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Archivo del Autor: Monica
Ganadoras de Mugs & Books VII Edición
Reunido el excelente jurado formado por @CristinaRoes @DsdemonaLibros y @Trotalibros, procedo a comunicar las tres fotografías ganadoras del VII certamen de Mugs & Books de Serendipia. Los criterios de selección de las imágenes han sido la belleza de las mismas (a gusto de los jueces) y la combinación de taza y libro teniendo en cuenta la temática, autor, protagonistas, ambientación, etc.
El proceso de selección ha sido complicado porque las fotografías que participaban eran todas preciosas, pero tras una larga deliberación el jurado ha seleccionado estas tres como ganadoras:
Las lecturas de Undine: El reino de las mujeres

Enhorabuena a las tres (por favor, pasadme vuestra dirección cuando podáis para que os pueda enviar el detallito) y muchísimas gracias a todos los participantes de este año.
Jugar con vosotros en estos días tan difíciles ha sido un oasis de paz, mil gracias de todo corazón. Y un abrazo muy grande a mis estupendos jueces accidentales: gracias mil, Laura, Cristina y Jan.
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Quizás me quede mañana, de Lorenzo Marone
Cuando tu apellido es Di Notte, que tu padre te llame Luce parece un mal chiste; sobre todo cuando vives en los Quartieri Spagnoli, en Nápoles, y no lo has tenido precisamente fácil para salir adelante esquivando a la Camorra. Pero es que Luce es luz, por mucho que se empeñe en disimularlo detrás de su encabronamiento casi perpetuo, sus vaqueros y sus Converse, sus diatribas furibundas en el bufete de abogados para el que trabaja y las discusiones con una madre que nunca ha sabido amar. Es luz para su perro, Alleria, del que no se ha separado desde que lo encontró en la basura. Es luz para Vittorio, el anciano vecino de pasado bohemio y presente filosófico, con el que tiene un trato para comer juntos cada día. Es luz para un francés errante, para sus compañeros de oficina, para su familia disgregada, para Patricia y sus ojos tristes. Y está a punto de cambiarlo todo para una madre y su hijo, para un padre sin perdón, para sí misma que todavía anda perdida, que no sabe si huir es un acto de cobardía o quedarse uno de terrible conformidad.
«La vida es un continuo cambio de costumbres, amistades, formas de actuar y de pensar, ideales, amores, incluso de fe. Y, sin embargo, es solo cuando te encuentras por casualidad delante de una vieja costumbre, cuando entiendes cuánto la has echado de menos, cuánto se te ha arrugado la piel sin que te dieras cuenta (…). Solo digo que este mantel puesto con esmero y el plato de pasta con patatas me han hecho comprender que siempre habrá un lugar para mí en el mundo mientras alguien me tenga preparado algo en la mesa.«

Hace más de quince días —disculpad si no preciso más, este confinamiento me desdibuja el calendario—, mi amiga Rocío me regaló Quizás me quede mañana, de Lorenzo Marone. Me dijo que andaba de librerías cuando se encontró este título que le habían recomendado por ser una lectura muy feelgood y que le había apetecido enviarme un ejemplar. Me propuso leerlo juntas y pusimos fecha sin sospechar que acabaríamos leyendo a Lorenzo Marone en plena cuarentena. Serendipia, sin duda, pues pocas lecturas del siglo XXI tan bellas, optimistas y esperanzadoras como esta se me ocurren para los tiempos que corren.
«Las cosas que no merecen la pena nos acompañan siempre por un breve período de tiempo, después las perdemos o las olvidamos a saber dónde. Sin embargo, lo que amamos lo guardamos con cuidado, nos lo colgamos al cuello y lo llevamos con nosotros. Las cosas buenas de nuestra vida, escúchame bien, casi siempre nos sobreviven.»
Leed a Lorenzo Marone, os lo deseo de todo corazón. Quizás me quede mañana es una historia de ficción, con una protagonista de ficción, más auténtica que la vida misma. Me he quedado prendada de tantas frases, de tantas reflexiones vitales del autor, que no sé ni por dónde empezar a contaros, así que mejor la leéis vosotros. Vais a encontraros con una protagonista dura por fuera y extraordinaria por todas partes; y es esa dureza exterior, esa fuerza de tifón que ha aprendido a esgrimir porque su barrio y su familia son los que son, la que pone el contrapunto a una narración que podría haber caído en el sentimentalismo fácil. Luce di Notte es justo como su nombre, una luz que ilumina la oscuridad incluso en las horas más profundas de la noche. Y a través de sus pensamientos, de las lecciones que asume, de los puntos de vista de los demás personajes (como Vittorio, Kevin o la abuela), el lector viaja con serenidad a través de sus propias conclusiones.
«—¿Ha tenido alguna vez la sensación de que estuviera arrastrando su vida a alguna parte donde ella no quiere ir?
Él parece reflexionar, se echa un poco más de vino y responde:
—Sí, entiendo lo que quieres decir.
—Pues eso, yo soy la típica que intenta no venirse abajo, no me gustan los quejicas como mi madre, para entendernos. Pero, bueno, si me paro a pensar, no es que mi vida sea gran cosa.»
¿A quién no le ha pesado la vida, la rutina, la familia, los amores alguna vez? ¿Es mejor huir, cortar con todo y empezar de nuevo en otro lugar, o quedarse y luchar? Y si te quedas, ¿es porque te conformas con menos o es porque has aprendido a asumir aquello que no puedes cambiar? ¿La actitud ante lo que nos sucede es la clave de nuestra felicidad o de nuestras circunstancias? Disculpadme tanto interrogante, odio utilizarlos en cualquier narración, pero es que me encantan las disyuntivas que plantea Lorenzo Marone en esta maravillosa novela feelgood y la belleza con la que las va resolviendo a medida que Luce desenreda el ovillo de su pasado y de su presente. Leedla, de verdad, deja muy buen sabor de boca y no es nada trivial en los tiempos que nos ha tocado vivir. La prosa del autor es bonita, generosa y elocuente.
Rocío, mil gracias por regalarme una lectura en compañía tan perfecta como esta.
También te gustará: El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo; Cómo comportarse en la multitud; Dónde estás, Bernadette; La vida escondida entre los libros; Eleanor Oliphant está perfectamente; Juntos, nada más
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Quizás me quede mañana (en papel)
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Mugs & Books VII Edición
Esta mañana comentábamos en Twitter que no estábamos leyendo demasiado, que nos costaba concentrarnos. He pensado que quizás un Mugs & Books sería una buena manera de distraernos un ratito en estos días difíciles. Sé que puede parecer una frivolidad con lo que está cayendo, y os pido disculpas de antemano por ello, pero también creo que quizás nos venga bien jugar todos juntos ahora que estamos tan aislados.
Así que, con vuestro permiso y comprensión, allá voy: Mugs and Books VII edición.
La preciosísima fotografía es de Isi Orejas (FromIsi)
Mugs and Books (VII) funciona como de costumbre. Os recuerdo las bases:
Foto de vuestra combinación preferida de taza y libro. Valen todos los formatos y contenidos, el único requisito es que sea una foto vuestra.
Los jueces tendrán en cuenta el significado y la temática del maridaje además de la belleza de la imagen.
Esta vez sí que valen filtros.
Podéis participar con todas las fotografías que deseéis.
Jugamos en Twitter y en Instagram, pero recordad que siempre con el hashtag #MugsAndBooks ¡Imprescindible para que los jueces puedan tener a mano las fotos participantes, por favor! Si me queréis etiquetar:
@Mnicaserendipia en Twitter
@Monicaserendipia en Instagram
En esta edición, tengo el honor y el placer de contar con tres jueces geniales: @Cristina_Roes, @DsdmonaLibros y @Trotalibros
El período de juego comienza ahora-mismo-ya y termina el próximo viernes 27 de marzo.
Cristina, Laura y Jan decidirán las tres fotos ganadoras, que publicaré en el blog. El premio será un detallito sorpresa que enviaré por correo postal cuando termine el confinamiento y desaparezca la emergencia sanitaria.
¿Nos quedamos en casa y jugamos juntos?
Os dejo las fotos participantes de ediciones anteriores:
Mugs and Books I
Mugs and Books II
Mugs and Books Christmas Edition
Mugs and Books IV
Mugs and Books V
Mugs and Books VI
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Lucía en Londres, de E. F. Benson
Lucía está desolada por la muerte de la tía de su marido y sus vecinos de Riselhome desconfían de tanto duelo… hasta que comprenden que la herencia debe haber sido importante. No andan muy desencaminados, porque la reina del pueblecito isabelino más cotilla de Gran Bretaña acaba de convertirse en la flamante propietaria de una casa en Londres. A Lucía le falta tiempo para cortarse el pelo a lo garçon, acortarse la falda, robarle a George su libro de instrucciones sobre bridge subastado y lanzarse a la conquista de la capital, donde se convertirá en la arribista más descarada (y plasta) de la temporada a fuerza de perseguir a toda duquesa viviente y a cualquier famosete en boga. Pero si piensa que Riselhome va a perdonarle el abandono y el desaire posterior, anda muy equivocaba; la señora Quantok y Georgie con la novedad de una tabla guija, a falta de excusa mejor, montan un museo con su correspondiente comité para demostrarle a su ex-amiga que la vida sigue sin su tiranía.
«—Pero si es absurda —dijo Marcia reculando ligeramente.
—No, no tienes que verlo así. Jamás te rías de ella. Lo mejor es disfrutarla con ganas.
—¡Es una esnob! —exclamó Marcia como si eso fuera un descubrimiento tremendo.
—Igual que yo, y que tú, y que todo el mundo. Aquí todos corremos detrás de gente distinguida como… Alf y Marcelle. La diferencia entre Lucía y tú está a favor de ella, porque tú finges no ser una esnob, mientras que ella va con la verdad por delante. Además, ¿para qué servís las duquesas sino para darles placer a los esnobs? Ese es tu trabajo en el mundo, tesoro; para eso te enviaron. No rehúyas tu responsabilidad o cuando seas vieja sufrirás las agonías del remordimiento.«

Una de las cosas que más me gusta de E. F. Benson es que en la época de entreguerras, justo cuando Virginia Woolf, D. H. Lawrence o James Joyce ya eran considerados como el máximo exponente literario de su generación, se atreviese a publicar una saga de novelas ambientadas en Riselhome en las que no ocurría nada más allá del cotilleo y las maldades de sus protagonistas. Lo más genial es que sus libros tuvieron muy buena acogida por los lectores británicos de los años veinte y treinta del siglo pasado, y que el querido George, la tremenda Lucía y la insoportable señorita Mapp se hicieron un hueco en las estanterías más simpáticas de sus lectores.
Lucía en Londres no es ninguna excepción de esta saga: volvemos a tener a todos los habitantes de Riselhome urdiendo conjuras, cotilleando y cuidando de sus respectivos jardines. La novedad es que Lucía, esnob insoportable y trepa profesional, decide tomar por asalto la buena sociedad londinense ante la estupefacta mirada de duquesas, artistas e intelectuales autóctonos. La gracia es que gran parte de esa buena sociedad, tan esnob como ella, escoge tomarse con mucho humor las tácticas arribistas de Lucía en lugar de criticar su plasta intromisión. Tan divertida como los libros anteriores, destaca de nuevo la fina ironía de E. F. Benson (dice Impedimenta que similar a la de Jane Austen) y su estupendo sentido del humor, aunque esta vez la galería de personajes pintorescos se amplia de manera genial. Pero si esperáis encontrar una pizca de verosimilitud con el Londres de la época, abandonad toda esperanza: Lucía en Londres es una divertidísima comedia con el nostálgico toque eduardiano que siempre caracteriza la prosa y los diálogos de E. F. Benson, pero la ambientación es mero decorado.
Lector, hará las delicias de los lucialófilos convencidos.
También te gustará: Reina Lucía; La señorita Mapp; Mapp y Lucía
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Lucía en Londres
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Etiquetado Clásico, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica, Novelas adorables
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El príncipe, de Nicolás Maquiavelo. Anotado por Napoleón Bonaparte
Nicolás Maquiavelo escribió El príncipe en 1513, a la edad de 50 años. En el prólogo, confiesa que a su edad está cansado y que se retira de la política, pues lleva toda su vida adulta aconsejando a los gobernantes italianos. Maquiavelo ha vivido las mayores inestabilidades entre los diferentes principados de Italia —los enfrentamientos y conjuras de los Borgia, las luchas de poder de los Medici, cárcel, tortura, guerras, traiciones…— y le apetece escribir sobre toda esa experiencia para el buen gobierno futuro de los reinos. El príncipe es un compendio sobre política, sobre formas de gobierno desde la Antigüedad hasta el siglo XVI, sobre tipos de ejércitos, sobre cómo acceder al poder, pero también es un ejercicio de reflexión y guía para cualquier príncipe italiano que desee mantener su territorio a salvo de la ambición de los vecinos.
«Un señor que actúe con prudencia no puede ni debe observar la palabra dada cuando vea que va a volverse en su contra y que ya no existen las razones que motivaron su promesa. Y si todos los hombres fuesen buenos, este precepto no sería justo; pero puesto que son malvados y no mantendrían su palabra contigo, tú no tienes por qué mantenerla con ellos.«

La primera vez que leí El príncipe fue como lectura obligatoria de la asignatura de Historia Moderna y no recordaba gran cosa, quizás porque en su momento me pareció un deber. Por esa circunstancia, y porque tenía muchas ganas de hacerme con la edición anotada por Napoleón Bonaparte, convencí a un grupo de lectoras y amigas para acompañarnos en la aventura de leerlo juntas. Reconozco que a menudo hemos disfrutado más comentándolo entre nosotras que leyendo al señor Maquiavelo, y que la soberbia de Bonaparte nos ha puesto la sonrisa en los labios más de una vez.
Es curioso cómo el tiempo altera el recuerdo de la Historia y las palabras de sus protagonistas, y al final acabamos teniendo una idea distorsionada de El príncipe y su autor. Por eso, leer el original resulta tan interesante y sorprende la actualidad y vigencia —salvando las distancias— de las ideas de Nicolás Maquiavelo sobre política y gobierno (seguramente porque los humanos apenas hemos cambiado en los pocos siglos que llevamos sobre la Tierra). Dice Maquiavelo que la política es la persecución de los fines generales para la mejora de la convivencia social, que los hombres solo dañan por miedo o por odio, que ningún poder se mantiene por la suerte y que el buen príncipe conserva su Estado si evita los vicios peligrosos y fomenta las virtudes que le ayudan a conservarlo, sean o no verdaderas. Lo más loable es que un gobernante mantenga la palabra dada y viva con integridad mejor que con astucia y, sin embargo, la Historia nos dice que triunfan los astutos. Y astuto será el príncipe que sepa encontrar buen consejo en quien no tenga miedo de decirle la verdad.
Bonaparte leyó El príncipe cuando todavía era un estudiante en la academia militar y quedó tan prendado de las enseñanzas, consejos y reflexiones de Maquiavelo que volvió a releerlo, anotarlo y subrayarlo una y otra vez a lo largo de toda su vida. El problema, en mi opinión, es que esta edición de la obra no cataloga las anotaciones de Bonaparte por orden cronológico y si no se conoce bien su biografía puede llevar a confusión: los comentarios y las ideas del joven general revolucionario no tienen nada que ver con los que apunta el militar en campaña europea o, posteriormente, el emperador Napoleón. Hubiese sido mucho más ilustrativo un ordenamiento de las anotaciones que permitiese observar a cualquier lector el cambio de un Bonaparte joven deseoso de convertirse en el príncipe ideal que proponía Maquiavelo hasta derivar en el emperador soberbio y pagado de sí mismo que traicionó sus ideales revolucionarios cuando se vio dueño de Europa. Porque, debido a una de esas trampas de nuestra memoria, quien concluyó que el fin justifica los medios no fue Nicolás Maquiavelo sino Napoleón Bonaparte.
Lector, un ensayo clásico que te sorprenderá por su vigencia y la clarividencia de sus ideas.
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El príncipe (comentado por Napoleón Bonaparte) (en papel)
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