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Cluny Brown, de Margery Sharp
Cluny Brown no sabe quién es, ni cuál es su sitio, ni dónde encaja. Huérfana desde muy temprana edad, fue educada en Londres por su tío, el señor Porritt, un fontanero que tiene muy claro que el sitio de su sobrina no está en el Ritz ni en la casa de un seductor de baños esplendorosos. Preocupado por el futuro de Cluny, el señor Porritt la envía a servir como doncella a la mansión de Lord y Lady Carmel, en el corazón de Devonshire. Andrew, el único hijo de los Carmel, también pone rumbo a la casa paterna acompañado por un escritor polaco perseguido por los nazis. Corre el año 1938 y el joven Andrew no consigue quitarse de la cabeza la preocupación por lo que está ocurriendo en el continente. Todo está a punto de cambiar y Cluny parece una señal del fin de los tiempos, con esa manía suya de pasear al perro del coronel Duff-Graham y quedarse boquiabierta frente al señor Wilson, el boticario.
«—Yo también soy de Londres, en realidad este no es mi hogar —se lamentó Cluny—. Aunque, de hecho, parece que tampoco encajo allí. Parece que no pertenezco a ningún sitio.
—Igual que yo —dijo el señor Belinski—. Pero eso tiene sus ventajas. —Vio la mirada de sorpresa de Cluny y asintió—. Por ejemplo, si uno no pertenece a ningún sitio, si aún no ha echado raíces, puede elegir. Puede contemplar todos los países del mundo como quien ojea el catálogo de un agente inmobiliario. En fin, en mi caso eso no es del todo cierto, pues hay varios países en los que estaría realmente muy incómodo, pero para ti, supongo, el universo entero está en alquiler.«

Margery Sharp (1905-1991) es una escritora y dramaturga inglesa famosa por la serie infantil Los rescatadores y por sus comedias sociales, como Cluny Brown, que fue llevada a la gran pantalla por Ersnt Lubitsch en 1946. Sharp publicó Cluny Brown en 1944, pero está ambientada en 1938, en una Inglaterra tocada por la Primera Guerra Mundial y al borde de la Segunda, en donde los aires de cambio y la permeabilidad social son muy evidentes. La autora tiene el don de mostrar, sin necesidad de dar explicaciones, en escenas divertidas y curiosas, cómo se difuminan los antiguos estamentos sociales ingleses y la inquietud personal de unas protagonistas femeninas que, al margen de los primeros movimientos de emancipación de la mujer, sienten que su lugar en el mundo ha cambiado.
Cluny Brown es una novela encantadora y divertida, de un humor sutil estupendo y diálogos ingeniosos. Margery Sharp no solo tiene el don de la crítica social a través de una ficción cómica sino que además muestra las tripas de una mansión inglesa de campo del siglo pasado como nadie: las dependencias de los criados, el orden estamental entre mayordomo, gobernanta y doncellas, Milady pendiente de sus jardines, el heredero dividido entre la lealtad a sus ancestros y un futuro incierto, el pueblo y el boticario, los vecinos… Y de pronto llegan Cluny Brown y un escritor extranjero y empiezan a trastocarlo todo, porque el mundo ha cambiado y ya nada encaja. Me ha gustado también los personajes secundarios, la sorpresa de Betty Cream, el encanto de Lord Henry y esa nostalgia conmovedora que asoma mientras el viejo mundo se desmorona, como cuando el señor sale a pasear a caballo por sus tierras y todos recuerdan aquellos viejos tiempos. Sharp muestra a unos personajes cuestionándose la rigidez de las clases sociales, lo absurdo que resulta que una doncella no pueda tener un perro o saludar a sus patronos, por ejemplo, pero también refleja, con simpatía y cariño, una sociedad que se adapta sin grandes rupturas en vísperas de una guerra y unas mujeres jóvenes que deciden por sí mismas su destino.
Lector, un análisis social histórico de los años treinta en Gran Bretaña a través de una ficción encantadora y divertidísima.
También te gustará: El fantasma y la señora Muir; Fresas silvestres; El libro de la señorita Buncle; Kathleen
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Cluny Brown
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Recuerdos de un jardinero inglés, de Reginald Arkell
Herbert Pinnegar, jardinero jefe de la mansión Charteris, ya tiene ochenta años y se sienta satisfecho junto al fuego de su casita para rememorar los viejos tiempos. Fue un bebé abandonado a la puerta de la señora Pinnegar, la generosa mujer del ganadero, que pese a tener seis hijos propios crió al pequeño Herbert como otro más. Aquejado de una leve cojera, que lo salvó de la guerra, creció convencido de dos cosas: que jamás trabajaría en una granja y que sentía una admiración profunda por las flores silvestres. Aunque nunca se casó, su vida siempre estuvo marcada por la buena voluntad de las damas que lo quisieron, como su maestra o la señora Charteris. Herbert Pinnegar sabe que nunca hubiese encontrado el coraje suficiente para perseguir sus sueños de jardinería si no hubiese sido por aquel invierno en el que un pequeño chico cojo salió a patinar sobre el lago helado y entendió que era tan capaz como cualquiera para conseguir lo que se propusiera.
«El jardinero es un ser frustrado para el que las flores nunca brotan en el momento oportuno. En todo lo que lo rodea ve cambio y descomposición. Es todo muy triste, y cómo los jardineros consiguen salir adelante ante tales adversidades es una de esas cosas que nadie entenderá nunca.»

Reginald Arkell (1872-1959) fue un escritor, guionista, periodista y poeta inglés que también trabajó para el teatro y la televisión. Todos sus trabajos se caracterizan por un fino sentido del humor y por su amor a los jardines, quizás por ese motivo su personaje más celebrado fue Herbert Pinnegar, un jardinero inglés peculiar, honesto y perdidamente enamorado de su oficio. Cuenta Periférica, que ha publicado el título en castellano el pasado mes de noviembre, que Recuerdos de un jardinero inglés salió a librerías por vez primera en 1950 y que en las Navidades de 1979 fue adaptada al teatro para ser representada en el castillo de Windsor con la familia real de público.
Recuerdos de un jardinero inglés es una historia llena de ternura, de humor y nostalgia, pero también son las memorias ficticias de un hombre que no se rindió pese a tenerlo todo en contra y que se atrevió a seguir su vocación. A medida que el señor Pinnegar recuerda su infancia, su juventud y su años dorados al frente del jardín de la casa grande, se entrevé al fondo la historia de Inglaterra: el paso de la época victoriana a la eduardiana, el efecto de las dos guerras mundiales también sobre la apacible campiña inglesa, los cambios rurales, la tecnología agraria, el cambio social, el ocaso de las grandes casas solariegas de la gentry… Sin duda, un viaje nostálgico y conmovedor a través del tiempo, de la mano de un personaje peculiar, enamorado de sin rincón del mundo.
Lector, me regalaron este libro por mi cumpleaños y me gustó tantísimo que compré algunos ejemplares como obsequio navideño para mis amigas.
También te gustará: Un año en los bosques; Cuatro setos; Trilogía de Candleford
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En el otro bolsillo, de Laura Balagué Gea
Es otoño en San Sebastián y la oficial de la Ertzaintza Carmen Arregui lo lleva regular. Se ha quedado sin sus vacaciones de septiembre por culpa del caso del festival de cine, Iñaki languidece por Lorena, Fuentes parece que desea batir su marca de bocazas, las tareas domésticas se acumulan, su hermana Nerea tiene problemas con el imbécil de su marido y su madre le da sopas con honda. Para redondear octubre, a Carmen le han asignado el caso de María Prados, una enfermera que ha aparecido muerta en su domicilio con un golpe en la cabeza. Pero a medida que Arregui y su equipo investigan a la víctima, las incógnitas se multiplican alejándolos de la resolución del crimen: María Prados parecía llevar una doble vida, con ropa y coche de lujo, citas en Meetic y un montón de mentiras que nada tienen en común con la imagen que sus compañeros del ambulatorio parecen recordar.
«Cuando Nerea se fue, Carmen entró en el estudio, se sentó en las rodillas de Mikel y se abrazó a él sin necesidad de decir nada. Se dejó mimar y secar las lágrimas porque hasta las mujeres más fuertes tienen días en los que les puede la vida.«

Erein editores
Páginas: 304
Fecha de publicación: octubre de 2020
ISBN: 978-84-9109-642-9
Soy muy fan de la oficial Carmen Arregui. Tuve el placer de conocerla en Las pequeñas mentiras, su primer caso, y me sorprendió al encontrarme con una detective tan alejada de los cánones tradicionales de la novela negra y policíaca: Carmen está felizmente casada con un hombre encantador, tiene dos hijos estupendos y un equipo de trabajo que gestiona con éxito, come pintxos de tortilla, y cuando llega a casa pone lavadoras y lee a John Irving o a Wilkie Collins. Abrir En el otro bolsillo, el tercer libro de Laura Balagué protagonizado por Carmen, ha sido como reencontrarme con viejos amigos. Ambientada en ese otoño norteño de lluvias y jerséis cálidos, con las recetas de Mikel y de la amona, las copas de vino en el sofá al llegar a casa y esa prosa tan agradable de la autora… Los casos de la oficial Arregui están más cerca del cozy que del noir.
Etiquetas aparte, y aunque sabéis que no soy nada de este género, me ha encantado En el otro bolsillo, que empieza justo al hilo de la novela anterior, Muerte entre las estrellas. Creo que se ha convertido en mi novela preferida la oficial Arregui, quizás por todo lo que he explicado en el párrafo anterior sobre la ambientación y los personajes, pero también porque he tenido la sensación de que Laura Balagué escribía con más soltura y se encontraba muy a gusto entre sus protagonistas. Os la recomiendo porque es entretenida, original, cálida —aunque suene raro en una novela con asesinato— y con cierto sentido del humor. Además practica con mucho ingenio crítica social y de actualidad, resulta inevitable empatizar con los conflictos familiares y laborales de la protagonista por su cercanía, el estilo de la autora es personal, su prosa estupenda, y Carmen Arregui relee en la cama La piedra lunar.
Lector, viaja este otoño al norte sin salir de casa.
También te gustará: Las pequeñas mentiras; Muerte entre las estrellas; Vestidos de novia; Oskarbi21
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En el otro bolsillo
Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato, de Diane Freeman
Un año después de la muerte de su marido en extrañas circunstancias, la joven condesa Frances de Harleigh por fin encuentra el valor de marcharse de la casa de su cuñado Graham para emprender una nueva vida en Londres. Pero si pensaba en llevar una existencia tranquila y relajada en la metrópolis se equivoca: sus padres le han enviado a su hermana pequeña desde Nueva York para presentarla en sociedad, su nuevo vecino es nada menos que el encantador George Hazelton, un policía la interroga continuamente sobre la muerte de su esposo, Graham le ha congelado todas las cuentas bancarias porque quiere su dinero, a su cuñada le parece escandaloso que viva sola y una ola de misteriosos robos causan sensación en las fiestas de la alta sociedad. La buena noticia es que puede que Frances esté a punto de descubrir que posee un nuevo talento, el de la investigación criminal.
«—¿Entonces habrá un segundo esposo, querida?
—Ni lo pienses —dije levantando la mano en un gesto de advertencia—. Desde que tengo uso de razón, siempre ha habido alguien controlando mi vida. Primero mi madre, luego mi esposo y después la familia de mi esposo. Por fin tengo la oportunidad de decidir por mí misma, y aunque dé un poco de miedo, reconozco que me gusta.«

Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato es una novela de misterio muy desenfadada, ambientada en la Inglaterra victoriana. Me decidí a leerla porque alguien la enseñó por Twitter —disculpad mi despiste, pero no recuerdo quién— y me encantó el título y la recomendación de Darcie Wilde, que pronunciaba las palabras mágicas: «Una maravillosa mezcla de historia, misterio y humor. Perfecta para los aficionados a Agatha Christie y Georgette Heyer.» Que no se parezca a Agatha Christie se lo perdono, pero que no se acerque ni a un kilómetro al ingenio de la gran Georgette Heyer es un error de marketing que esta lectura paga muy caro. Porque la novela me ha gustado, es muy entretenida y simpática, mantiene bien el misterio y tiene su encanto, pero no resiste la comparación con Heyer: ni tiene su chispa ni su sentido del humor ni su ritmo ni sus diálogos geniales ni nada que se le parezca.
Aclarado este triste punto, os confieso que Manual para damas sobre el protocolo y el asesinato —no me digáis que el título no es prometedor— me ha gustado, aunque me hubiese gustado mucho más si no hubiese tenido las expectativas tan altas por la comparación con Heyer. Que la trama de misterio esté ambientada en los bailes de la temporada londinense de época victoriana le da un toque distinto y muy atractivo, y el maridaje (nunca mejor dicho) entre rica heredera americana casadera en busca de título nobiliario y pretendiente aristócrata inglés arruinado en busca de esposa millonaria da mucho juego. Frances, la protagonista, es inteligente y empática, y su condición de viuda le da cierto margen de maniobra en una sociedad tan encorsetada. El componente romántico es muy secundario, no temáis, pues el peso de la trama recae en las circunstancias de Frances y en el misterio a resolver, lo que dota a la novela de originalidad y una ligereza muy de agradecer por estas fechas.
Lector, para llevártela a la piscina este verano.
También te gustará: Agatha Raisin y la quiche letal; La tumba de Vera Thwait;
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Un chelín para velas, de Josephine Tey
En la tranquila playa de Westover aparece el cuerpo sin vida de la joven Christine Clay, una actriz en auge que pasaba unos días de incógnito en la campiña inglesa para descansar. Pero cuando aparecen signos de lucha en la víctima y el botón de un abrigo enredado en su pelo, la premisa de que se ahogó por accidente pierde sentido y se traslada el caso al detective Grant de Scotland Yard. Al inspector no acaba de convencerle el sospechoso más obvio, pero cuando todas las pruebas apuntan en la misma dirección le resulta imposible ignorarlo por más tiempo. Cansado y desalentado, convencido de que se equivoca, Grant tropieza con la peculiar señorita Burgoyne, la única hija del comisario local, que le aportará el soplo de aire fresco que necesita para recuperar la perspectiva en la complicada investigación.
«¿La conocía Grant? Era actriz cinematográfica. Y muy buena, por cierto. Ha sido algo terrible, ¿no le parece? Las cosas que suceden hoy en día en las buenas familias. Incluso asesinatos. Las cosas habían cambiado mucho en la actualidad.
—No sé qué decirle —respondió Grant—. Para las familias más antiguas de Inglaterra el crimen siempre ha sido un pasatiempo más, si mis libros de Historia no mentían.«

Esta es la cuarta novela que leo de Josephine Tey y me ha parecido la más flojita de todas. Era difícil estar a la altura de la tensión psicológica de la magnífica Patrick ha vuelto, o poseer el encanto apasionado historiador de La hija del tiempo, y aunque Erica Burgoyne es un personaje feelgood estupendo, no está a la altura de la señorita Pym. Quien nunca defrauda es el inspector Grant que, al margen de que el caso policial nos parezca más o menos interesante, siempre da la talla. Además me ha hecho gracia encontrarme con el debut en escena de Marta Hallard, un personaje con mucha chispa que recordaba de La hija del tiempo.
Las novelas de Josephine Tey me gustan por su planteamiento clásico policial, por su atmósfera apacible (a menudo ambientadas en la campiña inglesa), por su british air inconfundible y por el trabajo psicológico de sus personajes. En Un chelín para velas vais a encontrar la marca de la casa y además un marco histórico muy bien reflejado: el de una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial espantada por el antisemitismo y un Hollywood en su edad dorada en parte gracias al talento de los compositores y directores judíos fugados de sus países de origen. Quizás por eso, aunque las novelas de Josephine Tey se incluyan dentro de la Golden Age, su detective huye de cualquier estereotipo y sus escenarios suelen traslucir más crítica social que el resto de novelas de misterio de ese período.
Un chelín para velas fue adaptada para la gran pantalla por Alfred Hitchcock con el título de Inocencia y juventud.
También te gustará: La señorita Pym dispone; La hija del tiempo; Patrick ha vuelto
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Un chelín para velas