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Al este del edén, de John Steinbeck

A principios de siglo, en el Valle de Salinas, California, los Trask se asientan en la mejor tierra de la zona. Sus vecinos, los Hamilton, son una familia capaz de volar sin alas, libres y singulares. Los Hamilton no son ricos, ni poseen buenas tierras, pero tienen la mayor riqueza de todas: se tienen los unos a los otros. En cambio, Adam Trask, acomodado y con suerte, parece tenerlo todo excepto quien le ame. Nacido en un hogar regido por la más absoluta austeridad emocional, Adam y su hermano Charlie acabaron enfrentados por el amor de su padre pero, sobre todo, por la contraposición de sus naturalezas opuestas.

«Pero también hay hombres que se sienten en su corazón amigos de todo el mundo, y hay otros que se odian a sí mismos y que esparcen su odio en torno a ellos como la mantequilla sobre una rebanada caliente.«

John Steinbeck publicó Al este del edén por vez primera en 1952 y le aseguró a su editor que era la novela que siempre había querido escribir sobre el bien y el mal, la obra definitiva sobre el mito de Caín y Abel. Quizás por eso resulta algo complicado redactar la sinopsis de este libro, porque el resumen es justamente ese: la confrontación entre el bien y mal encarnados por dos hermanos. Así que los lectores que se esperen otra crónica estadounidense tan impresionante e impactante como Las uvas de la ira, ya estais advertidos de que no van por ahí los tiros (aviso porque yo me frotaba las manitas pensando que me encontraría con un retrato de los pioneros del Valle de Salinas a principios del siglo XX y no). Y es que esta novela es un continuo debate biblíco sobre Caín y Abel, sobre las interpretaciones humanas de esa dualidad y sobre el libre albedrío en contraposición a la moralidad establecida. Porque aunque John Steinbeck dice que Al este del edén va sobre el bien y el mal, también trata sobre la capacidad del ser humano para decidirse por uno u otro (el famoso trimshel o libre albedrío).

Cuestiones bíblicas y morales aparte, he disfrutado especialmente de la narración histórica de esta novela. La mirada sobre el valle de Salinas a principios de siglo, los cambios, la economía o la brillante exposición de la Primera Guerra Mundial y la intervención norteamericana en el conflicto que narra Steinbeck, respalda mi opinión de que el autor es uno de los grandes cronistas estadounidenses del siglo pasado (como ya demuestra en Las uvas de la ira o en The moon is down). Además, el autor nos presenta a su propia familia materna, los inolvidables Hamilton, sitúa la acción en la ciudad de Salinas de su infancia, y él y su hermana aparecen en estas páginas brevemente, cuando eran pequeños; recuerdos de infancia narrados desde la memoria.

Junto a la magnífica crónica de Salinas y California a principios del siglo XX, destacan los extraordinarios personajes de John Steinbeck: Sam Hamilton, Adam Trask, Cathy, Aron y Caleb… Todos ellos matizados y muy bien caracterizados tanto a través de la instrospección individual como a través de los diálogos. Steinbeck dota así a cada personaje de su voz particular, personalísima, y de una personalidad y comportamiento psicológico meditados y diferenciados. Por eso Al este del edén también puede considerarse una novela de pesonajes, con capítulos tan memorables como el del vuelo de Olive Hamilton, o el del reencuentro de los hermanos Tom y Dessi Hamilton, o las escenas finales entre los Trask. Y es justo hacia el final, cuando ya tenía bien definida mi lista de personajes amados u odiados, cuando me di cuenta de que Lee era el alma de esta novela.

Lector, recuerda que la película solo adapta la última parte de esta gran novela, ¿te vas a perder el resto?

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Guía para asesinos sobre el amor y la traición, de Virginia Boecker

Octubre, 1601, Cornualles. Richard Arundell, noble al servicio de la reina Elisabeth es asaltado en su casa acusado de prácticas católicas. Su única hija, Katherine, logra huir disfrazada de muchacho y acompañada por uno de los mozos de cuadra de su padre. La única oportunidad que tiene para sobrevivir, y vengarse, en el caótico y peligroso Londres, es contactar con sir Catesby y unirse a su complot católico para derrocar a la reina. Tobias Ellis, espía al servicio de su majestad, es requerido por George Carey, Lord Chambelán, para que le ayude a descubrir a los nobles católicos antes de que atenten contra la vida de la soberana. Cuando la reina le encarga a William Shakespeare una nueva obra para la noche de Reyes, Ellis aprovecha la oportunidad para tender una trampa a los conspiradores: con hábiles maniobras se asegura de que el posible regicida participe en la obra de teatro del famoso dramaturgo.

«Katherine Arundell era devota, callada, obediente y siempre, siempre tenía miedo. En el momento en el que me convertí en Kit Alban, empecé a ser alguien distinto. Alguien que no pedía permiso para hablar o actuar; alguien que decía y hacía exactamente lo que quería y no lo que se esperaba de él. Alguien que por fin se sintió con permiso para decidir quién quería ser en realidad.«

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Es la primera vez que leo una novela de Virginia Boecker y confieso que fue porque me encantó ese título tan espectacular y lleno de promesas —desde Moriré besando a Simon Snow que no me había cautivado tanto el título de una novela— y porque en la sinopsis me anunciaban que salía William Shakespeare. Además, las críticas hablaban de una buena ficción histórica y de un thriller político, ¿y qué historiadora puede resistirse a todo eso? Yo no, desde luego. Por todo esto y mucho más (que ahora os explico) me lo he pasado en grande con Guía para asesinos sobre el amor y la traición (¿a qué el título mola?).

Virginia Boecker mezcla con acierto personajes históricos reales con sus protagonistas de ficción para afianzar un estupendo contexto histórico en el Londres de 1601, bajo el dominio de la última reina Tudor, Elisabeth I, la reina virgen. Acaban de ajusticiar a Essex por conspirar para asesinar a la monarca, así que los ánimos están bastante encendidos contra los católicos. Por suerte, el Lord Chambelán tiene a sus órdenes al mejor de los espías, Tobias Ellis, discípulo del fallecido Christopher Marlowe, al que no se le ocurre otra cosa que protagonizar Noche de Reyes, de William Shakespeare, para cazar a los nuevos conspiradores y, de paso, volver loco al pobre Bardo. Y si Ellis es Orsino, Katherine/Kit será Violet. ¿Os suena? Para mí, esta historia tiene agradables ecos de Shakespeare in love, esa peli de John Madden tan divertida sobre una chica que se hace pasar por chico para interpretar a una chica en una obra de teatro de Will.

En 1601, la mujeres no podían subirse a un escenario (iba a decir que no podían ser actrices, pero con todo lo que tenían que fingir en esa época mejor pongo lo del escenario); tampoco es que pudiesen hacer demasiadas cosas a parte de obedecer en todo a los hombres, por eso Katherine Arundell, la protagonista, siente la libertad de hacerse pasar por un chico. Y este es uno de los puntos fuertes del personaje, que además de sus remordimientos, tristeza y confusión, descubre por vez primera lo que es vivir sin miedo, moverse por la ciudad totalmente a su aire por el simple hecho de llevar pantalones. Toby Ellis, el espía, ya es un personaje interesante desde la primera página, por todos los secretos que maneja, sus habilidades de espía y sus ansias de libertad.

«—Los escritores son seres inseguros y temperamentales. Me atrevería a decir que son más complicados que las reinas.«

La situación política está magníficamente explicada y los personajes reales, así como el Londres de principios del siglo XVII, muy bien documentados. Me ha gustado especialmente toda la trama teatral, con William Shakespeare y los actores del Lord Chambelán (Burbage y las escenas de taberna, los ensayos…), los tramoyistas, The Globe y The Rose, el caos entre bambalinas, Orsino y Violet… El suspense a cargo de la conspiración, la situación política y la trama teatral, en mi opinión, hacen de esta novela una historia interesante, entretenida y curiosa que te invita a leer hasta el final. Aunque también me ha parecido muy acertado que Boecker no entrase en disquisiciones morales o religiosas: no victimiza ni a católicos ni a protestantes, y además hace una reflexión muy interesante sobre la Inquisición y el ojo por ojo.

«—Tengo la teoría de que nadie que sea feliz decide ser escritor (…). Y menos para escribir poemas. No cuando todos giran alrededor de la muerte inesperada y el amor no correspondido y el deseo insatisfecho.»

He leído en algunas reseñas que acusan a la historia de amor entre los protagonistas de demasiado forzada. No me lo ha parecido, pienso que se desarrolla con naturalidad y resulta creíble (y bonita), el problema, quizás, es que no hacía falta ninguna historia de amor en esta intriga histórico-política de espionaje. Hubiese funcionado igual de bien sin ella. Sin embargo, me imagino a la editora de la señora Boecker insistiendo «Debe haber una historia de amor. Es imprescindible. El amor mueve el mundo. El amor vende novelas. Pon la historia de amor y así enganchamos también a tus lectores young adult.» Porque, así entre nosotros, Guía para asesinos sobre el amor y la traición la recomendaría como lectura adulta pero, en parte por culpa del cuelgue amoroso, también encaja en la categoría de young adult.

Lector, una entretenidísima incursión en el Londres de 1601, salve regina Elizabeth, con Will tan genial como nos lo imaginamos.

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Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra, de Riccardo Bozzi

Imaginad que en el siglo XXI, el editor de Shakespeare le escribe una carta advirtiéndole que si no deja de llamar moro a Otelo tendrá que rechazar su obra, que ya le riñó severamente sobre sus tendencias racistas en El mercader de Venecia y que lo ha vuelto a hacer. O que el editor de Melville le pida que cambie a la ballena por un delfín porque son más simpáticos. A Fiodor Dostoievski, su editor actual le recomienda que lea a Agatha Christie para ponerse al día con los whodunits porque Crimen y castigo deja un poco que desear al respecto. Y a Charles Dickens no van a publicarle más novelas de huérfanos pobres porque empiezan a ser demasiado recurrentes.

Estas son las cartas imaginarias que un editor de nuestro tiempo bien podría escribir a los grandes autores de la literatura porque sus obras no se ajustan a la corrección política de este siglo o a los gustos y modas del sector. Cartas de rechazo, tirones de orejas, sugerencias o cambios editoriales, todo con el más acerado sentido del humor y la complicidad de los lectores.

«Señor Alighieri:
Creo entender que lo que usted pretende es explotar el subgénero de los misterios italianos antiguos que tanta fortuna le ha traído a Dan Brown, pero su texto es más bien oscuro. Por no mencionar lo de que esté escrito en endecasílabos.
No le veo mucha salida editorial, me temo.
Además la parte del infierno no nos gusta demasiado.«

Hace un par de semanas, quejumbrosa por los días grises, vi que José C. Vales hablaba de Querido autor y pensé que una dosis de humor literario me vendría de perlas para olvidarme de mis estúpidos pesares ¡Lo que me he reído con este librito de la Editorial Avenauta! (Además es amarillo, un faro de color entre el gris que nos rodea). Riccardo Bozzi se inventa las cartas de rechazo, o de cambios editoriales, para más de cincuenta clásicos de la literatura universal. Dirige las misivas a sus respectivos autores señalándoles por qué sus obras están fatal y no van a ser publicadas, o qué cambios deben realizar en los manuscritos si aspiran a algún éxito editorial. Me parto. Los consejos y advertencias de los editores imaginarios son bastante crueles pero terrible y tristemente ajustados a los cánones de la literatura de nuestro siglo. Jane Austen, William Shakespeare, Hemingway, Sófocles, Homero, Gabriel García Márquez… todos reciben una misiva criticando sus aspiraciones literarias por alguna de sus obras maestras. El resultado es un librito descacharrante que los enfermos de literatura como nosotros disfrutamos entre carcajadas.

Me he reído mucho con las cartas para Charles Dickens, las Shakespeare, las de Melville, la de Camus o la de Nostradamus, entre otras. Creo que cada lector encontrará sus favoritas y las releerá en cualquier tarde gris de esas en las que el abatimiento se nos echa encima y no podemos con nuestra rutina. Querido autor, o cómo rechazar una obra maestra se lee en una tarde, entre carcajadas, se comenta en voz alta con otros lectores y se guarda como tesoro para volver a abrirlo como botiquín de emergencia. Los textos de Riccardo Bozzi son divertidos, irónicos y a veces muy bestias, y las ilustraciones de Giancarlo Ascari y Pia Valentinis son geniales, sobre todo los retratos de los autores.

Lector, para llevarle la contraria a los clásicos con mucho sentido del humor y una pizca de maldad.

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Dónde estás Bernadette, de Maria Semple

Bernadette Fox es una brillante y genial arquitecta, ganadora de una beca MacArthur por su espíritu de innovación y de reutilización de recursos en la construcción de viviendas sostenibles. Está casada con Elgin, un prestigioso desarrollador de Microsoft, y tiene una hija adolescente, Bee, que va a un cole un poco hippie y acaba de ser admitida en el prestigioso internado de Choate. Bernadette y Elgin se mudaron a Seattle antes del nacimiento de Bee y compraron una casa en lo alto de una colina, un antiguo orfanato católico para niñas que se está desmoronando lentamente con ellos dentro. Se suponía que Bernadette la restauraría a su estilo, pero los años pasan y la arquitecta no solo es incapaz de acostumbrarse a vivir en Seatle, una ciudad que cada vez odia con más inquina, sino que además está desarrollando una intensa fobia social a fuerza de esquivar a las mezquinas madres del colegio de Bee (las moscardonas). Cuando una serie de catastróficas desdichas se ciernen sobre ella y se acerca la fecha de viajar a la Antártida, Bernadette desaparece presionada por los acontecimientos y la traición de su marido. Solo Bee mantendrá la fe intacta en su fabulosa madre, la persona que más feliz la hace en el mundo, y se lanzará a buscarla pese a que ni siquiera su padre la cree.

«Podría señalar aquel como el único momento de felicidad plena en mi vida, porque me di cuenta entonces de que mamá siempre me tendría a su lado, y eso hizo que me sintiera gigante. Me lancé por la rampa de hormigón, más rápido que nunca, tanto que tenía todos los números para caer, pero no fue así, porque mamá estaba en el mundo.«

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Antes de ser novelista, Maria Semple trabajó como guionista para la Twentieth Century Fox, en series como Sensación de vivir, Ellen, Loco por ti o Arrested Development, entre otras. De pequeña viajó por toda Europa con su padre, guionista de Batman, estudió en el internado de Choate (como su protagonista), se licenció en Barnard y, tras ser madre, escribió su primera novela. Dónde estás Bernadette es la segunda y me ha enamorado.

No hagas caso de la portada ni de la sinopsis, Dónde estás Bernadette no es una novela chick-lit, ni romántica, ni comedia romántica, ni feelgood. Es una sátira inteligente y punzante sobre la sobreprotección de los hijos, las comunidades claustrofóbicas y excluyentes, y cómo incluso las personas más inteligentes se desmoronan cuando les falla el equilibrio emocional (Bernadette es el ejemplo de que, a menudo, a los grandes cerebros les falta inteligencia emocional). La novela se sustenta en sus tres magníficos protagonistas (Bernadette, Elgin y Bee), pero sin duda es Bernadette quien lleva el peso tragicómico de la trama. Ingeniosa, inteligente, divertida, aún se ríe de sí misma y se da cuenta de su desajuste, pero no sabe cómo salir de la telaraña gris y opresiva en la que se ha convertido su vida. Seatle es metáfora del aburrimiento de su cárcel y las moscardonas son sus carceleras. Sin darse cuenta ha caído en la trampa de una comunidad mediocre y gris, ignorante y paleta, que la detesta y la acosa porque es diferente, es la otra, la que no se integra, la que se teme porque es distinta e incomprensible.

Uno de los temas más importantes de la novela es la sobreprotección de los hijos y el flaco favor que se les hace negando sus errores, justificándolos siempre, evitando que aprendan a levantarse cada vez que se caen porque ni siquiera se les reconoce que se han caído. Este aspecto está muy bien sustentado en una de las grandes secundarias de esta novela, Audrey Griffin, archienemiga de Bernadette. Audrey tiene un hijo drogadicto y narcotraficante, pero cuando la dirección del colegio la llama para advertirle por tercera vez sobre las actividades delictivas de su retoño ella no solo niega cualquier acusación sino que además amenaza con denunciar al centro por acoso. En el extremo opuesto, Maria Semple muestra la relación de Bee con Elgin, un padre que no cree a su hija, que no la escucha, que no le ofrece la mínima credibilidad cuando ella le explica qué está pasando con su madre porque es testigo en primera fila.

Me ha encantado la vívida reflexión alrededor del personaje de Bernadette, una mujer inteligente y creativa que se hunde lentamente en la desesperación cuando se va a vivir entre madres locas y familias esnobs. No ha tenido demasiada suerte en la vida, pero en lugar de sobreponerse y volver a trabajar en lo que le apasiona, decide esconderse del mundo hasta desaparecer. Eso es lo que les ocurre a las grandes mentes cuando se sienten rodeadas y acosadas por mediocres y tontos a diario: se deprimen, se obsesionan en bucle, se atoran, se ven atrapados, les falla la autoestima. No siempre un cerebro privilegiado supone inteligencia emocional, equilibrio emocional, y a menudo naufragan en medio de la mediocridad. Las mentes creadoras necesitan crear para mantenerse cuerdas y con buena salud, una correcta autoestima. Y eso es lo que le pasa a Bernadette, que vive por debajo de sus posibilidades y a fuerza de estar rodeada por moscardonas ha perdido toda la confianza en sí misma. Ha perdido de vista que ser distinta no es ser peor, y que no encajar en la comunidad que te rodea no se debe a un fallo propio sino a la incapacidad de aceptar esa diferencia, reconciliarse con ella y seguir adelante.

«-Paul Jellinek tenía razón -dijo papá-. Es un gran hombre, un verdadero amigo. Me gustaría que fuéramos un día a visitarlo a Los Ángeles. Era quien mejor conocía a Bernadette. Veía que ella necesitaba crear.
-O se convertiría en una amenaza para la sociedad -dije.
-Ahí es donde fallé realmente a tu madre -confesó papá-. Era una artista que había dejado de crear. Yo debería haber hecho todo lo posible para que volviera a crear.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-No sabía cómo hacerlo. Intentar ayudar a un artista a que cree… es una empresa titánica. Yo me dedico a escribir código. No lo entendía. Y sigo sin entenderlo.«

Me ha encantado Donde estás Bernadette por su frescura, su sentido del humor y la originalidad de la narración: el hilo conductor es la voz de Bee, pero utiliza correos electrónicos, cartas e informes de todos los personajes para dar una visión de conjunto sobre Bernadette y sus circunstancias. Maria Semple me ha parecido una autora inteligente e ingeniosa, que a través de una tragicomedia de ficción ha sabido conectar con el lector y conseguir que se cuestione sobre algunos comportamientos psicológicamente insanos de nuestra sociedad. La novela hace reír, llorar, intrigarse y reflexionar en las relaciones familiares y de comunidad. Pero sobre todo me ha parecido una acertadísima observación sobre la fragilidad de las mentes más brillantes.

Lector, ¿baja autoestima? ¿miedo a salir de casa y tener que relacionarte con los demás? ¿años corriendo a por tus hijos porque te pone enferma/o hablar con las madres/padres motivaditos del cole? Este es tu libro.

También te gustará: Cómo comportarse en la multitud; Eleanor Oliphant está perfectamenteEl devorador de libros; El hombre que se fue a Marte porque quería estar solo; Las mil y una historias de A.J. Fikry

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Los cinco frascos, de M. R. James

Un hermoso día, un caminante se adentra en un bello y sombrío bosque. A su alrededor todo parece tocado por la magia, incluso los árboles y las plantas; el mismísimo río le susurra que tome una misteriosa planta y escuche y vea. Cuando vuelve a casa, en el pueblo, lleva en su bolsillo un misterioso arcón que solo puede abrirse a la luz de la luna. En su interior encuentra cinco frascos, cada uno de ellos lleno de un líquido de distinto color y con una misteriosa inscripción. Una noche, dispuesto a averiguar el misterio de las pequeñas ampollas de vidrio, decide probar la primera sin saber que está a punto de dar el paso decisivo para adentrarse en un mundo mágico que siempre ha existido al margen de los humanos; un mundo encantador y hechizante, sí, pero no carente de peligros mortales. Si esos frascos cayesen en malas manos…

«El pequeño cofre estaba dividido por dentro en cinco compartimentos: cada uno de ellos contenía un pequeño frasco, como una ampolla de vidrio, con cuerpo ancho y redondo y cuello largo y estrecho que se ensanchaba un poco en la parte superior. La boca de cada uno de ellos estaba cubierta con una caperuza de metal, y en la cara superior de cada una de ellas se había escrito una o dos palabras en letras mayúsculas. En la caperuza del frasco situado en el medio podía leerse: unge oculos; las otras solo tenían rotulada una de estas palabras: aures, linguam, frontem, pectus.»

Montague Rhodes James (1862-1936), medievalista y folclorista victoriano, está considerado como uno de los precursores literarios de las historias de fantasmas. Académico en Eton y Cambridge, donde llegó a ocupar los más elevados cargos, era un reputado arqueólogo, con excepcionales publicaciones y traducciones, cuando instauró la tradición navideña de obsequiar a sus amigos con historias de fantasmas. Los cinco frascos es su única novela juvenil y, aunque no es estrictamente una historia de fantasmas, sí que tiene ese halo espectral tan victoriano e inquietante, pero con el sentido del humor tan socarrón, propio de M. R. James.

Este librito llegó a mis manos por culpa de una amiga que conoce muy bien mis debilidades literarias y sabía, antes siquiera de que yo misma me diese cuenta, que conocía al autor y me encantaba. Es que padezco de un despiste crónico y llevaba un par de días pensando cuándo había podido leer a M.R. James (además de como referencia sobre Sheridan Le Fanu o Hans Christian Andersen) hasta que caí del guindo: ¡Crónica de una cacería de troles! James fue profesor y amigo de James McBryde y, a la muerte de este último, no solo publicó Crónica de una cacería de troles con las ilustraciones originales de su amigo sino que siempre prestó ayuda y cariño a la familia McBryde; de hecho, escribió Los cinco frascos como regalo para su ahijada, Jane McBryde.

Los cinco frascos es un clásico de la literatura fantástica que bebe de las fuentes orales populares de las historias de hadas y fantasmas europeas. Propios de este folclore fantástico, tan espléndidamente recogido en los cuentos de los hermanos Grimm, el lector encontrará bosques mágicos (algo siniestros), criaturas diminutas, columnas de niebla, brujas, animales parlantes y hechizos. Salpicado con el sentido del humor habitual de M.R. James y su fértil imaginación, esta novela breve es, quizás, algo menos siniestra que sus historias de fantasmas y más cercana a la fantasía de Alicia en el país de las maravillas. La edición de Berenice, además, incluye el relato corto El campo de juegos después de anochecido que constituye un apéndice perfecto para complementar la historia principal. Las ilustraciones originales (de Gilbert James) y la Nota del traductor (Óscar Mariscal) contribuyen a convertir esta pequeña edición en preciosísima.

Lector, maravilla de la fantasía clásica.

Nota: aprovecha porque tienes la edición en papel a 5,95 eurillos. Sí, en papel. Corre, corre.

También te gustará: Crónica de una cacería de troles; Cada corazón, un umbral; Alicia en el país de las maravillas

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