Novelas
Publicadas
Archivo de la categoría: Blog
Un árbol crece en Brooklyn, de Betty Smith
En el verano de 1912, en el suburbio de Williamsburg, en Brooklyn, Francie y su hermano pequeño Neely, empiezan los sábados yendo al trapero a vender la chatarra que han recogido durante la semana. La rutina sigue un ritmo perezoso en los barrios más pobres de Nueva York, y a Francie, que no cambiaría el suyo por nada, le parece que en Brooklyn todo es como un sueño. Refugiada en el hueco de la escalera de incendios de su edificio, arrebujada en una manta, con los caramelos a mano y un libro en el regazo, Francie observa, piensa, sueña, lee, escribe y llora. Su madre friega casas ajenas, su padre es camarero, cantante y alcohólico. La abuela cree que la clave para salir adelante es ahorrar para comprar una parcela propia y leer un capítulo de Shakespeare y otro de la Biblia cada noche antes de ir a dormir. En cambio, tía Sissy no lee pero sabe ser feliz, aunque para ello tenga que andar de John en John, y a la tía Evy la corteja un caballo. Todo es posible en Brooklyn, incluso escapar de la miseria inventando un escuela nueva, una historia distinta, una vida diferente.
«Francie solo tenía diez años cuando descubrió su vocación por las letras. Lo que ella escribía tenía muy poca importancia. Lo importante era que los intentos de escribir historietas la mantenían en la línea divisoria entre verdad y ficción. Si no hubiera descubierto el desahogo de escribir, puede que hubiera llegado a adulta convertida en una gran embustera.«

Un árbol crece en Brooklyn está basado en la infancia y adolescencia de su autora, Betty Smith, que nació allí en 1897, hija de inmigrantes alemanes. Por eso, aunque el narrador es omnisciente, la mayor parte del tiempo cuenta desde la perspectiva de Francie Nolan, el alter ego de Betty Smith. Lo que más me ha impresionado de esta historia ha sido la miseria en la que vivían las familias de Brooklyn durante las primeras décadas del siglo pasado. Una miseria de empeñar el único traje bueno los lunes y correr a desempeñarlo el sábado para poder lucirlo en domingo. Una miseria que describe a Francie y a su hermano demacrados por el hambre pese a vivir en una de las ciudades más ricas del mundo, que obliga a su madre a echarle imaginación a las recetas de pan duro y a jugar a los exploradores del Polo Norte el día que ni siquiera hay pan.
Pero no solo es una novela testimonial de la dura época de infancia de la autora, también es una novela de personajes, de relaciones materno-filiales y de crítica social, educativa y política. Betty Smith refleja bien el orgullo de los pobres que prefieren seguir pasando hambre antes que aceptar caridad, el racismo entre vecinos de Brooklyn, la ausencia de sororidad entre mujeres de parecida condición socio-económica, la maldición de los embarazos en familias que no pueden permitirse comer todos los días. Pero pese al hambre y la pobreza, pese a que mamá quiere más a su hermano, pese a una bibliotecaria zombi que odia a los niños y una maestra corta de miras, pese a que se muere por ir a la universidad pero debe seguir trabajando porque es Neely quien está destinado a estudiar por ser hombre, la voz de Francie no flaquea nunca. Es esa mirada narradora indómita, llena de esperanza y de fuerza, la que convierte Un árbol crece en Brooklyn en una novela conmovedora, rebosante de ternura y autenticidad.
«Algunos lo llaman el árbol del cielo. Caiga donde caiga su semilla, de ella surge un árbol que lucha por alcanzar el cielo. Crece en solares delimitados por tablas entre montones de basura abandonada. Es el único árbol que crece en el cemento. Crece exuberante… sobrevive sin sol, sin agua, hasta sin tierra, en apariencia. Podríamos decir que es bello, si no fuera porque hay tantos de su misma especie.«
Lector: Francie, como los árboles de Brooklyn, pese a la ausencia de luz, de agua y de tierra, luchará por alcanzar el cielo.
También te gustará: La evolución de Calpurnia Tate; Una temporada para silbar; Verano en English Creek
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Un árbol crece en Brooklyn (en papel)
Un árbol crece en Brooklyn (para Kindle)
Publicado en Blog
12 comentarios
La invasión de las bolas peludas, de Luke Rhinehart
Morton vuelve a su casa en Greenport, Long Island, cuando una bola peluda salta desde el mar hasta el techo de su embarcación pesquera. Billy bautiza a la extraña bola como Louie y deja que lo acompañe hasta su hogar, donde conoce a Carlita y a los niños. Louie, que se siente tan gusto con los Morton que decide quedarse una temporada con ellos, es un alien hiperinteligente, procedente de otro universo, que ha venido a la Tierra para divertirse. El problema para el gobierno estadounidense es que no ha venido solo y que la idea que tienen las bolas peludas de la diversión es jugar a transformar las democracias corruptas y los sistemas capitalistas que ponen en serio peligro la inteligencia de los ciudadanos y la salud del planeta.
«Es un juego para que los seres humanos salgáis de la gran cagada en la que habéis convertido la vida en la Tierra durante los últimos cincuenta años. Si vosotros los humanos empezáis a cambiar las cosas para ser menos destructivos con las formas de vida de este planeta, y se reduce el sufrimiento que esta civilización está imponiendo a muchos otros humanos, entonces nosotros ganamos. Así como también gana la gran mayoría de la humanidad. Por supuesto, los pocos millones que se benefician de vuestra forma enfermiza de hacer cosas serán los perdedores: su poder y su riqueza disminuirán. Como los gobiernos de vuestro mundo están controlados por los pocos que se benefician, vuestros gobiernos luchan contra nosotros con todo lo que se les ocurre.«

Encontré esta novela en casa de Mientrasleo y me hizo tilín el planteamiento: unos extraterrestres que vienen a salvar a la humanidad de la humanidad. Y lo cierto es que el arranque es divertido, original y tan estupendo como parece. Ha sido una lectura de verano de lo más entretenida y simpática. Luke Rhinehart es el seudónimo de George Cockcroft, un escritor neoyorkino autor de una de las novelas más admiradas del siglo XX, El hombre de los dados. Sospecho que no votó a Donald Trump en las últimas elecciones de su país.
La gracia de La invasión de las bolas peludas es que se ahorra circunloquios y entra a matar con unos protagonistas de lo más adorables: Billy, su familia, y Louie y sus colegas aliens. La narración es heterogénea y alterna fragmentos de un diario histórico ficticio sobre la invasión alienígena, transcripciones de grabaciones del gobierno estadounidenses y sus organismos dependientes, y el testimonio de otros humanos que la vivieron en primera fila; pero mis capítulos preferidos son los que narra Billy Morton, con su magnífico sentido del humor, su desparpajo, y esa conciencia de seguir en el bando de los buenos pese a que siempre lleve las de perder.
Y entre humor, juegos, real politic y ciencia ficción, el señor Rhinehart se marca una excelente reflexión y análisis político sobre la democracia estadounidense y la corrupción generalizada de todo su sistema socio-económico. No es que nos cuente nada nuevo, sino que lo hace alto y claro, desde el punto de vista de un extraterrestre con una inteligencia muy superior a la de los seres humanos. Que tampoco hace falta ser Einstein para darse cuenta de que nos estamos cargando el planeta y de que el sistema económico solo beneficia a los ricos y mata a los pobres, pero Louie no solo te lo explica genial sino que además se pone manos a la obra para darle solución a semejante barbarie.
Por todo lo que os he explicado, la novela es estupenda y merece la pena. Es entretenida, divertida, original, reflexiva y de rabiosa actualidad. Pero, como ya nos avisaba Mientrasleo en su reseña, hacia la mitad del libro pierde frescura. El problema es que peca de exceso de páginas y que se repite bastante en los capítulos finales. Quizás Rhinehart piense que estamos muy idiotizados por culpa de los medios de comunicación al servicio del poder y necesitamos que se nos itere el mensaje para que nos quede claro. De todas formas, la recomiendo mucho, sobre todo si os apetece algo distinto y juguetón pero muy bien planteado.
Lector, Louie y Billy, el principio de una gran amistad.
También te gustará: La mujer del viajero en el tiempo; Spin; Tocar las estrellas
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
La invasión de las bolas peludas (en papel)
La invasión de las bolas peludas (para Kindle)
Publicado en Blog
13 comentarios
Amor no correspondido, de Barbara Pym
Dice la señora Lord que Dulcie Mainwaring no gusta a los hombres porque lee demasiado y porque no se peina ni se maquilla para sacarse partido. Que sea inteligente, sincera y tenga estudios universitarios que le permiten ganarse la vida por sus propios medios tampoco la favorece en nada. Cuando su prometido rompe el compromiso, Dulcie decide a asistir a un congreso sobre edición con el ánimo de conocer gente nueva con intereses afines. Pero allí queda deslumbrada por el atractivo Aylwin Forbes, que desata en ella una extraña fiebre cotilla y fantasiosa. Convencida de que se ha convertido en una solterona sin remedio, Dulcie intenta hacerse a la idea pero, por mucho que lo intenta, le resulta imposible llevar la clase de vida que se esperaría de ella en el Londres de los años cincuenta. Quizás porque todavía es joven, quizás por su perspicaz observancia de la naturaleza humana, pero sobre todo porque es una de las mujeres excelentes de Barbara Pym, la señorita Mainwaring no renuncia a la aventura.
«—Se puede compartir cualquier clase de trabajo. Ahí es donde falló Marjorie Forbes, en no ser capaz de compartir los intereses de Aylwin.
—Bueno, tampoco es que pudiese, teniendo en cuenta que sus intereses eran otras mujeres —repuso Dulcie con repentina frivolidad—. No se puede esperar que las esposas compartan ese tipo de intereses. En cualquier caso, la pobre Marjorie probablemente lo intentase, por lo menos al principio. ¿No crees que también es culpa del hombre por elegir a una esposa inadecuada?«

Reflexionaba @SalonJaneAusten hace poco en las redes sociales, al respecto de Amor no correspondido, que Barbara Pym era lo más cercano a Jane Austen en la posguerra británica de los años cincuenta del siglo pasado. Y como tengo entre manos y a punto de terminar Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley, no puedo sino coincidir con ella al encontrar en ambas autoras esa mirada crítica y certera sobre la sociedad de su época y la misma habilidad en entender y narrar con tanta sutilidad las emociones humanas. También coinciden en presentar protagonistas femeninas carismáticas e inteligentes, capaces de mantener sus respectivas convicciones y honradez pese a la rigidez social y al convencionalismo de sus respectivos tiempos; mujeres excelentes en sociedades en las que la mujer o era esposa o no era nada.
«Según miraba a su alrededor» —dice Lucy Worsley en Jane Austen en la intimidad— «y veía cómo la sociedad se reorganizaba tras las Guerras Napoleónicas, Jane detectaba un conservadurismo creciente y la tendencia a coartar aún más si cabe la vida de las mujeres. En ciertos sentidos, la década de 1810 recuerda a la de 1950, una época de represión creciente tras los intrépidos años de la Segunda Guerra Mundial.» Al igual que Austen, Barbara Pym ve esa represión que relega de nuevo a las mujeres al ámbito doméstico, y las aleja del académico o del profesional, no le hace ni pizca de gracia y es crítica constante en sus novelas.
Amor no correspondido es la segunda novela que leo de Barbara Pym y es segunda vez que caigo rendida a los pies de esta señora novelista tan excelente como sus mujeres protagonistas. Me ha gustado incluso más que Mujeres excelentes, quizás porque me ha parecido que Pym daba rienda suelta a su sentido del humor con mayor ligereza o quizás porque contaba con la complicidad (la esperaba) de su mirada crítica y su fino sarcasmo. En Amor no correspondido volvemos a encontrar una protagonista observadora y perspicaz, a través de cuyas reflexiones y mirada nos asomamos a una sociedad británica que retorna al conservadurismo: las mujeres académicas son objeto de burla (¿cómo se atreven a investigar o a publicar sus propios trabajos? ¡no se casarán nunca!), la mayoría relegadas a elaborar índices para sus colegas masculinos, solteronas amargadas empujadas a una vida gris y anodina porque solo el matrimonio es la opción correcta y, el resto, un fracaso.
A menudo, los personajes masculinos de esta novela resultan ridículos, no solo por su comportamiento egoísta, tan bien visto y aceptado socialmente, sino por su actitud infantil y su desorientación. Dulcie reconoce que no podría casarse con alguien menos inteligente que ella, pues eso la abocaría a una infelicidad perpetua, así que no nos extraña que siga soltera. Barbara Pym dispone con mucha pericia la trama al servicio de los personajes y, sobre todo, para divertimento del lector que sigue con interés y una sonrisa las desventuras de una Dulcie que dice resignarse a la soltería pero que anhela mucho más de lo que su época reserva para las mujeres sin pareja.
Lector, no te resistas.
Nota: me gusta pensar que en la página 223 (edición de Gatopardo) Barbara Pym hace un «cameo» en su novela: «En ese momento alguien llegó a la mesa que quedaba libre, pero al tratarse de una mujer de unos cuarenta años, de aspecto corriente y sin acompañante, nadie le prestó demasiada atención. Quiso el azar que se tratase de una novelista; de hecho, algunos de los comensales habían leído y disfrutado de sus libros, pero jamás se les habría ocurrido relacionar su nombre, ni tan siquiera si lo hubiesen comprobado en el registro del hotel, con el de la escritora a la que admiraban.«
También te gustará: Mujeres excelentes
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Amor no correspondido (en papel)
Amor no correspondido (para Kindle)
El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy
Michael Henchard, un peón aparvador, llega a un pequeño pueblo en busca de trabajo, pero esa misma noche se emborracha y vende a su mujer y a su hija a un desconocido. A la mañana siguiente, horrorizado por su acción, desaparece de la localidad a toda prisa y se promete que no volverá a beber alcohol. Muchos años después, ambas mujeres regresan a su vida, y aunque Henchard ha hecho fortuna en Dorchester sigue siendo el mismo mezquino miserable que una vez las vendió a un marinero. Pese a que ha cumplido su promesa de mantenerse sobrio, su carácter colérico y desconfiado pondrá en riesgo todo lo que ha conseguido en los últimos años.
«Él parecía tener los mismos sentimientos que ella sobre la vida y sus circunstancias: que había más tragedia que comicidad en ellas; que, aunque se pudiera estar alegre en ocasiones, los momentos de alegría eran interludios y no verdaderos actos del drama.«

Thomas Hardy publicó por primera vez El alcalde de Casterbridge en 1886, casi diez años antes que Jude el oscuro (1895), pero la crítica literaria considera que son estas dos novelas las que señalan al autor como novelista trágico. Pesimismo vital o no, El alcalde de Casterbridge no me ha gustado tanto como Lejos del mundanal ruido (1874), sobre todo porque he echado en falta la exquisita belleza narrativa y el naturalismo romanticista que Hardy desplegó en Lejos del mundanal ruido y su elenco de personajes y motivaciones es extraordinariamente superior, en todos los sentidos, a los de El alcalde de Casterbridge.
El alcalde de Casterbridge tiene por protagonista a un hombre ignorante, mezquino, miserable, desconfiado, vengativo, colérico, rencoroso que por muchos años que pasen no aprende nada de la experiencia ni mejora su carácter. Michael Henchard no solo vende a su mujer y a su hija sino que al día siguiente solo se preocupa por que nadie lo haya reconocido. Como lectora me ha costado mucho entender que su señora volviese a buscarlo para vivir con él y la única explicación que le he encontrado es que en el siglo XIX las mujeres no tenían muchas opciones para sobrevivir. Entiendo que Thomas Hardy ofrece una visión pesimista y trágica de la vida, pero sin duda es el retrato de su protagonista el que prevalece cuando se termina la novela: si eres malo y estúpido, tienes muchas probabilidades de no entender qué es la felicidad.
El resto de personajes presentan un comportamiento algo errático y a menudo injustificado, con unos cambios de opinión alocados. Incluso Elizabeth, que es la más coherente y sensata (a menudo me parecía que Hardy ponía en los pensamientos de este personaje su propia filosofía de vida), de repente pasa de ser casi analfabeta a traducir a Ovidio; Henchard apenas sabe contar y escribir, pero es magistrado por «sus valoraciones a la vez rudas y fiables» (ya sabéis, queridos/as opositores a jueces, con tener valoraciones rudas ya podéis saltaros cualquier otro requisito). Como he leído El alcalde de Casterbridge con un grupo de buenos amigos lectores, me lo he pasado en grande comentando todas estas pequeñas locuras de Hardy. Eso sí, inolvidable el capítulo XXIX (el del toro y el manguito); solo por ese capítulo ya merece la pena leer toda la novela. Para que luego los críticos tilden de pesimista a Hardy ¡con lo divertido que era!
Si bien es cierto que no recomendaría esta novela a nadie que no haya leído nunca a Thomas Hardy, tampoco puedo decir que me haya disgustado totalmente. No es Lejos del mundanal ruido, que me encantó, pero el novelista británico me sigue pareciendo genial: cuando terminas este libro y ves en perspectiva la totalidad del mosaico (personajes, trama, ambientación, crítica…) entiendes que el retrato de Henchard y de su época que ofrece Hardy es prístino y extraordinario.
Lector, me quedo con el Hardy optimista de los primeros años.
También te gustará: Lejos del mundanal ruido
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
El alcalde de Casterbridge
