerrados en una lúgubre mansión para hablar sobre la tragedia de la vida y los amores imposibles.

Recomiendo vivamente la lectura de la introducción de Carlos Pardo, que no solo aporta las claves de esta magnífica lectura, sino que además lo hace con párrafos tan geniales como este:

«Los ingleses han mostrado una buena práctica en el arte de reírse de sus manías. Al modo de las caricaturas del genial William Hogarth, convierten ese radical humor que llamamos negro, humor desarraigado, en una herramienta de crítica social. Algo así como la creencia pragmática de que si este mundo es un infierno, la mejor manera de cambiarlo es reírse en las barbas del mismísimo Satanás. Pero dejándole la duda de si es una broma o educación exquisita.«

En Abadía Pesadilla, el lector encontrará un reflejo satírico y divertido de la literatura romántica británica de principios del siglo XIX; pero también un retrato cariñoso, una pizca burlesco, de los Shelley y sus amigos, de su historia de amor, de su pasión y su rebeldía. En clave de humor y bajo nombres caricaturescos, los grandes poetas y narradores románticos debaten sobre su actualidad literaria —ellos fueron rebeldes vanguardia de un movimiento cultural y existencial que llegó para cambiarlo todo— y sobre su visión de la vida.

Me gusta Lugubrino (Percy Bhysse Shelley) con su encierro melodramático, su calavera llena de oporto y sus dramas amorosos. Me encanta Floski (Samuel Taylor Coleridge) con sus explicaciones sobre literatura y los críticos, departiendo con el señor Ciprés (Lord Byron) o con el siempre cansadísimo señor Languídez. Me divertían las puyas de Marionetta y el contrapunto de los Hilarántez. Pero, sobre todo, me descubría a menudo pendiente de que irrumpiera en escena el señor Terríblez con su frase favorita del Apocalipsis: «El diablo ha descendido a vosotros«.

Esta maravilla fue acertadísimo regalo de mi amiga Rosa, arqueóloga literaria. Gracias, querida, por el descubrimiento.

Lector, no soy capaz de hacerle justicia a esta sátira que bien merece un par de lecturas más para sacarle partido. Léela y decide por ti mismo.

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Abadia Pesadilla

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