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La librera de El Cairo, de Nadia Wassef
El 8 de marzo de 2001, Nadia, Nihal y Hind abren una librería en El Cairo, en el barrio de Zamalek. La bautizan con el nombre de Diwan y muy pronto se convierte en una librería insigne y distinta, que abrirá sucursales por todo El Cairo mientras su logo se vuelve viral, símbolo de las mujeres empoderadas que una vez se atrevieron a hacer realidad sus sueños. Ser librera en El Cairo no es sencillo: más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y no tiene dinero para libros, la otra mitad son lectores tan diversos como la población de una ciudad en la que todavía conviven diversas religiones y credos, la cultura de los antiguos colonizadores, la censura gubernamental, un sistema administrativo corrupto y farragoso, ladrones, misóginos… Nadia Wassef cuenta, capítulo a capítulo, cómo fue abrir Diwan en El Cairo a principios de siglo, pero también cómo cambió su vida al ponerse al frente de una librería siendo mujer, madre, hermana, hija, esposa, cairota y empresaria.
«Diwan era mi carta de amor a Egipto. Era parte de, y alimentó, mi búsqueda de mí misma, mi El Cairo, mi país. Y este libro es mi carta de amor a Diwan. Cada capítulo traza una sección de la librería, desde la cafetería a la sección de Autoayuda, y la gente que la frecuentaba: los compañeros, los habituales, los esporádicos, los ladrones, los amigos y la familia que consideraba Diwan su hogar. Aquellos de nosotros que escribimos cartas de amor sabemos que sus propósitos son imposibles.«

Nadia Wassef es una antropóloga social, nacida en El Cairo, reconocida como una de las doscientas mujeres más poderosas en Oriente Medio por sus conferencias y trabajos para el Foro de Mujeres y Memoria o el Grupo de Trabajo de la Ablación Genital Femenina, entre otros. Publicó La librera de El Cairo en 2021, cuando ya vivía en Londres con sus dos hijas y se había desvinculado de la dirección de Diwan. En este libro no solo cuenta su experiencia al frente de una librería moderna en su ciudad natal sino también su biografía, emociones, crisis existenciales, reflexiones sobre las mujeres empoderadas, las brechas de género y esperanzas.
Con un lenguaje directo y sin adornos, Nadia Wassef se pasea por las estanterías de la memoria de su librería como un hilo conductor para hablarnos de su ciudad y su país. El resultado es un libro de no ficción, a medio camino entre la biografía y el ensayo socio-cultural, que resulta fascinante y muy esclarecedor. Aunque la autora sea egipcia, su educación británica le permite tender puentes con facilidad con los lectores occidentales, a la vez que le proporciona un punto de vista distinto y amplio al que sabe sacar partido en esta historia. Nostálgica, evocadora, contundente, crítica… la voz de Wassef —que pasea entre la seguridad en sí misma y su egolatría— va desgranando su experiencia bien enmarcada en la historia más reciente de su país, silenciando una perspectiva de género que habla por sí sola entre líneas. Y, pese a su amor por los libros y las librerías, La librera de El Cairo no romantiza las dificultades ni los sinsabores del que probablemente sea el oficio más bonito y frustrante del mundo.
Lector, para acercarse a la realidad egipcia de este siglo.
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Vida en el jardín, de Penelope Lively
La novelista británica Penelope Lively, nieta, hija, madre y abuela de aficionadas a la jardinería, cree que el arte de cuidar del jardín se lleva en los genes. Y existen casi tantos tipos de jardines como de personas que los cultivan: alimenticios, ornamentales, a la moda, literarios, pictóricos, influencers… Este libro es una mirada profunda, cariñosa, carismática y multidisciplinar a los jardines, reales o imaginarios, que pertenecieron a artistas, amigos, vecinos o a la propia Penelope. Desde el concepto del jardín del Edén hasta el jardín (británico) del siglo XXI, Lively repasa con mirada curiosa los jardines colgantes de Babilonia, el herbario medieval de Culpeper, las modas victorianas con sus kitchen garden y el oportunismo de los post-jardines.
«Además de la escritura, las dos actividades que he desempeñado principalmente en mi vida han sido la lectura y la jardinería. Ambas han estado ligadas en cierto modo, ya que siempre presto atención cuando un escritor conjura un jardín, cada vez que la jardinería se convierte en un elemento de ficción. Esa presencia me hace cavilar y preguntarme: ¿es ese un jardín deliberado o solo fortuito? Y lo cierto es que su presencia es casi siempre deliberada: un jardín ideado para servir a un propósito narrativo, para crear ambiente, para amueblar a un personaje.«

Penelope Lively es una novelista y guionista británica, Dama Comendadora y nominada al Premio Booker, que saltó a la fama por sus novelas infantiles. Este es el primer libro que leo de la autora y me ha sorprendido su versatilidad, puesto que una prosa tan contenida y específica como la que muestra en Vida en el jardín debe alejarse bastante de sus registros para el público infantil. Y aunque he disfrutado de esta lectura, lo cierto es que pensaba que sería un pequeño libro de memorias sobre los jardines de la autora narrado desde un punto más personal e íntimo —al estilo de Cuatro setos, de Claire Leighton, o de Un año en los bosques, de Sue Hubbell—, pero me he encontrado con algo totalmente distinto: un enfoque multidisciplinar de los jardines reales e imaginarios.
He disfrutado especialmente de los capítulos sobre jardines imaginarios de la literatura, como el de Manderley o el de Elizabeth von Arnim (Elizabeth y su jardín alemán), lo sublime y lo bello del romanticismo, o con las anécdotas de estilo y jardín y de los jardines adaptados a las necesidades de la época o de la clase social de su propietario. El estilo de la autora es claro y preciso, un tanto desprovisto de calidez (tal vez lo he percibido así por mi expectativa engañosa, pues este libro tiene poco de personal), pero perfecto para pasar, con sentido del ritmo y voluntad de entretenimiento, de una anécdota a otra. Tiene, sin duda, ese encanto inglés (aunque desprovisto de sentido del humor) de quienes escriben desde su cottage tomando el té en una mañana lluviosa y lo recomiendo para amantes de la jardinería literaria.
Lector, tiempo, orden y jardín.
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Tutankhamón. Howard Carter en España
El hallazgo de la tumba del faraón de la Dinastía XVIII Tutankhamón (1341 aC – 1323 aC) fue el descubrimiento arqueológico más mediático de todos los tiempos, además de un hito en la comprensión de la Antigüedad y en la revolución de las bases de la disciplina arqueológica. En noviembre de 1924, por invitación de la Sociedad Hispano-Inglesa, presidida por Jacobo Fitz-James Stuart Falcó, decimoséptimo duque de Alba, Howard Carter impartió varias conferencias en Madrid sobre sus trabajos en Egipto, el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón y el posterior estudio y clasificación de sus tesoros. El duque de Alba, educado en Inglaterra e influenciado por su madre (la duquesa de Siruela fue una mujer muy culta que siempre se preocupó por difundir el rico patrimonio documental de la Casa de Alba), viaja a Egipto en 1920 con motivo de su luna de miel y visita las excavaciones de su amigo lord Carnarvon, quien le presenta a Howard Carter. El arqueólogo y el duque simpatizaron al instante y cuando años después Jacobo recoge el testigo de su madre para promover la cultura y el mecenazgo del arte y las ciencias, el duque no duda en proponerle a Carter que visite España para impartir unas conferencias sobre la tumba de Tutankhamón. Las charlas del arqueólogo, en noviembre de 1924 y en mayo de 1928, fueron tan exitosas y cautivadoras como Myriam Seco Álvarez y Javier Martínez Babón nos cuentan en este precioso ensayo.
«A medida que las fotografías mostraban el avance hacia la antecámara, Carter se explayaba más en sus comentarios. En esta parte de la conferencia repitió las palabras que le inmortalizarían, cuando al pasar un candil por un pequeño agujero realizado en la puerta sellada de la antecámara, y mirar en su interior, lord Carnarvon le preguntó «¿ve usted algo?», y él respondió: «Veo cosas maravillosas».»

Myriam Seco Álvarez es profesora en la Universidad de Sevilla y en la actualidad dirige las excavaciones del Templo de Millones de Años de Tutmosis III, en Tebas. Javier Martínez Babón es licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha escrito varios estudios sobre egiptología y trabaja en las excavaciones del templo de Tutmosis III, en Tebas. Ambos tuvieron que doctorarse como egiptólogos en la Universidad de Tubinga, una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Alemania, porque en España, todavía hoy, la Egiptología no está reconocida como cátedra universitaria ni título universitario oficial. Los dos son autores de este ensayo que relata las circunstancias de la visita de Howard Carter a España, pero también qué significó el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y el gran trabajo de Carter, así como la labor didáctica y de difusión cultural que llevó a cabo Jacobo Fitz-James (el duque de Alba siempre se esforzó por imitar el empuje cultural de países como Inglaterra, que ni siquiera en plena Primera Guerra Mundial renunciaba a conmemorar por todo lo alto la muerte de William Shakespeare).
Tutankhamón. Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid, con introducción de Zahi Hawass, antiguo responsable del Ministerio de Antigüedades de Egipto, es un libro de no ficción sobre la visita de Carter a España y la fabulosa acogida que tuvieron sus conferencias. Pero también es un pequeño homenaje al arqueólogo inglés, a lord Carnarvon y al duque de Alba, por su enorme contribución a la comprensión de la Antigüedad y su difusión a lo largo del siglo XX. El libro es una absoluta delicia: prosa ágil y brillante, anécdotas interesantes, reproducción de muchas de las diapositivas que Howard Carter proyectó durante sus conferencias, copia de la correspondencia entre el duque y Carter, imágenes de los protagonistas y los tesoros de la tumba de Tutankhamón, fragmentos de la cobertura informativa de la visita en los diarios de la época, viñetas humorísticas, etc. Lo recomiendo muchísimo por su interés histórico y arqueológico, para entender qué significó el hallazgo de la tumba en Europa y por su edición ilustrada y maravillosa.
Lector, si todavía dudas de que la Egiptología sea una disciplina académica, es que no conoces a Howard Carter.
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Las cinco mujeres, de Hallie Rubenhold
1887, el verano del jubileo de la reina Victoria, fue un año de malas cosechas que se sumó a los últimos coletazos de la larga depresión económica (1878-1880) que polarizó la sociedad británica y, por ende, la londinense: la batalla campal en Trafalgar Square (eje del Londres rico del West End y el Londres pobre del East End) que recibiría el nombre de Bloody Sunday no fue más que la punta del iceberg de la desesperación de miles de obreros que habían perdido su trabajo o que no podían pagarse los alimentos básicos o el alquiler con sus salarios mínimos y malvivían en las calles. Los asesinatos de Jack el Destripador, en 1888, pusieron todavía más en evidencia la miseria de Whitechapel, el barrio más sórdido del East End. Pero aunque pasase a la historia como un asesino en serie de prostitutas, solo una de las cinco víctimas canónicas ejercía como tal. Mary Anne Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly tenían en común que eran mujeres, pobres, sin hogar, desprotegidas y que no le importaban a nadie. Solo Mary Jane Kelly se ganaba la vida como prostituta, pero todas fueron metidas en el mismo saco porque todas estaban solas y eran pobres. En el Londres de la miseria más acusada, en el barrio más sórdido de la época, la prensa y las investigaciones policiales trataron a estas víctimas como parte de una clase desafortunada en donde no se distinguía nada más que su condición de mujeres empobrecidas, sin tener en cuenta su verdadera historia o cómo habían llegado hasta allí: «Al final, a nadie le importa en realidad quiénes eran o cómo habían acabado en Whitechapel.«
«Solo si recuperamos las vida de estas mujeres podremos silenciar al Destripador y todo lo que representa, Si permitimos hablar a sus víctimas, si tratamos de entender cómo fue su vida, sentirlas como seres humanos, podremos devolverles el respeto y la comprensión que merecen. Las víctimas de Jack el Destripador nunca fueron «solo prostitutas», fueron hijas, esposas, madres, hermanas y amantes. Fueron mujeres, Fueron seres humanos. Eso, sin duda, debería ser suficiente.«

Hallie Rubenhold es una historiadora británica, norteamericana de nacimiento, especializada en la investigación de la historia social y de las mujeres. Las cinco mujeres: Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador es una excelsa investigación sobre las vidas de las cinco víctimas canónicas del asesino en serie victoriano más famoso de la Historia, pero también un magnífico estudio socio-económico y antropológico de la miseria más abismal en la que por entonces era la ciudad más rica e importante del mundo. Rubenhold escribe este libro de no ficción con la voluntad de devolver a Polly, Annie, Elizabeth, Kate y Mary Jane la dignidad que se merecen como seres humanos, pero también porque las vidas de estas cinco personas fueron un reflejo de cómo era ser mujer y pobre en la época victoriana.
«No importaba a donde huyese (…), la rutina sería la misma hasta que se casase. Entonces tendría la vida de su madre: el dolor de los partos, el cansancio de la crianza, la preocupación, el hambre y el agotamiento. Finalmente, llegarían la enfermedad y la muerte.«
En 1888, la esperanza de vida de una mujer del East End londinense era de 42 años. Aunque en la época se conocían medidas de contracepción y habían libros sobre la cuestión, no todas las familias pobres estaban alfabetizadas, bien informadas o disponían de los medios económicos para adquirir dichos libros o medidas. La consecuencia era que un joven matrimonio de ingresos muy limitados (los salarios de los obreros victorianos se habían quedado muy desfasados con la inflación y no habían subido en décadas) veía agravada su situación económica a medida que aumentaban la familia con un hijo casi cada año. Las condiciones de vida eran espantosas: hasta catorce personas hacinadas en una habitación húmeda e insalubre, sin higiene, sin intimidad, con una alimentación deficitaria y sin ninguna asistencia médica. Ser mujer todavía complicaba más cosas porque no se solía invertir en su formación. Casi todas morían jóvenes, destrozadas por decenas de embarazos y partos continuados, con una mala alimentación y con la obligación de seguir trabajando sin descanso alguno. Y, sin embargo, la verdadera caída se producía cuando esas mujeres se quedaban sin marido, sin padre o sin hermanos que las cuidasen porque la sociedad victoriana estaba convencida de que una mujer sola era superflua.
Pone los pelos de punta comprender qué fácil era caer en el abismo más sórdido para una mujer de clase obrera en el Londres de finales del siglo XIX. Cuatro de las cinco víctimas eran esposas, madres y hermanas, pero perdieron a sus familias y acabaron en la calle, solas, alcoholizadas para olvidar su propia desgracia. Sus circunstancias no eran excepcionales, las calles más míseras de Londres estaban llenas de personas en su misma tesitura: el sistema no tenía red de seguridad para los más humildes y, mucho menos, para las mujeres sin hombres que las protegiesen. Las cinco mujeres es un ensayo histórico y social extraordinario, escrito con soltura y precisión y basado en una documentación e investigación exhaustivas. Rubehold no solo da vida a las cinco víctimas canónicas y pone en evidencia el pésimo retrato que se hizo de ellas por la prensa, la policía, el sistema judicial y la sociedad sino que muestra el lado más invisible y terrible del Londres de su época y de lo que significaba ser mujer y estar sola y sin recursos en 1888, en la ciudad más civilizada del mundo.
Lector, un ensayo extraordinario sobre las invisibles de la Historia.
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