La dura y austera vida en la granja de su modesta familia, en Greenwich, Connecticut, no está hecha para Miranda Wells, una joven bella y romántica. Cuando en la primavera de 1844 llega una carta de Nicholas Van Ryn, un pariente acaudalado de la madre de Miranda, solicitando una institutriz para su hija, la joven convence a sus padres para que la dejen aceptar su oferta. Empieza así su vida en Dragonwyck, el lúgubre y fastuoso castillo desde el que Nicholas administra sus vastas posesiones agrícolas, y rige la economía de sus arrendatarios, en el estado de Nueva York, a orillas del Hudson. Miranda es demasiado inocente para entender el clima de opresión política que rodea a Van Ryn, el odio de sus arrendatarios o el temor que le tienen su esposa y su hija; ella solo ve a un hombre guapo y carismático que sabe rodearla de lujos y caprichos. De nada servirá la advertencia de una vieja criada que todavía recuerda la desgracia y la maldición que pesan sobre Dragonwyck: cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad.
«Miranda perdonó inmediatamente a Nicholas la salida de tono, debida sin duda al enfado. Sabía que el sistema de rentas significaba para él mucho más que para el resto de hacendados, que ceder ese poder le resultaba algo impensable (…), la hacienda era un símbolo para él. Era su reino por derecho de nacimiento (…). Pero no estaban en Europa y los Estados Unidos de América no eran un reino, sino una república. Lo aceptaran o no, estaban sujetos a las leyes de la democracia en la vivían. El sistema de arrendamientos obligatorios era una reminiscencia del pasado, ni siquiera del pasado del país, en realidad, era una especie de descendiente fallido de la Europa medieval. Y la república, en arrasante expansión, iba a extirparlo como a cualquier otra rama muerta.«

Anya Seton (Nueva York, 1904 – Greenwich, Connetcicut, 1990) fue una escritora estadounidense educada en Europa y de padres también escritores (su padre era autor de libros sobre la naturaleza y su madre de ensayos feministas). En sus novelas, a menudo protagonizadas por heroínas apasionadas y ambiciosas, sus constantes referencias a autores y obras reflejan el amor por la literatura que la acompañó desde su infancia. Seton publicó trece novelas de ambientación histórica y tintes biográficos, entre las que destaca su gran bestseller Dragonwyck (1944), cuyo éxito fue tan inmediato que se adaptó a la pantalla grande en 1946, en un film dirigido por Joseph L. Mankiewicz y protagonizado por la bellísima Gene Tierney (Miranda Wells) y Vicent Price (Nicholas van Ryn).
La historia de Dragonwyck está ambientada a mediados del siglo XIX, en el estado de Nueva York, en los alrededores del rio Hudson, en el contexto histórico, social y político de los últimos retazos de los terratenientes casi feudales de la llamada aristocracia knickerbocker —los ricos señores de Nueva York descendientes de familias holandesas de abolengo—, los altercados campesinos contra el pago de rentas, la masacre del teatro Astor Place o el desarrollo de los barcos de vapor como medio de transporte. Pero la maestría de Anya Seton no radica solamente en su magnífica documentación histórica sino también en la habilidad con la que la integra en su trama y presenta a sus personajes como protagonistas de dichos conflictos socio-políticos y económicos de la época.
Dragonwyck no solo brilla por su excelente trama histórica y la magnífica prosa de Anya Seton, sino también por el carisma y la complejidad psicológica de sus personajes: la ambición y la inteligencia de Miranda, la oscura y cruel personalidad de Nicholas, la insatisfacción de Johanna, que encarna la decadencia de un mundo a punto de desaparecer, o la impetuosidad del doctor Turner, que, en contraposición, simboliza el espíritu joven y democrático de la nueva república. Además de la relación entre sus protagonistas y el momento convulso, el toque gótico —que no podía faltar en una mansión victoriana tan sombría como Dragonwyck— y el misterio contribuyen a mantener una tensión y un suspense que se incrementan a un ritmo sostenido casi desde los primeros capítulos de la novela. Si se le añade a todo el conjunto la presencia de Edgar Allan Poe o un joven Herman Melville, entre otros personajes históricos, no creo que os extrañe si os digo que Dragonwyck se queda como una de las mejores lecturas de este año.
Descubrí esta novela gracias a la fabulosa recomendación de mi querida MH de Las inquilinas de Netherfield.
Lectora, no hagas caso del peculiar diseño de cubierta y recupera este clásico descatalogado.
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