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El último verano, de Ricarda Huch

En el verano de 1906, el gobernador de San Petersburgo, Yégor von Rasimkara, decide retirarse unos meses a su casa de campo para descansar junto con su esposa y sus tres hijos: Velia, Yéssika y Katia. En abril, el gobernador había dado la orden de cerrar la Universidad y detener a los estudiantes que defendieron a un polémico profesor que había sido condenado a trabajos forzados en Siberia. Todavía a la espera del juicio y la ejecución de los estudiantes, la esposa de Rasimkara se siente más segura cuando contratan a Liu, un joven y fuerte secretario encargado de la seguridad del gobernador, que los acompaña en su retiro vacacional. Todos en la familia caen rendidos al encanto de Liu, sin sospechar siquiera que acaban de abrir la puerta de su casa a un disidente político.

«Mi estancia aquí es fascinante desde el punto de vista psicológico. Esta familia tiene todas las cualidades y todos los defectos propios de su clase social. Quizás ni siquiera pueda hablarse de defectos, ya que en realidad solo tienen uno: pertenecer a una época que debe desaparecer y constituir un obstáculo para el desarrollo de una nueva. Es doloroso ver que talan un árbol viejo y hermoso para hacer sitio a una vía ferroviaria.«

Ricarda Huch (1864 – 1947) fue una poeta, novelista e historiadora alemana, candidata en varias ocasiones al Nobel de Literatura. Huch estudió Historia, Filología y Filosofía y fue una de las primeras mujeres en obtener un título universitario. Cuenta Cecilia Dreymüller en la introducción de la edición de Duomo de El último verano, que Ricarda Huch es una autora que todavía sigue pendiente de recuperarse en la actualidad, quizás porque fue proscrita tres veces. Muy interesada en el romanticismo alemán, sobre el que escribió dos ensayos, y luego sobre el anarquismo (su biografía de Bakunin sigue leyéndose en las universidades) y el comunismo, Ricarda Huch no se había posicionado políticamente hasta que se produjo el ascenso del nazismo en su país; y entonces se posicionó rabiosamente en contra. Su carta de renuncia a la vicepresidencia de la Academia Alemana de las Artes, en 1933, en protesta contra las doctrinas de Hitler, es valiente y bellísima. Esa fue su primera prohibición, la del régimen nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, Huch decidió quedarse en el Berlín ocupado por la URSS para luchar activamente en favor de la instauración de un régimen democrático en la Alemania oriental. Pero en 1946, cansada de no conseguir nada en claro, escapó a la Alemania occidental con la excusa de un congreso literario, ya que los rusos no querían dejarla marchar. Murió en 1947, agotada y enferma, probablemente jamás recuperada del esfuerzo y la complejidad de su fuga. A su muerte, ya era una autora vetada tras el Telón de Acero por su deserción, pero también en Occidente porque tras la guerra se había quedado en el Berlín comunista. Una triple cancelación que debería haber quedado atrás, pero todavía hoy, el nombre de la autora sigue sonando poco entre los lectores de nuestro país.

El último verano es una novela epistolar, breve, delicada y conmovedora, sobre una familia burguesa en la Rusia de los zares, a punto de desaparecer dinamitada por la revolución bolchevique. Aunque la novela fue escrita en 1905 y publicada en 1910, resulta sorprendente la clarividencia de una historiadora tan sensible e inteligente como Ricarda Huch, capaz de intuir en tan pocas páginas una visión de lo que esperaba a las familias zaristas de la Rusia de Nicolás en 1917 (si bien se considera que en 1905 se produjo la primera revolución rusa, cuando Huch escribió y publicó su novela, ningún historiador estaba preparado para la de 1917). En El último verano, la voz y el estilo narrativo de Ricarda Huch brillan por su riqueza, su elegancia y esa habilidad para retratar a una familia zarista, al borde de la desaparición, con respeto, ternura y melancolía. El intercambio de cartas entre los diferentes personajes mantiene a la perfección la tensión narrativa y el suspense hasta el final, además de componer un retrato social, político y económico de la época a través de una ficción casi policíaca. Una historia salpicada por fugaces pinceladas de humor, de cariño, de amor, pero también de crítica e ironía, y, sobre todo, un ejemplo extraordinario de cómo, a través de la ficción, se puede contar una verdad histórica terrible.

Lectora, esta novela me la recomendó MH de Las inquilinas de Netherfield, quien asegura de que El último verano debería ser un clásico mucho más famoso porque es magnífico. Coincido totalmente con ella y te dejo aquí su reseña y también la de Lecturas de Undine, porque creo recordar que la leyeron al alimón y sus puntos de vista se complementan de forma brillante, no te las pierdas:

El último verano en casa de Las inquilinas de Netherfield

El último verano en casa de Lecturas de Undine

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Bajo la nieve, de Helen McCloy

Durante una nevada de diciembre que ha dejado las calles de Nueva York sepultadas, dos empleados municipales descubren el cadáver de una bella joven bajo más de un metro de nieve. Lo más extraño de todo es que el cuerpo permanece caliente y tiene la cara de color amarillo, factores que confunden a los forenses. Basil Willing, psiquiatra adscrito a la oficina del fiscal, junto al inspector Foyle de la policía de Nueva York, llegan a la conclusión de que la víctima es una joven debutante de la alta sociedad, famosa por sus anuncios en la prensa. Sin embargo, todo se complica cuando el general Archer, comisario principal de la policía, les asegura que la joven, amiga de su sobrina, sigue viva en su mansión neoyorkina, y les advierte sobre lo perjudicial que puede ser para sus respectivas carreras ir por ahí acusando de asesinato a la gente rica de la ciudad.

«El delincuente que finge ser inocente tiene que reprimir todos sus impulsos naturales de huida, miedo y júbilo. Tiene que mentir y mentir es una forma de represión. Siempre provoca conflictos que, a su vez, desencadenan lapsus. Por eso la torpeza y la culpabilidad se han asociado desde tiempos inmemoriales. Y aún hay más, pues tiene que reprimir su consciencia y eso causa tantos problemas mentales en las personas civilizadas como la represión de los instintos animales.«

Helen McCloy, seudónimo de Helen Clarkson (1904-1992), fue una escritora norteamericana de misterio clásico, conocida por sus novelas protagonizadas por el psiquiatra detective Basil Willing. McCloy fue la primera mujer en presidir la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos y Bajo la nieve, publicada en 1938, fue el primer caso protagonizado por su Basil Willing. Esta es la segunda novela de esta genial autora que tengo el gusto de leer y me ha gustado tanto, o más, que Un reflejo velado en el cristal.

Bajo la nieve es una novela de misterio que destaca por su intrigante planteamiento inicial sobre un cadáver imposible, una causa de la muerte rarísima y una investigación que apenas tiene por dónde empezar. Como su investigador protagonista es un psiquiatra, la trama criminal se va desentrañando tanto por las reflexiones y observaciones psicológicas de Basil Willing sobre las entrevistas y el comportamiento de los sospechosos, como por el trabajo policial más tradicional del inspector Foyle. Sin trampas ni giros infundados, Helen McCloy mantiene el suspense y la intriga de principio a fin con un pulso impecable en las revelaciones de la investigación y un ritmo narrativo sostenido y magnífico. Me ha encantado el estilo sobrio y amable de la autora, la dinámica de sus excelentes diálogos y lo bien que perfila a todos los personajes, secundarios y protagonistas. Como nota adicional, destaco la buena ambientación de la novela en la época de entreguerras por sus detalles relativos al ascenso del poder de la prensa y la publicidad, las consecuencias socio-económicas del crack del 29, o la temible sombra bélica en Europa, tanto por la pasada como por la inminente Guerra Mundial.  Se queda entre mis favoritas del género.

Lectora, un poquito de nieve para contrarrestar las temperaturas más altas de este verano.

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El libro de las brujas, de Shahrukh Husain

Poderosas, hambrientas, seductoras, bellas y sabias, jóvenes y ancianas, guardianas de la naturaleza, custodias de las estaciones, buenas y malvadas, pero siempre con un montón de recursos sobrenaturales, astucia e independencia. Desde muy joven, a Shahrukh Husain le fascinaban las historias sobre brujas y en este precioso libro recopila todas aquellas leyendas sobre estos seres mágicos que, bien porque la hicieron partirse de la risa, bien porque la aterrorizaron o bien porque la emocionaron, se han convertido en sus favoritas.

«A lo largo de los años, las historias de mujeres que se aliaban con el diablo han ido calando en el folclore, en la poesía y en el arte. En la parte de Recursos hechiceros y en otros cuentos de esta colección, el lector encontrará ejemplos que reflejan la fuerza anárquica, las travesuras maliciosas y las divertidas aventuras de las brujas, pero incluso en los relatos cargados de diversión y juego se hace sentir, de un modo y otro, la sombra de ese período brutal y siniestro en el que se quemaba a las brujas en la hoguera.«

Shahrukh Husain, hija del príncipe Ahmed y Sabbeha Husain, es una autora pakistaní, nacida en Karachi y educada en Londres. Apasionada de la mitología y el folclore, publicó por primera vez El libro de las brujas en 1993 y lo reeditó con una ampliación en 2019, una antología de relatos de todos los rincones del mundo protagonizados por brujas y escogidos con cariño y cuidado. Cuentos de la India, de Japón, de África, de China, de tribus nativas americanas, de centroeuropa, judíos, grecolatinos… Husain recoge de cada rincón del planeta, las leyendas más hermosas, más divertidas o más aterradoras alrededor de la figura de la bruja.

Supongo que el primer requisito para disfrutar de este libro es que te interesen las brujas, pero, sobre todo, es que tengas curiosidad por un viaje fantástico alrededor de las leyendas y el folclore más desconocido de algunos rincones del mundo. Los cuentos recopilados por Husain son breves, geniales, divertidos y escalofriantes, alrededor de la figura de una bruja que quizás no siempre sea la protagonista, pero sí el personaje más sorprendente. Los cuentos grecolatinos me han recordado a esos días tan especiales leyendo Sub luce maligna, de Gonzalo Fontana, las leyendas centroeuropeas a menudo fueron recopiladas y convertidas en célebres por los cuentos de los hermanos Grimm, las italianas me han recordado al Decameron de Boccaccio; las más delicadas, provienen del Japón más místico, las hindús, bajo la sombra de la diosa kali, las judías con Lilith, las rusas con Baba Yagá. Es muy difícil señalar mis preferidas, porque son casi todas, pero confieso que las historias irlandesas tienen tal tono jocoso y sentido del humor y de la comedia que se han quedado entre mis favoritas. Sin bien no encontramos ningún cuento propio del sur de Europa, muchas de estas historias resultan familiares en una cultura hispanista que todavía guarda el eco de las leyendas grecorromanas, celtas, judías, árabes y centroeuropeas cristianas. Las historias sobre brujas forman parte del folclore, las leyendas y el mito de todas las culturas humanas, por lo que leer esta antología resulta un viaje cultural fascinante. Las historias y los seres mágicos que las pueblan se parecen tanto, independientemente de su cultura de origen, que resulta inevitable reflexionar sobre las similitudes de la fantasía humana por encima de cualquier frontera.

Lectora, perfecta para Halloween

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La piedra de la castidad, de Margery Sharp

Durante las vacaciones de verano de 1938, el profesor Isaac Pounce se traslada con su cuñada, su sobrino Nicholas y la enigmática señorita Carmen Smith a la pequeña aldea de Gillenham para investigar la antigua leyenda de la piedra de la castidad. Según fuentes victorianas, se trata de una piedra pasadera sobre la que resbalan y caen al agua aquellas mujeres que intentan cruzar el río y que han sido infieles a sus maridos o que no han llegado vírgenes al matrimonio. En cuanto las vecinas de Gillenham empiezan a recibir los cuestionarios del profesor y se las convoca a una prueba práctica, la indignación, la confusión y la incredulidad contra los Pounce crecen exponencialmente. Quizás no es el mejor verano para que el joven Nicholas dé sus primeros pasos románticos, para que Carmen Smith defienda su profesión o para que la señora Pounce por fin sea escuchada, pero el profesor no va a marcharse de Gillenham sin demostrar las propiedades sobrenaturales de la maldita piedra.

PRUEBA DE CASTIDAD

El próximo sábado, a las doce del mediodía, tendrá lugar una prueba de castidad en el arroyo Bowen. Cualquier dama que desee participar puede anotar su nombre a continuación. La colaboración es gratuita. Cabe destacar que todas las participantes estarán contribuyendo a un valioso experimento científico y su cooperación es muy bienvenida.
Dios salve al rey
(firmado) ISAAC POUNCE
La vieja casa señorial

Margery Sharp (1905-1991) fue una escritora y dramaturga inglesa, famosa por la serie infantil Los rescatadores y por comedias sociales como Una tarta de rododendros (1930),  El árbol de la nuez moscada (1937), adaptada al cine como la comedia romántica estadounidense Julia Misbehaves (1948), o Cluny Brown (1944), que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Sharp publicó La piedra castidad en 1940, pero, al igual que Cluny Brown, la historia está ambientada en 1938. Esta vez, la autora prescinde de su habitual mirada crítica sobre los cambios sociales en la época de entreguerras y se centra en el protagonismo de las mujeres de una pequeña comunidad rural inglesa que ven amenazado su status moral. Sutil y socarrona, Sharp nos invita de nuevo a leer entre líneas para disfrutar plenamente de esta alocada historia en la que un científico recalcitrante pone patas arriba la tranquilidad de la campiña.

La piedra de la castidad es una comedia social divertidísima sobre cómo las mujeres de una pequeña comunidad saben sacarle el mejor partido posible incluso a las leyendas misóginas más rocambolescas. Margery Sharp, con su inteligente sentido del humor y muy consciente de la época en la que escribe y publica, contrapone el mundo académico al folclore rural para reírse con mucho cariño de ambos, a la vez que construye todo un magnífico elenco de personajes femeninos de lo más singular. Con la prosa ágil y precisa de Sharp y su habilidad para embarrar a Nicholas y a Isaac en escenas desternillantes, La piedra de la castidad es una historia sobre el sinsentido de analizar científicamente las leyendas, el misterio de la felicidad conyugal, el equilibrio de poderes en las pequeñas comunidades de entreguerras y la hipocresía moral de seguir juzgando a las mujeres incluso a través de lo sobrenatural. Como muy acertadamente apuntan los editores de Hoja de Lata en la contracubierta de esta edición, probablemente se trate de la comedia más ingeniosa y absurda de Margery Sharp. Y respecto a las referencias a Stella Gibbons, P. G. Wodehouse o de los Monty Python, me animo a añadir Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.

Lectora, una de mis recomendaciones favoritas de este verano.

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Anhelo de raíces, de May Sarton

A mediados del siglo pasado, la escritora May Sarton se compra una casa cerca del pequeño pueblo de Nelson, en New Hampshire. Es la primera vez que es dueña de una propiedad y siente el deseo y la necesidad de convertirla en hogar. Tras remodelarla a su gusto, empieza la larga tarea de ir amueblándola poco a poco, con las piezas que aportan sus amigos y lo poco que le queda de sus padres, emigrantes del viejo continente. Sarton nunca se ha sentido del todo oriunda de un lugar, siempre a medio camino de las dos orillas del Atlántico, pero esta vez va a hacer todo lo posible por sentirse enteramente en casa, un lugar tranquilo y fértil donde echar, por fin, raíces.

«Pequeños crujidos, una puerta abriéndose por la corriente, el ruido de un ratón de campo en alguna parte de la cocina, y algo menos tangible, como si las propias cosas respiraran muy suavemente, como si los viejos muebles se estuvieran asentando. Todos aquellos sonidos juntos hicieron que la casa pareciera un barco. No sabía adónde me llevaría aquel barco, pero sabía que era cómodo y hermoso y supe que su pasajera estaba atada a él tanto por dentro como por fuera.«

May Sarton (Flandes, 1912 – Nueva York, 1995) fue una novelista, poeta, escritora de libros infantiles y autora de memorias, que se considera clave en la intelectualidad y en la literatura estadounidense y feminista del siglo pasado. Tal vez porque, tal y como refleja en Anhelo de raíces, a menudo se sintió a caballo entre la cultura europea y la norteamericana, Sarton siempre tuvo una mirada muy universal, además de una pluma comprometida con la defensa del feminismo y del antibelicismo.

Anhelo de raíces (Plant Dreaming Deep, 1968) fue su segunda obra de no ficción y narra, con su característico estilo tranquilo y cálido, el momento en el que decide asentarse en un pequeño pueblo de New Hampshire y echar raíces. Los capítulos se suceden a medida que Sarton compra la casa, la restaura, la amuebla y la llena de amigos y recuerdos. Es una preciosa historia de amor y de reconciliación con el pasado y el presente de la autora, con la aceptación de su madurez, de sus deseos y de su momento de crearse un hogar propio más allá de sus versos. Sarton encuentra el equilibrio entre su herencia y su experiencia vital, comparte con el lector una alegría plena, sencilla, la simple satisfacción de sentirse viva y en paz con el mundo… y con sus vecinos. Moldea su hogar y su jardín acompañada de sus recuerdos, pero también de sus esperanzas y proyectos, para aceptar que también aquello que creemos tan nuestro como una casa desarrolla su propia personalidad a medida que responde a nuestras preguntas.

Lectora, una lectura que aporta paz, belleza y calidez.

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