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Muerte en El Cairo, de Erica Ruth Neubauer
Jane Wunderly, una joven estadounidense que perdió a su marido en la Primera Guerra Mundial, acepta acompañar a su acaudalada tía Millie de vacaciones a Egipto. Se hospedan en el hotel Mena House, a las afueras de El Cairo, dispuestas a relajarse y a divertirse; sobre todo, la tía Millie, que llega huyendo de la Ley Seca y con muchas ganas de tomarse unos buenos cócteles que no sean de garrafón. Jane no está segura de pasarlo tan bien: el clima es demasiado caluroso, se ha quedado sola desde que su tía la abandonado por las hijas de unos amigos, y los hombres que se le acercan le parecen desagradable e interesados… excepto el enigmático señor Redvers, claro, un atractivo banquero con el que no deja de tropezarse una y otra vez. Pero cuando la policía llega al Mena House para investigar un crimen del que Jane Wunderly aparece como la principal sospechosa, la ayuda del misterioso señor Redvers será crucial para desentrañar el misterio y limpiar su nombre.
«Era pasmoso pensar en la inmensa riqueza que tenía ante mí y saber que lo que veíamos no era más que una fracción de lo que Howard Carter había encontrado en la tumba del joven rey (…) la máscara de Tutankamón era asombrosa. El brillo del oro se alternaba con bandas negras para enmarcar los rasgos juveniles del faraón, cuyos grandes ojos estaban teatralmente delineados.«

Erica Ruth Bauer, exmilitar y expolicía, es una prestigiosa crítica norteamericana de novela negra y escritora de novelas de misterio. Muerte en El Cairo es la primera entrega de la saga de cozy mystery protagonizada por Jane Wunderly y Redvers, y ambientada en el Egipto de 1926. Ha sido una lectura muy entretenida, con varios misterios bien pautados (se nota la experiencia policial de la autora), y con el encanto añadido de estar ambientada en los años veinte del siglo pasado en el Mena House, uno de los hoteles más emblemáticos del Egipto de la época y escenario de Muerte bajo el sol, de Agatha Christie. Cuenta Erica Ruth Bauer que escribió Muerte en El Cairo pensando en qué tipo de novela le gustaría leer, pero sin duda también lo hizo bajo la influencia de sus autoras de misterio clásico favoritas y con el atractivo histórico añadido de los felices años veinte de los que disfrutaron los estadounidenses tras la Primera Guerra Mundial.
Muerte en El Cairo es una novela que plantea muy bien el misterio clásico del whodunit con la aparición de una víctima de asesinato por disparo en una de las habitaciones del Mena House, pero que tiene el acierto de aderezar esa investigación principal con otros misterios relacionados con la desaparición de antigüedades (una cuestión también clásica cuando la histoira está ambientada en El Cairo de 1926). Erica Ruth Bauer saca buen partido a su experiencia policial mostrando al lector una lógica deductiva de los personajes y un proceso de investigación muy bien tramado. Estos son, junto con la construcción de los protagonistas y sus respectivos bagajes emocionales, y su estupendo anclaje histórico y cronológico de la historia, los puntos fuertes de una novela a la que solo le haré un par de pequeños reproches personales: quizás se podría haber sacado más partido al sentido del humor de unos diálogos que rozan lo estupendo y que apenas hay referencias arqueológicas en una época y en un lugar en los que la egiptología, y todo el universo que la rodeaba, todavía estaba en plena efervescencia (reconozco que una tarea ardua para quienes no somos egiptólogas ni hemos visitado El Cairo del siglo pasado). Sin embargo, es una novela que se lee muy a gusto, muy entretenida y bien tramada, y cuando se termina una se queda con la sensación de que este no ha sido más que el principio y que Erica Bauer nos depara, en los próximos años, las mejores entregas de esta saga y de la pizpireta relación entre Jane y Redvers. Estaremos atentas.
Lectora, se queda entre los mejores cozy mystery contemporáneos de este año.
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Una espía muy real, de Rhys Bowen
Corre el año 1932, Europa vive un momento de crisis y el duque de Glen Garry y Rannoch no es una excepción: su esposa recorta gastos en la calefacción del castillo de Rannoch, en personal e incluso en crumpets y scones, que ha sustituido por insípidas tostadas de pan barato. Georgie, la hermanastra del duque, ha visto como le quitaban su asignación al cumplir los 21 años y ahora se halla en una situación lamentable: vagando sin oficio ni beneficio por el castillo de Rannoch, con el temor de que la conviertan en institutriz sin sueldo de su sobrino o la casen con algún espantoso príncipe rumano. Georgie y su hermano son bisnietos de la reina Victoria por parte paterna y primos de la actual reina María, esposa del rey Jorge V, algo así como los trigésimo cuartos en la línea de sucesión. Ser de la nobleza tiene sus ventajas, pero también se lo está poniendo muy difícil a Georgie para encontrar un trabajo que le procure los medios para subsistir y que no escandalice a la casa real. Pero cuando a la reina María se le ocurre un encargo de espía para la perspicaz Georgie todo se complica: la vida social londinense es un juego de falsedades y alguien se ha dejado un cadáver en la bañera de la casa de Rannoch.
Tomé una pluma y papel y le escribí una nota, por si regresaba antes que yo: «Binky, en la bañera de arriba hay un cadáver. No hagas nada hasta que esté de vuelta. Sobre todo no llames a la policía. Tenemos que hablar sobre cómo proceder. Con cariño, Georgie.»

Rhys Bowen es el seudónimo de Janet Quin-Harkin, una afamada escritora inglesa, nacida en Bath y educada en la Universidad de Londres, que en la actualidad vive entre California y Arizona, lejos de los fríos y húmedos inviernos británicos. Sus novelas juveniles y para adultos a menudo aparecen en la lista de las más vendidas del New York Times y ha recibido múltiples premios de la crítica y del público, como el Premio Agatha, el Left Coast Crime o el Macavity a las mejor novela de misterio histórica. La saga de novelas de misterio protagonizadas por Georgie y ambientada en la Inglaterra durante la Depresión de los años treinta son sus cozy mystery más recientes, pero también es la autora de la saga Constable Evans, Royal Blood o Molly Murphy, entre otras.
Una espía muy real forma parte de la extensa colección Cozy Mystery que está publicando Alma Editorial en castellano desde el año pasado y, sin duda, se ha convertido en mi novela preferida de dicha colección. Reconozco que la sinopsis tenía todos los ingredientes para tentarme: cameos de personajes históricos reales, Londres en la época de entreguerras, un castillo en Escocia, un muerto en una bañera ajena y un montón de malentendidos. Pero lo que de verdad enamora de esta novela —y marca una diferencia abismal con el resto de cozy mystery de Alma que he leído— es el tono encantador y divertido en el que está escrito, el estilo desenfadado y humorístico de Rhys Bowen y la habilidad de la autora para hacernos partícipe de las aventuras de una protagonista ficticia que se codea con tanta soltura e ingenio con personajes reales históricos tan bien enmarcados y caracterizados (atención a la nota final de Bowen en la que advierte de que los personajes reales que aparecen en su novela se ajustan lo máximo posible a sus caracteres, biografía y circunstancias históricas verídicas).
Una espía muy real es un cozy mystery divertido, de diálogos ingeniosos y situaciones de comedia que se lee con una sonrisa en los labios y que mantiene muy bien el ritmo y el suspense a lo largo de todas sus páginas. Se nota que es la primera entrega de una saga por el mimo con el que se nos presenta a los protagonistas y secundarios recurrentes y cómo ahonda poco a poco en el carácter de la protagonista y su familia. La prosa de Rhys Bowen es decidida, firme y clara, se le notan las tablas y el buen pulso, y su estupendo sentido del humor pone la guinda del pastel. A destacar también, en este tiempo de traducciones robóticas y ausencia de corrección, el magnífico trabajo de la traductora Núria Salinas y el cuidado de los editores en procurar que no se pierda el buen estilo de la autora y la ausencia de erratas.
Lectora, perfecta para quienes echamos de menos el cozy mystery al estilo de Georgette Heyer.
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Crimen en Cornualles, de John Bude
En una apacible localidad costera de Cornualles, el pastor Dodd y el doctor Pendrill, disfrutan de su velada semanal junto a la chimenea. Dodd fuma un puro y Pendrill, su pipa; poco tienen en común, excepto su afición a leer novelas de detectives clásicas. Cada lunes, después de cenar, se acomodan en la salita de la casa del pastor para comentar sus lecturas y abrir la caja de la biblioteca Greystoke con el envío de las últimas entregas de Agatha Christie, Dorothy L. Sayers o Edgar Wallace. Su paz se ve interrumpida cuando Julius Tregarthan, potentado del lugar, aparece asesinado en el salón de su mansión con un tiro en la cabeza. El inspector Bigswell se apresura a investigar el caso antes de que su jefe llame a Scotland Yard, pero pronto se dará cuenta de que necesita contar con la extraordinaria intuición del pastor Dodd y, sobre todo, con su buen conocimiento de la historia y el carácter de los habitantes de la localidad.
«Había caído la oscuridad y, mientras el reverendo Dodd seguía su camino, se le ocurrió que el misterio de la muerte de Tregarthan era como la noche que le rodeaba. Aún brillaba débilmente algún que otro puntito de luz disperso, pero hasta esos se iban desvaneciendo a la vista a medida que la negrura se volvía más espesa y todo el paisaje quedaba atrapado en una negrura uniforme.«

John Bude es el seudónimo con el que el escritor, dramaturgo, director y productor de teatro Ernest C. Elmore (1901 – 1957) publicó una treintena de novelas de misterio, la mayoría de ellas protagonizadas por el inspector William Meredith. Crimen en Cornualles (1935) fue la primera novela policiaca de publicó con el nombre de John Bude y la British Library destaca su importancia porque el autor fue pionero en la cuestión de ambientar estas obras de misterio ficticias en lugares reales, por la buena prosa de Elmore y por la relevancia de la descripción de sus paisajes.
Si bien Crimen en Cornualles me ha parecido un misterio entretenido, no puedo decir que se vaya a quedar entre mis favoritos. El principio de la novela, con el reverendo Dodd y Pendrill charlando sobre sus lecturas policiacas, es muy prometedor, pero el doctor pronto desaparece del mapa y el protagonismo del padre se queda en un segundo plano (probablemente, la investigación de estos dos detectives legos hubiese sido más entretenida y con más encanto, por su conocimiento de los sospechosos y sus relaciones con la víctima). Aunque lo que menos me ha gustado ha sido el inspector Bigswell y la resolución final del caso, un poco tramposa. Sin embargo, coincido en destacar la buena prosa de John Bude, sus hermosas descripciones de los paisajes marítimos del lugar y que Crimen en Cornualles tiene mucho mérito si se considera que se trata de la primera novela de género del autor. De momento, mi título preferido de los cuatro que he leído de esta colección de novelas de misterio clásicas de la British Library sigue siendo El asesinato de Santa Claus.
Lectora, un cozy mystery clásico para conocer los inicios de John Bude.
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El misterio de la luna creciente, de Valentine Williams
El joven dramaturgo Pete Blakeney, herido de gravedad en la Gran Guerra, pasa el verano en las pacíficas y agradables montañas Adirondak, a orillas de un hermoso lago. Invitado por los propietarios de la colonia vacacional, cree que será un lugar tranquilo para terminar su obra de teatro. Pero allí coincide con Graziella, una mujer casada de la que está profundamente enamorado. El matrimonio de Graziella, con el empresario millonario Victor Haversley es un desastre: Victor intenta seducir a la joven Sara en las narices del prometido de la chica, y Graziella ha invitado a su querido amigo Waters, lo que desata los celos de su marido y la indignación de la secretaria de Haversley. Pero cuando uno de ellos aparece muerto en su cabaña con un tiro en la cabeza y el asesinato pasional parece la opción más probable, el detective de Scotland Yard Trevor Dene, que pasa las vacaciones con su amigo el sheriff Hank, descubre que el caso podría tener relación con una trama criminal de Chicago. Por no hablar del preso fugado que merodea por los alrededores.
«—Recuerdo los trabajos de Breasted y Winlock y de alguno de sus compatriotas británicos que colaboraron con Howard Carter, como Newberry y Alan Gardiner. Pero no tengo la menor idea de quién es ese profesor Carruthers. ¿Es muy conocido?
—¡Digamos que tan conocido como la célebre señora Harris! —respondió mirándome fijamente.
—La amiga imaginaria de Sarah Gamp*, ¿verdad?»
(*) Personaje secundario de Charles Dickens que aparece en Vida y aventuras de Martin Chuzzlewit

Valentine Williams (1883 – 1946) fue un periodista londinense que empezó a escribir novelas y obras teatro durante su convalecencia tras ser herido de gravedad en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Vivió en la Riviera francesa, en Nueva York, en Egipto e Inglaterra y fue autor de guiones cinematográficos y más de una treintena de novelas policiacas y de espionaje. Publicó El misterio de la luna creciente por primera vez en 1935 y su protagonista, Pete Blakeney, comparte algunos rasgos biográficos con el autor, como su condición de escritor y de herido de guerra.
El misterio de la luna creciente me ha parecido una novela de misterio entretenida con un final poco satisfactorio. Dicen los expertos novelistas criminólogos que los principales móviles para asesinar son el amor, la venganza y la codicia, y aunque en esta novela se exploran los tres, el motivo final del asesinato queda muy desdibujado, rozando el absurdo. Narrada en primera persona desde el punto de vista del atormentado dramaturgo Pete Blakeney, se trata de una obra ágil, con buenos diálogos, carismáticos investigadores (Dene y el sheriff Hank hacen una pareja casi cómica, pero muy efectiva) y un amplio elenco de sospechosos para que los lectores vayamos descartando (o no) a medida que se nos proporciona la información. Williams juega limpio, mantiene bien el suspense, da pistas descaradas para que el lector pueda ir componiendo el rompecabezas y atrapa al culpable. Lástima que al final se le queden algo desdibujados los motivos y el argumento legal de quien puede heredar la fortuna. Y no puedo contar más.
Lectora, no me ha terminado de convencer.
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La séptima hipótesis, de Paul Halter
El 31 de agosto de 1938, en el quincuagésimo aniversario del asesinato de Polly Nichols, la primera víctima de Jack el Destripador, un agente de policía recorre las calles londinenses de St. James en plena noche cuando tropieza con un médico de la peste. Convencido de habérselo imaginado, sorprende a otro caballero, también ataviado con ropajes del siglo XIX, manipulando los cubos de basura. Cuando el policía descubre, como por arte de magia, un cadáver en uno de esos contenedores, el desconocido ha conseguido esfumarse. El extraño caso se archiva sin resolver, hasta que Alan Twist, afamado criminólogo, y su buen amigo el inspector de Scotland Yard Archibald Hurst reciben la visita del secretario de sir Gordon Miller, el célebre dramaturgo especializado en obras de misterio. Twist y Hurst, convencidos de que se trata de un chiflado, están dispuestos a descartar la loca historia que les cuenta el secretario hasta que el hombre menciona una máscara de médico de la peste. De repente, todas las piezas de ese endiablado misterio quedan al descubierto, dejando a la pareja de detectives a punto de enfrentarse al más escalofriante, teatral y maquiavélico caso criminal de sus respectivas carreras policiales.
«No se desanime, amigo mío. Usted iba por buen camino. Lo que quería hacerle comprender es que las cosas no siempre son tan simples… y que no siempre pensamos en todo. A menudo ha sucedido así en nuestras investigaciones, piénselo: la única solución que no habíamos contemplado resultó ser la correcta. Por eso he hablado de una séptima hipótesis, una posibilidad que se nos escapa por el momento.»

Who Editorial
Traducción: Manuel Navarro Villanueva
Diseño de cubierta: Adrià Ferrer Marqués
Fecha de publicación: marzo de 2024
243 páginas
ISBN: 9788412764642
Paul Halter (Haguenau, 1956) es un prestigioso autor francés de novela policíaca que destaca por su habilidad para plantear ingeniosos crímenes de puerta cerrada, atmósferas fantásticas y los mejores pases de ilusionista. La séptima hipótesis (La septième hypothèse, 1991) es la sexta entrega de la saga protagonizada por el doctor Alan Twist y el inspector Archibald Hurst. Who Editorial la publica por primera vez en nuestro idioma con la magnífica traducción de Manuel Navarro Villanueva y una nota a la edición española de Paul Halter, en la que el autor detalla cómo se le ocurrió la idea para esta endiablada y sorprendente trama criminal.
Pocas veces una novela consigue el vértigo de giros de trama con los que Paul Halter juega en La séptima hipótesis. Con maestría y buen pulso, el autor consigue un suspense sostenido que mantiene en vilo al lector mientras lo conduce de hallazgo en sorpresa con cada nueva pieza del puzle. Desde el casi sobrenatural inicio de la historia, con ese viaje al Londres victoriano y las máscaras de médicos de la peste, pasando por la maquiavélica escena teatral de Gordon y Ransome, hasta los descubrimientos finales de Twist y Hurst, no hay tregua posible para el lector. Destaca especialmente la construcción psicológica de los personajes, el juego de la memoria y el recuerdo, la fantasmagórica puesta en escena de los crímenes y los pases de prestidigitador experto de Paul Halter para hacer aparecer cadáveres y dirigir las sospechas hacia uno u otro protagonista. Pero, sin duda, esta novela policíaca no sería tan genial sin la buena prosa de su autor y su excelente ambientación en los años treinta del siglo pasado, un toque nostálgico que otorga a toda la obra de un aire de novela clásica encantador, cinematográfico y también un poco escalofriante.
Quizás para los lectores habituales del género noir no resulte demasiado difícil descubrir al asesino de La séptima hipótesis, pero sin duda disfrutarán a lo grande intentando comprender cómo, por qué y cuándo han ocurrido sus crímenes. Un viaje absorbente y con muchas curvas, con un toque clásico excelente, para disfrutar desde la comodidad de nuestro sillón preferido.
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