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Tutankhamón. Howard Carter en España
El hallazgo de la tumba del faraón de la Dinastía XVIII Tutankhamón (1341 aC – 1323 aC) fue el descubrimiento arqueológico más mediático de todos los tiempos, además de un hito en la comprensión de la Antigüedad y en la revolución de las bases de la disciplina arqueológica. En noviembre de 1924, por invitación de la Sociedad Hispano-Inglesa, presidida por Jacobo Fitz-James Stuart Falcó, decimoséptimo duque de Alba, Howard Carter impartió varias conferencias en Madrid sobre sus trabajos en Egipto, el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón y el posterior estudio y clasificación de sus tesoros. El duque de Alba, educado en Inglaterra e influenciado por su madre (la duquesa de Siruela fue una mujer muy culta que siempre se preocupó por difundir el rico patrimonio documental de la Casa de Alba), viaja a Egipto en 1920 con motivo de su luna de miel y visita las excavaciones de su amigo lord Carnarvon, quien le presenta a Howard Carter. El arqueólogo y el duque simpatizaron al instante y cuando años después Jacobo recoge el testigo de su madre para promover la cultura y el mecenazgo del arte y las ciencias, el duque no duda en proponerle a Carter que visite España para impartir unas conferencias sobre la tumba de Tutankhamón. Las charlas del arqueólogo, en noviembre de 1924 y en mayo de 1928, fueron tan exitosas y cautivadoras como Myriam Seco Álvarez y Javier Martínez Babón nos cuentan en este precioso ensayo.
«A medida que las fotografías mostraban el avance hacia la antecámara, Carter se explayaba más en sus comentarios. En esta parte de la conferencia repitió las palabras que le inmortalizarían, cuando al pasar un candil por un pequeño agujero realizado en la puerta sellada de la antecámara, y mirar en su interior, lord Carnarvon le preguntó «¿ve usted algo?», y él respondió: «Veo cosas maravillosas».»

Myriam Seco Álvarez es profesora en la Universidad de Sevilla y en la actualidad dirige las excavaciones del Templo de Millones de Años de Tutmosis III, en Tebas. Javier Martínez Babón es licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha escrito varios estudios sobre egiptología y trabaja en las excavaciones del templo de Tutmosis III, en Tebas. Ambos tuvieron que doctorarse como egiptólogos en la Universidad de Tubinga, una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Alemania, porque en España, todavía hoy, la Egiptología no está reconocida como cátedra universitaria ni título universitario oficial. Los dos son autores de este ensayo que relata las circunstancias de la visita de Howard Carter a España, pero también qué significó el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y el gran trabajo de Carter, así como la labor didáctica y de difusión cultural que llevó a cabo Jacobo Fitz-James (el duque de Alba siempre se esforzó por imitar el empuje cultural de países como Inglaterra, que ni siquiera en plena Primera Guerra Mundial renunciaba a conmemorar por todo lo alto la muerte de William Shakespeare).
Tutankhamón. Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid, con introducción de Zahi Hawass, antiguo responsable del Ministerio de Antigüedades de Egipto, es un libro de no ficción sobre la visita de Carter a España y la fabulosa acogida que tuvieron sus conferencias. Pero también es un pequeño homenaje al arqueólogo inglés, a lord Carnarvon y al duque de Alba, por su enorme contribución a la comprensión de la Antigüedad y su difusión a lo largo del siglo XX. El libro es una absoluta delicia: prosa ágil y brillante, anécdotas interesantes, reproducción de muchas de las diapositivas que Howard Carter proyectó durante sus conferencias, copia de la correspondencia entre el duque y Carter, imágenes de los protagonistas y los tesoros de la tumba de Tutankhamón, fragmentos de la cobertura informativa de la visita en los diarios de la época, viñetas humorísticas, etc. Lo recomiendo muchísimo por su interés histórico y arqueológico, para entender qué significó el hallazgo de la tumba en Europa y por su edición ilustrada y maravillosa.
Lector, si todavía dudas de que la Egiptología sea una disciplina académica, es que no conoces a Howard Carter.
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Las cinco mujeres, de Hallie Rubenhold
1887, el verano del jubileo de la reina Victoria, fue un año de malas cosechas que se sumó a los últimos coletazos de la larga depresión económica (1878-1880) que polarizó la sociedad británica y, por ende, la londinense: la batalla campal en Trafalgar Square (eje del Londres rico del West End y el Londres pobre del East End) que recibiría el nombre de Bloody Sunday no fue más que la punta del iceberg de la desesperación de miles de obreros que habían perdido su trabajo o que no podían pagarse los alimentos básicos o el alquiler con sus salarios mínimos y malvivían en las calles. Los asesinatos de Jack el Destripador, en 1888, pusieron todavía más en evidencia la miseria de Whitechapel, el barrio más sórdido del East End. Pero aunque pasase a la historia como un asesino en serie de prostitutas, solo una de las cinco víctimas canónicas ejercía como tal. Mary Anne Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly tenían en común que eran mujeres, pobres, sin hogar, desprotegidas y que no le importaban a nadie. Solo Mary Jane Kelly se ganaba la vida como prostituta, pero todas fueron metidas en el mismo saco porque todas estaban solas y eran pobres. En el Londres de la miseria más acusada, en el barrio más sórdido de la época, la prensa y las investigaciones policiales trataron a estas víctimas como parte de una clase desafortunada en donde no se distinguía nada más que su condición de mujeres empobrecidas, sin tener en cuenta su verdadera historia o cómo habían llegado hasta allí: «Al final, a nadie le importa en realidad quiénes eran o cómo habían acabado en Whitechapel.«
«Solo si recuperamos las vida de estas mujeres podremos silenciar al Destripador y todo lo que representa, Si permitimos hablar a sus víctimas, si tratamos de entender cómo fue su vida, sentirlas como seres humanos, podremos devolverles el respeto y la comprensión que merecen. Las víctimas de Jack el Destripador nunca fueron «solo prostitutas», fueron hijas, esposas, madres, hermanas y amantes. Fueron mujeres, Fueron seres humanos. Eso, sin duda, debería ser suficiente.«

Hallie Rubenhold es una historiadora británica, norteamericana de nacimiento, especializada en la investigación de la historia social y de las mujeres. Las cinco mujeres: Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador es una excelsa investigación sobre las vidas de las cinco víctimas canónicas del asesino en serie victoriano más famoso de la Historia, pero también un magnífico estudio socio-económico y antropológico de la miseria más abismal en la que por entonces era la ciudad más rica e importante del mundo. Rubenhold escribe este libro de no ficción con la voluntad de devolver a Polly, Annie, Elizabeth, Kate y Mary Jane la dignidad que se merecen como seres humanos, pero también porque las vidas de estas cinco personas fueron un reflejo de cómo era ser mujer y pobre en la época victoriana.
«No importaba a donde huyese (…), la rutina sería la misma hasta que se casase. Entonces tendría la vida de su madre: el dolor de los partos, el cansancio de la crianza, la preocupación, el hambre y el agotamiento. Finalmente, llegarían la enfermedad y la muerte.«
En 1888, la esperanza de vida de una mujer del East End londinense era de 42 años. Aunque en la época se conocían medidas de contracepción y habían libros sobre la cuestión, no todas las familias pobres estaban alfabetizadas, bien informadas o disponían de los medios económicos para adquirir dichos libros o medidas. La consecuencia era que un joven matrimonio de ingresos muy limitados (los salarios de los obreros victorianos se habían quedado muy desfasados con la inflación y no habían subido en décadas) veía agravada su situación económica a medida que aumentaban la familia con un hijo casi cada año. Las condiciones de vida eran espantosas: hasta catorce personas hacinadas en una habitación húmeda e insalubre, sin higiene, sin intimidad, con una alimentación deficitaria y sin ninguna asistencia médica. Ser mujer todavía complicaba más cosas porque no se solía invertir en su formación. Casi todas morían jóvenes, destrozadas por decenas de embarazos y partos continuados, con una mala alimentación y con la obligación de seguir trabajando sin descanso alguno. Y, sin embargo, la verdadera caída se producía cuando esas mujeres se quedaban sin marido, sin padre o sin hermanos que las cuidasen porque la sociedad victoriana estaba convencida de que una mujer sola era superflua.
Pone los pelos de punta comprender qué fácil era caer en el abismo más sórdido para una mujer de clase obrera en el Londres de finales del siglo XIX. Cuatro de las cinco víctimas eran esposas, madres y hermanas, pero perdieron a sus familias y acabaron en la calle, solas, alcoholizadas para olvidar su propia desgracia. Sus circunstancias no eran excepcionales, las calles más míseras de Londres estaban llenas de personas en su misma tesitura: el sistema no tenía red de seguridad para los más humildes y, mucho menos, para las mujeres sin hombres que las protegiesen. Las cinco mujeres es un ensayo histórico y social extraordinario, escrito con soltura y precisión y basado en una documentación e investigación exhaustivas. Rubehold no solo da vida a las cinco víctimas canónicas y pone en evidencia el pésimo retrato que se hizo de ellas por la prensa, la policía, el sistema judicial y la sociedad sino que muestra el lado más invisible y terrible del Londres de su época y de lo que significaba ser mujer y estar sola y sin recursos en 1888, en la ciudad más civilizada del mundo.
Lector, un ensayo extraordinario sobre las invisibles de la Historia.
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El arte de la domesticación de los frutales, de Bernd Brunner
Es imposible acercarse a la domesticación de los frutales y a la evolución de los huertos desde una perspectiva aislada, pues la forma que adoptan estos cultivos refleja las condiciones de la época en la que fueron creados y trabajados. La historia de frutales y humanos corre de la mano desde la prehistoria y, quizás, desde los primeros homínidos, pues se sabe que los frutales influyeron en la evolución: los primates que comen frutos poseen, al menos, un 25% más de capacidad cerebral que los que solo comen hojas pues deben buscar, observar el punto de maduración, abrir, extraer (herramientas), etc. Bernd Brunner nos traza un camino, agradable y aromático, bajo la sombra de palmeras y manzanos, a través de la historia de los árboles frutales y su domesticación; desde los sistemas de riego de Mesopotamia y Egipto, pasando por la investigación y primeros injertos de griegos y romanos, hasta los jardines de Versalles o las manzanas de Thomas Jefferson en Monticello, hasta el presente, en el que la innovación tecnológica más avanzada recurre a los métodos tradicionales (ovejas contra las malas hierbas, arañas como control de plagas, etc.) para cultivos más sostenibles y apetitosos. Un ensayo bellísimo sobre la historia, el arte, la naturaleza, la biología y la fruta.
«¿Quién no querría pasar una cálida tarde de verano a la sombra de unos viejos frutales, con un libro, por ejemplo?, (¿incluso con este, tal vez?). Para mucha gente, el huerto evoca recuerdos de los días sin preocupaciones de la infancia. Se ven jugando a la sombra de un manzano, apenas capaces de esperar a que el fruto madure. Siempre había alguien que caía en la tentación y mordía una manzana todavía verde y ácida. A medida que el verano se acercaba a su fin, el aroma a fruta madura iba invadiendo el ambiente.«

Editorial Libros del Jata
Fecha de publicación: abril de 2023
286 páginas
ISBN: 9788416443192
Bernd Brunner (Berlín, 1964) es un investigador, articulista y ensayista, autor del genial Cuando los inviernos eran inviernos, Ornitomanía o El llibre de la magrana, entre otros títulos y artículos de reconocido prestigio por el público y la crítica. La magia de los libros de Brunner reside en que aborda la cuestión de su interés desde puntos de vista históricos, antropológicos, geográficos, científicos, culturales, artísticos e incluso literarios, ofreciendo a los lectores un caleidoscopio maravilloso alrededor de un tema concreto. En El arte de la domesticación de los frutales. Una historia cultural de los huertos vuelve a deslumbrarnos con su enfoque multidisciplinar ofreciéndonos un viaje a través de la historia de los frutales, pero también tocado por la magia de Renoir, de Arcimboldo, del origen del Ashmolean, de las jaquecas de Nietzsche, de Goethe y sus limoneros, del Versalles de La Quintinie o del palacio de Kensington de William Forsyth.
«Para impresionistas como Camille Pissarro o Joaquín Sorolla, los huertos y las plantaciones estaban inundadas de luz estival y la fragancia de las flores ofrecía un agradable contraste con las exigencias de la modernidad: eran refugios, lugares para la reflexión y ensoñaciones llenas de impresiones sensoriales.«
El arte de la domesticación de los frutales es un ensayo que se lee con placer y curiosidad, por la cantidad de anécdotas y datos extraordinarios alrededor de los árboles frutales y su cultivo a lo largo de la historia, pero también por la agradable prosa y la gracia narrativa de su autor, así como por su precisa y diversa documentación. He disfrutado en especial del descubrimiento de una ley del siglo XVI que obligaba a las parejas a plantar seis árboles frutales y cuidar de ellos como paso previo a obtener la licencia de matrimonio (fruta para combatir las hambrunas); del repaso a algunas de las festividades ancestrales, como Yule, Beltane o Sakura y su relación con los frutales; o el estudio alrededor de los oasis y de otros lugares en donde el cultivo de frutales podría parecer dificultoso. También son interesantes las reflexiones finales del autor sobre las modas que obligan a los productores actuales a ajustarse a la tiranía del mercado (de las 17.000 variedades de manzanas que se conocían, en la actualidad han desaparecido 13.000, y de las variedades restantes solo 15 copan el 90% del consumo, siendo la Red delicious la más vendida) y a la preocupación sobre el futuro de los cultivos.
Sin embargo, El arte de la domesticación de los frutales tiene un final esperanzador. Si, como observaba Bernd Brunner al principio de su libro, «la forma que adopta un cultivo de frutales refleja las condiciones de la época en la que se creó», entonces es que hemos aprendido algo sobre nuestra relación con la naturaleza, pues, cada vez más, se prescinde de la química contaminante (pesticidas, abonos) y se busca una manera más sostenible y respetuosa con el medio ambiente para cultivar un alimento tan importante para nuestra dieta como es la fruta. Tampoco quiero dejarme en el tintero el breve apunte del huerto de la infancia de Bernd Brunner: evocador, bello y perfecto para entender el encanto con el que el autor habla de los árboles frutales.
Lector, perfecto para disfrutar en vacaciones, bajo la sombra de una fragante higuera.
Nota: Atención a la cuidada edición de Libros del Jata, con ilustraciones a color, la excelente traducción de Ana González Hortelano y una corrección paciente y esmerada que no solo demuestra pasión y cariño por el trabajo editorial sino también un gran respeto por los lectores.
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La época victoriana en la literatura, de G. K. Chesterton
Dice Chesterton que la novela del siglo XIX fue femenina, al igual que la del XVIII había sido masculina. Por eso aborda el retrato de la literatura en época victoriana remontándose a Jane Austen, Mary Shelley y las hermanas Brontë para entrar en materia propiamente victoriana con George Eliot y Elizabeth Gaskell. Chesterton habla de Charles Dickens, que odiaba a los Tudor, a los abogados y la opresión sistémica sobre los desfavorecidos y que «no tuvo una idea sino un anhelo«; de Wilkie Collins, Anthony Trollope, William M. Thackeray, Bulwer-Lytton y Disraeli, George MacDonald y Lewis Carroll. Confiesa y argumenta que los escritores victorianos fueron los mejores humoristas de Europa y se declara rendido admirador de quienes considera los más grandes poetas de la época: Tennyson y Browning. Y, sin embargo, con el fin del siglo XIX y los últimos años del reinado de Victoria, Chesterton todavía no sabe si Inglaterra sigue siendo católica o pagana, analiza la actitud de Oscar Wilde, de William Morris («después de él Inglaterra está dividida en tres clases: granujas, idiotas y revolucionarios«), de Arthur Conan Doyle, George Meredith o Henry James y de los últimos autores que, pese a escribir gran parte de sus obras ya en el nuevo siglo, heredaron el espíritu literario de la época victoriana.
«Desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del XIX, el espíritu revolucionario (inglés) tomó cuerpo a través de la literatura. En Francia, los revolucionarios se expresaban mediante la acción, mientras que en Inglaterra lo hacían a través del arte. Resulta curioso observar cómo los ingleses tienden más al pragmatismo y los franceses al idealismo: nosotros fuimos rebeldes en lo artístico y ellos a través de las armas.
(…) Los héroes y criminales de la gran Revolución francesa habrían sido incapaces de alcanzar aquella independencia de la imaginación, del mismo modo que Keats o Coleridge habrían sido incapaces de ganar la batalla de Wattignies (…) y si Jean-Baptiste Carrier, con sus actos desmesurados, convirtió el Loira en una carnicería, Turner literalmente prendió fuego al Támesis.«

Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874 – Beaconsfield, 1936) fue un periodista, novelista y filósofo inglés conocido por su mirada crítica, sus fundamentos cristianos, sus paradojas, su sentido del humor y los relatos del padre Brown. Su extensa bibliografía toca novela, poesía, ensayo, biografías, obras de teatro, artículos de opinión y crónicas periodísticas, y tuvo una enorme trascendencia tanto entre sus coetáneos como en el mundo literario y cultural posterior a su muerte. Su biografía de Charles Dickens, El hombre que fue jueves o El napoleón de Notting Hill son algunas de sus obras más célebres, aunque los lectores más jóvenes lo conocen por la genial dedicatoria que Terry Pratchett y Neil Gaiman (sobre el que ha tenido gran influencia), grandes admiradores del autor, le atribuyen en Buenos presagios.
En La época victoriana en la literatura, G. K. Chesterton analiza no solo las corrientes literarias y de pensamiento en la Inglaterra de la época de la reina Victoria, sino que repasa todo el siglo XIX para contextualizar y reconocer las raíces del victorianismo así como se adentra en las primeras décadas del siglo XX para entender la herencia del mismo. Aborda la literatura victoriana no solo desde la cronología y el rápido retrato de cada autor y autora sino también a través de las diferentes escuelas y corrientes de pensamiento, destacando a los autores cuyo genio y originalidad marcaron tendencia y rompieron con la tradición literaria. Chesterton, como es habitual en su obra, no desliga su fabulosa reflexión victoriana de política y religión, ofreciendo al lector un breve pero ingenioso y divertido ensayo sobre los más grandes escritores, poetas y pensadores ingleses del siglo XIX sin dejarse sus respectivas flaquezas, que las tuvieron, o su sentido del humor, del que en raras ocasiones carecieron.
Lector, conciso, ingenioso y brillante en cada párrafo.
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